La logoterapia, según Viktor Frankl, es una psicoterapia centrada en la existencia humana y en su sentido. Al contrario del psicoanálisis, no incide tanto en la retrospección, sino que se dirige más bien a los valores y sentidos que el paciente quiere proyectar en el futuro. En la logoterapia el paciente tienen que enfrentar el sentido de su vida, reflexionar sobre él y examinar su propia conducta respecto a este. Para la logoterapia, “la primera fuerza motivadora del hombre es la lucha por encontrar un sentido a su vida1”. Hay, por lo tanto, una voluntad de sentido, es decir, una libertad para buscar el sentido vital. Cuando el individuo malogra su voluntad de sentido se produce lo que en logoterapia denominan frustración existencial. Siguiendo la idea de Friedrich Nietzsche, Frankl dice que en las peores condiciones, nada en el mundo ayuda a sobrevivir como la conciencia de que la vida esconde un sentido. Ejemplo de ello son los supervivientes en los campos nazis.

El autor escribe que la salud psíquica, en realidad:

Necesita cierto grado de tensión interior, la tensión existente entre lo que se ha logrado y lo que hay que conseguir, o la distancia entre lo que uno es y lo que debería llegar a ser2.

Por ello el logoterapeuta no debe temer confrontar al individuo con el sentido de su existencia. No está de acuerdo, por tanto, en la idea extendida de que lo que el ser humano necesita es un estado de equilibrio interior. A esta dinámica espiritual con tensión bipolar, donde un extremo es el sentido buscado y el otro el sujeto, lo denomina Frankl: noodinámica.

Respecto al sentido de la vida, Frankl dice que este no es unívoco y abstracto. Es la vida quien pregunta al hombre y este tiene que responder de su propia vida y con su propia vida en cada situación particular. En esta teoría, inspirada en el existencialismo, como hemos apuntado, se hace especial énfasis en la libertad y la responsabilidad. En otra obra suya, El hombre en busca del sentido último, Viktor Frankl repite esta idea:

De hecho, el análisis existencial interpreta la existencia humana, y más allá, el ser humano, en términos de un ser responsable. En el momento en que introdujimos el término «análisis existencial» en 1938, la filosofía contemporánea ofrecía el término «existencia» para denotar el modo específico del ser que se caracteriza básicamente por su capacidad de ser responsable.

Y continúa más adelante:

Al optar por ese vivir en acción, estamos también respondiendo en el «aquí y ahora». En nuestra respuesta siempre está implicada la concreción de la persona, así como la concreción de la situación en que esta persona está envuelta. Así pues, nuestra responsabilidad es siempre una responsabilidad ad personam y ad situationem3.

Libertad y responsabilidad parecen dos reversos de la misma moneda que siempre van implícitos. El filósofo francés Jean-Paul Sartre, en su conferencia El existencialismo es un humanismo, sugiere que lo que asusta de su planteamiento es el margen de elección que le deja al ser humano4. La tesis fuerte de Sartre es que, a diferencia del resto de elementos, el ser humano primero se encuentra en el mundo, existiendo, y después, a partir de sus elecciones y acciones, se va definiendo.

La propuesta existencialista sartreana, contra ciertas acusaciones, está lejos de ser una especie de quietismo y pesimismo, puesto que el ser humano se define aquí por su acción, y es en esta donde reside la esperanza. Por ello la libertad está vinculada siempre a un compromiso o responsabilidad. Al elegir sus acciones y su moral respecto a ella, el individuo se va creando y desplegando:

Si el hombre ha reconocido que establece valores, en el desamparo no puede querer sino una cosa, la libertad, como fundamento de todos los valores. Esto no significa que la quiera en abstracto. Quiere decir simplemente que los actos de los hombres de buena fe tienen como última significación la búsqueda de la libertad como tal5.

Además, Sartre, al igual que Frankl, también postula que el sentido de la vida y de sus elementos es el que le da el ser humano.

En la filosofía española encontramos también una idea parecida acerca de la libertad en el pensamiento de Ortega y Gasset. Para este filósofo:

No solo gozamos de libertad, sino que somos necesariamente libres: que el hombre no sea algo ya, sino que sea perpetua tarea, implica que constantemente ha de elegir, y solo se puede elegir cuando, habiendo múltiples posibilidades, no tenemos que optar obligatoriamente por una o por otra6.

Por su parte, también en el siglo XX, la filósofa Hannah Arendt habla de la libertad en tres sentidos distintos: la libertad filosófica, que remitiría a la libertad positiva en cuanto autodeterminación de la voluntad; la libertad política, en referencia a la participación en espacios públicos; y la libertad como liberación o emancipación, que correspondería con la libertad negativa de la que hablaba Berlín. En cuanto a la libertad filosófica, que convergería ciertamente con la libertad en el sentido frankliano, Arendt entiende por esta no estar condicionados por las leyes de la naturaleza, rechazando cualquier tipo de determinismo e iusnaturalismo. En el ámbito humano, dice, no existe un determinismo causal, sino más bien una serie de motivaciones e interpretaciones y, por lo tanto, libertad para actuar.

Pero, de hecho, y aquí se distancia ya de Viktor Frankl, para que la libertad pueda darse realmente se requieren dos condiciones indisolubles: por un lado, la liberación de la opresión y de las necesidades materiales, y por otro lado, la creación de un espacio mundano y común organizado políticamente. Es en la organización política donde podemos expresar y ejercer la libertad a través de nuestras palabras y acciones. No obstante, este espacio donde compartimos y participamos juntos es más bien la excepción, y sucede en momentos como las revoluciones históricas.

Encontramos aquí resonancias de la filosofía de Kant, para quien la libertad es, en el ámbito político, “la facultad de no obedecer ninguna ley exterior sino en tanto en cuanto he podido darle mi consentimiento7”, poniendo de manifiesto, de esta manera, la importancia de la participación en el ámbito público del ciudadano, y de qué manera solo en este está garantizada su libertad.

Notas

[1] Viktor E. Frankl: El hombre en busca de sentido, trad. de Comité de traducción al español, Herder Editorial, Barcelona, 2015, p. 126.

[2] Ibíd., p. 133.

[3] Viktor E. Frankl: El hombre en busca del sentido último. El análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano, trad. de Isabel Custodio, Paidós, Barcelona, 2007, pp. 35-36.

[4] Jean-Paul Sartre: El existencialismo es un humanismo, trad. de Victoria Praci de Fernández, Barcelona, 1999, p. 26.

[5] Ibíd., p. 77.

[6] Rodolfo Gutiérrez Simón: «Los límites del sujeto y la libertad en Ortega y Gasset», en Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 69, 2016, 109-123, p. 120.

[7] Immanuel Kant: La paz perpetua, presentación de Antonio Truyol y Serra, trad. de Joaquín Abellán,

Tecnos, Madrid, 1985, p. 16.

Imagen │ Pixabay

Cita este artículo (APA): Muñoz, L. (2023, 23 de mayo). Viktor Frankl: un prisionero libre. Parte 2 de 2. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/05/viktor-frankl-logoterapia

Artículo de:

Laura Muñoz (autora invitada)
Graduada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.

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por autores invitados

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