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Viktor Frankl (Viena, 1905-1997) fue uno de los psicólogos más destacados del siglo XX, siendo el fundador de la logoterapia, denominada tercera escuela vienesa de psicoterapia, pero también un gran pensador acerca de la libertad del ser humano. En 1942, fue capturado junto a su familia de origen judío por el régimen nazi y trasladado a los campos de concentración donde permaneció hasta el fin de la 2da Guerra Mundial. Cuando le trasladaron a Auschwitz llevaba consigo un manuscrito con su teoría psicológica que le confiscaron y destruyeron. La reelaboración y reescritura de dicho manuscrito, junto con la idea de volver a reunirse con su mujer, como él mismo afirma, fue lo que le dio sentido a su vida en aquella aterradora experiencia. De hecho, esta supuso la puesta en práctica de su propia teoría psicológica basada en el existencialismo. Posteriormente, tras su liberación, publicaría dicha obra bajo el título Psicoanálisis y existencialismo.

Después de su liberación en 1945, se enteró de que su madre había sido enviada a las cámaras de gas y de que su mujer (a quien habían obligado a abortar) había muerto. Frankl cayó en una gran desolación que decidió sobrellevar a través de la catarsis escribiendo El hombre en busca de sentido. El objetivo del libro es analizar el modo en que afecta el día a día en los campos de concentración en la psicología del prisionero. Su publicación, en 1946, no tuvo éxito hasta 1961 cuando cambió el título original en alemán (“Un psicólogo en un campo de concentración”) por el actual en inglés (Man’s Search for Meaning). Inicialmente, Frankl quería mantener el anonimato de la obra, pero sus compañeros le recomendaron firmar con su nombre para que aquella mantuviera credibilidad y veracidad. Karl Jaspers llegó a decir de esta obra es uno de los pocos grandes libros de la humanidad. El libro se divide en dos partes: en la primera habla de la vida en el campo y de sus efectos psicológicos en los reclusos, y en la segunda recopila distintos conceptos básicos de la logoterapia.

Frankl distingue tres fases psicológicas en la reacción de los prisioneros en la vida en el campo; la fase inmediata al internamiento, la fase de adaptación y la fase que sigue a la liberación. En la primera frase, algunos de los síntomas o etapas por las que pasaban los prisioneros son el estado de shock que Frankl compara con el concepto psiquiatría “ilusión del indulto”:

Se trata del proceso de consolación que desarrollan los condenados a muerte antes de su ejecución; conciben la infundada esperanza de que van a ser indultados en el último minuto1.

Esto mismo les pasaba a los prisioneros de los campos con la esperanza a la que se aferraban cuando, ante la evidencia de los hechos, pensaban que la realidad no sería tan cruel con ellos.

Igualmente, aparece en esta fase un tema existencial: la sensación de no ser nada más que un cuerpo, y de no poseer nada más que una existencia desnuda. El escritor italiano Primo Levi, en su obra Si esto es un hombre, donde recoge igualmente su experiencia en el campo de concentración, se refiere a esta idea cuando escribe:

Imaginaos ahora a un hombre a quien, además de a sus personas amadas, se le quiten la casa, las costumbres, las ropas, todo, literalmente todo lo que posee: será un hombre vacío, reducido al sufrimiento y a la necesidad, falto de dignidad y de juicio, porque a quien lo ha perdido todo fácilmente le sucede perderse a sí mismo; hasta tal punto que se podrá decidir sin remordimiento su vida o su muerte prescindiendo de cualquier sentimiento de afinidad humana2.

Relacionado con esto, dice Frankl, también aparece el “humor macabro” como medio de autoprotección o distanciamiento, así como la idea del sinsentido del suicidio, dado que la muerte era algo que siempre estaba acechando, a cada segundo, y la esperanza de supervivencia a las sucesivas selecciones eran mínimas, pues siempre estaba presente la posibilidad de que los mandaran a las cámaras de gas.

Respecto a la segunda fase, de adaptación, esta comenzaba con una apatía generalizada, con una especie de muerte emocional como mecanismo de autoprotección ante la intensidad de los sucesos y embotamiento sentimental (añoranza de la familia y el hogar, convivencia con la muerte y experiencias traumáticas). Los sueños se convierten en un mecanismo de evasión, donde se manifiestan los deseos. Frankl cree desmentir el postulado del psicoanálisis que asegura que en el sueño se manifiestan de forma especial los denominados “deseos inhibidos” tales como el deseo sexual. Frankl habla también de una posible regresión psicológica a un estado más elemental o primitivo, puesto que apenas existía algo más que instintos básicos como el de comer, dándose casos, incluso, de canibalismo.

Una de las ideas más importantes y bellas en esta parte es la de que la salvación del ser humano pasa siempre por el amor:

Mi mente se aferraba aún a la imagen de mi mujer. De pronto me asaltó una inquietud: no sabía siquiera si seguía viva. Pero estaba convencido de algo: el amor trasciende la persona física del ser amado y halla su sentido más profundo en el ser espiritual, el yo íntimo. Que esté o no presente esa persona, que siga viva o no, en cierto modo carece de importancia3.

En cuanto al placer, los escasos placeres en el campo de concentración no eran, sino una especie de felicidad negativa, es decir, una ausencia de dolor.

Pero, siendo el tema que nos ocupa en realidad, ¿cuál es el lugar de la libertad humana en los reclusos de los campos de concentración? Incluso en los campos, el individuo mantiene su capacidad de elección:

El hombre puede conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en terribles estados de tensión psíquica y física4.

Como ejemplo valdrá la renuncia valiente y deliberada de Frankl al visado para ir a EE. UU.; en su lugar decidió quedarse con su familia en Austria, donde fueron deportados. Asimismo, en los propios campos, algunos reclusos elegían ayudar a sus camaradas, dándoles por ejemplo su comida, un bien tan preciado en esas circunstancias. Influencia del existencialismo. Aquí podemos encontrar una cierta similitud con la idea sartreana según la cual estamos condenados a elegir y, por tanto, a ser libres, siendo nuestra la responsabilidad de dichas elecciones.

Ante la terrible situación en el Lager, la apuesta de Frankl es cambiar radicalmente la actitud con la que la enfrentamos. El autor cita entonces a Nietzsche5: quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo. Frankl dice que algunos prisioneros se abatían o degradaban ante el sufrimiento, mientras que otros parecían madurar interior o espiritualmente. De este hecho dedujo que es el ser humano el que da sentido al sufrimiento. El autor entiende esto como un giro copernicano: no se trata tanto de preguntarnos por el sentido de la vida como de darnos cuenta de que es la vida la que nos plantea preguntas todo el tiempo y a las que hay que responder con una conducta adecuada y responsable de sí misma.

Por último, en la tercera fase psicológica de los prisioneros, se producía un proceso de “despersonalización”:

Todo parece irreal, improbable, como un sueño. No podíamos creer que fuera verdad. Cuántas veces habíamos soñado con la liberación, con la vuelta al hogar, con saludar a los amigos y abrazar a la esposa5.

Parece que aquí se confunden los dos sentidos clásicos de libertad: tanto la ausencia de impedimentos para actuar según nuestros deseos como la posibilidad de autonomía y autodeterminación. Sin embargo, apunta Frankl, existían peligros en esta liberación dado el cambio radical y las repercusiones que esta liberación repentina y este contraste con la situación anterior tenía para la salud psíquica. Algunos reclusos, incluso, confundían la liberación con el libertinaje: pasaban de ser oprimidos a ser opresores, consecuencia de lo que Frankl denomina “deficiencia moral”. Pero, ¿estaban siendo realmente libres al actuar así? ¿Habían elegido ese déficit moral, o más bien seguía siendo un efecto de la opresión y de su condición de víctimas?

Notas

[1] Viktor E. Frankl: El hombre en busca de sentido, trad. de Comité de traducción al español, Herder Editorial, Barcelona, 2015, p. 43.

[2] Primo Lévi: Si esto es un hombre, trad. de Pilar Gómez Bedate, Muchnik, Barcelona, 2001, p. 27.

[3] Viktor Frankl, op. cit., p. 70.

[4] Ibíd., p. 95.

[5] Nietzsche, F. (1883). Thus spoke Zarathustra (Vol. 4). Project Gutenberg. https://www.gutenberg.org/files/1998/1998-h/1998-h.htm

[6] Ibíd., p. 118.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Muñoz, L. (2023, 18 de mayo). Viktor Frankl: un prisionero libre. Parte 1 de 2. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/05/viktor-frankl-un-prisionero-libre

Artículo de:

Laura Muñoz (autora invitada)
Graduada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.

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por autores invitados

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