Heidegger da cuenta de que el fenómeno de la nada es arrastrado por un error desde el momento mismo que se toma el preguntar: ¿Qué es la nada? Pues surge aquí la indagación sobre ella, la concepción que se tiene, la inclinación propia del preguntar sobre la nada y las pretensiones que se requieren para conocerla.

Debe plantearse siempre desde la situación esencial en que se halla colocada la existencia interrogante.

En palabras de Heidegger, el dasein o ser, debe estar necesariamente involucrado en la pregunta. Pero esto se disuelve debido a la pretensión de conocimiento que posee la ciencia. Aunque no niega que la pregunta conlleva un difícil análisis de respuesta, la ciencia ha olvidado y resguardado en un segundo peldaño a la nada.

Cuando la ciencia actúa, como creadora y productora de verdades casi esenciales para el desarrollo de la vida del dasein, objetiviza el conocimiento mismo (el metafísico) pero recorta una porción, delimitando así la totalidad de lo existente para su estudio.  

La ciencia conoce al ente solamente en capacidad de ente y nada más. Aquí, Heidegger mismo reflexiona acerca de la arbitrariedad (o no) de la exclusión de la nada en cuanto al ente. Como la ciencia abandona y niega la nada, ¿no la está aceptando? ¿No le otorga un ámbito dentro de lo que se difiere del ente? Sí, pero con una carga negativa.

La reelaboración del interrogante plantea que la nada sea algo sustancializado, (como lo es el ente para la ciencia) y aquí encontramos el primer punto de equívoco para Heidegger. Si quisiéramos responder a la pregunta como “la nada es” estaríamos sentándonos y apoyando nuestra repuesta en la norma lógico- racional, imperante en la cultura filosófica occidental desde hace miles de años.

Dentro de esta estructura, la contradicción y el principio de identidad, conforman las bases de un todo lógico y “racional” que ha sido legitimado por civilizaciones enteras. Si entendemos esto, cada vez que se piensa algo se estará pensando sobre algo, y para pensar “algo que nada es” debería resultar, en efecto, contradictorio.

Esta lógica nos ha subsumido la nada debajo de las categorías “negación” y del “no”. Pero lo que Heidegger muestra y deja entrever, es que, aunque la lógica de la negación esta asociada a la idea de la nada, esta nada es pre-originaria y anterior a esta negación dada en el pensamiento lógico.

Heidegger introduce el término omnitud para dar a entender la propiedad metafísica del ente de la cual no deja espacio a la nada más que a la negación. Luego de profundizar sobre la posibilidad de encontrase directamente con el ente total, sea entre este o mediado por este, se pregunta si existe la forma de dar con la cara de la nada misma. Será posible en la medida que nuestro estado de ánimo esté radicalmente inclinado hacia una angustia.

La angustia se presenta como el puente entre el individuo y la nada, debido a que con esta nos encontramos una indeterminación, atribuida por Heidegger también como aburrimiento, del que no vemos más que la totalidad del ente sin provocarnos ningún sentido de afectividad.

La angustia hace que se nos desvele ese ente como totalidad, del cual nos era indiferente debido a que nos encontramos sumergidos en la superficialidad propia del ente. Como particularidad de esta angustia, valdría decir que se nos veta de palabras para expresarla, porque se sale de la lógica-racional.

La nada se abre en el ser, entonces, pero no como ente. Debido a que toda posibilidad de ente total se escapa, la nada producida por la angustia no puede ser propia de él. Heidegger deja claro que la nada permite la sensación de un antes-que, no remitido a un rechazo, pero articulada a un ente que se encuentra en hundimiento. Aquí hemos de dar con la esencia de la nada: el anonadamiento.

El anonadamiento posibilita así el ente. Nos lo muestra como lo distinto frente a esta nada que nos acontece. Aquí Heidegger da cuenta entonces de lugar pre-originaria y de “antes-que” que es dado por la nada y posibilitad la libertad. En ella, no hay ente mismo que se dé, por eso no se da como una negación propia del ser-no ser; sino que forma parte de la esencia de lo que es el ser.

Podemos permitirnos dudar de la posición heideggeriana que la nada misma posibilidad la libertad de la esencia del ente, ya que cuando la angustia se rebela, intentamos salir por una incomodidad propia de nuestro ser.  Pero al desviarnos y embaucarnos hacia el ser, más nos alejamos de la nada misma.

Aun así, para Heidegger, la nada implica siempre el ente (por su originalidad antes mencionada). El anonadamiento podría no presentársenos como negación, pero dentro del pensamiento humano termina cayendo dentro la distinción y se ubica en la negatividad.

Realizando una simple analogía, podríamos decir que la nada se presenta como un manto que cubre y da forma al ser. Al desarrollarnos y ser dentro de este manto, nos es indiferente y hasta invisible. Pero si este manto se rompe y nos deja salir de él, observaríamos la base que sustenta a ese ser, la nada. La ruptura que se da en el manto sería, en este caso, la angustia.

Finalizando con este análisis sobre la nada, el autor alemán da cuenta de una relación estrecha entre la metafísica y la nada. Y ¿por qué es así? Pues desde la propia metafísica antigua y pasando por el dogmatismo cristiano, justifica los límites de lo ente a partir de la separación con la nada misma.

Dios como absoluto, excluye la posibilidad de igual entre el ente y la nada. La nada forma parte del ente que hace al ser, y el ser solo se patentiza en el encuentro con la nada.

De esta manera recupera a la ciencia arguyendo que la posibilidad que existe de estudio sobre el ente, se da al sustento dado por la nada misma. Y solo porque la nada existe, se nos presenta a nosotros como extraño y cuestionable el ente.

El pretender trascender que se da en la cotidianeidad sobre la posibilidad del estudio del ente, se da en la metafísica, constreñida en la esencia del ser humano y en un antes-que sobre la nada.

Bibliografía

Heidegger, M., ¿Qué es metafísica? (Lección pública inaugural sostenida el 24 de julio de 1929 en el Aula de la Universidad de Friburgo de Brisgovia), Universidad de Chile – Facultad de Filosofía y Humanidades.

Vattimo, G., Introducción a Heidegger, Barcelona: Gedisa, 2006.

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Cite este artículo: Figueroa, M. (2023, 15 de junio). Heidegger y la nada. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/06/heidegger-y-la-nada

Artículo de:

Manuel Figueroa (autor invitado):
Estudiante de Filosofía y aficionado a todo tipo de conocimiento. Originario de Argentina.

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por autores invitados

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