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Con la masificación de la virtualidad en todos los ámbitos de nuestra vida, hoy consideramos a nuestros amigos como contactos y tenemos más amigos virtuales que amigos reales. La virtualidad se ha convertido en una forma dinámica de conocer personas, pero también ha incrementado su peligrosidad debido a que no se tiene certeza de quien está tras la pantalla. Por otro lado, hoy en día muchos jóvenes utilizan las redes sociales no solo para interactuar, sino para desarrollar trabajos y/o proyectos de la escuela, universidad o del trabajo.

Casi todas las personas manejan por lo menos una red social e ingresan a ellas mínimo unas 50 veces al día para revisar estados, ver reels, reírse con un meme o publicar alguna actualización. Pero debido a la vida apresurada a la que estamos sometidos constantemente, se nos obliga sutilmente a que las interacciones deban ser cortas, pero con un énfasis de concentración de forma que siempre volvamos a las redes sociales, al menos por curiosidad; y es que la virtualidad trabaja de forma muy subliminal al momento de engancharnos a sus imágenes hipersensibles y terminamos revisando todo el historial de nuestras redes sociales, y esas cantidades exorbitantes de consumo masivo de virtualidad conlleva a una dependencia emocional que lejos de ayudarnos, nos condiciona a un consumo totalitario de virtualidad.

En el caso de la amistad, la virtualidad ha generado sus propias normas con relación a los nuevos ámbitos de socialización. Es menester recordar que, para algunos filósofos de la antigua Grecia, la amistad es considerada como una virtud ética y por ende era desarrollada a través de la relación con el otro. Ahora, ya en el siglo XXI, hemos aprendido nuevas formas de amistad y todas ellas dentro de la virtualidad, y se ha disparado con mayor énfasis a raíz de la pandemia; en tal sentido, también debemos estar atentos en que la virtualización de la amistad no se convierta en la única vía para entablar amistad con las personas y dejemos de lado el aspecto natural de la misma.

Es importante que aprendamos a diferenciar la amistad presencial de la virtual, pero eso no significa que no podamos hacer amigos a través de la ventana del móvil, por el contrario, eso nos empuja a estar atentos a la calidad de la amistad que estamos construyendo a través de las diversas redes que se manejan, siempre atendiendo a la responsabilidad frente a las amenazas que ellas suponen. Pues la amistad en sí misma no es peligrosa, sino el mal uso que le podemos dar a las redes sociales para conseguir amigos virtuales. Frente a la sociedad de la posverdad en que vivimos, es imprescindible que surjan amistades duraderas y de calidad antes de dejarnos embaucar por la amistad light.

Imagen | Unsplash

Cite este artículo (APA): Sosa, V. (2023, 13 de junio). La virtualización de la amistad. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/06/la-virtualizacion-de-la-amistad
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por Vladimir Sosa Sanchez

Licenciado y profesor de Filosofía, Ciencias Sociales y Religión. Estudió Maestría en Filosofía. Miembro del grupo de investigación, Filosofía y Liberación - UNMSM (Perú). Miembro de Filosofía en la red (México). Miembro del colegio profesional de la COMEFI (México) y del Instituto Peruano de Investigaciones Filosóficas.

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