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Saber definir parece algo básico a lo que no se le debe prestar tanta atención, después de todo para eso está el diccionario. Pero en el ámbito filosófico y de las Humanidades es incluso una burla la figura del intelectual que, al verse cuestionado sobre un tema, parte con la famosa pregunta “Bueno, pero para empezar ¿qué entendemos por…?” Esto sugiere que definir quizá no es tan fácil como pensamos o, mejor dicho, que es mucho más profundo de lo que imaginamos.

La definición de definición

Los conceptos con los que operamos se refieren a objetos concretos (ya sean físicos, ficticios, etc.), por lo que hay que delimitar correctamente de qué hablamos para evitar confusiones. Para que una buena definición sea útil debe eliminar la ambigüedad, de tal manera que la mayor cantidad de personas entiendan lo mismo a través de la misma palabra.

Raúl Gutiérrez Sáenz define la definición (valga la redundancia) de la siguiente manera:

Expresión de lo que es un objeto, sin añadirle ni quitarle nada1.

Lo que no se le añade ni quita al objeto son las notas esenciales, es decir, lo que hace que el objeto sea lo que es. Por ejemplo, es esencial que una botella sirva para contener líquidos, pero no lo es que la botella sea grande, pequeña, de plástico, de vidrio, etc. Lo que se busca lograr al definir es expresar de la manera más eficiente estas notas para que no haya ninguna duda sobre lo que se habla.

Aunque lo que se busque sea economizar notas esenciales, es posible hablar de dos tipos de definición.

Definición nominal: Hace referencia al nombre o la palabra, sin más. Pueden usarse sinónimos u otros conceptos para dar a entender la idea. Un ejemplo de este tipo de definición son las etimologías grecolatinas: la geología es el estudio de la tierra, la ortodoncia es la corrección dental, la filosofía es el amor a la filosofía, etc.

Definición real: Es la que se refiere al objeto y a la que debemos orientar la discusión. Puede hacerse enumerando las propiedades típicas del objeto o bien, de forma más difícil, descomponiéndolo para mencionar sus notas esenciales.

Reglas para definir

El campo de la Lógica, siempre en búsqueda del pensamiento correcto, opera con las siguientes reglas para asegurarse de que una definición sea correcta.

La primera es que la definición debe ser breve, pero completa. Al querer expresar lo más esencial no se necesitarán tantas palabras, pero también es importante la claridad y exactitud, por lo que estas deben considerarse antes de la brevedad.

La segunda es que la definición debe convenir a todo lo definido y a solo lo definido. No hay que expresar ni más ni menos de lo que se debe. Se relaciona con la regla anterior, pero en este caso se busca eliminar aún más la ambigüedad. Si bien el ser polígono es parte esencial de un triángulo, limitarse a esta nota no cumple con la segunda regla, pues no todos los polígonos son triángulos.

La tercera regla indica que la definición debe ser más clara que lo definido. Si la definición termina dejando al interlocutor más confuso de lo que se empezó entonces es claro que el objetivo no era delimitar el concepto, sino entorpecer el diálogo. En el caso de los tecnicismos es posible obviar un poco esta regla al hacer una breve explicación de lo que significan los términos, aunque para alguien conocedor del tema no debería ser necesario.

La cuarta regla es que lo definido no debe entrar en la definición. Es quizá la que más rompen los diccionarios. Si alguien no sabe lo que significa “corriendo” lo más seguro es que sea inútil definirlo como “acción de correr”, ¿porque entonces qué es “correr”?

La quinta regla es que la definición no debe ser negativa. Aunque poética y estilísticamente no representa ningún problema, cuando se trata de argumentaciones, explicaciones y otro tipo de textos más rigurosos, no podemos definir las cosas a partir de lo que no son. Es inútil explicar que caminar es no correr, no se expresa nada esencial sobre lo primero y si lo segundo es desconocido para el interlocutor entonces no hubo una correcta definición.

La sexta y última regla es que la definición debe indicar los atributos esenciales del objeto. Lo mínimo esperable es que queden claras las propiedades esenciales del objeto definido. Es natural que el hombre tenga nariz, pero no es parte esencial de él, así que es incorrecto limitar la definición de hombre a “aquel que posee una nariz“.

Al seguir estas reglas se facilita contestar la pregunta de “Bueno, para empezar ¿qué entendemos por…?” de una forma que facilite el diálogo y permita una expresión clara de las ideas que se busca transmitir. Naturalmente en el ámbito creativo es comprensible (hasta deseable) romper estas reglas, pero cuando se trata de textos y discursos con rigor lo más recomendable siempre será que todos los interlocutores se encuentren en la misma página.

Nota

[1] Gutiérrez, R., Introducción a la lógica, Esfinge, 2006, p.109

Imagen | Unsplash

Cite este artículo: Marin, R. (2023, 23 de junio). Para definir con corrección. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/06/para-definir-con-correccion
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por Rebeca Marín

Mexicana. Licenciada en Filosofía. Sus temas favoritos son la epistemología, el trabajo y la aplicación de la filosofía en la cultura popular. Lee "la Fenomenología del espíritu" en su podcast Tras Hegel.

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