Antiguamente, se pensaba que los derechos debían ser agradecidos porque emanaban de Dios o de la sociedad, pero Ayn Rand defiende que nadie le otorga derechos al hombre, sino que derivan de su propia naturaleza. Los derechos individuales son los cimientos sobre los que se construye la libertad humana. Con ella, el ser humano ensalza su existencia haciendo uso de su propiedad más representativa, la razón. Rand pone el foco en la individualidad del ser humano que trae consigo los derechos individuales, para sentenciar y avalar su libertad por naturaleza. Los derechos son la licencia de la libre actuación, son el paraguas que protege de imposiciones externas; concibe al hombre como ser único y evita la dedicación a un ente superior.

Los derechos individuales son, para la filósofa, el principio ético más elemental sobre el que se puede estructurar una sociedad. Esta sociedad moral considera al hombre como un fin en sí mismo, en tanto que su vida le pertenece, teniendo el derecho a esforzarse en las acciones que precise para cultivarla como desee. Así se acaba con la política basada en la “vox populi, vox dei” y se suprime la sociedad como objetivo al que cada individuo debe subordinarse, ya que en su lugar, se coloca al hombre libre que actúa según su naturaleza racional. Además, garantizan la libertad de todos sus miembros y desde donde se configura las relaciones correspondientes entre ellos: cuando un individuo libre actúa voluntariamente, en vista de alcanzar una meta que ha decidido racionalmente, no se le pueden aplicar limitaciones externas que obstaculicen dicha actuación. Al igual que, tampoco puede imponer a otro individuo la obligación para ejecutar dicha actuación. Es decir, el único límite que impone el derecho a la libertad es el de limitar otro derecho individual, entiéndase como un Hakuna Matata: vive y deja vivir.

A es A, y el Hombre es el Hombre. Los derechos son condiciones de la existencia requeridas por la naturaleza del hombre para sobrevivir de manera adecuada.

(Rand, p.119)

Según Rand, el derecho a la vida es el derecho de los derechos. De él nacen el resto, comenzando por el derecho a la propiedad privada, que es en sí, la aplicación práctica del primero. Sin la propiedad, el hombre no tiene nada, ni siquiera posee su propia vida y tampoco la capacidad de desarrollarla. Por lo tanto, se convierte en un engranaje más, sin identidad personal, es entonces cuando el hombre deja de ser libre y otra persona puede controlarle. En esta situación, el resto de derechos no son aplicables porque no tiene libertad para actuar. Aquí se concreta la esencia de la libertad individual, sin ella el hombre no puede alcanzar nada, por eso necesita poseer su propia vida para funcionar con ella.

Desde otro punto de vista totalmente diferente, Thomas Pogge, ofrece la visión desde el lado opuesto del mundo, donde las situaciones son verdaderamente críticas. Da una explicación de este terrible consentimiento de opresión por parte de todos nosotros, los que pertenecemos a una privilegiada parte del mundo, que no es consciente (o no quiere serlo) de los efectos que causan sus actos en los más vulnerables. Las condiciones en las que vivimos los opulentos son gracias al sometimiento que aplicamos sobre los desamparados, aprovechándonos de infortunios para obtener beneficio y, después, lavarnos las manos sobre la preocupación de sus condiciones.

Con nosotros me refiero a los ciudadanos de los países desarrollados (por ejemplo, los Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) que tienen suficiente madurez mental, educación y oportunidades políticas para compartir la responsabilidad de la política exterior de sus gobiernos y el papel de estos, en el diseño e imposición de las disposiciones institucionales supranacionales.

(Pogge, p.4)

El filósofo alemán expone dos aspectos fundamentales de los derechos. Por un lado, el acceso al objeto de dicho derecho y, por otro lado, el deber de otros agentes humanos de garantizarlo. Es este, precisamente, el quid de la cuestión, el hecho de que el deber no conlleva obligación de cumplimiento, sino que funciona como condicionamiento moral y cada cual tiene más compromiso ético, o menos. Por esta razón, Pogge defiende la tríada de la Observación General 12 por la ONU: respetar-proteger-cumplir; ya que convierte el deber en obligación para los estados y, de esta forma, se garantiza el acceso a tales derechos sobre los que la gente reclamara su disfrute. Después de la cosificación humana durante toda la historia, se ha conseguido que las personas posean derechos humanos en virtud de seres humanos, lo cual protege la dignidad de la persona. Los derechos humanos son inalienables y se convierten en una condición humana superior a cualquier ley o autoridad.

Ahora bien, el deber de facilitar los derechos depende de la estructura institucional de cada sociedad. Las que no tienen una estructuración adecuada son más propensas a la injusticia, porque no se puede asegurar el acceso a los derechos si no existe un sistema institucional estructurado que esté sujeto a un deber de cumplimiento. Estos países son más vulnerables a la violación de derechos humanos, ya que, el hecho de que los estados no puedan abolir los derechos de sus ciudadanos no les impide incumplirlos. Y esto no es una simple infracción, sino que es doblemente grave porque el estado está obligado a proteger (evitar que se damnifique a la persona) y proveer (asegurar el acceso del derecho) los derechos de sus ciudadanos y, el estado es perfectamente consciente de su responsabilidad ética, pero rehúye de su deber acogiéndose a un individualismo donde se le exime de cualquier intervención socioeconómica. 

En cambio, para Rand, la violación de derecho no es dejar de proteger y proveer los derechos, sino que, es la usurpación de la libertad de los individuos. Es decir, la imposición de una obligación para hacer algo que no ha decidido libremente, aplicando la violencia física. ¿Y la aplicación de la violencia psicológica? No la tiene en cuenta que, de hecho, resulta ser más potente que la física al ser invisible porque no se percibe un sometimiento exterior, sino que las imposiciones vienen de uno mismo. El sistema aplica un condicionamiento muy sutil porque manipula el inconsciente y convierte a la persona en un ser sin decisión propia, totalmente dominable.  

El derecho a la propiedad privada le da derecho a actuar y le hace absolutamente responsable de las consecuencias. El individuo que emplea esfuerzo en una producción es el único que debe asumirlas, tanto si son positivas como negativas. Así como el esfuerzo que ha empleado, y la responsabilidad que se le vincula, el valor material de la producción también le pertenece enteramente al individuo. Entonces se puede intuir la relación que hace la filósofa entre propiedad y esfuerzo. ¿No es esto un derecho sometido a condición? Entonces, ¿la propiedad privada deja de emanar de la naturaleza del individuo para emanar de la cantidad de esfuerzo que este emplee? Cae en la incoherencia de afirmar que cada individuo tiene derecho a la propiedad privada cuando, luego alega que cada cual debe merecérselo, que sin esfuerzo las personas no pueden declarar nada como suyo.

Solo existen los derechos del hombre, que son propiedad de cada hombre individual y de todos los hombres como individuos.

(Rand, p.119)

Los derechos que según Pogge son inalienables, para Rand, en cambio, son objetivos que tienen que ir consiguiendo los individuos con su propio esfuerzo. Tales como una casa decente, protección económica ante el desempleo o una buena educación nadie más que cada uno a sí mismo debe proporcionárselo. Y defiende que, cada cual puede elegir cómo utilizar los recursos de los que dispone para satisfacer sus necesidades. ¿Qué pasa cuando alguien no dispone de lo suficiente para desarrollarse como quiere? ¿Qué pasa cuando uno no puede escapar de los condicionamientos circunstanciales del marco socioeconómico? Si todos tienen el mismo derecho a la vida, todos deberían tener el mismo acceso a la libertad y poder elegir como llevar a cabo su vida independientemente de los recursos que disponga. Esta libertad individual que promociona Ayn Rand se percibe rápidamente idealista, porque no existen dos circunstancias vitales iguales. Pero si nadie debe ayudar a nadie en su desarrollo personal, la libertad que, en realidad, defiende es aplicable solo a los que ya están provistos de suficientes recursos como para tener opciones entre las que elegir la manera de actuar. Así pues, de un derecho condicionado nace una libertad condicionada para los más afortunados.

Para Rand, el hombre individual es el único poseedor de derechos válido, porque ni siquiera considera la sociedad como una entidad existente, así que no se le pueden atribuir derechos. Según ella, se aplica una manipulación elitista a las mentes ciudadanas mediante la inversión de conceptos: de lo político a lo económico y de lo individual a lo colectivo. También, cree que los socialdemócratas defienden un colectivismo racial que se compone de un nacionalismo basado en el racismo tribal por haber aceptado la colectivización de los derechos y, por eso, está en contra del internacionalismo. Así pues, piensa que el gobierno arrebata la libertad de actuación y la propiedad individual de los capaces, para entregársela a los que se refieren como “parásitos de la sociedad”, bajo el amparo de unos derechos económicos colectivos inventados ocultando que los únicos derechos económicos lícitos son los individuales: derecho a la propiedad y al libre comercio.

Además, estos derechos colectivos, arrastran consigo el derecho de la libertad de expresión la cual permite oponerse a la entrega de la propiedad privada y a dedicarse a lo que uno quiere, en la cantidad que quiere y en la forma que quiere. Esto se entiende como la dictadura de la mayoría, que prioriza la libertad de un grupo solo por ser más, y puede traducirse en la violación de los derechos de los individuos en la minoría. Esta superioridad de la mayoría que los socialdemócratas utilizan como justificación ética es, precisamente, lo que hace del colectivismo un sistema inmoral para Rand, porque coartan la libertad de individuos que es el principio ético más fundamental.

Lo que el subjetivismo es en el terreno de la ética, lo es el colectivismo en el ámbito de la política.

(Rand, p.128)

Como se viene anunciando, los principales violadores de derechos de los que hablan tanto Rand como Pogge son los gobiernos y los ciudadanos. Rand piensa que los individuos que utilizan la fuerza física para violar los derechos son criminales, pero el daño que causan no es tan representativo. Mientras que para Pogge la acción ciudadana tiene mucha importancia porque les considera una masa de opiniones poderosa. Los ciudadanos son testigos y colaboradores activos de la violación de los gobiernos que, deberían luchar por establecer esa base sólida tan necesaria en la que se apoyan las instituciones para desempeñar su trabajo de consolidar y fortalecer los derechos humanos.

Aunque es cierto que en teoría, los ciudadanos tomamos partido en el sistema en tanto que actores políticos, no creo que funcione de igual manera en la práctica. La percepción de que la influencia ciudadana sea tan determinante para semejante acción transformadora es, quizá, un tanto idílica. Pogge le atribuye toda la responsabilidad a la ciudadanía como si los políticos estuvieran realmente al servicio de los ciudadanos y siempre dispuestos a satisfacer las demandas populares. Si esto fuera realmente así, entonces se podría hablar de una responsabilidad común de la violación de derechos y no creo que hoy en día la movilización civil tenga una fuerza tan transformadora como para asignarle tanta responsabilidad. Existen muchos poderes ocultos que impiden la flexibilidad de la situación.

Ambos autores piensan que un grupo de individuos somete al otro, lo que significa que uno viola los derechos del otro. ¿Son los ricos o los pobres? ¿Quién viola los derechos de quién? Rand se pregunta ¿A costa de quién? y piensa que en el momento que un individuo tiene que ser provisto del producto por el que se ha esforzado otro, está violando el derecho a la libertad de este individuo. Entonces los que no utilizan su propio esfuerzo para proporcionarse lo necesario para sobrevivir, utiliza el de otro y vive a su costa. Los considera esclavos, porque se les obliga a esforzarse por algo impuesto y dejan de tener la libertad de esforzarse solo para lo que decidan. En cambio, Pogge nos muestra un panorama completamente distinto. Recurre a datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), del Banco Mundial, Organización Internacional de Trabajo (OIT) y otras tantas fuentes para analizar el efecto que ha tenido la globalización en los países del mundo. Los países ricos promocionan una visión positiva de la globalización para todos cuando, en realidad, los ricos son los más beneficiados y los pobres siguen siendo pobres. La minoría más rica del mundo aumenta sus ingresos mientras, los de la mayoría pobre no lo hace. Resulta inconcebible que, mientras hay gente que vive cada vez mejor otra tanta sigue muriendo por desnutrición.

Se conduce a los países pobres hacia un círculo vicioso de “carrera hacia abajo”, en la que compitiendo por la inversión extranjera, deben superar la oferta de los demás, ofreciendo mano de obra cada vez más explotable.

(Pogge, p.42)

Esto no ocurriría si los pobres tuvieran conciencia de sus intereses y de que su degradación se debe a las decisiones supranacionales monopolísticas de una elite mundial que únicamente mira por sus intereses comunes y no tienen compromisos con los derechos humanos que, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, deben protegerse en el mundo entero. Por un lado, no es solo el hecho de que se aprovechen de los recursos de los países pobres sino, del tipo de países pobres que se aprovechan. Eluden el hecho de que los líderes de estos países sean unos tiranos porque los recursos que demandan los ricos son fruto de la corrupción de los gobernantes que se lo expolian a su propia ciudadanía, lo cual provoca más pobreza en su país. O si el dinero que consiguen dichos lo invierten en comprar armas para atemorizar a la población y de esta forma mantenerse en el poder. Por no hablar de la malversación de fondos, que los países ricos propician, ya que, esto existe con la misma regla de mercado: si no existiera la demanda de defraudar impuestos, no se hubiera creado la oferta de cuentas bancarias en paraísos fiscales donde los bancos tienen pocas exigencias, y de paso evitan la mala imagen de los bancos nacionales.

De esto se infiere que a los países más desarrollados les conviene el status quo actual, esto es, que los países menos desarrollados tengan instituciones controlables para que puedan blanquear el dinero de dudosa legalidad que les está manteniendo en el poder a estos gobernantes corruptos, mientras que la ciudadanía de estos países está cada vez con mayores problemas de subsistencia, y no digamos de falta de derechos. También influye mucho la falta de educación en la población de forma generalizada porque no es consciente de lo que puede reclamar y se creen que ese sometimiento es natural e inamovible. Algunos países ricos se ponen esta venda en los ojos a conciencia, sin embargo, otros como los países escandinavos, comienzan a estar muy concienciados y respetan los derechos humanos. Los países que sí se lavan las manos con la violación de los derechos humanos, siguen pregonando ese discurso de los avances que trae la globalización sin tener en cuenta los medios mediante los que se lleva a cabo, concentrándonos únicamente en el fin. Entonces, todo queda dicho. ¿Quién viola los derechos de quién? ¿Quién vive a costa de quién? ¿Los ricos de los pobres? O, ¿los pobres de los ricos? La respuesta se da por sí sola si buscamos desde la ética real, si miramos también desde la naturaleza y la dignidad humana. Tenemos que tener en cuenta que la vida de las personas es lo más importante y no puede ser considerada como una moneda de cambio de intereses espúreo.

Los activos de los pobres son como un balde que gotea, continuamente empobrecido por los egresos masivos que desbordan completamente los efectos de la ayuda para el desarrollo, que en todo caso, son insignificantes.

(Pogge, p.45)

Es curioso como Rand y Pogge se separan el puntos donde, paradójicamente, al mismo tiempo se unen. Acaban con visiones opuestas, pero parece que algunos de sus argumentos se miran en un espejo. Ambos tratan de ser prácticos, y aunque acaban dibujando sistemas idílicos, Rand visualiza un sistema capitalista perfecto donde las acciones de uno no afectan en otro, como si los individuos de una sociedad no fueran interdependientes. Este capitalismo utópico no entiende de desgracias humanas y de distintos estándares sociales, este sistema tan perfecto podría únicamente radicar en un sector de la sociedad, que todos intuimos cuál es. Y que, el beneficio de ese sector funciona solo bajo el sometimiento del sector opuesto de la población.

Pogge, por su parte, recae de una forma precisa en esos puntos que ejemplarizan la verdadera violación de los derechos. Aun así, por su parte idealiza el sistema democrático, ya que, concibe la movilización ciudadana como el cambio que precisa el sistema, la solución al problema internacional. La acción ciudadana no es la clave para el giro de tuerca al sistema de Rand, pero los argumentos que están cargados con el mismo tono de credibilidad lógica pueden servir como una vuelta de tuerca, porque muestran la otra cara de la verdad desde otro razonamiento. A la verdad, que suena a verdad, siempre hay que darle vueltas, tiene que ser reflexionada y contrastada porque también existirá el otro lado que igual se muestra cargada de razón. Colocarlas en una balanza y equilibrar los argumentos, contrastar y seleccionar. Así es como verdaderamente se desarrolla el razonamiento humano y se valora la libertad humana.

Bibliografía

Rand, A. (2009). Los derechos del Hombre en R. Pelz (Ed.), La virtud del egoismo (pp.116-127). Grito Sagrado Editorial.

Rand, A. (2009). “Derechos” Coletivizados en R. Pelz (Ed.), La virtud del egoismo (pp.128-135). Grito Sagrado Editorial.

Pogge, T., (2012). ¿Estamos violando los derechos humanos de los pobres del mundo?. Eidos: Revista de Filosofía de la Universidad del Norte, (17).

Artículo de:

Mireia Romero Fernández (autora invitada):
Estudiante de Filosofía y Ciencias Políticas.

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): Romero, M. (2023, 25 de junio). ¿Quién viola los derechos de quién? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/06/quien-viola-los-derechos-de-quien
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