En el siguiente artículo, se van a relacionar las justificaciones que ofrece Markus Gabriel para defender que el mundo no existe con la filosofía de Wittgenstein. El fin de ello es poder observar si las paradojas que se dan en las investigaciones de Wittgenstein le pueden afectar también a Gabriel, y qué consecuencias se pueden derivar de ello.

¿Qué es el mundo?

Para comprender la postura de Markus Gabriel, debemos tener en cuenta que su teoría de conocimiento se sitúa dentro del llamado “nuevo realismo”, en el que tienen el mismo grado de existencia tanto los pensamientos que tengamos sobre las cosas como los hechos en sí. Por ello, el mundo, que es concebido por el autor como el conjunto de todo lo existente, incluiría no solo lo que se presenta de manera empírica, sino que comprende también todos los pensamientos que tienen los sujetos acerca de las cosas.

De esta manera, Gabriel diferencia el mundo del universo, indicando que el universo es mucho más pequeño que el mundo, ya que solo consta de objetos que pueden ser estudiados por las ciencias empíricas, como pueden ser los planetas o satélites. Sin embargo, el mundo incluiría muchos más ámbitos objetuales, como la política o los sentimientos.

Así pues, el mundo sería:

Una gama de ámbitos, el ámbito objetual que alberga a todos los ámbitos objetuales (a diferencia del universo, que solo alberga el ámbito de las ciencias naturales)”.

(Gabriel 2015, p.10)

No obstante, para Wittgenstein, el mundo sería el conjunto de los hechos que son el caso. Un hecho estaría compuesto por objetos simples, pero conteniendo un valor de verdad, por lo que puede haber hechos que son el caso (es decir, existentes), y hechos que no lo son. El mundo compartiría con la mente humana una forma lógica, posibilitando a los sujetos a que puedan imaginar otros mundos que no son el caso, pero que constan de la misma forma lógica. Es por ello que podemos pensar en un unicornio, aunque no se dé en la realidad, es decir, aunque no sea el caso, pero sí comparte la misma forma lógica que, por ejemplo, un caballo, que sí es el caso.

Para el primer Wittgenstein, el mundo es todo lo que sucede; lo que es el caso, la totalidad de los hechos, que no de las cosas. Las cosas no acaecen, aparecen o existen, sino en hechos, es decir, en conexión unas con otras. Sin embargo, persisten siempre, únicas, en la sustancia del mundo, posibilitando los hechos. Son la posibilidad de mundos posibles y del mundo existente.

(Wittgenstein 2009, p. 133)

Por consiguiente, podríamos señalar que el mundo para Markus Gabriel es mucho más amplio que el de Wittgenstein, ya que para Gabriel el mundo, en términos de Wittgenstein, sería el conjunto de los hechos que no son el caso y los que sí, mientras que para el austriaco solo pertenecen al mundo lo hechos que sí son el caso.

La existencia

Como podemos observar, para comprender qué es el mundo, es fundamental conocer qué es la existencia para estos autores. En el caso de Gabriel, un objeto existe cuando aparece en un “campo de sentido”, que podemos entender como una perspectiva subjetiva que traza un marco de referencia en el conocimiento de un individuo. Un mismo objeto puede aparecer en diversos campos de sentido, y no por ello deja de existir. Los campos de sentido son creados por los sujetos a través de su actividad y forma de comunicación, por ejemplo: dentro de una investigación científica, un objeto es tratado de una manera determinada a través de un lenguaje en específico, encontrándose de esta manera en un campo de sentido.

Todo lo que existe aparece en campos de sentido. La existencia es la propiedad de los campos de sentido de que aparezca algo en ellos. Yo sostengo que la existencia no es una propiedad de los objetos en el mundo o en los campos de sentido, sino una propiedad de los campos de sentido, propiamente la propiedad de que aparezca algo en ellos.

(Gabriel 2015, p. 80)

Si tenemos en cuenta al segundo Wittgenstein, podemos relacionar los campos de sentido en cierta medida con los juegos del lenguaje. En dichos juegos, lo importante es el uso de las palabras en un contexto, ya que dependiendo de la circunstancia en la que se encuentre un individuo puede hacer un uso correcto, o no, del lenguaje. Y siendo para Wittgenstein el lenguaje los límites del mundo, se podrían interpretar a los juegos del lenguaje como diferentes maneras de darse las cosas en sí, dependiendo de la situación en la que se encuentre el individuo.

La paradoja

El problema de la existencia del mundo se derivaría del concepto de campo de sentido, ya que, si el mundo para Markus Gabriel es el conjunto de toda la realidad, tanto mental como empírica, todo ello debe de encontrarse dentro de un campo de sentido para que pueda tener existencia. Pero ya no es solo difícil concebir un campo de sentido capaz de englobar tal multitud de cosas, sino que la propia existencia de un campo de sentido debe de darse dentro de otro campo de sentido; pues si los campos de sentido tienen la propiedad de poder otorgar la existencia a los objetos, un campo de sentido se requiere para que pueda existir otro campo de sentido. Sin embargo, si se da el caso en el que un campo de sentido engloba al que contiene todo lo existente, y luego ese campo depende de otro para poder existir, nos encontraríamos en una paradoja que nos llevaría a un ciclo infinito de campos de sentido uno tras otro. Por otro lado, si aceptamos que un campo de sentido se puede dar sin la necesidad de que se englobe por otro, el campo de sentido que incluye el mundo estaría “fuera de este”, y eso no podría darse, debido a que el mundo debe incluir, por definición, todos los campos de sentido.

Nuca llegamos a un fin, nunca conseguimos de esa manera el campo de sentido último en el que todo aparece, el mundo, sino que más bien el mundo se pospone una y otra vez […]

(Gabriel 2015, p. 90)

Esta sería la principal razón por la que Markus Gabriel rechaza la existencia del mundo. Pero, así como los campos de sentido son condición necesaria para que se pueda dar la existencia, las reglas dentro de los juegos de lenguaje de Wittgenstein se requieren para que pueda haber un juego del lenguaje. Y si recordamos que para este autor los límites del mundo son los límites del lenguaje, las reglas del juego serían necesarias para establecer un mundo, ya que permiten que haya comunicación.

El problema surge cuando buscamos la fundamentación última de estas reglas, dado que, si somos capaces de detectar que un hablante se equivoca al usar el lenguaje, estaría saltándose una regla, pero ¿de dónde viene dicha regla? Podríamos pensar que de otra regla que rige las reglas a un nivel superior, pero al suceder eso, entraríamos en el mismo problema que el de los campos de sentido con Markus Gabriel.

Pero si bien, como las reglas dependen de los juegos del lenguaje, estas pueden ser aceptadas dependiendo el contexto; por ejemplo: una regla que es aceptada en un juego de mesa a lo mejor no lo es en otro juego.

Nuestra paradoja era esta: una regla no podía determinar ningún curso de acción porque todo curso de acción puede hacerse concordar con la regla. La respuesta era: Si todo puede hacerse concordar con la regla, entonces también puede hacerse discordar. De donde no habría ni concordancia ni desacuerdo”.

(Wittgenstein 1999, p.201)

Para solucionar esta paradoja, Wittgenstein indica que no hay una regla que rige el resto de las reglas, sino que las mismas reglas van evolucionando dependiendo del uso que hagan del lenguaje los sujetos. Pero ¿se puede aplicar esta solución a la paradoja de Markus Gabriel?

Teniendo en cuenta la definición que nos ofrece el autor sobre los campos de sentido, podríamos admitir que pueden cambiar a medida que la conducta de los sujetos cambia, ya que depende de su perspectiva. Pero el problema, creo yo, sería el hecho de que el mundo ha de ser todo lo existente, por lo que empíricamente ningún sujeto puede tener un campo de sentido tan amplio para poder captar el todo.

Por mucho que evolucione un campo de sentido, creo que nunca sería suficiente para poder captar lo que es el mundo en sí. De todas maneras, si nos centramos más en el segundo Wittgenstein, podríamos indicar que el uso de la palabra mundo es entendida en diferentes juegos del lenguaje, y en su uso convencional no supone ningún problema para los hablantes no tener un campo de sentido suficiente para poder enmarcarlo.

Puede que con las reglas que tienen los hablantes a la hora de usar la palabra mundo se dé la posibilidad de hacer referencia a algo que ni siquiera se puede delimitar por el sujeto, pero todos los participantes del juego son capaces de comprender sin la necesidad de tener que definirlo rigurosamente. Es posible que la regla que propone Markus Gabriel para poder hablar de mundo sea justo lo que impide que nos podamos referir a dicho objeto de manera consistente. Por ejemplo, yo misma antes de leerme su libro titulado “Por qué el mundo no existe”, siguiendo mis propias reglas del lenguaje, pude aproximarme más o menos a lo que significaba el título, pero si siguiera la regla de lenguaje de Markus (que tiene relación con lo que existe o no), la palabra mundo no tendría significado, por lo que ni siquiera podría entender la frase como un hecho.

Conclusión

Atendiendo a lo expuesto, puedo indicar que la lectura de Markus Gabriel a través de los conceptos de Wittgenstein, tanto del primero como del segundo, es muy enriquecedora y ayuda mucho a comprender la problemática que tiene la palabra mundo.

Dependiendo del juego del lenguaje en el que nos encontremos se establecen distintas normas para poder usar la palabra mundo. Por ejemplo, Markus Gabriel por pertenecer al nuevo realismo solicita que el mundo contenga absolutamente todo, incluso los hechos que no son el caso. Este criterio hace que su regla sobre que todo existe dentro de un campo de sentido no pueda aplicarse a su idea de mundo, ya que se forma la paradoja anteriormente explicada.

Pero si, por ejemplo, tomamos el mundo como lo entiende Wittgenstein, sí podría existir un campo de sentido que lo acote todos los hechos que son el caso. Esto se debería a que el campo de sentido englobaría solo dichos casos, y el hecho de que existen casos fuera del campo de sentido no entraña una paradoja porque el mundo no sería todo en tanto que acto y posibilidad, sino que solo es definido por los hechos que son el caso.

Así pues, teniendo en cuenta al segundo Wittgenstein, podríamos indicar que el uso de la palabra mundo dependerá del juego de lenguaje en el que nos encontremos. Si los seguidores del pensamiento de Gabriel hablaran entre ellos, sería razonable que evitaran usar esta palabra, debido a que sus reglas no se lo permiten.

Bibliografía

Gabriel, M. (2015). Por qué el mundo no existe. Pasado y Presente
(Madrid).

Wittgenstein, L. (2009). TRACTATUS LOGICO-PHILOSOPHICUS INVESTIGACIONES FILOSÓFICAS SOBRE LA CERTEZA. Gredos.

Wittgenstein, L. (1999). Investigaciones filosóficas. Altaya.

Cita este artículo (APA): Fernández, R. (2023, 01 de julio). ¿El mundo existe? https://filosofiaenlared.com/2023/07/el-mundo-existe

Artículo de:

Raquel Fernández Romero (autora invitada):
Estudiante de un doble grado en Filosofía y Economía en la URJC de Fuenlabrada, en Madrid.

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por autores invitados

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