Desde la filosofía analítica, Isaiah Berlin, descabeza el concepto de libertad del cual, nacen dos ideas políticas distintas de libertad. Por su parte, se refiere a la libertad negativa como tal por ser la negación de las interferencias aplicadas por alguien para conseguir algún fin, es decir, la capacidad de realización que concede el gobierno a todos sus ciudadanos, lo cual evita que se coaccionen entre ellos para alcanzar sus objetivos. La implantación de la Ley funciona como el marco garante que posibilita esa libertad porque protege a los más débiles de los más fuertes. Precisamente de esta forma, evita que las personas se opriman o perjudiquen entre sí basándose en la “ley del más fuerte”. Este concepto se funda en que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro. Esta forma de libertad saca a la luz la pregunta de: ¿qué cantidad de libertad individual se debe ceder a la autoridad? porque algunos pueden pensar que también se cede esa misma cantidad de control al gobierno, una idea que está muy ligada a la democracia.

Por el contrario, la libertad positiva nada tiene que ver con la democracia. Se formula en la idea de que cada uno puede controlarse a sí mismo y se pregunta: ¿por qué se tiene que obedecer a un poder que no sea el que uno mismo se impone? Esta postura defiende que cada individuo es y debe ser capaz de tomar sus propias decisiones sin ningún condicionante externo que las limite. Berlin se decanta por la positiva porque descubre una verdadera libertad en la que cada cual es capaz de gestionarse. Mientras que critica a la negativa por pecar de visión paternalista donde percibe que la justificación es que los ciudadanos no son racionalmente capaces de tomar decisiones beneficiosas, por lo tanto, los gobernadores toman la batuta y deciden por ellos. Aunque quizá no tenga en cuenta la gran gama de posibilidades que se les abre a las personas que toman decisiones perjudiciales para otros. Tal vez, los límites que establece la libertad negativa sean el encuadre de un panorama armónico en el que todo el mundo se puede desarrollar sin que otra persona se vea afectada. Entonces, ¿son estos “límites” las barreras contra el abuso de poder y las murallas de una convivencia social saludable?

Esto demuestra (si es que se necesita demostración para una verdad tan evidente) que las concepciones que se tengan de la libertad se derivan directamente de las ideas que se tengan sobre lo que constituye el yo, la persona, el hombre.

(Berlin, p.10)

Lo que predica la libertad positiva es que la esencia del ser humano es su autonomía, en cambio, la libertad negativa es la heteronomía de las leyes impuestas que limita su individualidad. Berlin considera que las decisiones de alguien deberían estar determinadas, únicamente, por el interés de sus fines personales sin condicionamientos externos a su voluntad individual. Cuando no se tienen en cuenta estos objetivos personales de los individuos se está desestimando el valor de la persona, su dignidad y esencia. Según el autor, los gobernantes menosprecian los intereses personales y manipulan las mentes de la población para hacerles pensar que la libertad negativa es la forma de vida que han elegido, cuando en realidad, han conseguido que dejen a un lado lo que quieren, y marcan el camino que deben seguir para desarrollar los deseos de los tiranos. Así es como Berlin ve la libertad negativa como una opresión a la sociedad con careta de libertad.

Para él, los totalitarismos se ocupan de mantener a los ciudadanos a raya y conducen su razón para que entiendan las leyes de tal forma que las acojan como beneficiosas. Las asumen y las aceptan incuestionablemente porque entienden que si no fueran de esta manera serían irracionales. Por lo tanto, si no acataran estas leyes, dejarían de ser “libres“, ya que estarían condenados a seguir los deseos irracionales que no pueden controlar con su voluntad esencial. Berlin critica este lema porque evita que los ciudadanos piensen por su cuenta qué es, precisamente, lo que les conviene a los tiranos. Estos infunden un paternalismo estatal con el que llevar a cabo un despotismo, donde los ciudadanos no atiendan su voluntad individual y, en cambio, absorban y adoptan la del estado como propia, que viene a significar la pérdida de su verdadera libertad.

La libertad es autodominio, la eliminación de los obstáculos que se oponen a mi voluntad, cualesquiera que sean estos obstáculos: la resistencia de la naturaleza, de mis pasiones no dominadas, de las instituciones irracionales, o de las opuestas voluntades o conductas de los demás.

(Berlin, p.17)

Así pues, el autor piensa que la verdadera libertad se encuentra lejos de toda esa racionalidad extrema que elude las pasiones. Sin embargo, defiende su exaltación porque piensa que el derecho a la voluntad individual es la capacidad de que la persona atienda sus preferencias, que descubra su identidad, se sienta alguien y no un sujeto cualquiera de entre la masa. Berlin explica que, una vez que alguien se conoce a sí mismo, decide identificarse en un status social, pero no para simplemente acomodarse ahí, sino para ir progresando y tender siempre a la libertad autónoma. Para ello, necesitan a un gobernante que pertenezca a dicho status que entienda mejor las demandas ciudadanas y no obedezca a sus fines propios, sino los de la sociedad que representa.

No obstante, advierte que las sociedades que luchan por la libertad individual sacrifican valores como la justicia, la igualdad, el orden público o la seguridad, sin tener en cuenta que son necesidades básicas para las personas, entonces, ¿compensa vivir en una sociedad donde todo fin justifica los medios? La ceguera del ansia de libertad infinita es atractiva a la vez que peligrosa porque, puede ocasionar una realidad difuminada y desencadenar un liberalismo salvaje, sin respeto entre conciudadanos, que se justificaría la malicia de la libertad negativa y la protección estatal de las libertades.

Bibliografía

Berlin, I. (1998). Dos conceptos de libertad. Cuatro ensayos sobre la libertad, 215-280.

Artículo de:

Mireia Romero Fernández (autora invitada):
Estudiante de Filosofía y Ciencias Políticas.

Imagen | Flickr

Cita este artículo (APA): Romero, M. (2023, 19 de julio). ¿En qué sentido somos libres? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/07/en-que-sentido-somos-libres
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