De la razón poética: la democracia en la Tumba de Antígona de María Zambrano

María Zambrano (1904-1991) no fue solamente filósofa, pues, si consideramos su concepción de razón-poética habría que calificarla también como literata, no es gratuito que la malagueña produjera una vasta obra que bien podría estar clasificada simultáneamente dentro de la Filosofía y la Literatura1. De entre el enorme magma de intereses de la autora basta mencionar sus acercamientos temáticos a la política, el exilio, el delirio y el mundo griego, así como sus no menos importantes aportaciones a la poesía2 y al teatro. Probablemente, todos insertos dentro de un marco no totalmente filosófico ni absolutamente literario, sino filosófico-literario. Ergo, podemos encontrar textos en los que se desarrollan ideas sobre la democracia y otros en los que se articula lo literario con sus propios esquemas mentales.

En ese sentido, la democracia entendida como humanización llevada a cabo por la persona se encarna en el personaje de Antígona de María Zambrano. No la democracia griega, ni las diversas concepciones surgidas en la Modernidad, sino la propia de la malagueña. Humanizar significa respetar, hacerse responsable, regirse con el corazón y eso constituye parte de la razón-poética y se representa en Antígona. A continuación, se ofrece un resumen de la obra, luego se expone lo que se entiende por razón poética, posteriormente se describe la manera en la que se piensa la democracia y, finalmente, se reconstruye el término a la luz de su Antígona.

La Tumba de Antígona

En 1967 se publicó en Francia La tumba de Antígona de María Zambrano. Se trata de un texto dramático, divido en fragmentos, en el que la protagonista dialoga con familiares y con desconocidos. Claramente, hay una relación metatextual con la Antígona de Sófocles (441 a. C.); la historia de la malagueña inicia al término de la del poeta griego.

Recuérdese la historia de Sófocles del siguiente modo: Antígona, hija de Edipo, desobedece a su tío, el rey Creonte, luego de que sus dos hermanos, Polinices y Eteocles, se asesinaran el uno al otro a causa del deseo de la corona de Tebas. La orden real había sido no sepultar dignamente a Polinices dado que fue quién comenzó la violencia física. Contrariamente, Antígona decide darle sepultura digna y, consecuentemente, es condenada. Sin embargo, para evadir la sentencia decide tomar su vida por propia mano.

Por otro lado, la historia de Zambrano cambia el final de Sófocles. En el prólogo de su obra la autora nos dice que “Antígona, en verdad, no se suicidó en su tumba, según Sófocles, incurriendo en un inevitable error” (1986:201), no está muerta, parece que todavía está viva, así se lee desde que inicia la historia:

Y mientras te vea, luz, del sol, me seguiré viendo y sabré que yo, Antígona, estoy aquí todavía, al estar aquí, y al estar todavía sola, sí, sola en el silencio, en la tiniebla, perseguida aún por ese sol de los vivos que todavía no me deja. Sola y perseguida por ti, luz de los vivos, la de mis propios ojos que solo a ti y a mí misma estarán viendo.

(1986:223)

Antígona está encerrada en su tumba: “Una cuna eres; un nido. Mi casa. Y sé que te abrirás” (1986:235). Entonces, inicia la historia con un soliloquio de la protagonista; alude a su hermana, Ismene, para denunciar el derramamiento de sangre, el cual no debe olvidarse. Posteriormente, llega su padre, Edipo, y Antígona reclama que nunca le habló de su mamá, más bien siempre escuchó palabras sobre su abuela. La hija siente que nació producto de un error, pero el padre intenta convencerla de que no, además, le pide que lo ayude:

Estas en el lugar donde se nace del todo. Todos venimos a ti. por eso. Ayúdame, hija, Antígona. no me dejes en el olvido errando. Ayúdame ahora que ya voy sabiendo, ayúdame. hija, a nacer.

(234)

Edipo siente que no tiene salvación y que ha sido condenado en la vida y después de la muerte.

La siguiente visita es de Ana, su nodriza. La misma nana le dice que ella fue un personaje invisible, del que nadie supo, pero relevante porque dio cariño a Antígona: “Ana, tú eres el único ser que he conocido, iba a decir: la única diosa” (:236). Luego se manifiesta el recuerdo de la madre de la protagonista y, en forma de soliloquio, Antígona le reprocha que siempre hizo que ella viera a su padre, Edipo, como a un hermano.

El siguiente personaje en aparecer es una harpía que discute con Antígona sobre el amar y el temer. La protagonista piensa que “La ley del Amor es muy distinta de la ley del terror y ni siquiera se puede decir que sean todo lo contrario” (:241). La harpía piensa que Antígona no dio su vida por la verdad y la justicia porque, en realidad, tuvo que dejar a su amor, Hemón. Naturalmente, la protagonista se enoja y le pide que se marche:

Eres Ella, la Diosa de las Razones disfrazada. La araña del cerebro. Tejedora de razones, vete con ellas. Vete, que la verdad, la verdad de verdad viva, tú no la sabrás. Nunca.  

(:244)

Las siguientes vistas son los hermanos. Llegan arrepentidos porque el conflicto se les salió de las manos y se dieron muerte el uno al otro. Entonces, Antígona los regaña y les dice que no deberían matar por el poder, sino por el amor y el bien de todos. Eteocles sentía que el poder y la patria le pertenecían únicamente a él, pero Polinices intenta persuadirlo de que también le tocaba por una temporada gobernar.

Mientras hablaba con sus hermanos llega su prometido, Hemón, quien le cuenta que murió por ella, Antígona siente también amor recíproco:

Yo soy, yo era una muchacha nacida para el amor de mi esposo, a cuya casa iría saliendo de la casa de mi padre. Y me devoraron no ellos, sino la piedad; soy ya la ceniza de aquella muchacha. Me deshojé. Y ahora…

(:253)

Al final acuerdan que se reunirán algún día sus dos hermanos, su amado y Antígona.  

La siguiente visita es la del tío, Creón, quien llega aparentemente arrepentido disculpándose del trágico destino de su sobrina, pues según él al final cambio de parecer y lo único que quería era darle una lección por desobedecer. Antígona le responde que: “siempre estuvimos todos nosotros debajo de ti. Pues eres de esos que para estar arriba necesitan echar a los demás a lo más bajo, bajo tierra si no se dejan” (:255). Finalmente, Creón le manifiesta que en parte quisiera que estuviera viva, pero a la vez comenta que seguirá reinando y no dejará el poder.   

Posteriormente, Antígona se queda sola, se habla a sí misma. Se lamenta que una nueva ley no haya podido sepultar a la vieja. Se siente en el exilio de una ciudad fundada por un rey absolutista; extraña los recuerdos de su niñez, pero se consuela diciendo que “hay que tener el corazón en lo alto, hay que izarlo para que no se hunda, para que no se nos vaya. Y para no ir uno, uno mismo haciéndose pedazos” (:260). Para Antígona el corazón no tiene que descansar nunca, debe sobreponerse en todo momento incluso en momentos de oscuridad o de injusticias.

La obra finaliza con la llegada de dos desconocidos a su tumba que tienen la intención de llevarse a Antígona, pero saben que no pueden hacer más ya, que no está en el mundo físico, pero sí en un más allá; Antígona seguirá viva en la historia mientras los humanos sigan recordándola.

La razón-poética

El primer texto de María Zambrano donde formuló su razón-poética fue en Hacía un saber sobre el alma publicado en 1934 en la Revista de Occidente3. En él integra la idea de hombre y la de razón para saber sobre el alma del siguiente modo: “opone la inmensidad de presencia poética, mística, al dominio de la razón” (Pérez Janet; 1997: 14).

La razón-poética conjuga la razón con lo poético. El primer término entendido como dominante, herramienta de la ciencia, reducción de fórmulas matemáticas, sistema y el segundo como saber del cosmos, de la naturaleza, búsqueda del alma en la expresión poética, el asombro ante el misterio. Zambrano quiere reconciliar la poesía con la filosofía:

Necesitan aclararse mutuamente, recibir su luz una de otra, reconocer sus deudas, revelar al hombre medio asfixiado por su discordia, su permanente y viva legitimidad; su unidad originaria.

(:57)

De ahí que no abandone por completo la palabra razón, sino que le agrega el adjetivo “poético” para llevar más allá a la filosofía.

La razón-poética es una amalgama de filosofía y poesía; no escribe de manera sistemática como otros filósofos, sino que hace uso de un lenguaje enrarecido y lleno de metáforas a la vez que integra la ética, la democracia y lo divino. Sin embargo, hay diversas interpretaciones de lo que quiere decir razón-poética: por un lado, Janet Pérez sostiene que:

La “razón poética” ya no refiere a nada de lo que tradicionalmente ha significado ese sustantivo (razón), que implica un proceso mental consciente, controlado y activo, dirigido hacia la adquisición de conocimiento intelectual o filosófico mediante ciertos principios primarios, algún argumento o alguna lógica. Implica datos, hechos, justificación, inferencias, juicios. Y estos tampoco figuran en la razón poética, que no es un proceso controlado, ni activo, sino instintivo, pasivo, epifánico, de hallazgo (:17)

Habrá que decir que la razón-poética no es solamente un proceso meramente instintivo, pasivo y epifánico, va más allá, puesto que lo poético implica la dimensión de lo estético ¿En qué consiste lo poético en relación con lo estético? ¿cómo se observa concretamente en la razón-poética y en la obra de Zambrano? Una respuesta a tales interrogantes se encuentra con otra interpretación del término. Chantal Maillard considera que interpretar la razón-poética como una incursión de la filosofía en la literatura sería algo muy “pobre”, puesto que en realidad está detrás un planteamiento fenomenológico más que de la búsqueda de “significados literarios”:

El método de la razón-poética es en sí la propia acción vital del ser humano en vías de la realización de su ser, la persona actitud de la consciencia dirigida a al descubrimiento de su enigma. La razón-poética es, en definitiva, el propio hacer del hombre haciéndose a sí mismo; es razón poética, razón creadora.

(1992:32)

Maillard identifica, parte, de las influencias filosóficas de la razón-poética; la acción vital de Ortega y Gasset, la realización del ser de Heidegger, el descubrimiento del enigma de Husserl, y lo que se concluye es que el “método” de Zambrano es fenomenológico porque busca la descripción de lo que tiene que ver con el ser a partir de la creación. Al final, el aporte de Maillard es valioso, pero falta agregar también las influencias de Max Scheler sobre su razón del corazón y de Nietzsche sobre la verdad -mismas que menciona la propia Zambrano en Hacia un saber sobre el alma-.

Sin embargo, hace falta también indagar sobre las influencias literarias. Recuérdese que la autora entabló amistad con la generación del 98 y del 27; Antonio Machado y García Lorca, por ejemplo. Pero, también habrá que pensar todo lo que implica la cuestión de lo poético y la estética, dado que son partes constitutivas para una comprensión más amplia de la razón-poética4.

De lo anterior se deduce que la razón-poética es primero poesía y después filosofía5. Lo cual, implica estar consciente de que se requiere de ambos campos para comprenderla. En ese sentido, algunas pistas para pensar el lado poético están en diversos recursos empleados por Zambrano en sus textos; las palabras, las metáforas, las aliteraciones, las repeticiones, los énfasis –el enrarecimiento del lenguaje-, así como la experiencia estética y la sensibilidad.

Democracia

El saber sobre el alma implica pensar sobre la democracia. María Zambrano concibe dicho término como una humanización ética de la sociedad por parte de personas proyectadas hacia el futuro. Así lo deja ver en la tercera parte de su libro Persona y Democracia (1958-1988).

El hombre para Zambrano se inscribe en la historia. Desde el presente hay una proyección hacia el futuro, lo cual implica que el individuo tiene que actuar para su devenir, debe que trabajar para satisfacer sus necesidades, interactuar con los otros a pesar de las diferencias, también ponerse de acuerdo con los otros y es, precisamente, el ser persona el camino de la esperanza y de la construcción del futuro, pues reflexionando éticamente mejorará la convivencia y la vida democrática.

Zambrano distingue que en el mundo moderno lo sagrado ha perdido terreno porque se ha humanizado. Con el surgimiento de las ciudades se constituyeron formas de vida democráticas y también se dio el espacio adecuado para la soledad. Es, precisamente, con este último aspecto donde se encuentra la clave para el desarrollo moral de la persona, pues, el mundo interior permite pensar lo social, el comportamiento y aceptar responsabilidades: humanizarse. Esto, al final, es un sustituto del papel de lo divino. Este principio es constitutivo de la democracia; llegar a ser personas responsables y donde el corazón guíe a la razón.

Entonces, hay una distinción importante para aclarar, más, la democracia; cuando se hable de individuo se refiere a una de las partes de la sociedad, y cuando se hable de persona al mundo interior, la individualidad. Ergo, el hombre es social, individual y persona. Ser persona requiere dejar la clase y el estatus para actuar éticamente, pues no importa donde te haya tocado nacer o en qué lugar social te encuentres para ser amable, tolerante, respetuoso y responsable con los demás. Esto sígnica ya no confrontar más a las clases sociales, más bien se trata de encontrar un punto de reconciliación entre las diferencias en donde todos puedan desarrollarse: es “el régimen de la unidad en la multiplicidad, del reconocimiento, por tanto, de todas las diversidades, de todas las diferencias de situación” (2019:221).

¿Cómo hacer posible un régimen donde todos respeten las diferencias?

Zambrano tiene claro que la democracia está en construcción, que no se ha terminado, no es perfecto. La respuesta que nos da es que las personas tienen que lograrlo. La concepción de democracia de Zambrano es normativa, pues, la reflexión ética tiene que construir una sociedad respetuosa de las diferencias.

La encarnación de la
democracia Antígona

¿De qué manera encarna Antígona los principios de la concepción de democracia de María Zambrano? Un régimen que no respete la sucesión del poder tenderá a no ser considerado democrático, también si no permite el desarrollo de la persona, sus decisiones, creencias, rituales y el culto a sus muertos.

Creonte es un déspota segado por el poder, tanto que es capaz de condenar a su propia familia con tal de tener el control de la sociedad. Este personaje no corresponde con la idea de persona porque no reflexiona sobre la moral; no refleja el proceso de humanización democrático. En realidad, cuando visita la tumba de Antígona lo hace de manera hipócrita porque nunca menciona que tiene pensado cambiar la manera de gobernar, por el contrario, deja claro que quiere seguir siendo el rey.

Recuérdese que la persona se caracteriza porque su espacio es el interior, es ahí donde es libre para pensar sobre sus actos y en consecuencia llevar esa reflexión al mundo social. La tumba de Antígona tiene dos momentos de soledad, al inicio y casi al final de la obra, la protagonista se encierra en su mundo interior para reflexionar sobre los sucesos pasados, presentes y futuros. Luego, cuando llegan a visitarla interactúa con los otros, se integra a la vida social.

Entre las pláticas sostenidas, hay consejos morales que Antígona comparte: a su hermana que preserve el recuerdo de los delitos, a sus hermanos que se rijan por el amor, en vez del deseo por el poder, a su amado le expresa fidelidad y reencuentro, a su madre le reclama por dejar un vacío en ella, a su padre por no hablarle de su mamá. Todos estos consejos están pensados para el futuro para que sigan viviendo o para que se rediman, pero también para que la mantengan viva a través del recuerdo.  

Antígona encarga el proceso de humanización democrática de Zambrano el cual se teje en los diálogos que sostiene con quienes la visitan en su tumba, además, el personaje protagonista está construido con la noción de persona en la forma textual, pues el soliloquio permite ese efecto de alejamiento social para mostrar el interior individual.

Conclusiones

La razón-poética se puede pensar en distintos niveles; 1) textual, la forma de escritura, las metáforas y símbolos; 2) metatextual, lo que se dice está en diálogo con autores del pasado y contemporáneos y 3) meta-contenido, cada término además de su propio contenido se tiene que reflexionar desde un plano más alto: desde la razón-poética.

La razón-poética, así como su noción de democracia. no están solamente en sus ensayos sino también en su texto dramático La tumba de Antígona y muy probablemente en su poesía. Esto deja ver que la razón poética se amalgama con diversas de sus publicaciones, lo cual hay que reconstruir e interpretar porque todavía no se hace, esto permitirá ampliar y entender de mejor manera su método de razón-poética más allá de una cuestión filosófica.

La Antígona de Zambrano no es la misma de Sófocles; la actualiza con ideales democráticos modernos y particulares. Antígona no solo es un leitmotiv en la literatura, pues en Zambrano se convierte en una denuncia contra las injusticias de un Estado autoritario.

Notas

[1] En todo caso su obra se encuentra en el umbral, pero no solamente en una disciplina.

[2] Existe un poema de Zambrano titulado “Delirio incrédulo” donde la voz poética le habla a su alma del encuentro con la nada. El significado tiene que ver con el estado de delirio del hombre ante la pérdida de divinidad en la modernidad.

[3] La razón-poética germinó desde sus primeras publicaciones, también fue el motivo por el cual se alejó de su mentor Ortega y Gasset. Pasaron treinta y tres años desde su primera formulación de razón poética para que escribiera su Antígona.

[4] Considero que hay una veta abierta de investigación importante para determinar lo que implica lo poético en Zambrano, así como las influencias literarias en el término razón-poética.

[5] Tiempo después, 1939, en su libro Filosofía y poesía, atenderá la relación entre ambos términos siempre dando prioridad a la poesía.

Bibliografía

Maillard, Chantal. (1992). La creación por la metáfora. Introducción a la razón-poética. Antropos. Barcelona.

Pérez Janet. (1997). Razón vital y razón poética. La solución meta-racional de María Zambrano. Letras Femeninas. 1997, Vol. 23, No. ½. University Press. Estados Unidos.

Sófocles. (1981). Antígona. En Tragedias. Traducción de Assela Alamillo. Gredos. España.

Zambrano, María. (1986). La tumba de Antígona. Átropos. Barcelona.

______________. (2000). Hacía un saber sobre el alma. Alianza Editorial. España.

______________. (2019). Filosofía y poesía. Fondo de Cultura Económica. México.

______________. (2019). Persona y democracia. Alianza. Madrid.

Imagen | Wikipedia

Cite este artículo: Cruz, E. (2023, 20 de julio). De la razón poética: la democracia en la Tumba de Antígona de María Zambrano. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/07/la-democracia-en-la-tumba-de-antigona-de-maria-zambrano

Artículo de:

Eduardo Cruz García (autor invitado):
Lic. en Lengua y Literatura Modernas (alemanas) por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; Lic. en Ciencia Política y Administración Urbana por la UACM; estudiante en Filosofía e Historia de las Ideas por la UACM y mtroe. en Sociología Política.

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por autores invitados

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