Byung-Chul Han examina detalladamente el orden terreno, es decir, el ámbito de nuestra existencia física y material. Explora cómo este orden ha evolucionado y se ha visto afectado por las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas de nuestra época. Analiza también cómo los cambios en las relaciones interpersonales y la valoración de las cosas tangibles han influido en nuestra experiencia de estabilidad y conexión con el mundo físico.

Además, se adentra en el orden digital, una dimensión en la que cada vez más personas están inmersas, en la que la tecnología y digitalización han modificado nuestra relación con el tiempo, la información y la comunicación. Se sumerge en los desafíos y las implicaciones de vivir en un mundo cada vez más virtual, donde la atención se fragmenta y la conexión con lo tangible se debilita.

Orden terreno

En su libro, No-cosas. Quiebras del Mundo de Hoy, Byung-Chul Han, se refiere a las cosas, las cuales están ligadas al orden terreno, el cual es aquel espacio en el que el ser humano es arrogado a existir. Y en el que encuentra estabilidad para la vida. Este espacio es de carácter fáctico. El término fácticos se vale de otros 3 términos: contingencia, temporalidad e historiedad.

La contingencia es la característica de las cosas existentes que no existen necesariamente, pero que pueden llegar a existir, ya que no son imposibles. Se refiere a lo que es posible o no, lo que puede materializarse o no.

La temporalidad, según el término acuñado por Martin Heidegger, nos dice que es una unidad en la cual el pasado, el presente y el futuro no son momentos diferentes, sino que están esencialmente entrelazados. El pasado y el futuro se proyectan en un presente. Por ejemplo, la relación entre el nacimiento y la muerte, donde el nacimiento no es algo pasado que ya no está y la muerte no es algo futuro que aún no ha llegado, sino que el ser es la unidad que se da entre la condición de haber nacido (pasado) y el estar orientado hacia la muerte (futuro).

La historiedad es la característica que confiere importancia y trascendencia a un acontecimiento o hecho, permitiéndole formar parte de la historia. Este concepto está estrechamente relacionado con el de temporalidad, ya que es solo a través del tiempo que se crea la historia.

Entonces, lo factible o fáctico es aquello que está presente, a pesar de poder no estarlo, y que se ve afectado tanto positiva como negativamente por el tiempo. Y con el transcurso del tiempo, es capaz de generar historia.

De vuelta al orden terreno, entendemos que es a través del tiempo, la memoria y la historia, que las cosas llegan a adquirir facticidad, se cargan de significado, y contexto a través del tiempo y la historia. Ellas nos brindan estabilidad, y nosotros les brindamos cuidado. Y así como nosotros dotamos de sentido a las cosas, ellas nos dotan de sentido. Según lo dicho por Han:

La «fiabilidad» de la cosa consiste en el hecho de que integra a los seres humanos en esas referencias al mundo que sostienen la vida. La cosa con su «fiabilidad» es una cosa del mundo. Pertenece al orden terreno.

Byung-Chul Han, No-cosas: Quiebras del mundo de hoy, Penguin Random House Grupo Editorial, México, 2021, p. 90

Y Hannah Arendt, mucho antes de la creciente digitalización del mundo ya escribía al respecto de la importancia de las cosas en el mundo:

La realidad y confiabilidad del mundo humano descansan principalmente en el hecho de que estamos rodeados de cosas más permanentes que la actividad que las produce, y potencialmente incluso más permanentes que las vidas de sus autores. La vida humana, en la medida en que construye el mundo, se encuentra en constante proceso de transformación, y el grado de mundanidad de las cosas producidas depende de su mayor o menor permanencia en el propio mundo.

Hannah Arendt, La condición humana, Ediciones Paidós, Argentina, 2005, p. 109

En el orden terreno creamos narraciones, largos espacios tiempo que crean significado, contexto, y hechos objetivos. El ser humano es un animal que está en constante construcción, por ende necesita reposar en las cosas que seguirán dándole estabilidad, aunque este en constante cambio.

Orden digital

El orden digital hace referencia a aquel espacio intangible e inestable dominado por la no-cosa, y por algoritmos que se escapan de la comprensión humana. Hoy el orden digital representa una sociedad posfactual.

Byung-Chul Han, en su obra utiliza el término no-cosa para señalar la virtualización de la cultura y la saturación de información en la sociedad digital contemporánea. Según él, las no-cosas son el resultado de la valoración de la información y la conectividad sobre las cosas tangibles y materiales que se han domesticado y apreciado en el pasado. Dicho de otro modo las no-cosas son información. En palabras del propio Han:

Nuestra obsesión no son ya las cosas, sino la información y los datos. Ahora producimos y consumimos más información que cosas. Nos intoxicamos literalmente con la comunicación. Las energías libidinales se apartan de las cosas y ocupan las no-cosas.

Byung-Chul Han, No-cosas: Quiebras del mundo de hoy, Penguin Random House Grupo Editorial, México, 2021, p. 14

Hoy la información moldea la realidad, y la impregna de posfactualidad. Esto quiere decir que en la información no nos podemos detener a observar la objetividad del mundo. La información se nutre de la búsqueda constante de estímulos inmediatos. Esto nos deja en una realidad sin temporalidad, ni historiedad. Una realidad donde los acontecimientos ya no crean significado, ni un contexto, o hechos objetivos. Las no-cosas son unidades discontinuas de breve actualidad. Es decir, pequeños fragmentos de presente, sin ningún orden o sentido. Se acumulan sin llegar a crear historia. Lo que en un minuto vemos, al siguiente ya no importa, porque una nueva información sustituye a la otra. Según Han:

La información falsea los acontecimientos. Se nutre del estímulo de la sorpresa. Pero el estímulo no dura mucho. Rápidamente, se crea la necesidad de nuevos estímulos. Nos acostumbramos a percibir la realidad como fuente de estímulos, de sorpresas.

Ibíd., p. 10

Nuestra memoria se ve inundada de información inútil, al igual que nuestros álbumes de capturas de pantalla que están repletos de datos que en su momento nos llamaron la atención y quisimos guardar para después, solo para acabar olvidándolos. Estos recuerdos digitales quedan allí, sin un propósito claro, hasta que finalmente pierden su sentido y contexto original. Así, la información se convierte en una existencia efímera, sin permanencia ni duración.

¿Cómo nos afecta
el orden digital?

En el orden digital, hemos olvidado cómo vincularnos con las cosas, y como se mencionó al principio, las cosas son aquellas que brindan sustento a la vida. En su lugar, el orden digital nos ha inundado de no-cosas, dando como resultado un mundo posfactual incapaz de brindar significado y alguna forma de estabilidad para nuestra existencia, y todo lo que ello implica.

Además, el orden digital ha traído consigo la comunicación digital. Es irónico, ya que hoy en día estamos más interconectados que nunca, nuestra presencia digital está en todas partes y a la vez en ninguna. Constantemente estamos en comunicación, con uno o varios chats al mismo tiempo. Sin embargo, la presencia del otro está cada vez más ausente.

Byung-Chul han nos dice:

La comunicación digital supone una considerable merma de las relaciones humanas. Hoy estamos todos en las redes sin estar conectados unos con otros. La comunicación digital es extensiva. Le falta la intensidad. Estar en la red no es sinónimo de estar relacionados.

Ibíd., p. 74

Hoy en día, al igual que con las cosas, nos resulta difícil establecer relaciones realmente profundas con los demás. Solo el tiempo y las prácticas que dependen de él, como la dedicación, son capaces de construir un vínculo sólido con otra persona.

El avance del orden digital nos ha malacostumbrado gradualmente a considerar al mundo, las cosas y a los demás como objetos de consumo que se deben adaptar a nuestras necesidades. Esto crea la falsa ilusión de que el mundo está completamente bajo nuestro control. Hoy mostramos menos interés en conectarnos genuinamente con los demás, ya que si alguien no se ajusta a nuestras necesidades, no dudamos en desecharlo.

En la actualidad, nuestra mirada se centra en las pantallas, en lugar de enfocarse en las cosas y en las personas. Y es precisamente esa falta de mirada hacia los demás la que genera la pérdida de empatía en la era digital. No nos importa lo que les suceda a los demás, porque se convierten en meros fantasmas para nosotros.

Para finalizar, hay que entender que el avance tecnológico es inevitable y necesario en muchas áreas, pero no debemos permitir que el dominio del mundo digital consuma todo nuestro tiempo y estabilidad. Es vital reconstruir vínculos sólidos con los demás y con el mundo tangible. Volvamos a valorar las prácticas que requieren tiempo y no dejemos que la tecnología nos haga creer que solo lo inmediato es productivo.

Recordemos que la verdadera calidad de nuestras relaciones y experiencias se encuentra en la atención y dedicación que les brindamos. Encontremos un equilibrio entre lo digital y lo humano para cultivar conexiones auténticas y enriquecedoras.

Imagen | Unsplash

Cite este artículo (APA): Teja, L. (2023, 02 de agosto). Byung-Chul Han: orden terreno y digital. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/08/byung-chul-han-orden-terreno-y-digital
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