Hay un éxtasis cómico. Sin duda alguna, la hilaridad de la comedia estasia. ¿Pero qué significa esto?

Mircea Eliade escribe en su célebre obra El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis:

Advirtamos que los curanderos, los adivinos o los extáticos que podríamos comparar con los chamanes no están relacionados con Dionysos. La corriente mística dionisíaca parece tener una estructura distinta: el entusiasmo báquico no recuerda en absoluto el éxtasis chamánico. Por el contrario, es Apolo a quien se parecen algunos personajes legendarios griegos que se podrían comparar con los chamanes.

(Eliade, M. 1951/2013, p. 305)

De esta manera, el autor nos señala que la figura del dios Dioniso no guarda relación con el éxtasis chamánico. Lo cual no significa que no se produzca en el culto mistérico dionisíaco un contacto con lo extático.  Pero, ¿qué es el éxtasis?

La RAE nos da una definición sucinta pero suficiente para los fines de este artículo:

Éxtasis. 1. ‘Estado de exaltación o suspensión de los sentidos provocado por un sentimiento religioso, de alegría o de admiración’: «Fue bastante difícil mantener en éxtasis al público»

Así, en el éxtasis se produce una suspensión de los sentidos. En su modalidad más arquetípica, el éxtasis chamánico, la suspensión viene acompañada de cierta idea de trascendencia: el chamán se está comunicando con los muertos, los dioses o cualesquiera otras entidades que están más allá de nuestra dimensión presente. El éxtasis es un vehículo, una puerta para colocarse entre esos dos mundos y sirve de nexo de comunicación entre los mismos. 

El entusiasmo báquico:
otro orden del éxtasis

En cambio, lo que Eliade denomina como entusiasmo báquico, y que es realmente una variante de lo extático, funciona de una forma diferente. La estructura del éxtasis dionisíaco no apela a una trascendencia, a un más allá que está fuera de este mundo y que requiere de un puente para acceder a él, sino que con Dioniso tenemos un éxtasis inmanente o, para ser más precisos, una trascendencia inmanente, algo que Alenka Zupancic considera propio de lo cómico-humorístico. No obstante, para comprender mejor porque la estructura del éxtasis dionisíaco es estructuralmente diferente a la del chamánico, conviene recordar algunos detalles fundamentales sobre la figura de Dioniso.

Dioniso es un personaje muy peculiar dentro de la cosmovisión griega. En diferentes mitos sobre su origen se incide en un hecho fundamental: Dioniso es el dos veces nacido, de ahí su nombre. Esto es así, por diferentes motivos, tanto en el mito en el que la madre de Dioniso es Sémele, como en el mito que cuenta que su progenitora es Perséfone. Sin embargo, es en el primero de estos dos mitos donde su naturaleza a medio camino entre lo divino y lo humano queda aún más manifiesta. Y es el relato que se tomará de referencia aquí para entender el éxtasis dionisíaco. 

La genealogía de Dioniso

Sémele es una humana, hija del rey tebano Cadmo, que se convierte en amante de Zeus, como pasaba con asiduidad en el contexto mitológico griego. Sémele, profundamente cautivada por la figura del dios griego, le solicita de forma insistente que se muestre tal y como él es, sin disfraces de ningún tipo. Ante esta solicitud, Zeus se niega, advirtiendo a Sémele en reiteradas ocasiones de que, en caso de hacerlo, ella estaría en grave peligro. No obstante, ante lo pertinaz del comportamiento de la humana, el rey del Olimpo finalmente accede a su petición. Al hacerlo, se muestra como un haz de luz infinito e incontenible que desintegra a Sémele. Ante esta fatalidad, Zeus rescata de lo que queda del vientre de Sémele al que será su hijo, abriéndose Zeus uno de sus muslos para acabar de gestar a la criatura. La criatura será, efectivamente, Dioniso.

Así, Dioniso es el dos veces nacido: nace tempranamente del vientre de Sémele y vuelve a hacerlo, esta vez ya maduro, del muslo de Zeus. Esta particularidad deja a Dioniso en una situación un tanto peculiar dentro del panteón griego. Si hubiera sido un hijo al uso de Sémele y Zeus, sería un héroe (como Hércules). Si, en cambio, su madre fuera una diosa, él también sería un dios. Pero no acaba de ser ni una cosa, ni la otra: Dioniso nace una primera vez como héroe, pero en la segunda ocasión es ya un dios, pues ahora Zeus ya no solo es padre sino también madre (gestante) de Dioniso. Por lo tanto, en Dioniso se tiende un puente hacia la trascendencia olímpica, pero es un puente roto o, al menos agrietado: la trascendencia es suspendida abruptamente y se vuelve, así, a lo inmanente.

La comedia
como expresión dionisíaca

Dioniso es conocido como dios del vino, lo cual no es sino una simplificación de la ebriedad, pero también de la alteridad que caracteriza a su figura. Una característica quizá menos conocida de Dioniso es que es considerado también el padre del teatro griego y, de forma muy especial, de la comedia. Esta relación de filiación de la comedia para con el dios griego dista de ser anecdótica. El humor es excesivo, como lo es siempre Dioniso, y en lo humorístico hay un componente de lo extático; pero aquí no hay trascendencia, el vínculo con lo trascendente se ha quebrado, como en el dios tebano. Así, en la comedia se da un éxtasis en el que lo infinito que se da es, en realidad, el reverso de lo finito: no hay nada nuevo que sea traído por la comedia, no se genera otro espacio o se trae nada de ninguna parte. Es decir, todo estuvo ya aquí todo el tiempo, pero hacía falta cambiar las cosas de sitio para poderlas ver, ahora sí, ante la prístina mirada de lo hilarante. Por lo tanto, el éxtasis cómico es el éxtasis dionisíaco, una suspensión que es un retorno a este mundo que, sin embargo, ya nunca volverá a ser el mismo.

Imagen | Generada con Dall-E

Cita este artículo (APA): Mesa, A. (2023, 19 de agosto). El éxtasis cómico. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/08/el-extasis-comico

Artículo de:

Alejandro Mesa Villajos (autor invitado):
Doctor en Filosofía (UAB). Profesor asociado en el Departamento de Filosofía de la Universitat de Barcelona.

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por autores invitados

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