El lenguaje mesiánico de Walter Benjamin. Explorando el “Fragmento teológico-político”. Parte 1 de 4

Hay veces en que nos encontramos frente a un texto difícil de descifrar, no por su extensión, quizás no a causa de su contenido, sino por su misma estructura. Se presenta como una puerta cuya llave se deja ver entre líneas. Este es el caso del Fragmento teológico-político, un texto lacónico en extensión, pero de ardua interpretación, escrito por Walter Benjamin. El trabajo que se presenta aquí tiene el propósito de indagar en sus líneas buscando esa llave que permita atravesar el umbral de su comprensión. Es por ello que el modo de presentación será un discurrir paso a paso, deshilvanando lo más fino posible y, aprovechando el espacio que brinda la plataforma Filosofía en la Red, se expondrá en varias entregas.

El Fragmento teológico político fue escrito hacia 1920 y 1921. Las referencias que se tienen de su redacción, por un lado, llevan a un debate entre Theodor Adorno, Gershom Scholem y Rolf Tiedemann, quienes editaron la obra de Benjamin y, por otro, lleva a la conjetura de que su redacción está en consonancia con La estrella de la redención (1921) de Rosenzweig. De esta manera, se sugiere que fue escrito entre los años 1921 y 1922, fechas por las que fue redactada la Estrella1.

La discusión sostenida entre editores se da de la siguiente manera. Scholem insiste en que las ideas de este texto están en consonancia con las ideas que Benjamin tiene hacia el año 1920 y Adorno apela a que Benjamin leyó el texto a su esposa y a él en San Remo entre los años 1937 y 1938 describiéndolo como “el más nuevo de lo nuevo”, además, afirma haber dado el nombre al texto2. Sin embargo, la referencia que hace al Espíritu de la Utopia de Ernst Bloch inclina a pensar que fue un texto temprano, ya que por el año 1919, Benjamin está muy interesado en el pensamiento de Bloch.

El Fragmento está en consonancia con otros textos que aparecen por las mismas fechas: Para una crítica de la violencia de 19213 y Mundo y tiempo de 1919-1920. Sin embargo, la referencia al texto de Bloch indica con bastante más certeza que el texto fue escrito hacia 1920, sin dejar de lado la cercanía que tiene el texto con la Estrella, pues efectivamente se puede ver en él algunos rasgos que comparte con ella.

El Fragmento se descompone en cuatro temáticas: (a) la separación del Reino de Dios y la historia, (b) la posibilidad de que en la historia, el ámbito del reino profano, se dé un pequeño vínculo con la redención que promete la venida del Reino de Dios4, (c) la idea de la felicidad como condición del reino de lo profano y, lo que parece más interesante, (d) la manifestación de lo mesiánico en el mundo desde su condición efímera y decadente.

En esta primera entrega, exploraremos el primer tema.

Separación de los reinos

[…] nada histórico puede pretender relacionarse por sí mismo

con lo mesiánico.  Por eso, el Reino de Dios no es el télos de

la dynamis histórica, y no puede plantearse como meta.

En efecto, desde el punto de vista histórico, el Reino de Dios no es

meta, sino que es final. Por eso mismo, el orden de lo profano no 

puede levantarse sobre la idea del Reino de Dios […].

Benjamin, W. (2007) “Fragmento teológico-político”. En Benjamin, W., Obras. Libro II/vol. 1. Madrid: Abada.

La primera idea se aborda desde lo que parece una crítica a todas aquellas concepciones que creen que el Reino de Dios5 puede ser instaurado en el reino de lo profano. Frente a la idea, promovida por ejemplo por la teocracia, sustentada en que el reino de Dios es el telos de la dynamis histórica y que la historia se dirige hacia su realización, se subraya la separación radical de estos reinos.

El reino de Dios no puede ser el fin de la historia, pues no hay una línea causal y necesaria que lleve, teleológicamente, hacia él. Si el Reino de Dios no está al final y no es la meta es porque el Reino de Dios debe irrumpir en esta dynamis. Es el final en otro sentido, en cuanto su llegada pone fin a la dynamis histórica. Ponerlo como meta, al final, como un punto al que se va a llegar es un error. Por otro lado, la historia transcurre en otro tiempo, es decir, se mantiene en un transcurrir que acontece todo el tiempo, pero que termina también.

La idea falsa adjudicada aquí a la teocracia6 es pensar que este tiempo es eterno, es decir, que transcurre eternamente sin término. Suponer que se puede construir el “orden de lo profano”, la historia, sobre la idea del reino divino prácticamente es una ilusión, no hay una relación directa entre lo histórico y el Reino.

En Mundo y tiempo, se puede encontrar eco de esto. En el primer fragmento, titulado con el mismo nombre, se pone un acento particular en la separación de los reinos:

En la revelación de lo divino, el mundo –el teatro de la historia– se somete a un gran proceso de descomposición, mientras que el tiempo –la vida de quien lo representa– se somete a un gran proceso de cumplimiento. […] Tal vez, en este sentido la más profunda antítesis de “mundo” no es el “tiempo”, sino “el mundo por venir.

Benjamin, W. (2004) “Mundo y tiempo”. En Selected Writings. Vol. 1 (1913-1926). Estados Unidos: The Belknap University Press.

Este mundo, el reino de lo profano, es ante la revelación divina un mundo “en descomposición” en cuanto que no está completo, no está acabado (fulfillment).

El mundo se descompone, no tiene su forma completa, porque es efímero y todo el tiempo tiene que estar renovándose, siempre está en peligro de muerte. En este sentido, el mundo es la “antítesis” del mundo por venir, pues este último es donde se realiza su completud. Este mundo del porvenir es lo que podemos llamar el Reino7.

El tiempo no es la “antítesis” del mundo, pues la temporalidad es independiente a su proceso; el mundo se manifiesta dentro de la temporalidad como algo finito, efímero, fugaz. El tiempo de por sí solo se cumple, sigue su propio curso eternamente. Representa el Reino y, en este sentido, consigue hacerse presente a cada instante cumpliéndose.

Así que a pesar de que se intenta realizar el reino de Dios en la historia, no es posible, pues el Reino no es la culminación de la historia, sino su interrupción: la historia se interrumpe para dar lugar al Reino, el cual es absolutamente otra cosa, de lo otro como lo absolutamente incalculable, lo que está por venir. El reino de Dios que se da con la redención implica un salto cualitativo, donde no es posible un movimiento causal de uno a otro.

Si la dinámica histórica pone el reino de Dios como meta8, entonces remarca su separación, solo en el momento en que se da su total acabamiento, dirá Benjamin más adelante, es posible sostener una relación con el Reino.

Notas

[1] Löwy, M. (1997) Redención y utopía. El judaísmo libertario en Europa Central. Un estudio de afinidad electiva. Traducción de Horacio Tarcus. Buenos Aires: Ediciones El Cielo por Asalto.

[2] Cfr. Nota 78 en Wolin, R. (1994) Walter Benjamin. An Aesthetic of Redemption. USA: University of California Press.

[3] Se pueden encontrar algunas relaciones del Fragmento con este texto, tales como la relación que hay entre el Reino y lo profano de manera que el primero irrumpe violenta y destructivamente sobre el segundo. Dejaré la lectura de este texto para el siguiente capítulo donde se profundizará más sobre el carácter destructivo de la redención.

[4] Este último es una promesa que se da en el futuro, que todavía no está, pero que eternamente puede llegar a ser hoy.

[5] Las referencias que aparecen del Reino de Dios, tanto en el Fragmento teológico-político de Benjamin como en la Estrella de la Redención de Rosenzweig, no sugieren ningún tipo de definición del mismo.  Rosenzweig, dedica en el texto una parte a la redención y la posibilidad de que se dé el Reino; sin embargo, no hay descripción alguna sobre él. Esto no es casual, puesto que el Reino es indefinible. Es algo que “todavía no”, es decir, aparece como la alteridad absoluta, como una dislocación total del ahora y posibilidad de la irrupción de lo absolutamente otro. Me parece que cuando Benjamin habla del Reino está señalando también esta apertura e irrupción, la posibilidad de que al interrumpir el curso homogéneo y vacío –como indica en las Tesis sobre el concepto de Historia– se abra la posibilidad de absolutamente otra cosa. El “todavía no” del Reino implica que no se ha dado hasta ahora e indica su condición de ser posibilidad; la redención sería el elemento que le diera lugar a esa posibilidad.

[6] Esta es una idea que prevalece en las Tesis sobre el Concepto de Historia de Walter Benjamin. La historiografía tiene como base pensar que el tiempo se dirige “eternamente” y sin parar hacia el futuro.

[7] Se verá más adelante que estos términos son una herencia del pensamiento de Rosenzweig, que ayudan a esclarecer la relación de la historia y del Reino de Dios a través de la relación que tiene el mundo con el mundo por venir, términos del propio Rosenzweig en La Estrella.

[8] La meta de lo profano es la felicidad: “una flecha indica dónde está la meta en que actúa la dynamis de lo profano… la búsqueda de la felicidad de la humanidad en libertad.” (Benjamin, 2007, p. 207)

Bibliografía

Benjamin, W. (2007) “Fragmento teológico-político”. En Benjamin, W., Obras. Libro II/vol. 1. Madrid: Abada.

Benjamin, W. (2004) “Mundo y tiempo”. En Selected Writings. Vol. 1 (1913-1926). Estados Unidos: The Belknap University Press.

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Cite este artículo (APA): Téllez, E. (2023, 24 de agosto). El lenguaje mesiánico de Walter Benjamin. Explorando el “Fragmento teológico-político”. Parte 1 de 4. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/08/el-lenguaje-mesianico-de-walter-benjamin
#filosofía, #Franz Rosenzweig, #mesianico, #política, #Redencion, #reflexión, #Walter Benjamin

por Erika Tellez

Lic. en Filosofía (UCSJ) y egresada de la Maestría con especialidad en Estética (UNAM). Actualmente, docente en el Centro Universitario de Integración Humanística y en el Diplomado de Historia del Arte de la Universidad Anahuac. También, colabora en la Editorial Progreso como autora, revisora en el área de libros de texto de Bachillerato.

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