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El ejercicio filosófico frente a la ideología de la institución educativa en René Lourau

Toda actividad filosófica nos remite a una actividad argumental que se sustenta en un discurso: el filosófico. Lourau nos dirige a la actividad argumental que se apoya en un discurso filosófico. Es importante destacar que la gran aportación del pensamiento crítico consiste en tener claridad y distinción en las creencias que se tienen en la vida cotidiana. En este sentido, la creencia en una afirmación “x” se basa en las razones necesarias y suficientes que se tienen para creer en dicha afirmación. Por lo tanto, el análisis argumental se convierte en el método principal para determinar la validez y la credibilidad de nuestras razones en cuanto a en qué medida creer en nuestros enunciados.

El ejercicio filosófico corresponde a una sistematización del pensamiento y la forma de razonamiento que implique saber:

1.- ¿Qué evidencia existe de lo que se cree?

2.- ¿Qué creencias tengo para creer que es así?

3.- ¿Cómo se construye la argumentación de mi creencia?

El ejercicio filosófico se sustenta en la capacidad de poder construir y analizar creencias para poder demostrar el contenido de esta.

¿Cómo entender la ideología? La ideología tiene diversas acepciones. Desde Marx, el concepto de “ideología” aparece como el resultado entre la ruptura de teoría y praxis. Marx, en La ideología alemana, considera que la “ideología” son un grupo de ideas, creencias, que tienen como finalidad, convencer uniformemente acerca de una verdad que obedece a algún fin particular1 es decir, a los intereses de una clase que se presenta como dominante.

Este producto de ideas, producen lo que los pensadores alemanes del siglo XIX llamaron: «consciencia deformada» cuya falsedad de esas ideas recaen en un proceso de estancamiento de lo real. De allí la importancia del pensamiento crítico como una praxis transformadora en el abordaje de encontrar lo real en la falsa consciencia2.

Educar:
un proceso particular

¿Qué expresa la palabra “educar”? La palabra referida proviene del vocablo latino educare; que a la vez se forma con otro término “educere” (de ex, afuera y ducere, llevar). En Grecia, por ejemplo, el término “educación” significaba criar, cuidar, hacer crecer.  También, expresa la acción de llevar a los animales al campo; después, la idea de la crianza de estos3. En la antigüedad, tomó diferentes sentidos en relación con el cuidado. El poeta Plauto (250 184 a. de J. C.) habló del término educación como la idea de crianza y dirección de los niños.

Más de un siglo después, el sentido de la palabra en cuestión se fue profundizando gracias a los trabajos de Marco Tulio Cicerón. Él se propuso dar a la palabra educación un sentido humanístico. Con el vocablo humanitas llegó a designar las diferencias de los animales, y concluía que solo el hombre (genéricamente), tiene la capacidad de crear y asimilar conocimiento, hábitos, lenguaje. La concepción humanitas era la traducción latina de la palabra griega paidea que designa los procesos integrales de la educación entre los griegos, a partir del siglo V antes de nuestra era.

Dentro del marco de la investigación sobre el ejercicio filosófico frente a la ideología de la institución educativa en René Lourau, resulta fundamental considerar la relevancia del concepto de educación. En tal sentido, es importante destacar que educarse equivale a cultivar valores que sean funcionales en una comunidad determinada. En el contexto educativo, los jóvenes tienen la oportunidad de adquirir a través del estudio los elementos necesarios para consolidar su formación personal y comprender mejor el mundo que les rodea.

¿Por qué es importante la filosofía en la educación?, ¿Qué modelos se quieren repetir o implementar en el estudiante? La filosofía de la educación tiene un objetivo particular y es revisar qué se ha entendido a través del tiempo, pero no desde la historia como el estudio del pasado, sino desde la perspectiva de Bloch, el estudio del cambio de las cosas a través del tiempo (Arostegui, 1989,p16). ¿A quién se debe educar? Se educa al alumno, se escucha con frecuencia para que esté preparado para un mundo laboral.

Un proceso particular de la educación es que el educado debe poner en juego lo que aprende. Sin embargo, ¿qué es lo que realmente aprenden los alumnos en la institución educativa? La banda de rock Pink Floyd, en su sencillo Another Brick in the Wall4, hace alusión a la idea de que la educación reprime y es un control mental, señalando a los profesores como obstáculos en la didáctica estudiantil. Esto plantea una importante cuestión de si los alumnos aprenden por sí mismos o si se les dice qué aprender, qué pensar y cómo razonar. En este sentido, cabe preguntarse si la educación actual permite una verdadera formación de sí mismos y del mundo que les rodea, o si se limita a transmitir conocimientos funcionales para la producción en una sociedad capitalista.

Durante el siglo XVIII, los pensadores de la llamada “Gran Ilustración” dedicaron mucho esfuerzo a seguir un riguroso proceso de formación intelectual. A pesar de ello, varios se apartarían de la educación tradicional, la cual promovía la dominación mental, como lo hizo Kant. En contraste, los racionalistas se mantuvieron dentro de la corriente cartesianista. Ahora bien, ¿cómo puede un estudiante conseguir aprender de manera autónoma, cuestionar su entorno y estudiar por elección propia? Todo ello se alcanza mediante el sapere aude, enfoque que Kant destacó como una forma de liberación; a través de la ruptura pedagógica, se permite que los estudiantes se conviertan en sujetos funcionales capaces de pensar críticamente y de tomar decisiones autónomas [autonomía kantiana] en su proceso de aprendizaje.

Por lo anterior, si concebimos a la filosofía como una forma de “producto intelectual”, se vuelve plausible sostener que, aquellos filósofos que hacen de su intelectualidad una producción académica son proactivos, lo que implica que todos los esfuerzos humanos constituyen formas de producción. Sin embargo, la filosofía no puede basarse exclusivamente en la educación, ya que necesita ciertas facultades inherentes como el lenguaje, cálculo, y posiblemente, otras más complejas. La filosofía surge como un campo que amalgama tanto la educación como la aptitud innata de los individuos para emprender el pensamiento crítico y la contemplación del mundo que los envuelve. Se basa en la noción de que la reflexión perspicaz se origina desde su inicio, trascendiendo así las prácticas convencionales y la influencia de los profesores más allá de que sea solo “producción académica”.

Ambas objeciones respecto a la educación; son propias del pensamiento relativista y positivista, respectivamente, son ajenas a la concepción de la filosofía como búsqueda de la verdad.

Académicamente hablando, el ejercicio de la filosofía exige una autonomía intelectual que solo es alcanzable cuando la educación se considera una actividad independiente. En consecuencia, la educación filosófica no es simplemente un proceso de transmisión de ideas, sino un medio para pensarlas y reflexionar sobre ellas. Este enfoque forma la base del modelo educativo que prosperó en Chicago, donde la educación liberal, la educación de los Grandes Libros y la educación filosófica se consideran sinónimos que además pasan a institucionalizarse.

Por consiguiente, si pensamos en la institucionalización como un concepto histórico y fundamental en el campo de la educación que describe cómo la institución crea una serie de significados y valores que se relacionan con la producción de profesionales y estudiantes destinados al mercado laboral. En este sentido, la educación ha estado estrechamente vinculada al sistema capitalista desde hace siglos, lo que implica la necesidad de utilizar el pensamiento crítico y la filosofía para analizar las rupturas ideológicas que se presentan.

Aunque la lógica del mercado sigue siendo predominante, es fundamental fomentar la formación de individuos capaces de cuestionarla y transformarla. Esto no solo se logra desde el aula, sino también desde la esfera pública, donde es posible comunicar y expresar los conocimientos adquiridos de manera efectiva. En consecuencia, el análisis crítico y la reflexión filosófica son herramientas imprescindibles para lograr una educación más consciente y transformadora.

Sin embargo, Rousseau olvidó una educación igualitaria, consciente y transformadora. Cae en una contradicción: si bien dice que el niño debe estar preparado con herramientas para vivir mejor, ha olvidado a la mujer en la educación. En su obra El Emilio, considera que la educación de la mujer debe ser relativa a la de los hombres (Rousseau, 1988,) es decir, la educación de la mujer dependerá de la educación del hombre. Ya Valcárcel, nos hace una exposición sobre el análisis de la ilustración y “las hijas no queridas” de dicho movimiento.

El proceso de educación no se limita únicamente a la escuela, sino que también involucra una empatía hacia los demás y su cuidado, como se ha señalado anteriormente. Este proceso se vincula con el proyecto ilustrado del siglo XVIII, el cual buscaba establecer las bases de una democracia liberal y una educación igualitaria. Según este proyecto, la educación no debería ser solo un asunto privado, sino que, al convertirse en un asunto público, también adquiriría un carácter político. Además, una educación universal podría llevar a formas de gobierno universales como la aristocracia. Por consiguiente, el fracaso de este proyecto se debe en parte a la democracia de masas, que se caracteriza por un intercambio de élites (los partidos políticos) que gobiernan a un pueblo con facultades limitadas que seden su consentimiento. En este sentido, la educación liberal ya no sería necesaria para el sistema político, y la única educación que se requiere es una educación cívica, no orientada a la autonomía moral.

Es fundamental resaltar que la educación, al dejar de ser un tema exclusivo del ámbito privado para ser parte de la discusión política, se convierte en un componente vital para el sostenimiento de una democracia liberal y una enseñanza igualitaria. En este sentido, es posible afirmar que la educación es una herramienta fundamental para la formación de ciudadanos críticos y comprometidos con su comunidad. Además, es de suma importancia y consideración destacar que una educación universal y una formación de élites educadas pueden ser una solución para superar el problema de la democracia de masas, en la que la falta de información de la población y la participación exclusiva de ciertas élites son los obstáculos principales para construir una educación igualitaria y democrática.

Así, una educación (al menos una educación liberadora) es que el alumnado tenga la posibilidad de pensar por sí mismo, es decir, su autonomía intelectual que no necesariamente puede conseguirse mediante una institución educativa. Así, la actividad filosófica no depende necesariamente de una institución.

Así, la noción de “educación” está condicionada por normas predefinidas en cuanto a su finalidad y su vinculación con el mundo laboral. Como resultado, los problemas educativos contemporáneos se enmarcan con el supuesto implícito de que la “educación/formación” es un medio para un fin, ya sea la realización personal o el aumento de la productividad en un sistema capitalista.

Colegio y cárcel:
“hoy no quiero ir a la cárcel”

Afirmo: “A los niños no los llevan a la escuela, los llevan a la cárcel”.

En la era moderna, la educación se ha vuelto una institución que ha adoptado y propagado técnicas y disciplinas de control social. A menudo se compara a la escuela con una prisión, y con razón. La idea de que los niños deben ser sometidos a una rigurosa disciplina y formación se remonta a las sociedades disciplinarias del siglo XIX, las cuales se caracterizan por su objetivo de preservar un orden riguroso y formativo. Estas sociedades creían que, para avanzar en pro del progreso, era necesario seguir ciertas reglas y códigos de encierro que insensibilizaban a la población. El encierro disciplinario en diferentes ámbitos, como las prisiones, las escuelas, los lugares de trabajo, los grupos sociales, los hogares y los grupos políticos, era el método por el cual se buscaba la normalización de los cuerpos y la creación de una sociedad disciplinada y controlada. Así se expone en “La microfísica del poder”, donde el autor, explora la evolución del poder y su relación con la disciplina y la normalización de estos cuerpos sometidos bajo el control emergente.

En el contexto educativo, se ha tendido a pensar en los modelos educativos como instituciones que actúan como prisiones desde las cuales se habla, se escribe, se enseña y se instruye. Sin embargo, cabe preguntarse si existe otra forma de enseñar, y es posible que el diálogo sea una vía para romper con los modelos establecidos [Lourau hace hincapié en ello]. Cierto es que existen alumnos con aptitudes sobresalientes que encuentran en la escuela un espacio para desarrollarse y crecer como persona. No obstante, en ocasiones resulta enigmático entender —y es un punto central en las investigaciones de la pedagogía del siglo XXI—, por qué algunos individuos disfrutan de la experiencia educativa, mientras que otros no. En cualquier caso, es importante considerar que también hay estudiantes destacados en situaciones donde las libertades están limitadas, como en los reformatorios. Si bien es cierto que el buen desempeño académico y la conducta adecuada en la escuela permiten avanzar en el sistema educativo, esto no necesariamente implica una verdadera salida de la “prisión educativa“. Por otro lado, quienes no logran cumplir con los requisitos académicos y de comportamiento enfrentan consecuencias negativas que prolongan su permanencia en este sistema [cuando se repite año]. Aunque la experiencia educativa puede fomentar la crítica y el pensamiento reflexivo, es importante considerar las posibles limitaciones y retos que enfrenta el estudiante al interior de la institución educativa.

Por ejemplo, continuando con los sistemas penitenciarios se puede establecer la siguiente analogía: se puede estar preso por una acción y esa misma, puede hacer que no se esté preso. Como Sociedad Carcelaria, Neuman (2009) describe que un hombre puede estar o no; preso, por los motivos mismos que lo pueden hacer preso:

1.- Por política puedes estar preso.

2.- Por política puedes no estar preso.

3.- Se puede estar preso por error.

4.- Se puede no estar preso por error.

Por tanto, no se puede estar preso por las misas razones que pudiera estarlo. Así, las instituciones educativas: forman, y reforman, en algunos casos, mentes libres, pero presas dentro de los límites capitalistas y de consumo. Lo que nos hace pensar que una educación no es consciente de ello, si no que determinaría a actuar, metafóricamente, en una pecera, sin conocer la pecera misma. El objetivo de “educar” no es aún otro, solamente sino, a uno mismo en relación con los otros.

En el siguiente apartado se abordará la educación desde las instituciones y el papel de la filosofía como un frente de reflexión.

René Lourau:
institución-instituyente

Lourau considera la necesidad de comprender la institución desde los marcos históricos y desde luego, en su construcción social. Lo primordial en el autor es que el sujeto conforma las instituciones y una identidad a las mismas. Pero, si bien es cierto que los sujetos que conforman las instituciones despliegan referencias e identificaciones y que muchas de ellas tienen que ver con procesos primarios también es cierto que esas identificaciones y referencias se ponen en juego dentro de un orden normativo y regulatorio en las que cobran o respecto del cual disputan el sentido.

El diálogo de la institución educativa es incesante: por un lado, la estructura social y por el otro, la estructura edificada de la institución que no es más que el despliegue de las significaciones dentro de la misma. Lourau llama a este momento singular: institucionalización. Esta, no es más que las ideas que predominan y nutren a la propia institución.

Las instituciones educativas, no solo son edificios en donde los alumnos toman clases, sino que es el conjunto de ideas en torno a conocimientos (ideología entendida en su expresión de conjuntos de ideas5). La institucionalización de la educación es una aproximación operacional en intuitiva en el orden de las ideas, desde el pensamiento del autor es ver las prácticas en este sentido las educativas desde la institucionalización de la ideología educativa (Lourau,1988 p.32). El instituyente como el alumno que entra en el entramado de la institución educativa es de hecho, instituido en la institución y de allí forman una unidad: la institucionalización.

Institucionalización, que para Lourau no es tangible, sino una representación desde Mauss y Lévi-Strauss, que consideraban que la función del sistema social es una función de representación. La estructura no tiene una “existencia” fija o palpable, sino que está en el plano de lo imaginario gracias a la Institución. El alumno no va específicamente a la universidad, el alumno va a lo que configura el sistema académico: tareas, clases, cátedras, exámenes, titulación, mercado laboral, oferta y demanda. La educación no está en la institución, está en lo instituido al instituyente y forman la unidad: Universidad, Colegio, Instituto, etc.

El ejercicio filosófico frente a la ideología
de la institución educativa en René Lourau

La línea de investigación de Lourau para tratar de analizar la institución considera en primer lugar dejar todo aquello que lo ha objetivado, es decir, la edificación física, tangible, su función en una sociedad, etc. Lourau considera que dicha objetivación se reduce a ciertas ficciones que tienen como finalidad abarcar ciertas dialécticas que se abordarán más adelante, pero dichas dialécticas no solo hacen la diferencia y relaciones, sino analizar momentos de uniformidad dentro de la institución y delinear estrategias de estas, en donde a través de esta dialéctica se desarrolla una información con base a lo que es la ideología referente a la institución, pero no solo se basa del sistema educativo como tal, sino de un sistema universal que aterriza en “institución”, como: institución política, institución hospitalaria, institución ambiental y por supuesto institución educativa.

La dialéctica es un término que Lourau utiliza para explicar cómo las instituciones se organizan y adoptan una ideología sobre los procesos mentales imaginarios. Dentro de la institución, la dialéctica se compone de tres aspectos: universalidad, particularidad y singularidad. El primero significa que las instituciones tienen una identidad y autonomía que respalda sus prácticas. No se debe ver a un estudiante repitiendo un grado como una señal de que la educación es mala o ineficaz. A pesar de ello, el sistema educativo debe tener una actitud positiva hacia la educación y no permitir que se pierda una unidad positiva debido a estos hechos. Se reconoce que la institución educativa puede tener ciertos elementos ideológicos de control que pueden influir en el pensamiento crítico.

Por tal razón, para Lourau, el momento de la universalidad es el del hecho social, el de la ideología de lo instituido. En este momento, la institución aparece como una cosa que se impone al individuo.

La particularidad: el momento del acontecimiento,
de lo instituyente

Lourau expresa “la negatividad del momento universal” (1988, p.10). Pero esta negatividad opera en tres sentidos.

1. Lo particular no puede negativizar el momento de la unidad conceptual

2. La negatividad puede tornar absoluta

Si la primera negatividad es inevitable, ontológica (y permite pensar a la institución como un proceso negativo y nunca acabado), la segunda implica la puesta en acto de un para sí (Louruau,1988,p.98). Lo anterior, considera que en el sistema educativo existen momentos negativos en concordancia al desarrollo educativo de algún alumno, lo que causa conmoción es que la particularidad puede arraigarse debido a lo instituido por la institución. Asimismo, se adquiere una negatividad específicamente en las tareas, exámenes, prácticas, proyectos, etc., que no trae resultados favorecedores en las actitudes institucionales de cada alumno. 

3. La singularidad

El nivel de la norma, de la función y de la organización del trabajo; se trata en última instancia de la aspiración a la totalización que para Lourau expresa el momento de la unidad negativa: “resultante de la acción de la negatividad sobre la unidad positiva de la norma universal” (1988, p.116) y también sobre las dinámicas instituyentes del momento particular.

Se ha hecho hincapié en la relación y diferencia que existe en cada punto de la dialéctica, por lo tanto, en la singularidad se refiere a la norma, función y organización del trabajo en cada institución; es importante volver a mencionar que existen varias instituciones, pero dentro de la institución educativa se mezcla lo positivo y negativo de acuerdo al sistema organizacional que puede existir dentro de lo instituido, debido a que si algún alumno repite alguna asignatura es una respuesta “negativa”; sin embargo, tiene la oportunidad de mejorar cuando curse nuevamente la asignatura lo que se toma como una “unidad positiva” y estas unidades no son más que un medio del instrumento (aquello que configura lo instituido) en la institución.

La institucionalización es el proceso mediante el cual se crean estudiantes y profesionales para los mercados laborales. La educación ha sido parte del sistema capitalista durante siglos. Por lo tanto, es importante que utilicemos el pensamiento crítico y la filosofía para analizar las rupturas ideológicas del sistema capitalista. Aunque no podamos salir de la lógica de mercado, podemos entenderla y formar individuos que cuestionen y expresen sus ideas no solo en el aula sino también en la esfera pública”.

Finalizando

En resumen, Lourau considera que la comprensión desde los procesos históricos y de su función social –tratando de no perseguir fines teleológicos-, los sujetos forman instituciones, en este caso educativas, y despliegan mecanismos funcionales que tienen que ver con procesos de la propia subjetivación y que se ponen en juego dentro de los estándares normativos (institución) y regulatorios de donde emerge su propio sentido. Es decir, que el aparato universitario como institución educativa, corresponde su propia formación en estatutos, reglas, formas de ser en las aulas, instrumentos de medición, definiciones de “alumno regular”, etc.

La filosofía como actividad argumental, debe tener un diálogo constante con la estructura de lo social, y los individuos que conforman dicha institucionalización.

Dicho de otro modo, la institucionalización de la educación es la creación de las leyes, reformas que oponen a la revolución mental de lo instituyente, y que, en el fondo, plantean en México tener el monopolio de lo ya instituido y se aprecia en la respuesta que brindó la titular de la Secretaría de Educación Pública, Leticia Ramírez cuando se le cuestionó en cómo abordar la nueva reforma educativa que entrará en vigor el próximo año (2023), pues solo se limitó a responder6 después de una larga pausa: “mmm…No podría contestar eso”. En esa larga pausa que hizo, está la justificación de esta investigación y René Lourau, de por medio. La dialéctica, entendida como el diálogo y confrontación de ideas para la resolución de conflictos, es razón necesaria, pero no suficiente, para abordar el tema de las instituciones educativas y “las formaciones mentales de los alumnos”, pero la filosofía hace frente, asumiendo esta formación y que tiene como finalidad hacer el cruce constante entre adoctrinamiento y libertad del pensamiento sea en la esfera privada o pública.

Notas

[1] Ideología que se antepone al sujeto y estructura su propia singularidad. Žižek, S. El espinoso sujeto, (2005).

[2] Freud, El malestar en la cultura, 2014. Pp. 65-140

[3] O’Donnell, Democracia, Agencia y Estado: Teoría con Intención Comparativa, 2010, p.67.

[4] Resulta importante mencionar que en la traducción al español de dicha composición versa de la siguiente manera: “No necesitamos ninguna educación, no necesitamos control mental, sin sarcasmos oscuros en el aula, Profesor, ¡Deje a los niños en paz!, considerándolo todo, es solo otro ladrillo en la pared”.

[5] Marx, K. Crítica del programa de Gotha, 1979, P. 158.

[6] El Universal. (2022, septiembre 5). “No podría contestar eso”: así responde Leticia Ramírez sobre nuevo modelo educativo [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=NzZQ9eLsoVU

Bibliografía

Žižek, S. El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política. Trad. Jorge Piatigosky, Paidós, 2005.

Freud, S. El malestar en la cultura. En Sigmund Freud. Obras Completas. Tomo XXI. Buenos Aires, Amorrortu, 2014.

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Lourau, R. El análisis institucional. Buenos Aires, Amorrortu, 1988.

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Aróstegui, J. La historia reciente o el acceso histórico a realidades sociales actuales. En J. Rodríguez Frutos (ed.): Enseñar historia. Nuevas propuestas, Barcelona, Laia,1989.

Neuman, E. La sociedad carcelaria: aspectos penológicos y sociológicos, Texas, Depalma, 2009.

Artículo de:

Eric Rodríguez Ochoa (autor invitado):
Docente, escritor e investigador de la Lic. en Psicología Crítica.

Imagen | Unsplash

Cite este artículo: Rodríguez, E. (2023, 06 de septiembre). El ejercicio filosófico frente a la ideología de la institución educativa en René Lourau. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/09/el-ejercicio-filosofico-frente-a-la-ideologia-de-la-institucion-educativa
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por autores invitados

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