En las sociedades medievales el poder se encontraba reunido en la figura del rey por designación divina y permitía legitimar y perpetuar el orden establecido. El poder se concebía como una posesión que nadie podía quitar ni contradecir. Desde el Leviatán de Hobbes y los contractualistas, el poder se entendió como algo impersonal y con la función de reprimir los impulsos originarios del ser humano tales como el egoísmo o la avaricia. Para poner a funcionar este poder represivo se hacía necesario, entonces, la construcción de un contrato social, poniendo aquel en manos del Estado, al que los ciudadanos cedían parte de su autonomía.

Por otro lado, en la teoría de Karl Marx, a diferencia de las tesis del contractualismo, el poder es ontológico y realiza al ser; Marx entiende que el Estado no es el poder en sí mismo, sino solo una de las dimensiones del poder. Este se manifiesta en otros lugares como, por ejemplo, en el producto resultado del trabajo enajenado:

El trabajo no produce solamente mercancías; se produce también a sí mismo y produce al obrero como una mercancía […] el objeto producido por el trabajo, su producto, se enfrenta a él como algo extraño, como un poder independiente del productor. […] Esta realización del trabajo como estado económico, se manifiesta como la privación de la realidad del obrero, la objetivación como la pérdida y la esclavización del objeto, la apropiación como extrañamiento, como enajenación1

Marx y Engels

Aunque el poder en Marx se manifiesta de diferentes maneras, principalmente lo identificamos con la clase burguesa, la cual tiene el control de los medios de producción, siendo esta, por tanto, el grupo privilegiado en las relaciones de poder que se dan. Michel Foucault cree que, si bien en el siglo XIX, gracias a Marx y Freud, se ha dilucidado lo que es la explotación y la represión, no ha ocurrido lo mismo con el poder, “eso tan enigmático, a la vez visible e invisible, presente y oculto, ocupado en todas partes2”. A diferencia de la concepción tradicional y marxiana del poder, para Foucault, este no es una entidad que se posea ni tampoco un bien que se transfiera:

Muy a pesar de su complejidad y su diversidad, esas relaciones de poder logran organizarse en una especie de figura global. Podríamos decir que es la dominación de la clase burguesa o de algunos de sus elementos sobre el cuerpo social. Pero no me parece que sean la clase burguesa o tales o cuales de sus elementos los que imponen el conjunto de esas relaciones de poder. Digamos que esa clase las aprovecha, las utiliza, las modifica, trata de intensificar algunas de esas relaciones de poder o, al contrario, de atenuar algunas otras. No hay, pues, un foco único del que todas ellas salgan como si fuera por emanación, sino un entrelazamiento de relaciones de poder que, en suma, hacen posible la dominación de una clase social sobre otra, de un grupo sobre otro3.

Foucault

Para el pensador francés, el poder “es en esencia relaciones4”. No es ya una cosa que se posea o se deje de poseer, no es tampoco una fuerza que pueda ejercerse sobre alguien en particular, siendo efectuado por alguien que ostenta el poder. Foucault centra el foco de atención en el modo y los lugares en que se articula el poder. Este es un haz de relaciones, y se encuentra allí donde existen dinámicas y fuerzas en juego; allá donde hay relación, hay poder. Este, además, no consiste en la represión o la prohibición de ciertos comportamientos o acciones. Así lo expresa el propio autor en su libro Microfísica del poder:

Si el poder fuera siempre represivo, si nunca hiciera otra cosa que decir no, ¿creen ustedes de verdad que se lo obedecería? Lo que hace que el poder persista, que se lo acepte, es que no pesa solo como una fuerza que dice no, sino que, de hecho, atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discurso. Hay que considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social, mucho más que como una instancia negativa cuya función es reprimir5.

Foucault

Para ser más efectivo, el poder no se da en un lugar concreto ni en una única dirección, sino que, al contrario, es un micropoder que actúa de forma microfísica, esto es, opera en cada una de las partes del individuo para tener, así, todo el conjunto controlado. De este modo, pasa a ser algo naturalizado y, por lo tanto, inadvertido. Las relaciones de poder, su ejercicio y funcionamiento para Foucault, no se agotan únicamente en el marco del Estado y sus aparatos, y esto por dos motivos: “en principio porque el Estado, con su omnipresencia y sus aparatos incluidos, están muy lejos de abarcar todo el campo real de las relaciones de poder, y además porque el Estado solo puede funcionar sobre la base de relaciones de poder preexistentes6”. Estas se dan en otras instituciones como las clínicas o las escuelas, donde el poder está funcionando sobre cada mínimo detalle normalizado como la disposición del espacio o de los cuerpos.

Respecto a la ubicuidad del poder, Foucault señala que este último debe considerarse como algo que solo funciona en cadena, puesto que “nunca se localiza aquí o allá, nunca está en las manos de algunos, nunca se apropia como una riqueza o un bien7”. El poder, simplemente, funciona, “se ejerce en red y, en ella, los individuos no solo circulan, sino que están siempre en situación de sufrirlo y también de ejercerlo […] En otras palabras, el poder transita por los individuos, no se aplica sobre ellos8”.

El efecto más importante del poder, apunta Foucault, es la creación y el control de los individuos que son, a su vez, medios a través de los cuales el poder sigue actuando:

En realidad, uno de los efectos primeros del poder es precisamente hacer que un cuerpo, unos gestos, unos discursos, unos deseos se identifiquen y se constituyan como individuos. Vale decir que el individuo no es quien está enfrente del poder; es, creo, uno de sus efectos primeros. El individuo es un efecto del poder y, al mismo tiempo, es su transmisor: el poder transita por el individuo al que ha constituido9.

Foucault

Contestando a las concepciones clásicas del poder en Occidente, escribe Foucault: “un problema histórico: saber por qué Occidente no quiso ver durante tanto tiempo el poder que ejercía, excepto de manera jurídicamente negativa, en vez de verlo técnico-positiva10”. Positiva en el sentido en que produce y no solo niega. Foucault pone como ejemplo de esto el efecto que tuvo en la sociedad convertir en tabú la sexualidad infantil de la que luego hablaría, problematizándola, Freud: “El poder produjo positivamente la sexualidad en vez de reprimirla11”.

En definitiva, Foucault da un giro a la idea clásica del poder, diciendo de este que es relacional, que no es un bien que posea el Estado ni ninguna institución en concreto, tal y como se creía antes, que no se caracteriza por ser opresor, sino que se aplica materialmente y microfísicamente constituyendo a los individuos, los cuales, a su vez, también ejercen y propagan el poder.

Notas

[1] Karl Marx y Friedrich Engels: Escritos económicos varios, recopilación y trad. de Wenceslao Roces, Editorial Grijalbo, México, 1966, p. 63.

[2] Michael Foucault: Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones, selección, introducción y traducción de Miguel Morey, Alianza, Madrid, 2012, p. 38.

[3] Michel Foucault (2012): El poder, una bestia magnífica. Sobre el poder, la prisión y la vida, trad. de Horacio Pons, Siglo XXI Editores, Argentina, 2012, p. 42.

[4] Ibíd., p. 263.

[5] Michel Foucault (1980): Microfísica del poder, trad. de Horacio Pons, Siglo XXI Editores, Argentina, 2019, p. 30.

[6] Foucault, Microfísica, op. cit., pp. 32-33.

[7] Ibíd., p. 239.

[8] Ibíd.

[9] Ibíd., pp. 239-240.

[10] Ibíd., p. 31.

[11] Ibíd., p. 31.

Imagen | Wikipedia

Cita este artículo (APA): Muñoz, L. (2023, 10 de septiembre). El poder en Michel Foucault. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/09/el-poder-en-michel-foucault

Artículo de:

Laura Muñoz (autora invitada)
Graduada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.

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por autores invitados

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