Uno de los desafíos más apabullantes que suele encontrar el ser humano es el de saber expresarse. Y ello se agranda con la condición de hacerlo delante de un grupo. Suele ser por sensación de juicio, exposición y posicionamiento. Esta controversia nos hace cuestionarnos el por qué de este fenómeno, si hay un método para llegar a una cierta estabilidad cuando hablamos en público.

La respuesta intuitiva es sí, y de hecho, así debe darse. Como bien expone Aristóteles: “la retórica es útil porque la verdad y la justicia son por naturaleza más fuertes que sus contrarios1”. Al fin y al cabo, la retórica nos permite reflejar los distintos grados de realidad. La influencia aristotélica abarcó desde los peripatéticos hasta los romanos de la talla de Cicerón o Quintiliano. Estos últimos, pese a no querer seguir fielmente el método aristotélico, sí que cogieron su base, la cual se expondrá en unas líneas, para crear su propio sistema. Asimismo, la importancia de dicha base es su repercusión directa en disciplinas como la lógica, la ética o la política2.

Antes de indagar en la finalidad y consecuencias, considero pertinente ir a la distinción entre retórica y oratoria. La oratoria es lo espontáneo, ese hablar no consciente; en cambio, la retórica es el estudio técnico, tratamos las consecuencias. Los primeros en emerger en esta área fueron los tratadistas, precursores aristotélicos, cuyo principal origen de construcción reside en la sociedad griega, ya que lo hablado tenía una mayor carga que lo escrito. Por ende, esto iba ligado a alicientes políticos los cuales iban subyugados a motivos institucionales, o bien decisiones que tenían que ver directamente con la polis3. Sin embargo, y al contrario del imaginario común, la primera cuna de la retórica fue Sicilia pese a que el marco democrático ateniense acabase por imponerse.

Volviendo a los tratadistas, consideraban que un buen discurso debía estar cohesionado en cuatro partes principales: proemio (llamar la atención con una frase), narración de los hechos, pruebas y epílogo. Asimismo, contemplaban tres tipos de discurso: judicial, deliberativo y epidíctico. Yendo de nuevo a la definición, nos encontramos con que Aristóteles afirmaba que no es ciencia, sino un instrumento para tratar las distintas cuestiones; una especie de haz que nos permite desgarrar el velo de la verdad. De hecho, considera que la argumentación retórica se construye mediante entimemas. Estos no son otra cosa que un silogismo que va enlazando premisas en función de la probabilidad, de la plausibilidad4.

Y, ¿cómo nos aseguramos que lo que estemos diciendo sea plausible? ¿cómo sabemos que lo estamos exponiendo es lo más fiel a la realidad?

Claro está, que no hay una respuesta única. Pero, a priori deberíamos recurrir a los Tópicos. Los Tópicos no son otra cosa que las distintas opiniones de la gente, reunirlas en un determinado contexto. El contexto es realmente crucial, puesto que no vamos a hablar con la misma rigurosidad frente a un congreso de científicos que en un mitin político. Además, los tópicos nos hacen ponernos contra las cuerdas, argumentar sobre aquello que creemos. La dialéctica retórica se caracteriza por tener que enlazar lo mejor con su contrario. Que ojo, tener un buen contenido no te garantiza ser buen orador. Un ponente en un congreso científico puede ser muy bueno argumentando, cumplir con su propósito, pero que su facultad no sea la de hablar. Es decir, que las formas que utiliza no le enlacen con su público. En cambio, la famosa figura del sofista, quizás no tenga un contenido plausible, coherente y rico, pero, su facultad, su habilidad le permite llegar al auditorio pese a que lo que presente sean meras falacias.

Por tanto, y cerrando esta pequeña muestra de lo que es la retórica, podemos destacar cuatro claves principales:

a) La retórica no consta de un género definido.

b) El método se construye desde la base aristotélica, pasando por los romanos hasta la actualidad.

c) Debemos tener en cuenta la adecuación, el contexto y nuestro contenido.

d) Nuestra argumentación van a ser premisas construidas por entimemas.

Notas

[1] Aristóteles, p.4, Le Books.

[2] Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2022, Rapp & Cristof.

[3] Aristóteles, 1998, pp.11-12.

[4] Aristóteles, 1998,pp.45-50.

Imagen | Pexels

Cita este artículo (APA): Torres, Y. (2023, 12 de septiembre). ¿Fórmula mágica para entender la retórica? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/09/entender-la-retorica

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por Yolanda Torres

Originaria de Málaga, España. Dieciocho años. Estudiante de segundo año de filosofía. Apasionada por la filosofía política, la Bioética y la metafísica. Paralelamente, estudia el último año de piano en el conservatorio. Forma parte del club de debate de su universidad.

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