La “gestación subrogada” como técnica de reproducción asistida: ¿error conceptual?

La gestación subrogada o por sustitución –en este texto se mencionarán indistintamente– se engloba comúnmente dentro de las denominadas “técnicas de reproducción asistida” –en adelante, TRA/s. El concepto médico de TRA puede concretarse como aquel tratamiento o procedimiento artificial y externo, de apoyo a la reproducción humana, consistente en la manipulación de células sexuales, cigotos y/o embriones, mediante la técnica experimental in vitrotécnica de manipulación fuera del organismo, realizada en el laboratorio, según establece la RAE–. El tratamiento tendría como fin lograr las condiciones biológicas adecuadas para que se dé un embarazo, y que este pueda llegar satisfactoriamente a término.

Mientras tanto, la gestación subrogada –informalmente denominada como “vientre de alquiler”– suele ser descrita como el “préstamo” voluntario del cuerpo y del aparato reproductor femenino de una persona, quien está dispuesta a concebir un bebé para un tercero, previo contrato firmado entre todas las partes implicadas. Estas partes serían, como mínimo, la persona gestante, la agencia de gestación subrogada, y los correspondientes solicitantes del recién nacido. Todos ellos convendrían llevar a cabo una secuencia de pasos, que al menos pasarían por: la fecundación in vitro; el trasplante del embrión fecundado al útero; el embarazo y correspondiente parto; y, por último, la entrega inmediata del bebé alumbrado a la/s persona/s contratantes/s.

Una primera comparación entre ambas permite comprobar que la gestación subrogada requiere de una definición más amplia para que sea precisa, pues el concepto de TRA resulta insuficiente a la hora de explicarla. Este argumento quedará mejor justificado con lo expuesto en los siguientes párrafos.

Por supuesto, el conjunto de las TRAs en sí plantea una pluralidad de problemas desde diversos frentes. No solo resultan invasivas y complicadas, sino que también conllevan múltiples posibles complicaciones para la salud. Por no hablar de las ulteriores dificultades que suscitan, entre las que se hallarían, por ejemplo: la cuestión de la eugenesia –que requeriría de todo un adecuado estudio particular–; o la ausencia de una apropiada legislación, fundamentada en la reflexión ética y del derecho humanitario, que casi deja al campo de la reproducción humana asistida en manos de las disposiciones del libre mercado.

No obstante, la gestación por sustitución resulta, con mucho, la TRA más polémica actualmente, y la que mayor debate genera entre la opinión pública, las agendas políticas estatales, y la toma de decisiones bioéticas o jurídicas. Existen dos principales motivos para que esto sea así, siendo el segundo consecuencia directa del primero. Por un lado, tanto el número de actantes que intervienen en el proceso de la gestación subrogada, como el número de pasos y decisiones requeridos de inicio a fin, es muy superior en comparación. Esto se traduce en una mayor complejidad de variables y consecuencias, que emergen de la práctica, y que han de tenerse en cuenta para una valoración rigurosa. Como dichas variables añadidas no están presentes en el resto de TRAs, precisan de una reconsideración más profunda e integral.

Por otro lado, la gestación subrogada infunda graves controversias por tratarse de un ejercicio incorrectamente definido, cuya praxis pretende enmarcarse dentro de un molde conceptual en el que realmente no encaja. Podría afirmarse casi con rotundidad que la gestación subrogada no es una simple técnica de reproducción asistida, porque no se ajusta al concepto científico de “tratamiento o procedimiento artificial externo de apoyo a la reproducción humana”, citado al inicio del presente artículo.

Calificar a la gestación por sustitución únicamente como TRA conlleva un error conceptual, pues obvia factores decisivos que van mucho más de las acciones de laboratorio comunes a todas ellas –obtención del material genético de un/a donante, su alteración en el laboratorio y su implantación artificial en un útero-. Tal y como nos indica la propia definición anteriormente expuesta, la gestación subrogada añade la singularidad de requerir, ineludiblemente, del uso utilitario del cuerpo de terceras personas. Eludir esta parte supone una simplificación lingüística de su significado, la cual no solo incurre en la omisión de consideraciones filosóficas y legales claves para su completa comprensión, sino que origina más incógnitas que respuestas, perpetuando la discusión pública sobre un plano poco fructífero.

Siendo aún más específicos con el término de “gestación subrogada”, por una parte, esta requiere del empleo del cuerpo “prestado” de la gestante, a través de constantes pruebas médicas, revisiones y trámites que debe de cumplir –cuya intención no es otra que comprobar si se halla en condiciones óptimas para la tarea–; y pasando por el arriesgado proceso del embarazo y todas las demostradas secuelas físicas y psicológicas que vive la persona encinta –en consonancia, además, con aspectos epigenéticos y de desarrollo del apego–. Por otra, requiere de la inminente cesión del bebé a la/s persona/s contratante/s para uso y disfrute de estos, como si de un producto disponible para su adquisición se tratase.

Ante todo esto ha de tenerse muy presente que el neonato es un ser humano sin capacidad autónoma de decisión personal, por lo que sus intereses deben de ser salvaguardados por encima de cualesquiera otros. Asimismo, aunque en algunos contratos de este tipo se indique que la persona gestante puede cambiar de opinión y renunciar a la “entrega final”pues renunciar el embarazo es imposible–, esto no siempre está especificado, ni es garantía suficiente para el bienestar último de ambos. Motivos más que de peso para proceder con un replanteamiento del concepto de “gestación por sustitución”.

En definitiva, a diferencia del resto de TRAs, la motivación teleológica de la gestación subrogada, su finalismo, pasa de ser la estimulación artificial del embarazo en el cuerpo propio de alguien que necesita ayuda externa para tener su descendencia, a la entrega de un bebé ya alumbrado bajo petición de terceras personas, a costa de la utilización de un cuerpo ajeno. Como observamos, un análisis conceptual nos ayuda a vislumbrar tanto la gran diferencia entre ambos tipos de “asistencia reproductiva” –cuerpo propio versus cuerpo y bebé ajenos–, como dónde se sitúa realmente el acento de la problemática en la gestación por sustitución: desde una premisa ética, la gestante y el bebé dejan de ser fines en sí mismos, por su condición de seres humanos, y pasan a ser los medios de un intercambio, con objeto de cubrir un deseo individual; un fin de paternidad y/o maternidad. Tal situación rápidamente recuerda a una transacción de tipo mercantil –y con seres humanos–, independientemente de que en el contrato previamente firmado figure, o no, una compensación económica y/o monetaria para las partes, del tipo que sea –es decir, sea una gestación altruista o comercial.

Finalmente, todo ello casi podría acercarnos al concepto de explotación y trata humana. Aceptar esta aproximación implicaría otorgar una renovada dimensión al tema, y confirmaría que una reinterpretación del concepto de “gestión subrogada”, como práctica apartada de ser una simple TRA, nos acercaría a atajar veraz y eficientemente todos los problemas éticos, jurídicos y humanitarios que suscita. Liberándose, al menos en cierta medida, de falsas concepciones, eufemismos y simplismos, y allanando el terreno para un debate público más transparente y beneficioso.

Imagen | Pexels

Artículo de:

Sara Rodríguez González (autora invitada):
Graduada en Filosofía, Máster en Estudios de Asia Oriental y Relaciones Internacionales. Ilustradora en mi tiempo libre. De Asturias, España.

Cita este artículo (APA): Rodríguez, S. (2023, 08 de septiembre). La “gestación subrogada” como técnica de reproducción asistida: ¿error conceptual? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/08/la-gestacion-subrogada
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por autores invitados

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