La hipótesis dios o el error de Dawkins

Artículo publicado originalmente el 06 de octubre del 2014 en la versión anterior de Filosofía en la Red. Artículo re-editado y revisado del original. 

Luego de tener en claro que el atentado terrorista del 11/091 tuvo motivaciones religiosas, y que además fue ejecutado por fanáticos religiosos, un número considerable de intelectuales decidió romper el silencio de lo “políticamente correcto“. Periodistas, filósofos, ensayistas y científicos por igual comenzaron a hablar sobre cómo occidente no estaba tan alejada del horror del fundamentalismo que se vive en Medio Oriente. Estas voces comenzaron a tener impacto en la sociedad al abrir viejos debates que no habían sido tan sonados desde los tiempos en que Bertrand Russell cuestionaba los mismos puntos.

Se comenzó a argumentar que es justamente la creencia irracional la madre del fundamentalismo, y que este no solo surge en el Islam. El fundamentalismo religioso es peligroso, pero más peligroso es su origen mesurado: la fe religiosa que carece de evidencias para sostenerse, que plantea una cosmovisión anticientífica y que promueve valores y normas en esencia inmorales o lógicamente incoherentes. Las voces que comenzaron a hacer notar estos hechos fueron fundiéndose en un mismo discurso. Aunque ya asociaciones como American Atheist y el Center for Inquiry ya habían buscado difundir el pensamiento crítico ante las supersticiones dominantes, el debate se avivó con las publicaciones de estos disidentes que ahora ondeaban una bandera de “¡sal del closet!“, mensaje dirigido a todos aquellos que tenían las mismas intuiciones, pero que por miedo o por “respeto” no se habían atrevido a hablar.

Así fue como surgió lo que más tarde sería reconocido como el nuevo ateísmo, un movimiento de activismo social (más que intelectual), que buscaba despertar la duda en la mente del ciudadano promedio denunciando a las creencias religiosas como supersticiones que alientan una serie de comportamientos inmorales, además de dejar en claro que estas carecen de toda validación científica. Aunque por nuevo ateísmo no se puede entender como un club en el que se establecen principios canónicos, sí es posible aceptar que todo aquel que se pueda identificar como un “nuevo ateo” piensa que la defensa del estado laico, la racionalidad y la denuncia de la charlatanería supersticiosa son valores importantes para una sociedad libre y secular. 

Richard Dawkins fue posiblemente de los más famosos militantes de dicho movimiento. Él, además de ser una leyenda de la divulgación científica (comparable a otros grandes como Carl Sagan, Isaac Asimov y Stephen Jay Gould), y uno de los biólogos más controvertidos luego de la publicación de El Gen Egoísta, en el que propone la teoría del meme como explicación de la evolución cultural, es un pensador crítico y un ateo militante de respeto. En 2006 publicó su más célebre obra El Espejismo de Dios, en el que con un lenguaje sencillo y cautivador argumenta sobre la invalidez de las creencias religiosas, la importancia de reconocerse ateo en una sociedad tolerante y abierta, y cómo el ser ateo no significa en lo más mínimo ser una mala persona.

Pero en El Espejismo de Dios Dawkins afirma que explicar fenómenos o cuestiones filosóficas como la clásica “¿por qué hay algo en vez de nada?” con los dioses, es hacer una hipótesis científica que puede ser refutada con la evidencia empírica, o que por lo menos, es posible descartar dicha hipótesis por ser demasiado compleja y no tener evidencias que las sostenga. En pocas palabras, pues, Dios es una hipótesis. Suponiendo que Dawkins tuviera razón, Dios es una cuestión de tipo científica. Si usted es un partidario de estas ideas, seguramente pensará “¿qué hay de malo en eso?

Existen tres buenas razones para pensar que los dioses (y lo sobrenatural en general) no son una cuestión científica, y que, por tanto, Dawkins se equivoca: 

1) Implicación lógica: si consideramos que las explicaciones sobrenaturales, como las que involucran dioses, almas, espíritus o la reencarnación, son, en realidad, hipótesis científicas que pueden ser estudiadas de manera científica y, en consecuencia, sometidas a refutación o validación mediante evidencia, ¿por qué oponerse entonces a la inclusión del diseño inteligente en el currículo de las escuelas públicas? No debería haber objeciones en presentar el diseño inteligente como una teoría alternativa a la evolución, ya que ambas ofrecen conjuntos de hipótesis científicas que son susceptibles de análisis y podrían ser verificadas públicamente, ¿verdad?

Siguiendo este hilo lógico, sería igualmente válido enseñar la reencarnación, la vida después de la muerte, el alma, los poderes psíquicos y los fantasmas como explicaciones científicas. Ojo: el que sean falsas o no, dependería de la evidencia a favor y en contra que se pudiera encontrar para cada caso, pero lo cierto es que esto no sucede así en el mundo real, ¿verdad? En el mundo real, aquellos que afirman que se puede demostrar científicamente un diseño inteligente, la existencia del alma o cosas similares, es tachado de pseudocientífico porque realmente no hace ciencia. ¿Pero por qué decimos eso? Sencillo, porque las especulaciones sobre el diseño inteligente, el alma o la vida después de la muerte no son especulaciones científicas.

Entonces, ¿cómo deberíamos juzgar la afirmación de Dawkins cuando nos dice que los dioses son cuestiones científicas? Por la misma razón en que decimos que el diseño inteligente no es ciencia y que cualquier intento de hacerlo ver como tal es pseudociencia, deberíamos concluir que afirmar que Dios es una hipótesis científica no es una afirmación científica, y que hacerla pasar como tal es pseudocientífico.

2) Lo sobrenatural no es una cuestión científica: siguiendo la conclusión del anterior razonamiento, deberíamos explicar por qué (además de lo que tendría que implicar en la práctica educativa y de investigación) las afirmaciones sobrenaturales no son cuestiones científicas. ¿Por qué no lo son? Porque ninguna de esas especulaciones puede ser sujeto de prueba o análisis. No es posible refutar ni validar la existencia de un diseñador que creó el universo, del mismo modo que no es posible refutar ni validar la existencia del ratón de los dientes; si acaso, es posible refutar algunas formas de interpretar al diseñador (como por ejemplo, basándonos en el hecho de la evolución y que hay evidentes señales de imperfección en los organismos vivos. Así sería posible decir que el diseñador o es imperfecto o no le importó hacer bien su trabajo o posiblemente no existe), pero es imposible refutar la existencia del diseñador propiamente dicho. 

Uno podría decir: “¡pero la carga de la prueba dice que es el que afirma y no el que niega o duda el encargado de demostrarlo!” En efecto, pero una afirmación sobrenatural no puede ser demostrada, porque estas no son afirmaciones empíricas. Si estamos pidiendo a los vendedores de humo que comprendan esto, ¿por qué racionalistas como Dawkins no lo habrán entendido? Ya desde los tiempos en que David Hume reflexionaba sobre el empirismo como fundamento del conocimiento, se sabía este punto. No importa cuántas evidencias puedas aportar para desmentir algún punto sobre alguna creencia, la creencia sobrenatural, por ser justamente una creencia de tipo sobrenatural (metafísica), siempre puede modificarse de tal forma que el contenido se mantiene intacto, infalsable.

Es posible señalar que las explicaciones sobrenaturales no se ajustan con la realidad o la complican de más, haciendo que las explicaciones científicas, al ser explicaciones racionales basadas en la evidencia empírica, sean más certeras respecto a la descripción de fenómenos del mundo real. Este es más o menos el razonamiento de Dawkins: existen fuertes argumentos empíricos contra la existencia de dioses, pero de aquí, llega entonces a la conclusión de que los dioses son una cuestión empírica.

3) Diferencia entre un problema conceptual y un problema empírico: la última razón, en realidad, resulta ser la más importante y esclarecedora.  Si las especulaciones sobrenaturales no son problemas o especulaciones empíricas, ¿qué son entonces? ¿Cómo podrían ser analizadas? Robert Todd Carroll, filósofo de la Sacramento City College, en la segunda parte de su ensayo Can Science Decide the God Question?2 se cuestiona sobre el asunto:

¿Qué conocimiento científico o prueba empírica podría falsificar el concepto de una consciencia no-física eterna con el poder de crear cosas de la nada? Tenga en cuenta que este ser puede manifestarse de la misma forma en que el universo se manifiesta. Se puede argumentar que tal ser sería superfluo, o que su existencia no es cuestión que la ciencia pueda determinar. Uno podría hacer muchas afirmaciones acerca de este ser y algunas de esas afirmaciones podrían presentarse improbables o falsas por ser incompatibles con el conocimiento científico actual, o por ser internamente inconsistentes (es decir, lógicamente contradictorias o lógicamente inconsistentes).

Carroll da un ejemplo sobre este punto, pero trataré de dar uno distinto. Pensemos en ese concepto de una “consciencia no-física eterna con el poder de crear cosas de la nada” y agreguemos a la definición el hecho que esa consciencia es infinitamente buena. Uno pensaría entonces que esta consciencia, llamada dios, es omnipotente e infinita bondad. Pero si es omnipotente e infinitamente bueno ¿por qué creó un universo en el que existe el mal? Se podría invocar otro tipo de “consciencia no-física” de menor nivel que la primera (creada también por la primera consciencia no-física) y llamarla Satanás; y entonces decir “el mal es la prueba de la actividad de Satanás” o el “mal es la ausencia de dios (la mera consciencia no-física).” La cuestión no quedaría resuelta aquí porque se presenta un nuevo problema lógico: si dios creó a Satanás aun sabiendo que este sería el causante del mal en el Universo que también creó, ¿no haría responsable a dios por el origen del mal porque él sabía que Satanás sería malo y causaría el mal en el Universo? ¿No sabía acaso que su “ausencia” causaría el mal?

Hasta aquí podríamos concluir que la definición de una consciencia no-física creadora de cosas y que es infinitamente buena no es consistente, ya que da como resultado una contradicción. ¿Acaso tuvimos que invocar a la evidencia empírica o al conocimiento científico para llegar a esta conclusión? No, y eso es justamente lo que define a un problema conceptual no empírico. Un problema que puede ser abordado desde la lógica y la filosofía, pero que no necesita un análisis científico por ser 1) innecesario, y 2) porque el problema no es de tipo científico como para poder ser analizable de forma científica.

Hasta aquí, podemos concluir que, si bien, el conocimiento científico nos ayuda para desechar las explicaciones sobrenaturales, además de que es posible estudiar de forma científica el fenómeno religioso como un fenómeno cultural (e incluso ya se comienzan a estudiar los fenómenos culturales como fenómenos naturales derivados de la evolución cultural), las afirmaciones e ideas sobrenaturales no son hipótesis científicas y no lo parecen tampoco.

Notas

[1] Jaramillo, A. (2021, septiembre 10). Historia – 11-S: Historia de los atentados que cambiaron el planeta. France 24. https://www.france24.com/es/programas/historia/20210910-11s-atentados-torres-gemelas-historia-alqaeda

[2] Can Science Decide the God Question? – The Skeptic’s Dictionary – Skepdic.com. (n.d.). https://skepdic.com/essays/godscience.html

Imagen | Unsplash

Artículo de:

Daniel Galarza Santiago (colaboración):
Lic. en Filosofía (Universidad de Guadalajara), con especialidad en filosofía de la ciencia. Creador de los blogs “El escéptico de Jalisco” y “La pipa de Russell”.

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Artículos publicados en la versión anterior de Filosofía en la Red (previo al 11 de septiembre del 2020). Se publican como parte del proceso de rescate de textos.

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