La problemática que nos acontece se basa en dos grandes pilares, a saber, el vitalismo y la moral cristiana, asumida esta como la moral absoluta. Ambos conforman la filosofía nietzscheana abriendo diversas problemáticas en lo que respecta a la incompatibilidad que supone el cristianismo y la afirmación de la vida. Nietzsche dedica la mayor parte de su obra filosófica a fundamentar la gran enfermedad que supone la moral cristiana para la afirmación de la vida en sí misma, y lo hace negando los valores de lo bueno y de lo malo como absolutos, y a la vez, mostrando su falso origen.

El origen del surgimiento de la moral resulta del todo relevante para poder ser partícipes de como la moral cristiana no solo se convierte en la moral que rige el mundo, sino que además, se vuelve contra la naturaleza misma. Friedrich Nietzsche decide llevar a cabo un estudio genealógico para destapar el falso origen de la moral. Lo bueno y lo malo tenían un origen totalmente distinto al que conocemos. Originariamente, lo bueno hacía referencia a lo <noble> y <privilegiado>, y lo malo hacía referencia a nociones como <plebeyo> y <vulgar>, de tal manera que lo bueno y lo malo se identificaban con los distintos rangos que ocupaban los hombres, por un lado, los nobles, que representaban el poder y la valentía, y, por otro lado, los plebeyos, que representaban la sumisión y la cobardía. De esta manera, nos describe Nietzsche el verdadero comienzo de los conceptos bueno y malo, mostrando así el origen de la moral, a saber, la moral de los señores, la cual mostraba lo bueno, y la moral de los esclavos, que hacía referencia a lo malo. Esta diferenciación moral surge en un estado dominante en donde al crear la sociedad unos pocos (los más fuertes) imponen normas al resto de la sociedad (los más débiles), de tal manera que a causa de la coacción para la creación de una sociedad, el poder se reduce a unos individuos y surge la moralidad, que también se rige por esta coacción.

La moral de los señores representa una exaltación de los instintos individuales “encuentra como bueno, o noble, todo lo que halla en su propia persona […] su moral es, por lo tanto, la glorificación de su individualidad1“; y a la vez, una exaltación a la vida misma. Por el contrario, la moral de los esclavos representa el pesimismo y la desconfianza que nace del alma de los oprimidos. En consecuencia, mientras que la primera se basa en la exaltación de la vida misma y en el sentimiento de felicidad, la segunda muestra la moral del sacrificio, donde deben inventarse la felicidad a causa de carecer de ella. Y precisamente este momento es esencial para comprender la moral cristiana, o lo que es lo mismo, la moral del resentimiento.

La mirada del esclavo hacia el señor se vuelve desfavorable, de tal manera que todos los valores provenientes de la moral de los señores comienzan a denigrarse y a tratarse como malos; por el contrario, estos comienzan a alabar sus cualidades para suavizar la existencia de los que sufren, de tal manera que lo que comienza a suceder es una transgresión de los valores a causa de su propio resentimiento: lo vil, noble y fuerte comienza a ser visto como lo malo, mientras que lo humilde y lo paciente comienza a ser lo bueno.

¡Solo son buenos los miserables, los pobres, los impotentes, los bajos; los que sufren, los que pasan penurias… los únicos bienaventurados, solo para ellos hay bienaventuranza2.

Lo que sucede es una rebelión de los esclavos a causa del resentimiento y no en la acción, sino a través de una venganza imaginaria, donde se comienza a negar todo lo exterior: la rebelión de los esclavos en la moral comienza cuando el resentimiento mismo se hace creador y alumbra valores3. Y así es como surge la moral del resentimiento en la que los valores se invierten, y la moral se vuelve negativa. Es aquí donde comienza a surgir esa enfermedad de la que habla Nietzsche y de la cual la humanidad entera se contagia: la moral del resentimiento se convierte en la moral dominante, es decir, en la moral absoluta, y el a la vida comienza a negarse. Lo bueno comienza a ser el no olvidar, saber callar, esperar, en definitivas cuentas, sacrificar los instintos vitales, y esto es lo que el cristianismo heredará, esta moral nacida del resentimiento de los esclavos. El cristianismo comenzará a extender a través de los pueblos esta moral del sufrimiento:

El sujeto ha sido hasta ahora el mejor dogma de fe que ha habido en el mundo, quizás porque hizo posible para la inmensa mayoría de los mortales, a los débiles y los oprimidos de todo tipo, ese autoengaño sublime que consiste en interpretar la debilidad misma como libertad4.

El cristianismo, tal y como explica Nietzsche, es la principal decadencia de la humanidad, precisamente, una de las razones más importantes es esta es la moral del resentimiento. El cristianismo adquiere esta moral y construye su religión a través de la misma; tales elementos como un Dios crucificado muestran la gran contradicción que supone la afirmación de la moral cristiana y a la vez, de la vida. Por el contrario, el vitalismo pretende afirmar la vida tal y como es, amarla por ella misma, no como un medio para alcanzar algo más alto porque no hay nada superior que ella misma. El principio vitalista consiste en amar a la vida por ser ella misma y lo hace ciega y locamente, muy al contrario de lo que el cristianismo proclama, ya que este únicamente quiere a la vida como medio y no como fin. La paciencia, la bondad y el poner la otra mejilla entre muchas, son cualidades provenientes del cristianismo, y que no proclaman más que la negación más profunda de la vida. Y precisamente, la gran problemática de esta cuestión es el hecho de negarla a través de la moral. Esta misma no nos enseña a amar la vida, ni a vivir acorde con la naturaleza misma, sino que nos enseña a odiar la vida y a desperdiciarla con la falsa creencia de que habrá otra vida mejor después de la muerte y esto es lo que Nietzsche condena, a saber: la idea errónea de malgastar la única vida que tenemos a cambio de otra que es incierta, es la lucha de la vida contra la vida.

Coloca el centro de gravedad de la vida, no en la vida, sino en el más allá, que es la nada5.

Por lo tanto, la moral pagana, esa moral vitalista que exalta los instintos queda anulada por la moral cristiana y así queda anulada también la vida. Al reprimir la satisfacción de los instintos, surge la culpa. El sentimiento de culpabilidad es un resultado de la represión de nuestros instintos porque con el cristianismo surge el perdón; el poner la otra mejilla es ahora la solución y la justicia retributiva queda anulada: lo que se daña, ya no es reparado por el exterior, sino que se genera la culpa, que surge en el interior.

Como conclusión, la moral cristiana, esa moral que aparentemente se concebía como absoluta, es una moral que se constituye en el sufrimiento y el deber, esta ha sido una de las raíces de la decadencia de la cultura moderna. La moral cristiana ha condenado al hombre a la decadencia por negar la vida misma, la única vida que tenemos, y que debemos alabar por lo que ella misma es.

Notas

[1] Urdánoz, T. (2008). Historia de la Filosofía. Siglo XIX: Socialismo, materialismo y positivismo. Kierkegaard y Nietzsche. Biblioteca de autores cristianos.

[2] Nietzsche, F. (2003). Genealogía de la moral. Tecnos.

[3] ibid.

[4] Ibid.

[5] Urdánoz, T. (2008). Historia de la Filosofía. Siglo XIX: Socialismo, materialismo y positivismo. Kierkegaard y Nietzsche. Biblioteca de autores cristianos.

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Cita este artículo (APA): Palero, A. (2023, 28 de septiembre). La moral cristiana como el origen de la decadencia humana. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/09/la-moral-cristiana-origen-de-la-decadencia-humana
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