Cuando se habla de cultura, se hace presente todo aquello que configura a una sociedad, todos los elementos que quedan insertos en la estructura económica-política, y generan de manera permanente nuevas prácticas de interacción social. 

Algunos de estos cambios son presentados como objetos o productos culturales de gran contenido y significado como son los ritos, costumbres y prácticas que se realizan en la cotidianidad de la música. Esta cotidianidad que nos presenta una sociedad reconstruida a partir de lo vivido como fenómeno del narcotráfico, donde no solo se comercializan con drogas ilegales, sino también con gente que adopta toda una práctica de vida presentada en ideologías, bienes, poder y reconocimiento.

Se parte del ámbito del crimen organizado, que por igual ha generado toda una manifestación cultural que ha sabido impregnarse en el imaginario colectivo proyectando una imagen y hasta una moda, series, películas, corridos, los concursos de belleza, la literatura, el periodismo, entre otros productos e imágenes que la sociedad se ha encargado de hacer suyo.

“Narco cultura” utilizada para hacer referencia al estilo de vida y al comportamiento de los hombres y mujeres que están inmiscuidos en el narcotráfico. La nueva cultura se extiende inclusive a personas que no participan en estas actividades, pero que se comportan, visten y en general tienden a imitar ese estilo de vida1.

Roles

Valdría la pena presentar un análisis de la concepción del narcocultura y sus elementos de participación social, en este caso el rol de la mujer y su cuerpo. En México, la sociedad se ha ido transformando gracias a los escenarios sociales del narcotráfico, que han evidenciado características peculiares como estilo de vida sin igual, en poder y respeto. Esta lucha por el reconocimiento, que inicia y tiene su asiento reproductivo en la vida cotidiana, exige y tiende hacia otro tipo de acciones: la narco cultura, que no solo se alimenta de una moral motivada por el culto, también como un estilo autoritario inscrito en el machismo tradicional.

Es aquí, donde el rol de la mujer aparece dentro del narcotráfico y su cultura, la mujer entra en contacto con el crimen organizado en calidad de burrera, de buchona, o si bien le va, de reina, de esposa y, asimismo, de jefa2. Donde su interés máximo es el dinero y la apropiación del estilo de vida del capo. Las primeras son las más vulnerables, ya que son la presa fácil de este negocio, y a falta del recurso económico, no tienen quien las defienda al caer en la cárcel, que es donde, por lo general tienen que cumplir una pena máxima de 10 años, castigo respectivo para un delito contra la salud en nuestro país.

Burrera o “aguacateras”, la droga la llevan en un bulto envuelto en cinta canela que se conoce como “aguacate” debido a su forma y tamaño, escondido entre sus ropas y partes del cuerpo. Ellas pertenecen al grupo de mujeres que buscan sobrevivir transportando drogas en las calles a cambio de poco dinero. “Buchonas”, la imagen idealizada de las acompañantes de los narcos, que es sumamente analizada por su participación, las mujeres introductoras de drogas.

Lamentablemente, para estas mujeres nunca será posible el sueño de la riqueza y el beneficio del poder que disfrutan aquellas que, gracias a su belleza, logran convertirse en reinas o esposas. Pero, aun así, las que logran su objetivo y se dejan seducir por el dinero, participan de todo un estilo de vida, ellas gozan de una vida entre rifles, motos, autos, entre otros bienes. Siguiendo así, una serie de reglas que las mantiene en un estatus de intercambio.

Cuerpo

Dentro del narcocultura, existe otro ámbito en el que se encuentra involucrado el narcotráfico y que se vincula directamente con el mundo femenino: el cuerpo, que es más que objeto de deseo, porque este es visto como figura de poder, porque a través de él se construyen relaciones y prácticas sociales para convertirse no solo en objeto de placer o de deseo, sino en un medio. En efecto, el cuerpo es límite y es espacio, deseo, aspiración e identidad que se involucra en el campo político donde las relaciones de poder lo tocan y lo hacen presa inmediata, «lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten3» Es un cuerpo que es sometido a violencia, al consumo de sustancias ilegales, sometido a las modas, y vestimentas.

Este es el entorno inmediato que se va adquiriendo bajo diferentes prácticas sociales que se vuelven cotidianas, las cuales constituyen una nueva forma de relación con los otros, donde se forja el deseo de identificación, de pertenencia grupal y social. Donde se conforma un mundo particular de vida. La narcocultura logra así entrar de golpe a conquistar el rincón íntimo de las familias y se acerca a un público femenino, no por presentar la vida de un atractivo capo, sino por desvelar la triste realidad que cada mujer tiene que pasar para sobrevivir en ese mundo.

Sin duda alguna, también este problema se ha enfatizado a mayor sintonía por ser violencia de género, la sociedad está dispuesta a observar cada semana o en sus ratos de ocio, series referidas a la vida de los narcotraficantes, donde de igual modo aparece la imagen de la mujer, reforzando la visión del cuerpo en medios de comunicación como parte de un estilo de vida y este se ha impuesto como un modelo ideal para hombres y mujeres porque es un mundo imaginario inscrito en la colectividad de la sociedad donde es posible ascender.

No obstante, recordemos que el narcotráfico y su cultura también ofrecen a la mujer y a la sociedad en general, esa imagen de posibilidad de auto liberarse de su situación de pobreza, marginación y de las bajas expectativas de futuro que la vida normal les puede proveer.

También se podría decir que el cuerpo puede ser presentado como un producto estético, ya que el modelo femenino ideal en el narcotráfico y su cultura es cuestión de gusto; la mujer del capo debe verse como reina. Esta referencia puede ubicar en el artículo4 “Las mujeres también pueden: género y narcocorrido”, de Mondaca Cota en el que se aborda esta temática y se deja ver el problema de la figura femenina que se representa a través de los narcocorridos, situado una vez más desde una perspectiva de género.

Música

En la narcocultura, sin olvidar, se presenta el fenómeno de los corridos5 en donde existe un arraigo de la imagen de la mujer y su cuerpo, describiéndola como fuerte, bella, entrona, valiente. También, ellas pueden, y, además, no se andan con cosas: cuando se enojan son fieras, esas caritas hermosas y con pistola en la mano, se vuelven peligrosas…

Tres muchachas esperaban procedentes de Colombia, ahí quedaron de verse con las dos de Sinaloa6.

En este verso, se pueden identificar diversos elementos, como la belleza, la violencia, las amistades y la muerte. El cuerpo se exhibe como un trofeo, reducido a fragmentos. Además, no podemos pasar por alto el papel del sexo y el poder en la configuración de una representación social de la mujer en el contexto del narcotráfico.

Cultura

Acotando, en este ensayo se hace evidente cómo la narcocultura proyecta y modifica imágenes simbólicas específicas, arraigadas en diversas culturas, las cuales influyen en la conformación y adopción de modos de vida cotidiana que a menudo son percibidos como normas por aquellos involucrados en este mundo.

Hasta este punto, podría parecer que el rol de la mujer dentro de esta cultura se reduce a la belleza, la riqueza y el poder. Sin embargo, esta idealización no es más que una fachada que oculta la amenaza latente de formar parte del entorno social del narcotráfico. El cuerpo se convierte en un instrumento al servicio de esta cultura, ya sea como vehículo para el transporte de drogas, como medio de venganza o, simplemente, como un trofeo. Esto permite que estas prácticas se conviertan en aspiraciones para una vida de lujos y poder, lo que les da acceso al submundo ilícito en roles que pueden abarcar desde amantes hasta cómplices, negociadoras, operadoras, distribuidoras y mucho más.

Notas

[1] Maradiaga, A. Una peligrosa admiración Narco-cultura. p. 6   

[2] Cota, A. El discurso del cuerpo femenino en la narcocultura. p.24.

[3] Corrido de Los tigres del Norte, “Las mujeres también pueden”:

[4] Cota, A. (2015). Las mujeres también pueden. Género y narcocorrido. Udomsia. https://www.academia.edu/12172715/Las_mujeres_tambi%C3%A9n_pueden_G%C3%A9nero_y_narcocorrido

[5] Wikipedia: El corrido es un estilo musical mexicano. Se trata de una narrativa popular concebida para ser cantada, recitada o bailada.

[6] Mata-Navarro, I. El cuerpo de la mujer vinculada al narcotráfico como narración de sus relaciones sociales.p.36

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): Amezca, P. (2023, 27 de septiembre). Narcocultura: reinas y esclavas. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/09/narcocultura-reinas-y-esclavas
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por Paulina Amezcua

Licenciada en filosofía, Maestra MADEMS. Especialista en historia del arte por la UNAM.

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