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El estado natural es la muerte. Todos estamos muertos antes de nacer, y todos estamos muertos después de la muerte. Nuestra mortalidad es casi constante. Los humanos son importantes para mí en este momento, pero no solo los humanos. Todos los días, millones de “esperanzas de vida” se desvanecen, llevándolos al estado más abundante de nuestro universo, la muerte, que es el estado natural.

Casi 8.000 millones de personas están vivas en este momento, pero hay muchas más personas que están muertas. Esto incluye a personas que podrían haber estado vivas, pero no lo estaban, así como a otro tipo de muertos. Había muchas menos personas vivas en épocas anteriores y no había ninguna hace 200.000 años.

El estado de vida menos natural, según mi justificación, no es el que es fácil de sostener.

La situación se vuelve aún más retadora si además del componente físico le sumamos las cuestiones sentimentales y emocionales que nos influyen mucho como seres humanos. Algunas personas pueden lidiar con el aspecto físico de su energía al sentir esas emociones, pero para otras, esos sentimientos y emociones les dificultan aún más llevar el esfuerzo físico diario de arrastrar un cuerpo en todo momento.

La afirmación “La vida es bella” es absurda, e incluso de mal gusto. Supongo que existe la expresión de que la vida es hermosa porque, como los animales, las personas tienen un instinto de supervivencia, o como queramos llamar al impulso de la especie por sobrevivir y reproducirse. Como la mayoría de los animales, nuestra parte animal se aferra a la vida. Pero, ¿tiene sentido hacerlo desde una parte racional del ser humano?

El estado de vida menos natural, según mi justificación, no es el que es fácil de sostener.

Estar muerto es normal. Soy muy consciente de lo que entendemos por “razones para vivir“. No sirven para nada.

Más allá de las necesidades de los vivos, lo único que me une a este mundo en mi caso es mi intento de acompañar a otros en su proceso de vivir. Es lo que más alegría me da.

Salvo que se trate de carencias puramente físicas, como las económicas o de salud física, típicamente clasificamos como desviados a quienes no son capaces de satisfacer sus necesidades y a quienes sufren porque esas necesidades no son satisfechas a su conveniencia como seres ajenos a lo que la mayoría de la población tiene. Queremos desviarlos, mostrarles que la vida es bella y que nuestro instinto de aferrarnos a la vida es natural y saludable. Clasificamos cualquier intento de desviarnos de ese deseo natural como inestabilidad emocional o locura. La persona que no está satisfecha con sus necesidades de belleza, de una mano amiga que la sostenga, de sus necesidades intelectuales o sentimentales de cualquier tipo.

Como bien afirma Émil Cioran en su libro Breviario de Podredumbre:

No hay en las farmacias ningún específico contra la existencia; solo pequeños remedios para los jactanciosos. Pero, ¿dónde está el antídoto de la desesperación clara, infinitamente articulada, orgullosa y segura? Todos los seres son desdichados; pero ¿cuántos lo saben? La conciencia de la infelicidad es una enfermedad demasiado grave para figurar en una aritmética de las agonías o en los registros de lo incurable.

Cioran, E. (2014). Breviario de podredumbre. s.p

Bibliografía

Cioran, E. (2014). Breviario de podredumbre. Taurus, Madrid.

Imagen | Pexels

Cite este artículo: González, N. (2023, 05 de septiembre). ¿Se muere antes del suicidio? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/09/se-muere-antes-del-suicidio
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