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El lenguaje mesiánico de Walter Benjamin. Explorando el “Fragmento teológico-político”. Parte 4 de 4

En la tercera entrega, se planteó la felicidad como la posibilidad mesiánica del Reino de lo profano, lugar donde se puede alcanzar la condición acabada del mundo desde su condición efímera. En esta última, veremos la cuarta temática que se presenta en este texto: la manifestación de lo mesiánico en el mundo desde su condición efímera y decadente, la cual me parece la más interesante de revisar.

Lo mesiánico en
el mundo decadente

Hacia el final del Fragmento, Benjamin menciona que la felicidad se relaciona con lo mundano1 que se caracteriza por ser “eternamente efímero” en su totalidad espacial y temporal. Esta relación es de naturaleza mesiánica, en el sentido de que “la naturaleza es mesiánica en su fugacidad eterna y total“. Pero, ¿qué quiere decir que la naturaleza sea mesiánica y que lo mundano sea eterno y efímero?

Es imposible no pensar en Rosenzweig cuando se leen estas líneas. El mundo aparece en el pensamiento rosenzweigiano como lo que todavía no está acabado, es decir, algo por venir. Aparece de entrada en la discontinuidad, multiplicidad y la diversidad que a cada instante se renueva. Es lo “enteramente renovado a cada instante“, su ser se revela como momentaneidad, como algo provisional. El que sea un todo que se extiende a lo largo del tiempo es algo por venir. El mundo deviene, pues no está acabado todavía:

Es, pues, pulgada a pulgada, algo que viene; no: un venir. Es lo que debe venir. Es el Reino.

Rosenzweig, 1997, p. 269.

El mundo necesita que su existencia2 esté siendo creada y renovada constantemente. Necesita durar en el tiempo, conteniendo la abundancia de instantes como totalidad acabada. Es en este sentido que se configura como Reino, pues su completud total, acabada y eterna se encuentra en el futuro, en lo por venir3.  Pues si el mundo es lo enteramente renovado en la momentaneidad y es todo él en cada instante, no es todavía en todo el tiempo pleno y eterno, tiene que llegar a ser duradero:

En vez de que se trate de meros puntos candentes aislados en la vida, como las pasas en un pastel, el mundo tiene que llegar a ser todo el viviente. La existencia ha de ser viva punto por punto. El hecho de que aún no lo sea solo significa que el mundo aún no está acabado4.

Lo eterno es la posibilidad del mundo de relacionarse con lo mesiánico. El acabamiento del mundo es una promesa que se da en el tiempo futuro, no como un punto lejano al cual se apunta, el final de un camino al cual se llegará, sino como anticipación, como una vivencia en la expectativa de que el mundo pueda llegar a ser completo eternamente. Por lo tanto, al mundo le corresponde la temporalidad futura porque en él debiera llegar a acabamiento, es decir, existir de una vez por todas.

Ahora bien, que el mundo sea eternamente efímero, como señala Benjamin, tiene el mismo sentido en que se concibe aquí la eternidad. Dice Rosenzweig en La Estrella:

Tiene, en efecto, que ser acelerada la eternidad; tiene siempre que poder venir ya “hoy”. Solo gracias a ello es eternidad. Si no hay una fuerza así […] que pueda acelerar la venida del Reino, entonces no viene eternamente, sino que no viene por toda la eternidad.

Rosenzweig, 1997, p. 344

La eternidad deja de relacionarse con el transcurrir constante del tiempo, tal como la infinitud, sino que es ese siempre que puede ocurrir a cada instante. Estar abierto, en la espera de que lo que viene se dé, es lo que hace posible que lo efímero llegue a tener tintes de eternidad. Lo mesiánico se encuentra en la naturaleza del mundo, lo terrenal, el reino de lo profano en la medida en que puede contener en su ser efímero y pasajero la posibilidad de que se realice el reino de Dios.

Ahora bien, cabe preguntarse cuál sería el papel del hombre en todo esto, es decir, cómo participa en la redención. Si el Reino es una promesa de completud eterna del mundo, ¿cuál es el papel del hombre en la redención? Benjamin da una respuesta enigmática al concluir el Fragmento teológico-político:

Perseguir esta condición efímera [de la naturaleza], incluso para aquellos niveles del hombre que son ya, como tal, naturaleza, es tarea de esa política mundial cuyo método ha de recibir el nombre de «nihilismo»5

La tarea de la política mundial es tomar en cuenta la condición efímera de la naturaleza, la cual pone de manifiesto que esta tarea no está relacionada con el Reino –este aparece aquí en sentido negativo6– sino que concierne solamente a lo profano, es política. El hombre también es naturaleza, es decir, comparte con el mundo la finitud y la fugacidad, pero también comparte con ella lo mesiánico, la posibilidad de que se llegue a la completud. La tarea que tiene el hombre, como se ha mencionado más arriba, es llevar a cabo la redención, sus acciones deben estar dirigidas a recomponer de nuevas maneras y completar y extender la felicidad a toda la historia. En este sentido, la naturaleza es mesiánica, pues está en consonancia con el derecho de los vencidos a la felicidad. La tarea de la política, que pertenece al reino de lo profano, a la historia, es perseguir esta naturaleza mesiánica, plantear el derecho a la felicidad de cada hombre, de cada experiencia.

El nihilismo7 aparece aquí como una visión de lo que no hay, de la carencia de lo que no se ha podido hacer, de la felicidad que no se ha podido alcanzar. Es la visión de un “todavía no” de la historia. En este sentido, remarca que en la condición efímera y de decadencia de la historia todavía no acontece la redención. La falta8 se ve en lo ya acontecido y la tarea consiste en que se abra la posibilidad de su realización; es decir, hacer posible resarcir la falta en el ahora, en el instante presente que aunque fugaz y efímero es la puerta a la transformación y construcción de otra cosa.

En lo profano, en el mundo inacabado y fugaz, se tiene la posibilidad de la realización total y plena, sin que por ello siga un continnum temporal que lo lleve irremediablemente a ella (la realización). El nihilismo aparece como el método para llevar a cabo esta tarea. Una mirada nihilista acontece cuando se dirige al mundo y se da cuenta de que este no puede realizarse por cuenta propia, es decir, no puede redimirse por sí mismo.

El mundo pasa; la morphé de este mundo decae9”, lo cual da cuenta de que el mundo no puede realizarse ni completarse, es decir, sigue siendo fugaz y finito y cualquier promesa de realización no ha funcionado. En este sentido, se estaría pensando el nihilismo como la necesidad de anclarse a lo efímero, a lo terreno, al mundo. El Reino no va a acontecer predeterminadamente por lo que no habrá que ocuparse de él, sino de la relación de lo mesiánico con la naturaleza y mirar que en su condición efímera se puede encontrar destellos de lo mesiánico.

En otras palabras, la separación del mundo y el Reino también refiere a que se debe desatender a este último, es decir, pareciera decir que no tiene caso ocuparse de algo que no está aquí, solo queda la política en este mundo efímero y fugaz. Sin embargo, el Reino no desaparece, sino que se manifiesta de manera negativa, como un “todavía no” que puede ocurrir, con el cual se puede mirar en sentido inverso; esto es que si se mira del pasado al futuro por vía del progreso nos damos cuenta de que el final o la meta tiene un sentido causal y necesario además de sus consecuencias catastróficas; si se mira desde el Reino, entonces hay un sentido apocalíptico10 de la historia cuyo fin es imprevisible, pero está siempre latente y da lugar a otra forma de concebir el tiempo y la historia.

Notas

[1] Lo terreno, lo profano es el mundo finito y fugaz que se renueva constantemente, que ya se había mencionado antes.

[2] La existencia queda referida como no más que “objeto, que no hace más que alzarse ahí” (Rosenzweig, 1997, p. 271), lo cual quiere decir que es individualidad que solo está ahí sin más.

[3] Rosenzweig, 1997, p.292.

[4] Rosenzweig, 1997, p. 272.

[5] Benjamin, 2007, p. 207.

[6] El Reino está ausente, pero hay huellas que son destellos de su posibilidad. En la fugacidad late la posibilidad de que se dé la redención. Aparece como una nada, como un no estar ahí, pero que al mismo tiempo, todo el tiempo, acontece como posibilidad.  Ser posibilidad solo implica el espacio abierto que deja la huella para que acontezca algo; eso que es absolutamente otra cosa que no se puede nombrar, que no se puede definir, del que no se puede saber nada más.

[7] Nietzsche caracteriza el nihilismo de la siguiente manera: “¿Qué significa el nihilismo? Que los valores supremos pierden validez. Falta de meta; falta de respuesta al «porqué»” (Nietzsche, 2000, p. 35). El nihilismo es el proceso de desvalorización, un proceso en el que los valores no tienen valor, son un sinsentido. Los valores se vuelven caducos. Todo fundamento o meta pierden su sentido, está en falta. Ya no se alcanza algo por medio de un proceso determinado; la felicidad universal, el amor y la armonía, el orden del mundo, etc.

El nihilismo puede entenderse como 1) el acontecer del mundo que no tiene un sentido dentro de él. El nihilismo es “volverse consciente del prolongado despilfarro de fuerza, el tormento del “en vano”, la inseguridad, la falta de oportunidad de recuperarse de algún modo, de sosegarse a propósito de algo, la vergüenza ante sí mismo, como si uno hubiera estado engañándose durante demasiado tiempo…” (Nietzsche, 2000, p. 39) No hay cumplimiento alguno. 2) Por debajo de todo devenir no impera ninguna gran unidad en la que el individuo pudiera sumergirse por entero como un elemento supremo o valor. 3) No hay creencia en un mundo metafísico: se prohíbe la creencia en un mundo verdadero, de un mundo que esté más allá de este como mundo verdadero. Por ello, es que no hay un fin, unidad ni verdad.

Como estado psicológico, el nihilismo aparece como un sentimiento de la carencia de valor de todo. Ante la apuesta por una meta o un fin, se espera su cumplimiento. Sin embargo, no se alcanza nada, en el sentido de una realización pura de fines incondicionados. La misma apuesta por una meta, se vuelve engañosa. Por tanto, el fin, aquello de lo que todo depende, que vale para todo y ante todo, el valor supremo se vuelve caduco. El hombre se da cuenta de que no hay un mundo más allá de este que lo haga más soportable: un mundo verdadero. Este mundo es creado por necesidades psicológicas. Cuando se toma conciencia de que es un mero deseo y que es prácticamente producto de su propia necesidad, entonces este mundo tambalea.

El nihilismo, por tanto, se convierte en incredulidad de un mundo metafísico. Con ello, se da cuenta de que entonces el mundo del devenir, aquel que no tiene ningún fin, es la realidad efectiva. La búsqueda de un sentido, la posición de una unidad y el ascenso hacia un mundo verdadero (suprasensible) son tres interpretaciones de una misma forma de entender el carácter general de la existencia (Nietzsche, La voluntad de poder, p. 40), los cuales carecen de sentido: “No se alcanza, ni se obtiene nada; falta la unidad que engrana en la multiplicidad del acontecer; el carácter de la existencia no es «verdadero», es falso…, ya no se tiene absolutamente ningún fundamento para hacerse creer a sí mismo en la existencia de un mundo verdadero…” (Nietzsche, 2000, p. 40).

En este sentido, cuando Benjamin habla de nihilismo en este Fragmento, reitera la idea de que para la redención, para la irrupción del Reino no hay metas, no hay fines. Debemos habérnoslas con lo que hay. La política, lugar de la historia, será la tarea de hacer una crítica a esas ilusiones metafísicas. Asimismo, como encontraremos en textos como el Carácter destructivo, Benjamin adopta una mirada nihilista, esto es, crítica. Una mirada que no se deja engañar por el sentido teológico o teleológico de la historia. Destruye cualquier dogma, cualquier fundamento o supuesto. En este sentido, el método nihilista permitirá hacer crítica activa, destruir en todo momento cualquier actitud absolutista, esencialista, teísta. El materialista histórico debe adoptar esta mirada ante la historia que narra el historiador historicista.

[8] ¿Cómo se puede interpretar la falta? Falta es algo que puede estar ahí, pero no está o que pudo estar, pero no pasó. Esto da cuenta de que la falta se proyecta hacia el pasado y hacia el futuro.

[9] Taubes, 2007, p. 87.

[10] “Apokalupto fue sin duda un buen término para gala. Apokalupto: yo descubro, yo desvelo, yo revelo la cosa que puede ser una parte del cuerpo, la cabeza o los ojos, una parte secreta, el sexo o cualquier cosa oculta, un secreto, lo que hay que disimular, una cosa que no se muestra ni se dice, que se significa tal vez, pero no puede o no debe ser entregada directamente a la evidencia.” (Derrida, 1994, p. 13). En adelante Tono apocalíptico).

En griego, el término para apocalipsis en apokalupsis, el descubrimiento, el desvelamiento, el velo alzado sobre la cosa y en hebreo corresponde a el verbo gala. Lo interesante de esta interpretación es que justo podemos pensar al reino de Dios como aquello que está oculto, aquello que está en espera de desvelamiento. La historia tiene por tarea desvelar lo oculto, el secreto, lo retirado, lo reservado. “[…] descubrimiento que deja ver aquello que hasta el momento permanecía envuelto, retirado, reservado, por ejemplo el cuerpo cuando se le retiran las vestiduras o el glande en la circunsición se elimina del prepucio.” (Derrida, 1994, p.15).

Bibliografía

Benjamin, W. (2007) “Fragmento teológico-político”. En Benjamin, W., Obras. Libro II/vol. 1. Madrid: Abada.

Derrida, J. (1994) Sobre un tono apocalíptico adoptado recientemente en filosofía. México: Siglo XXI.

Nietzsche, F. (2000) La voluntad de poder. Madrid: Edaf.

Taubes, J. (2007) La teología política de Pablo. Madrid: Trotta.

Rosenzweig, F. (1997) La estrella de la redención. Salamanca: Ediciones Sígueme.

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Cite este artículo (APA): Téllez, E. (2023, 12 de octubre). El lenguaje mesiánico de Walter Benjamin. Explorando el “Fragmento teológico-político”. Parte 4 de 4. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/10/el-fragmento-teologico-politico-walter-benjamin
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por Erika Tellez

Lic. en Filosofía (UCSJ) y egresada de la Maestría con especialidad en Estética (UNAM). Actualmente, docente en el Centro Universitario de Integración Humanística y en el Diplomado de Historia del Arte de la Universidad Anahuac. También, colabora en la Editorial Progreso como autora, revisora en el área de libros de texto de Bachillerato.

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