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El siguiente texto refleja la opinión personal del CEO de Filosofía en la Red. Plataforma de Divulgación Filosófica, S.A.S. de C.V., más no implica que las y los autores pasados-actuales-futuros que escriben en esta página web y sus derivados compartan con él su visión. 

Me pasó cuando reflexione sobre el cómo la sociedad tomaba partido contra las y los rusos al momento de estallar la guerra con Ucrania. Pero en este siglo, tenemos el afán de alzar una bandera o expresar una opinión, ya sea a favor o en contra, cuando algo sucede. Y en el caso de un conflicto armado, buscamos encontrar buenos o malos, perdedores o vencedores, en lugar de enfocarnos en expresar el descontento por la guerra, en general, o nuestro anhelo porque esta acabe.

En las guerras, todos pierden1; ambos bandos sufren bajas, materiales, pero principalmente humanas. Mueren personas de los países implicados, y la mayoría de las veces, los miles que se cuentan no son militares sino civiles. No es que unos valgan menos que otros, pero en “teoría“, los primeros están “entrenados” para ello, mientras que los civiles son ese famoso “daño colateral” que hay que aceptar para alcanzar objetivos geopolíticos. Y, si en ambos lados mueren personas, ¿por qué esa obsesión por etiquetar a unos como buenos o malos, a unos como agresores y a otros como ofendidos? ¿Por qué no reflexionar y criticar que todos jalan gatillos, que todos detonan bombas, que todos asesinan, que todos mueren?

¿Por qué debemos
abrazar un bando?

¿Por qué debemos condenar a un solo lado? ¿Por qué la “tibieza” de no criticar a una facción se vuelve sinónimo de apoyo? ¿No sería mejor condenar todo acto de matanza, venga de “los buenos” o de “los malos”? ¿Acaso no es lo más humano abogar por toda vida humanavalga la “ironía”-, sea de una nacionalidad u otra? 

Para colmo, en el siglo XXI enfrentamos algo más: la normalización. Recuerdo cómo era una especie de “novedad” el poder ver en los telediarios escenas reales de la ofensiva de Estados Unidos como respuesta al 11-S en Afganistán. Era un adolescente en ese entonces, pero el consenso de ese momento era que estábamos entrando en una “nueva era” donde podríamos ser espectadores de la guerra, aunque eso ya había ocurrido, en cierta escala, con la Operación Tormenta del Desierto2. Pero lo que sucedió en aquel tiempo, el alcance mediático, era nuevo. Y aunque en aquel entonces, con mi inmadurez propia de un adolescente, eso ya sonaba terrible, no podía imaginar, ni de lejos, lo que solo décadas después veríamos casi a diario.

En la década de los 2020 estamos más que inmersos en esto. Vemos imágenes de bombarderos, nos topamos con escenas de personas muertas o con los destrozos tras los ataques, y aunque quizá nos sorprenda o aterrorice al principio, le damos “like” o compartimos, como si se tratase de un contenido más de nuestro feed. Y después, ese tipo de material nos sigue llegando hasta que poco a poco se vuelve lo habitual. Nos acostumbramos muy rápido a todo, incluso a la guerra

En esa línea, muchos sienten la presión social de “tener que hablar” del nuevo conflicto bélico del momento. Porque sí, cada cierto tiempo, un nuevo conflicto acapara la atención mediática, eclipsando al anterior y relegándolo al olvido social y de los noticieros. Con esa premisa, vienen los comentarios anteriormente mencionados: la necesidad de tomar un bando e incluso saturar tu feed con el conflicto “trending topic” porque, de lo contrario, parecería frívolo3 no hacerlo.

Y, tal cual en nuestro mundo polarizado4, hacerlo por una bandera genera opiniones, y no hacerlo por ninguna también provoca críticas. ¿Por qué no entendemos que cualquier vida es importante? ¿Por qué tenemos que asignar mayor valor a una vida sobre otra? ¿Por qué queremos que haya buenos y malos, vencedores y vencidos, y no buscamos -“luchamos“- porque simplemente no haya ninguno, porque no haya guerra, porque nadie se mate entre sí?

Sumado a lo anterior, y a pesar de vivir en una era de la información, estamos desinformados. Solemos tomar partido, la mayoría de las veces, solo por lo mediático del suceso, o por la popularidad o impopularidad del agresor o de la víctima. Repudiamos, criticamos, ofendemos a diestra y siniestra a un bando u otro sin siquiera conocer el contexto completo. Y no, no es que incluso conociendo el contexto se justifique o valide asesinar personas en nombre de una guerra, por más “justa” que esta sea, pero si vamos a hablar del tema, al menos hagámoslo estando sensatamente informados.

En la guerra, todos pierden. En la guerra, no debería haber bandos, o más bien, debería haber solo uno: que no haya ninguno, que no existan agresores ni agredidos, que no haya víctimas ni victimarios. Ojalá que en cada nuevo conflicto olvidemos la política, olvidemos los intereses y nos centremos en lo importante: los miles de seres humanos que pierden la vida por cada gatillo que jala el bando que públicamente apoyamos.

Notas

[1] García, M (2017, febrero 02) La guerra perjudica siempre a los buenos [Reflexión]. https://teomigue.blogspot.com/2017/01/la-guerra-perjudica-siempre-los-buenos.html

[2] Guerra del Golfo. Wikipedia, La Enciclopedia Libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Golfo

[3] Mercedes López Mateo en X. (2023, octubre 10). X. https://twitter.com/visuarax/status/1711830596719108160?s=46&t=XBLdkjfdqugCURY08MpLEg

[4] Polarización: el mundo en el que vivimos | LinkedIn. (2021, abril 28). https://www.linkedin.com/pulse/polaraizaci%C3%B3n-el-mundo-en-que-vivimos-alvaro-de-la-mora-pi%C3%B1eyro/?trk=read_related_article-card_title

Imagen | Dall-E 3

Cita este artículo (APA): García, M. (2023, 17 de octubre). ¿Tenemos que elegir un bando en la guerra? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/10/en-la-guerra-todos-pierden
#desensibilización, #desinformación, #Guerra, #humanidad, #normalización, #polarización

por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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