Quizá pudiera resultar algo paradógico porque el autor de estas líneas “vive” de Internet en cierta manera: Filosofía en la Red debe su existencia a los likes, a las visitas, a sus seguidores… pero quizá solo por eso, al mismo tiempo, somos precisamente “esas personas” que estamos inmersas en la vorágine de los likes los que podemos hablar con cierta ¿autoridad? de lo que pasa, o lo que deja de suceder.

No estoy intentando descubrir el hilo negro. Se ha hablado ya de los daños1 que hacen las redes sociales a la autoestima o cómo detonan trastornos como el FoMO2. Aquí me gustaría explicar o detallar, más bien, todo el trasfondo, o parte de, de ese pequeño icono con forma de pulgar o corazón que tan presente está en la cultura popular.

Podríamos dividir los efectos en dos tipos de personas. Como comentaba, están quiénes “viven” de Internet (desde influencers, creadores de contenido, compañías, hasta pequeños empresarios y empresarias que necesitan tener presencia online para atraer clientes) y los usuarios “normales“, la gente de a pie, aquellas personas que per se son en teoría el público objetivo de los primeros.

Lo primero que te refería, sobre los daños de las redes sociales, va muy enfocado siempre al segundo tipo de usuarios, centrándose en menores de edad, pero sin duda ampliando el espectro a adultos. ¿Cuántas personas no conoces que, sin “vivir de Internet“, necesitan constantemente publicar todo lo que hacen en sus historias? Incluso, muchas veces el anuncio de una noticia, sea buena o mala, ya no pasa ni por un mensaje de WhatsApp: se sube una historia y se espera que de esa forma te enteres de lo que acontece en la vida de la otra persona. La conexión, la cercanía, la rotura de barreras que prometía Internet se ha convertido, sin embargo, en un escaparate: todos se exponen, y tú debes consumirles para estar cerca.

Pero ahora quiero virar al primer tipo de usuario que te comentaba: a quiénes -auténticamente- viven de Internet. Los likes, los followers, las visualizaciones son, por mucho que digan que no sirven3 -y que en quizá en la praxis dura es verdad, porque importa la comunidad que creas- relevantes a la hora de venderte (en el buen sentido de la palabra), de conseguir patrocinios o incluso para lograr cierto status de “credibilidad”: los números cuentan, y mucho. Y todo creador de contenido, aunque te diga que no, se fija en las estadísticas, le importan y hace contenido pensando –en algún momento del proceso creativo– en qué tan bien le puede ir a dicho material.

Y estos números, si bien te hacen crecer y conseguir cosas, te matan de muchas maneras. Te matan porque te hacen vivir pensando en conseguir más o mantenerlos; y te matan porque dichas cifras son huecas. Explico cada punto.

Cuando logras tener un “promedio” de ciertos likes por publicación, o de visualizaciones, inconscientemente –te guste o no– te acostumbras a ello y con cada nuevo contenido que subes esperas -como te digo, consciente o no- que llegue al menos a ese promedio. Si no logra, algo de ti se siente mal, se cuestiona, te debates a ti mismo sobre qué dejaste de hacer bien. Si, por el contrario, a la publicación le va muy bien, tu vara de autoexigencia se eleva y claro, la presión por mantener ese número para el siguiente post se apodera de ti. Vives, por tanto, en un círculo vicioso de emociones, en donde tanto es fácil estar arriba, como caer al suelo. Y vivir en círculos viciosos no es nada sano4.

La segunda forma en que los likes te matan es quizá la más cruel y que puede pasar totalmente inadvertida. Cuando tienes un cierto número de seguidores, de likes, o visualizaciones, se puede generar en tu mente la sensación de que le agradas –y que te aprecian– a un cierto número de personas “reales“. De nuevo, consciente o inconscientemente, vinculas tus followers con gente que te estima. Y nada más lejos de la realidad. Ellas y ellos son personas a las que les agrada tu trabajo, quizá es gente a la que le “caes bien”, personas que “conocen” de ti por todo lo que compartes de tu vida… pero eso no significa, en ningún caso, que sea gente te estime de verdad. Y asimilarlo no es tan sencillo.

En esa segunda vertiente también está la soledad. Y resulta paradógico porque aunque te encuentras rodeado de personas, no tienes a nadie, o a casi nadie5. Es verdad que muchas personas te ven –te siguen-, y quizá algunas de ellas suponen cómo es el camino mediante el cual vas superando metas o alcanzando objetivos, pero realmente muy pocos saben lo que te cuesta llegar: todos los sacrificios implícitos, todas las lágrimas de impotencia, todos los no que recibiste, todos esos retos que sorteaste. Y, al ser pocas personas las que saben lo que cuesta estar en donde estás, con casi nadie realmente puedes compartir tus alegrías, tus logros. Compartir de verdad, compartir con autenticidad.

Así, volvemos al punto inicial de la conversación: ¿para qué sirven -si es que sirven- los likes, los followers, las views?: ¿para validar tu trabajo?, ¿para ser aprobado ante un público?, ¿para venderte ante marcas alegando influencia?, ¿para alimentar un ego?, ¿para legitimarte? Y si sí, conviene preguntarnos entonces: ¿podemos encontrar un punto medio?, ¿lo hay?

Esas sensaciones que provocan los likes de forma -como he dicho- inconsciente, traen una consecuencia adicional: la pérdida de la pasión. Parece irónico, pero sucede. O si no pasa de una forma tan literal, sí se convierten en una dopamina, en una droga que se necesita recibir. Y como toda sustancia estimulante, estar atado a ella, es otra forma de morir. Puede que ya no disfrutes lo que hacías porque esperas esa validación en forma de likes tras subir tu contenido, o puede que lo sigas haciendo con emoción, pero ya no sabe igual si es que no tienes un cierto número de views. Más allá de la retribución económica que trae consigo tener 100 visitas versus 10,000, el efecto de satisfacción personal no es el mismo si los números no cuadran.

Para aderezar un poco más a la utilidad de los likes, mencionemos algo adicional que ocurre dentro de ese metaverso en donde likes, followers y views co-existen. Y para ello no pensemos solo en los influencers o en aquellas personas con cientos o millones de seguidores, sino en todas y todos los usuarios: ¿por qué subes algo a Instagram -por decir solo una red social-?, ¿qué esperas recibir? Y, en contraparte: ¿por qué le das like a algo que ves en tu feed? ¿Es totalmente real todo lo que subes a tus cuentas?, ¿será real todo lo que las otras personas comparten contigo? Y sí, como te digo, da igual que tu cuenta sea pública o privada, con uno o con miles de followers. La pregunta merma idénticamente.

¿Por qué subes que te vas de viaje?, ¿para qué compartes el que que fuiste a ese concierto?, ¿por qué subes que te encontraste con esos amigos?, ¿acaso es útil enseñarle al mundo lo que comiste en ese restaurante de lujo? Y, al mismo tiempo: ¿te sirve de algo darle like al viaje de tu amigo/tu influencer de confianza?, ¿es interesante ver la vida de los demás a través del filtro que ellos desean usar? Quiero retomar esto último porque va de la mano junto con las consecuencias de los likes que comentaba al inicio.

El metaverso de las redes sociales viene ligado a lo artificial, a lo calculado, a los filtros. La validación que se quiere con los likes es a una vida de mentira, o si no es algo falso, al menos es algo no tan real de cómo lo presentamos al mundo. Sí, es verdad que podemos decir que siempre hemos vivido de apariencias, desde nuestra ropa (la categorizamos como la informal, la formal) hasta el maquillaje son muestra de ello, pero con la implosión de Internet, y sobre todo, de lo cuantificable que es el número de likes-views-followers, el reflejo de lo que no soy se vuelve más potente. Y es entonces cuando esa validación de la que hablábamos se vuelve peligrosa porque ¿qué validan de mí?: ¿mi yo “verdadero” o aquel personaje muestra una vida maquillada con filtros y en una pose perfecta?

Los likes, las views, los followers no sirven de nada. No reflejan nada, no muestran nada y mucho menos son evidencia de algo concreto. Son solo números. Números que, al final del día, al receptor o receptora de ellos les dejan un vacío, una sensación, una emoción que desaparece tan rápido como llega. Una soledad disfrazada de popularidad. Una idea de que se hace lo correcto cuando quizá lo que se subió fue falso, fue planeado, fue maquillado, no fue real.

La búsqueda de validación a través de métricas nos despoja y nos sumerge en un ciclo perpetuo y destructivo de búsqueda de aprobación externa. Necesitamos cuestionarnos: ¿estamos realmente dispuestos a sacrificarnos por algo tan efímero fruto de un simple clic en un ícono de un pulgar o corazón? Mejor ignoremos los likes, los followers, las views; pero hagámoslo de verdad, no bajo el típico discurso de muchos: “no me importan los seguidores… pero tengo tantos“.

Notas

[1] Obsesión por los “likes.” (2022, February 5). Las Cebras Salen. https://lascebrassalen.com/obsesion-likes-autoestima-baja/

[2] El fenómeno conocido como FOMO, acrónimo en inglés de “Fear of Missing Out“, se traduce como el temor a perderse algo. Este está vinculado con la ansiedad que surge debido al miedo de no participar en un evento social o cualquier otra experiencia positiva, en particular aquellas de las que te enteras a través de las redes sociales.

[3] ¡No te confundas! En redes sociales los «likes» no garantizan el éxito | El microblog. (n.d.). Microbio. https://www.microbio.tv/blog/redes-sociales-likes-no-importan/

[4] Gancedo, M. (2017, noviembre 1). Cómo detectar si estás dentro de un círculo vicioso mental. Psicología Y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/circulo-vicioso

[5] Britton, L. (2017, septiembre 11). Selena Gomez on loneliness of fame and social media: ‘I know everybody but have no friends’ NME. https://www.nme.com/news/music/selena-gomez-loneliness-fame-social-media-2139499

Bibliografía

Michelle Phan. (2017, junio 1). Why I left [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=UuGpm01SPcA

Imagen | Pexels

Cita este artículo (APA): Garcia, M. (2023, 22 de octubre). La inutilidad de los "likes". Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/10/la-inutilidad-de-los-likes
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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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