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Piensa mal y acertarás”, “ojo de loca no se equivoca”, aunque no invito a las personas a pensar mal, ni fomento la ideación paranoide, cierta ciencia se encuentra oculta detrás de este tipo de afirmaciones, a saber, la de que somos capaces de percibir la verdad de manera inmediata, aunque no contemos con las herramientas para la comprobación de esa verdad. Sócrates llamó a este estado del conocimiento como recta opinión.

Vayamos paso a paso: Sócrates distingue, en el Menón, dos tipos de aproximación a la verdad. Por un lado, está el conocimiento científico, desarrollado mediante la habilidad del discernimiento y, por otra parte, la recta opinión, a la cual llegamos mediante conjeturas. Ahora, todo esto puede ser un poco abstracto, así que analicemos de manera separada cada concepto.

La ciencia

El conocimiento o ciencia que, erróneamente, identificamos en la actualidad como los saberes surgidos de un laboratorio o correspondientes a un puñado de disciplinas, es en realidad el conocimiento comprobado, comunicable y duradero, de ahí que Sócrates nos diga que si algo es conocimiento, puede ser enseñado por un maestro, dado que puede ser adquirido y a su vez transmitido con confiabilidad. Este principio reina hoy en día, incluso entre las disciplinas que comparten el método científico, donde uno de los pasos más importantes es de la comprobación del conocimiento, comprobación que no aceptamos únicamente cuando una sola persona nos dice que su experimento es válido, sino cuando varias personas han puesto en práctica el experimento y obtenido el mismo resultado. Una vez que consideramos que algo ha sido comprobado de manera suficiente y que su valor de verdad es estable, lo elevamos al valor de conocimiento verdadero; en esto consiste el discernimiento, en la distinción razonada de causas y efectos, así como la identificación lo que es de manera auténtica, de aquello que solamente es en apariencia, es decir, la distinción de lo que es verdadero, de lo que parece verdadero.

Para Sócrates, lo que es verdadero debe serlo siempre, de ahí que mencionamos la confiabilidad y la posibilidad de ser transmitido de uno a otro sin que se pierda su autenticidad. Esto es lo que compone lo que llamamos ciencia. Si los fundamentos de cualquier conocimiento fueran variables, toda la empresa científica se vería comprometida; para que la ciencia sea ciencia y para que el conocimiento sea real requerimos que: 1 siempre sea igual a 1, que las moléculas estén compuestas por átomos, o que se mantenga la constante de π para el buen funcionamiento de la tecnología GPS, por mencionar algunos casos.

Gracias al discernimiento obtenemos conocimientos confiables de uso cotidiano, algunos tan abstractos como que un triángulo posee siempre tres lados y otros, tan importantes para el desayuno, como que las moscas no se generan de manera espontánea en los alimentos.

La recta opinión

Por su parte, la recta opinión nos explica el tábano de los atenienses, es hija de la conjetura. ¿Existen diferencias entre el discernimiento y la conjetura? Como hemos afirmado, el discernimiento nos lleva de manera razonada a lo verdadero, en esta característica se distingue de la conjetura, que llega a encontrar verdades carentes de comprobación y metodología.

La conjetura es más familiar a la intuición que a la razón; mientras que la razón sigue un procedimiento argumental o metódico, la conjetura puede brincar a la conclusión de manera casi inmediata, como una revelación que nos muestra una verdad, incluso cuando no somos capaces de explicarla. Desde luego, hay conjeturas erróneas, que nos llevan a equivocarnos, sin embargo, aquellas que nos ponen frente a lo que nombramos como opinión verdadera o recta opinión, son portadoras de verdad. Podemos afirmar, aunque la conjetura no sea un método recomendable, cuando tenemos una opinión que es verdadera, no dejará de ser verdad incluso aunque el razonamiento que nos llevó a ella sea equivocado.

Aunque los filósofos somos fieles defensores del discernimiento, todos los días, cada ser humano, usa de manera habitual la conjetura, especialmente en lo que se refiere a las acciones de índole social y moral. No hay tiempo suficiente para detenerse a razonar y comprobar la veracidad de cada uno de nuestros pensamientos y conocimientos, creemos que ya otros han comprobado la información que recibimos en un artículo científico: esto es una conjetura; de la misma manera, asistimos a la farmacia con la opinión de que la caja de pastillas marcadas con el nombre de un medicamento, efectivamente contiene ese medicamento, a pesar de que no sabemos nada sobre farmacología, y manejamos nuestros vehículos confiando en que todos los conductores le han asignado los mismos significados a los colores del semáforo.

Gracias a estas conjeturas, la sociedad funciona cada día y somos capaces de tomar decisiones y acciones de manera inmediata sin reparar en un proceso de razonamiento arduo. Agregado a ello, cuando la conjetura da lugar a una opinión verdadera, podemos llegar a lugares que desconocíamos, identificar situaciones de riesgo que no hemos vivido y afirmar que nuestra pareja no es infiel gracias a un frasco de mermelada.

La estabilidad de la verdad

La radical diferencia entre estos dos tipos de conocimiento es su estabilidad: la recta opinión es capturada por la intuición de manera instantánea y puede ser perdida de la misma manera, por lo que a este tipo de verdades conviene acompañarlas de un proceso de razonamiento que las capture-explique; nos dice Sócrates:

Una vez que están sujetas, se convierten, en primer lugar, en fragmentos de conocimientos y, en segundo lugar, se hacen estables1.

Frente a las conjeturas que han dado pie a opiniones verdaderas, debemos esforzarnos en obtener una explicación de su veracidad, para fijarlas como ciencia. Como siempre, adelantado a su época, Sócrates nos advierte que la verdad puede venir a nosotros en cualquier forma y desde cualquier inspiración, pero dependerá de nuestro discernimiento encontrar sus causas y explicación más próxima para elevarla al nivel de conocimiento.

Bibliografía

[1] Platón (2011), Platón I, Editorial Gredos.

Imagen | Unsplash

Artículo de:

Yazmín Mata (autora invitada):
Docente y consultor filosófico, con una maestría en educación y egresada de la especialidad en bioética.

Cita este artículo (APA): Mata, M. (2023, 27 de octubre). La recta opinión en Sócrates. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/10/la-recta-opinion-en-socrates
#conjetura, #conocimiento científico, #discernimiento, #recta opinión, #socrátes, #Verdad

por autores invitados

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