Teoría queer como forma práctica de la filosofía nietzscheana: una vida en fluidez constante. Parte 2 de 2

De acuerdo con los elementos expuestos en la parte anterior, en el presente se esbozará de qué manera la teoría Queer es una ejemplificación o una forma práctica de la filosofía nietzscheana, siendo el punto fundamental de ambas el cuerpo, puesto que para Nietzsche este es el centro donde las fuerzas se despliegan y expresan la pluralidad de pulsiones. De esta forma se asume como una organización de múltiples interpretaciones vitales, mientras que para Butler este es el medio pasivo por el cual se reducen ciertas definiciones culturales, de manera que la identidad del sujeto se basa en la constitución y organización del cuerpo, a saber cómo este es interpretado. Por tanto, no se podría hablar del cuerpo reduciéndolo a su anatomía, sino que también hay que considerar su multiplicidad simbólica; en otros términos se presenta que:

El cuerpo no se resume a la biología, sino que implica la multiplicidad de las experiencias sociales, así como la experiencia individual al mismo tiempo. Por esto, el individuo no es propiamente una individualidad, sino una colectividad de fuerzas que operan en la organización que llamamos cuerpo.

Piedra, 2018, pág. 5

Teniendo en cuenta dicho elemento, hay que retomar el aforismo radical de Nietzsche: “No hay hechos, solo interpretaciones”, puesto que al analizar el problema de la identidad de género se puede evidenciar como el cuerpo ha sido valorado de diversos modos, en especial se ha visto reducido a la norma del género binario. Sin embargo, para fundamentar la relación práctica de dichos pensamientos es importante considerar que, así como en Nietzsche no hay esencia ni ser en sí, en la teoría Queer se expresa de manera concreta algo similar, esto es: 

El “sexo” no es, pues, sencillamente algo que uno tiene o una descripción estática de lo que uno es: será una de las normas mediante las cuales ese “uno” puede llegar a ser viable, esa norma que califica un cuerpo para toda la vida dentro de la esfera de la inteligibilidad cultural.

Butler, 2002, pág. 19

Lo anterior en términos nietzscheanos se podría entender en los siguientes: no hay un sexo en sí, este no está dado, sino que, ante un rasgo anatómico que constituye el organismo del ser humano se realiza una interpretación de el mismo, estableciendo una definición que está enmarcada dentro de la lógica binaria del género; así pues, los distintos sujetos han de identificarse con una norma o ideal que se ha determinado, a saber el ser hombre o mujer. De esta manera se logra evidenciar el carácter fluctuante entre la apariencia y la fuerza instintiva que otorga valor a los gestos de la voluntad de poder. 

Por consiguiente, en los aspectos que se observaron de cada pensamiento se manifiesta una provocación por cuestionar la totalidad, en donde ambos afirmarán que tal no existe, sino que esta es una ambición del ser humano por reducir la multiplicidad de fuerzas en un concepto, a saber, hacer de los acontecimientos cadáveres de ‘la realidad’, de manera que, en ambas teorías se hace una genealogía de una serie de categorías que han sido estipuladas como verdaderas y únicas, de este modo se pretende demoler estos valores para luego construir sobre ellos nuevos pensamientos, teniendo en cuenta que ante el análisis de ciertas concepciones no se parte, ni se queda en la nada, sino que, por el contrario, se aspira a que el ser humano entienda de qué manera los ideales que lo constituyen lo formaron para así poder destruirlos y lograr transvalorarlos, en este caso, en la teoría Queer se evalúan conceptos tales como: la masculinidad y la feminidad, que son términos idealizados, pues se intentan alcanzar, ya que se trata de incorporar la identidad que reitera tal idealización del género la cual demuestra la imposibilidad de habitarla, como se dijo en líneas arriba, habrá individuos que en medio de la negociación de su identidad no asuman determinados comportamientos, y no por ello dejan de ser “hombre” o “mujer”. 

Para finalizar, se afirma que “No existe identidad de género detrás de las expresiones de género; esa identidad se construye performativamente por las mismas expresiones que al parecer son el resultado de esta” (Butler, 2007, pág. 85) Lo anterior quiere decir que el género es la interpretación que se le da a un rasgo físico que se vincula con un comportamiento determinado, que este no es dado por la naturaleza, sino que es construido por la cultura al establecer conexiones entre el sexo, género y deseo para dar respuesta a una política representativa. De manera que la teoría queer busca problematizar el pertenecer a una comunidad determinada y asumir ciertos comportamientos, esto es una invitación a vivir una fluidez constante, lo que implica una crítica incesante, no solo del sistema binario sino que también de sí mismos, así como generar conexiones constantemente, pues no hay una evolución ni una finalidad en el mundo, ya que como diría Nietzsche: es un pathos, una voluntad de poder que nos impulsa a valorar, juzgar, comprender y configurar la realidad, porque esta no es dada, sino interpretada gracias a la combinación de fuerzas que acaecen.

Por otra parte, otro asunto de gran peso y que se relaciona en los dos pensamientos es la pretensión de libertad, aunque se debe recalcar que en estos se contempla la relación que se mantiene con ‘lo otro’ (a saber el ser humano no está solo ni es único en el mundo) de manera que se resalta el carácter social de tal sujeto, porque hace parte del factor cultural; se ha de admitir que tanto en la teoría queer como en la filosofía de Nietzsche se reflejan formas metafóricas que invitan a la transformación: esto es a la interpretación libre, ya que cada sujeto es quien encuentra su propia respuesta que en este caso será la manera de identificarse. En efecto, tanto la fuerza propia de los individuos como la voluntad de poder no son forzadas a ser, sino que, por el contrario, se dejan devenir y/o acaecer tal y como ellas son, es decir azarosas y arbitrarias, lo que permite dilucidar que el problema de la identidad radica en los intérpretes, en la forma cómo valoran y entienden el mundo y así mismos. 

En definitiva, al entender que como intérpretes que son los seres humanos tienen el poder de otorgar sentido tanto al mundo en el que habitan, como así mismos, de manera que su vivir radica en una constante fluidez de fuerzas finitas e instintuales que al luchar entre ellas le permiten configurar la realidad y su identidad, de modo tal que su libertad radica en la manifestación de su propia voluntad de poder, expresada en determinadas maneras de interpretar, ser y acontecer. Sin embargo, han de contar con un espacio que los enriquece de pre-valoraciones, ya que sus formas de concebir el mundo se han de remitir al contexto socio-histórico en el que viven, lo que les permite que cada ideal o término sea resignificado teniendo presente que tanto el mundo como los hombres están en constante transformación y configuración sin la necesidad de encasillarse en algún régimen o ideal, sino que, en términos de Deleuze y Guattari: el sujeto va desterritorializando y reterritorializando los conceptos que usa. De manera que, como apreciación personal, se evidencia que tanto en el pensamiento de Nietzsche como en el de Butler, se relaciona con la idea de CsO (cuerpos sin órganos) en donde se reconoce la posibilidad de constituir (y constituirse) de múltiples maneras, de acuerdo a las intensidades o fuerzas que determinan el instante. De esta manera, hacer un cuerpo sin órganos no significa un organismo sin sus partes o sus viseras, sino que pretende encontrar y constituir uno, esto implica una reflexión que aborde al cuerpo como una construcción simbólica, donde cada uno ha de resignificarlo, transformando una cualidad en otra. En definitiva, se hace referencia al rechazo del cuerpo jerarquizado, establecido: al organismo, pues este CsO se entiende como uno intensivo, pues al alejarse de un ser en sí o de una norma, pero sin aislarse del mundo (tanto social como natural) ha de confirmar la posibilidad de constituirse, así pues, cada individuo vivirá en fluidez constante.

Bibliografía

Butler, J. (2002). Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Buenos Aires; Editorial Paidós. 

Butler, J. (2007). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: España. Editorial Paidós.

Nietzsche, F. (2000). La voluntad de poder. Editorial Edaf, Madrid: España.

Nietzsche. F. (2008). Fragmentos póstumos. Volumen IV (1885-1889). Editorial Tecnos, Madrid: España

Piedra, J, (2018). Un Nietzsche extraño: intersecciones entre el pensamiento nietzscheano y la teoría queer. Praxis, revista de filosofía. 77 (3), Pp. 1-19. 

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): Patiño, A. (2023, 21 de octubre). Teoría queer como forma práctica de la filosofía nietzscheana: una vida en fluidez constante. Parte 2 de 2. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/10/teoria-queer-nietzsche
#cuerpo, #género, #identidad, #identidad de género, #Interpretación, #Libertad, #Nietzsche, #queer, #sexo
error: Content is protected !!