Teoría queer como forma práctica de la filosofía nietzscheana: una vida en fluidez constante. Parte 1 de 2

En este artículo se quiere mostrar como la teoría Queer puede ser un claro ejemplo de la salida estética que propone el filósofo alemán Friedrich Nietzsche; en este pensamiento se evidencia una invitación a la interpretación libre, pues cada ser humano tiene su propia fuerza que le permite ser intérprete de lo que acaece en el mundo, de manera que en este escrito se hará énfasis en la interpretación como una fuerza vital y móvil que configura la realidad del individuo, conforme con esto, se explicará de forma detallada la teoría Queer, con el fin de ilustrar como este elemento de la filosofía nietzscheana se manifiesta en dicho movimiento social, confirmando como a partir de estas dos posturas el ser humano puede vivir en constante fluidez, sin encasillarse, etiquetarse o identificarse con algún “ser-género-sexo” fijo, pues gracias a este acto instintual es que el ser humano puede crear la realidad.

No hay hechos, solo interpretaciones: este aforismo quiere decir que ese juego azaroso y arbitrario de fuerzas finitas que se despliegan y manifiestan en tiempo infinito se combinan con otras fuerzas determinadas que otorgan valor y hacen que sea posible el interpretar; en pocas palabras, la interpretación es una de las múltiples formas de darse la voluntad de poder en el mundo. Esto tiene que ver con un carácter óntico del ser humano, lo que quiere decir que el interpretar es un rasgo y una actividad fundamental de la vida humana, por esto se asevera que “el ser humano vive interpretando” puesto que se establecen valores que expresan lo comprendido mediante el lenguaje. Lo cierto es que Nietzsche afirma que: “lo esencial del ser orgánico es una nueva interpretación del acontecer, la interna multiplicidad perspectiva que es, ella misma, un acontecer1”; a partir de esto se puede decir que la interpretación al ser la combinación de fuerzas entre el juego azaroso de la voluntad de poder y el poder otorgar sentido a algo, es una acción vital.

No hay un «hecho» en sí, sino que siempre tiene que introducirse primero un sentido para que pueda haber un hecho. El «¿qué es esto?» es una posición de sentido vista desde algo diferente. La «esencia», la «entidad» es algo perspectivista y presupone ya una multiplicidad. En la base está siempre «¿qué es eso para mí?» (Para nosotros, para todo lo que vive, etc.)2.

Así pues, la interpretación es el modo de configuración de la realidad, pues se establece que no hay ideas esenciales, sino múltiples valoraciones que son expresadas mediante gestos e incluso acciones; cabe resaltar que la valoración gestada no depende netamente del individuo interpretador, sino que esta actividad vital es el movimiento que combina la fuerza del acontecer con la del instinto que impulsa el interpretar, de modo que se trata de un pathos, pues, es la manera en la que la voluntad de poder manifiesta su forma de aplicar las fuerzas.

Ahora bien, se habla de una salida estética en la medida en que se trata de la posibilidad de ser de los sujetos, teniendo en cuenta que el ser humano es la conjugación de fuerzas instintuales u orgánicas que al desplegarse se da una lucha entre las mismas, de forma que habrá unas que dominen sobre otras, este ejercicio vital permite que el hombre interprete las diferentes vivencias que tiene. De manera que, esta proposición filosófica invita a la transvaloración de aquellos valores, conceptos y categorías que se han concebido como absolutos, por tanto, se pretende un cambio de perspectiva, cabe aclarar que estas valoraciones no salen de la nada, sino que van a ser trabajadas a partir de aquellos prejuicios que se le han otorgado al intérprete, en especial en el ámbito social.

Teoría queer como invitación
para desafiar el mundo binario

Antes de comenzar a reconstruir esta teoría del siglo XX, es pertinente tener en cuenta que el término “queer” era una práctica lingüística que buscaba avergonzar al sujeto del cual se predicaba tal concepto; de modo que, a través del tiempo y del uso permanente de esta palabra se produjeron ciertas prácticas humillantes que tenían la finalidad de definir al individuo como alguien ‘raro’, ‘extraño’ ‘peculiar’, como la ‘oveja negra’ del rebaño e incluso fue utilizada para hablar del ‘ladrón’ y del ‘tramposo’.

No obstante, tal término en la perspectiva de Butler será cuestionado, y por tanto remodelado, pues deberá extender a su alcance de tal forma que las categorías que se emplean para identificar a una persona sean analizadas a partir de una genealogía de las mismas, esto quiere decir que en dicho estudio se den a conocer tanto los medios como las relaciones de poder que forjaron determinada formación discursiva. En este sentido, Butler pretende “elaborar una crítica de las categorías de identidad que generan, naturalizan e inmovilizan las estructuras jurídicas actuales3”, en vista que, surge la necesidad de replantearse de manera radical las construcciones ontológicas de la identidad.

En relación con lo anterior, en el libro Cuerpos que importan, Butler manifiesta que la identidad ha de ser un error necesario, de modo que al afirmar el término “queer” se concibe como una forma de afiliación, teniendo presente que este es una categoría amplia que no alcanza a determinar en su totalidad al sujeto que representa, es decir que es un concepto abierto que permite integrar a aquellos individuos marginados que esperan que este los represente. De igual manera, este admite nuevas significaciones haciendo posible que nuevas generaciones adopten e incluyan su vocablo en este, a saber, no se establece una definición determinante, sino que, por el contrario, deja la posibilidad de transformarlo sin delimitarlo.

Para constituir al sujeto se han empleado dos categorías, estas son: el género y el sexo. A partir de estas se maneja una lógica binaria en donde solo existe la posibilidad de ser de dos maneras: hombre (lo masculino) o mujer (lo femenino). Pero, gracias al análisis genealógico que presenta Butler en su libro El género en disputa se muestra como estos dos términos no son más que constructos culturales que parten de una matriz heterosexual, la cual resulta ser una rejilla de inteligibilidad cultural que normaliza tanto cuerpos, géneros como deseos, lo que quiere decir que se establece un sexo determinado que a ser expresado mediante el género, esto con el fin de dar sentido y coherencia a los cuerpos.

Al hablar de género se hace referencia al conjunto de relaciones entre sujetos que están constituidos socialmente en contextos determinados. No obstante, esta noción de género es la interpretación cultural que se hace del sexo, en donde este es entendido a partir de dos condiciones orgánicas, puesto que “el cuerpo se manifiesta como un medio pasivo sobre el cual se circunscriben los significados culturales4” de este modo el cuerpo es visto como un instrumento que permite la relación externa con los significados.

Frente a esto, Butler afirma que “con independencia de la inmanejabilidad biológica que tenga aparentemente el sexo, el género se constituye culturalmente; por esta razón, el género no es el resultado causal del sexo ni tampoco es tan aparentemente rígido como el sexo5”. Es decir que tal sexo no significa directamente tal género, este último se constituye al interpretarse el sexo.

Para comprender de manera más clara lo expuesto se presenta un ejemplo:

Cuando nace un cuerpo X se determina su sexo a partir de su condición orgánica, en este caso al observar que su parte íntima es una vagina se afirma que la persona es del género femenino, es decir: es una niña. No obstante, el discurso cultural ha implementado tal lógica binaria en la que se establece que al darse tal sexo se sigue la norma del género, de manera que aquella persona con vagina será una mujer. Acto seguido, se estipula su identidad, pues se determina que al poseer ciertos elementos corporales ha de comportarse de cierta manera; en tal caso, la niña empezará por vestirse de colores pasteles como el rosado, crecerá jugando con muñecas y con cocinas, deberá ser delicada, cuidadosa y amable, cuando sea adulta se maquillará y portará como una dama, esperará a que un galán la conquiste o enamore para así formar una familia y sea ella quien cuide del hogar con sus respectivas labores.

Ante esta situación, la teoría Queer pretende que aquellas normas heterosexuales de género que producen ideales que en realidad no son alcanzados completamente, sean transvaloradas puesto que crea versiones hiperbólicas (exageradas) sobre el hombre y la mujer, que al final de cuentas terminan siendo actuaciones impuestas, dado que al nacer un sujeto no se le da la posibilidad de elegir quien ser, sin embargo, a medida que este va creciendo y formándose se negocia su identidad, pues habrá algunos comportamientos o elementos que el individuo no adopte o no siga durante su vida, pero, de igual manera asumirá otros; esto permite ilustrar que tales normas no son logradas a cabalidad, es decir se ven ineficaces, lo que posibilita la re significación de dichos mandatos. Así pues, el objetivo del Queer es mostrar la incapacidad de los regímenes heterosexuales para controlar e incluso legislar sus propios ideales, así como expresar la mutabilidad de la identidad. 

En conclusión, esta teoría expresa que la identidad de una persona no es fija, de manera que se evidencia una invitación para desafiar la lógica binaria, alejándose de comportamientos y creencias que la sociedad le estipula. Por tanto, no hay significados fijos o estables, ya que se busca crear una identidad que se retroalimente así misma, no sin antes cuestionarse por aquellas clasificaciones de género que le hacen ver que no es una cuestión de elección, sino que, por el contrario, se trata de un conjunto de reglas sobre el sexo/género; lo anterior implica una crítica constante de las ficciones culturales, retomando la idea de Butler, donde el género y el sexo son productos del proceso de representación.  Hecha esta exposición se puede pasar a examinar la analogía que se encontró entre el pensamiento nietzscheano y la teoría queer fundamentada en Butler, teniendo presentes dos premisas, a saber: que no hay cosas en sí, sino que hay interpretaciones, y que la identidad no es fija, como tampoco lo es el género, ni el sexo, de manera que, el asunto de la identidad requiere una crítica analítica de los valores e ideales concebidos por un intérprete con el fin de resignificarlos o transvalorarlos, de tal forma que el sujeto configure y cree tanto la realidad como su propia identificación, sin llegar a idealizar o estabilizar, sino que, por el contrario, esté en continua transformación.

Notas

[1] Nietzsche, 2008, p. 62, aforismo 1 [128]

[2] Ibídem, p. 122-123. Aforismo 2 [149]

[3] Ibídem, 2007, p 52

[4] Butler, 2007, p. 58

[5] Ibídem, 2007, p 54

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Cita este artículo (APA): Patiño, A. (2023, 10 de octubre). Teoría queer como forma práctica de la filosofía nietzscheana: una vida en fluidez constante. Parte 1 de 2. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/10/teoria-queer
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