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El legado de Wakefield: una historia de agnotogénesis

Con la enorme cantidad de información a la que tenemos acceso hoy en día, es crucial comprender cómo la ignorancia puede ser cuidadosamente manufacturada. En este artículo, abordaremos qué es la agnotología y cómo se materializa en un ejemplo concreto: la historia de Andrew Wakefield y su artículo en The Lancet1, en el que se planteaba una conexión entre la vacuna triple viral y el autismo.

Este caso ilustra cómo los expertos pueden influir en la formación de creencias erróneas. Por ello, resulta de gran importancia ser críticos, y la agnotología nos desafía a desvelar lo que hay detrás de la desinformación, una tarea esencial en la sociedad actual.

¿Qué es la agnotología?

Siguiendo a Robert Proctor, la ignorancia es comúnmente vista como algo que necesita ser corregido, como una especie de ausencia natural o vacío en el que el conocimiento no ha sido extendido. Para él, las causas de la ignorancia pueden ser múltiples y diversas y hay muchas maneras diferentes de no saber. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que la ignorancia puede hacerse o deshacerse y que la propia ciencia puede ser cómplice de ambos procesos.

Es aquí que se postula a la agnotología para abordar la ignorancia como una producción consciente, inconsciente y estructural, sus diversas causas y conformaciones, ya sean provocadas por descuido, olvido, miopía, extinción, secreto o supresión. El punto de la agnotología es cuestionar la naturalidad de la ignorancia, sus causas y su distribución, y aunque sugiere que deberían existir tantas formas de ignorancia como de conocimiento, Proctor propone 3 formas de ignorancia para comenzar con la discusión:

La ignorancia como estado nativo, la ignorancia como elección selectiva, y la ignorancia como táctica deliberadamente diseñada y estratégica (constructo activo).2

Agnotogénesis

Tomaremos la tercera de las formas de ignorancia propuestas por Proctor, la ignorancia como constructo activo, para ilustrar lo que denomina agnotogénesis con el caso de los movimientos antivacunas surgidos a partir de la publicación del artículo de Andrew Wakefield en The Lancet, que asociaba la vacuna triple viral con el autismo.

Este tercer tipo está enfocado en la ignorancia (que puede ser también duda o incertidumbre) como algo hecho, mantenido y manipulado por ciertas artes y ciencias. Puede decirse, en otras palabras, que ciertas personas no quieren que se sepan ciertas cosas o que trabajaran activamente para organizar duda, incertidumbre o desinformación para ayudar a mantener la ignorancia.

Para entender lo que Proctor quiere decir con agnotogénesis, cabe intentar responder a la pregunta ¿por qué no sabemos lo que no sabemos?3

La supuesta asociación entre
la vacuna triple viral y el autismo

En 1998, Andrew Wakefield publicó en la revista The Lancet un artículo que postulaba una relación causal entre la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola) y comportamientos autistas e incluso inflamaciones intestinales graves.4

Este artículo describía una serie de casos en los que estaban implicados 11 niños y una niña, de entre 3 y 10 años de edad, que fueron atendidos en la unidad de gastroenterología. No solamente presentaban anormalidades intestinales, sino también trastornos neurológicos: 9 pacientes presentaban autismo, dos de ellos una encefalitis posviral y uno de los pacientes presentaba psicosis degenerativa. Los autores asociaban estas alteraciones (intestinales y neuropsicológicas) sugiriendo la vacuna triple vírica como desencadenante, ya que estaba el antecedente de la proximidad de la vacunación en 8 de los casos estudiados.

No obstante, el artículo y los propios autores reconocían que no se probaba una asociación entre las alteraciones presentadas y la vacuna, aunque sí anunciaban que se realizarían futuros estudios para aclarar la cuestión. En este sentido, llama la atención la reacción contra la vacuna que desencadenó la publicación de este artículo. Aunque también hay que mencionar una presentación en rueda de prensa en la que Andrew Wakefield dijo que no recomendaba la vacuna, lo cual representa el inicio de una campaña mediática.5

Conflictos de interés

Esta reacción mediática destacó a padres que buscaban indemnizaciones y minimizó las advertencias de expertos y la falta de pruebas de conexión entre la vacuna y el autismo. En septiembre de 2003, cuando la demanda de indemnización presentada en nombre del grupo de apoyo JABS (Justice Awareness and Basic Support, grupo de apoyo a los niños perjudicados por las vacunas como ellos mismos se denominan) fue desechada, un periodista de The Sunday Times, reveló6 que el abogado de dicho grupo, Richard Barr, había contratado a Wakefield desde 1996. Esta relación profesional dio como resultado una importante financiación para Unigenetics (compañía de la que Wakefield era director), por parte del Legal Aid Board (una organización independiente encargada de proporcionar ayuda y asesoramiento legal a los más necesitados), con el objetivo de aportar pruebas de lo que los padres de los afectados alegaban.

Además, en febrero de 2004, se descubrió7 que el proyecto de investigación, aprobado por el comité de bioética del hospital, difería significativamente del llevado a cabo. Además, se reveló que al menos siete de los niños incluidos en el estudio provenían de familias que buscaban indemnizaciones de los fabricantes de la vacuna, y los mismos niños estaban involucrados en otro proyecto financiado por el Legal Aid Board y dirigido por Wakefield. Este descubrimiento evidenció un conflicto de intereses que el investigador principal no había revelado8.

Las consecuencias

El engaño de Wakefield contribuyó a reducir la tasa de vacunación. En 1997, una década después de la introducción de la vacuna triple vírica en el Reino Unido, el porcentaje de personas vacunadas era del 92%. Sin embargo, este número cayó drásticamente en 1998 y llegó al 83% en 2002, lo que preocupó a las autoridades de salud, ya que el umbral necesario para lograr la inmunidad colectiva se estima entre el 92% y el 95% para el sarampión. Además, debe superar el 90% para prevenir brotes de paperas y se encuentra en un rango del 83% al 90% en el caso de la rubéola. Esta disminución podría facilitar la reaparición de brotes epidémicos de sarampión o paperas, así como aumentar la incidencia de rubéola congénita. Estos riesgos se extienden a todas las poblaciones donde la protección no alcanza el nivel necesario para mantener la inmunidad colectiva9.

Conclusiones

La ignorancia no siempre es un estado natural o una mera ausencia de conocimiento, sino que puede ser producida y mantenida deliberadamente a través de diferentes agentes. En particular, hemos observado cómo esta creación activa de la ignorancia puede ser empleada para influir en la percepción pública y la toma de decisiones importantes. En el caso emblemático de agnotogénesis que hemos analizado, podemos ver cómo se desencadenó una reacción mediática que socavó la confianza en las vacunas.

Este caso es un recordatorio de que la ignorancia puede ser una herramienta poderosa, manipulada por aquellos con intereses específicos, pero también ilustra que, en las sociedades modernas, no siempre es completa culpa de las personas sostener ideas erróneas, ya que los conflictos de interés, la manipulación de datos y la falta de transparencia pueden confundir incluso a los más escépticos.

La agnotología nos desafía a ser críticos con la información que encontramos y a cuestionar por qué no sabemos lo que no sabemos. Nos recuerda que, en un mundo lleno de información y desinformación, debemos ser vigilantes y conscientes de las fuerzas que pueden mantenernos en la oscuridad.

Notas

[1] Wakefield, A. J. (1999). MMR vaccination and autism. The Lancet, 354 (9182), 949–950. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(05)75696-8

[2] Proctor, R. (2008), pp. 2, 3.

[3] Proctor, R. (2008) pp. 8, 11.

[4] Consuegra-Fernández, M. (2020), p. 128.

[5] Segura, A. (2012), pp. 366, 367.

[6] Deer, B. (2010, marzo 31). Revealed: MMR research scandal. The Sunday Times. https://www.thetimes.co.uk/article/revealed-mmr-research-scandal-7ncfntn8mjq

[7] Ibídem.

[8] Segura, A. (2012), p. 367.

[9] Segura, A. (2012), p. 368.

Bibliografía

Proctor, R. (2008), Agnotology. A missing term to describe the cultural production of ignorance (and its study), en Proctor, R. y Schiebinger, L. (Ed.), (2008), Agnotology. The Making & Unmaking of Ignorance, California, Stanford University Press, pp. 1-33.

Consuegra-Fernández, M. (2020), El movimiento antivacunas: Un aliado de la COVID-19, Revista Internacional de pensamiento Político – I Época – Vol. 15- 2020, https://www.upo.es/revistas/index.php/ripp/article/view/5598/4871

Segura, A. (2012). La supuesta asociación entre la vacuna triple vírica y el autismo y el rechazo a la vacunación, Gac Sanit. 2012; 26(4):366–371, doi:10.1016/j.gaceta.2011.11.018 

Imagen | Flickr

Cite este artículo: Nava, A. (2023, 05 de octubre). El legado de Wakefield: una historia de agnotogénesis. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/10/wakefield-una-historia-de-agnotogenesis
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por Alejandra Nava Hernández

Tesista de sociología en la UNAM. Interesada en los estudios CTS, sociología de la ciencia y de la religión.

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