El lenguaje mesiánico de Walter Benjamin. Explorando el “Fragmento teológico-político”. Parte 3 de 4

En la segunda parte, se examinó una imagen crucial para comprender el vínculo que Benjamin ve entre el Reino de Dios y el Reino de lo profano con el fin de mostrar el carácter importantísimo que tiene la redención para este mundo. En esta penúltima entrega, veremos la tercera temática que se presenta en este texto: la idea de la felicidad como condición del reino de lo profano.

Hasta ahora se ha dicho que la felicidad es la meta hacia la que se dirigen los actos humanos y se relaciona con lo mesiánico por ese pequeño índice representado a través de la imagen de las flechas. La felicidad pertenece por completo al reino de lo profano, corresponde a lo terreno, y se da en la decadencia, ruina o destrucción (Untergang), entendida como fugacidad, que el reino de lo profano tiene como condición1.

La felicidad es tan fugaz como lo terreno y es precisamente ahí donde se encuentra su potencial mesiánico. Y de algún modo, la intensidad mesiánica que se dirige en sentido contrario al de la felicidad, se encuentra potencialmente en la humanidad pero de manera frustrada, a través del sufrimiento2. La intensidad mesiánica y la promesa de redención se dirigen hacia la eliminación del sufrimiento porque es necesario que para que haya felicidad cesen las desgracias que lo causan. 

El sufrimiento se refiere a la felicidad frustrada que no se dirige solo a los vivos sino también a los muertos (los vencidos de la historia), extendiéndose a toda la historia. Tanto vivos como muertos tienen frustrada la felicidad y se mantienen con la esperanza de realizarla. Ambos tienen derecho a su realización. Lo profano está fecundado por la intensidad mesiánica a través de la relación entre la búsqueda de la felicidad y el derecho de los vencidos a la felicidad. Esta relación hace extender la historia hacia el sufrimiento de los vencidos, de los frustrados de la historia3.

Y pone de relieve, de otro modo, la correspondencia que hay entre el reino de lo profano y lo mesiánico, pues además de que lo profano tiene la posibilidad de la redención, también deja de dirigirse hacia una meta final, que podría interpretarse en el sentido del progreso. En otras palabras: el Reino es una referencia límite4 que disloca cualquier posibilidad de dirigirse linealmente hacia la meta.

La felicidad como meta no puede darse como lugar último a alcanzar, algo que no se puede dar en el ahora. Si se ve el impulso que dirige el orden de lo profano de manera autónoma [independiente del orden mesiánico], nos damos cuenta de que la felicidad es la meta a la que aspira la humanidad. Si la meta se lee en el sentido del progreso, que no es el caso, entonces no hay obstáculo que impida llegar a ella, pues cualquier sacrificio presente o pasado que se tenga que hacer para llegar a la meta estará justificado.

Ahora bien, si se toma en cuenta el orden mesiánico, entonces se toma en cuenta el sufrimiento; no se pasa de largo ante el sufrimiento de los vencidos, por tanto, no se sacrifican generaciones presentes para que las futuras sean felices pues “cada caso de sufrimiento, de fracaso, es un caso de injusticia y reclama el derecho a la felicidad5“.

Restitutio in integrum

Ahora bien, Benjamin menciona que la felicidad es una restitutio in integrum mundana, que corresponde a la “eternidad de una decadencia6“. Esto quiere decir que a pesar de que se piensa la historia como un tránsito fugaz que se dirige a su ocaso, justo en la fugacidad se encuentra su naturaleza mesiánica. La felicidad “en su totalidad pasajera” lleva el ritmo de una naturaleza mesiánica “eterna y total” que refiere a su fugacidad. La fugacidad es un instante y en el instante se puede hacer estallar la historia y hacer posible la redención7.

Por otro lado, la restitutio refiere a resarcir por completo el daño. Desde el punto de vista sagrado tiene que ver con el retorno al origen. Pero, este retorno no es idéntico, es decir, no es una vuelta al origen tal cual, sino con tintes de lo actual, con tintes utópicos de lo que debiera ser. Desde el punto de vista profano, esta restitutio apunta hacia la “reparación” en los límites de lo mundano: la historia. La reparación incluye el acontecer histórico en el cual se actualiza su posibilidad. Por ello es que los términos “eterno y total” parecieran querer decir que esta restitutio se puede dar en la fugacidad, si se logra totalizar y eternizar en un instante.

La felicidad, entonces, tiene una referencia directa con un dirigirse hacia delante, hacia las generaciones futuras; sin embargo, Benjamin apunta que si ha de ponerse en consonancia con la redención, con la intensidad mesiánica, entonces tiene que extenderse a toda la temporalidad, es decir, hacia el pasado también. El instante eterno del que está compuesta la naturaleza, que es mesiánica, en su ser efímero y fugaz guarda la posibilidad del acontecer de la redención y la extensión de la felicidad hacia toda la historia, tanto de vivos como muertos8.

Notas

[1] Esta es una parte del fragmento que se presta a mucha confusión, pues según las traducciones de Ábada y de Taurus se puede entender que lo terreno encuentra su propia decadencia en la felicidad. Lo que querría decir que la destrucción, decadencia, ruina (posibles traducciones del término Untergang) se dan en la felicidad. La felicidad sería este estado en el que se encuentra la muerte, la decadencia y destrucción del mundo de lo profano. Esto sería contradictorio con lo que se entiende por felicidad, como ese estado de plenitud y completud de todo.

En la traducción de Ábada se dice: “Pues en la felicidad, todo lo terreno se dirige a su propio ocaso, que solo en la felicidad puede encontrar […]”. (Benjamin, 2007, p. 207). En la traducción de Taurus se dice: “En la felicidad aspira a su decadencia todo lo terreno, y solo en la felicidad le está destinado encontrarla.” (Benjamin, 1989, p. 194). El texto en alemán dice: Denn im Glück erstrebt alles Irdische Seine Untergang, nur im Glück aber ist ihm der Untergang zu finden bestimmt. (Benjamin, 1991, 204). Me parece que el texto hace referencia a que la felicidad está relacionada con la decadencia de lo terreno entendida como fugacidad, lo cual está más cercano a lo que se presenta en esta lectura. La felicidad es fugaz y toca con lo mesiánico a través de esa misma fugacidad.

Esta interpretación encuentra una sutileza en la traducción que reza así: “Puesto que todo lo terreno aspira a su decadencia (Untergang) en la felicidad, solamente en la felicidad le está destinado [a lo terreno] encontrarla [la decadencia].”

[2]“Mientras que la inmediata intensidad mesiánica del corazón, de cada hombre interior, pasa por la desgracia en el sentido del sufrimiento.” (Benjamin, 1989, p. 194)

[3] Esta lectura va acompañada con lo que Reyes Mate plantea en “Atrasar o adelantar el final” sin embargo, se separa de ella cuando se dice que la frustración pertenece exclusivamente a los muertos, pues tienen frustrada la posibilidad de la felicidad porque ya no pueden realizarla en este mundo. “[…] mientras los vivos se plantean esperanzadamente la felicidad, los muertos la tienen frustrada, pero la esperanza y la frustración se refieren al mismo deseo de felicidad. Lo que hace el orden mesiánico es descubrir en esa frustración un sufrimiento, una desgracia, que él [Benjamin] interpreta como derecho a la felicidad. (Reyes Mate Zamora, 2006, pp. 27-64).

Me parece que la frustración se extiende a todo lo profano, a toda la naturaleza, pues comparten la fugacidad y la muerte. La idea de felicidad como aspiración a la permanencia no se da para nada en la naturaleza. Tanto vivos como muertos comparten esta condición en la que la posibilidad de la felicidad dura un instante y muere todo el tiempo junto con ellos. Quizá la lectura puede profundizarse cuando se complementa con las Tesis Sobre el concepto de historia, pues la importancia que toma ahí la rememoración y el pasado hacen que la historia de los vencidos y de los muertos tengan relevancia al momento de hablar de felicidad.

[4] Puede entenderse esto en los términos del final del tiempo que marca la apocalíptica. Esta ve la existencia finita desde el final, es decir, se tiene en cuenta el vencimiento. No hay tiempo que transcurra hacia un fin determinado, esperado o un tiempo que no termina nunca cuyo fin es postergable indefinidamente. Hay un final que adviene. Este tomar en cuenta el final hace referencia a tomar en cuenta la llegada del Reino. Cfr. Reyes Mate Zamora, 2006, pp. 27-64

[5] Este planteamiento estaría en contra del que ve el sufrimiento y la desgracia como algo natural, como ley inexorable de la naturaleza, ley que se expresa en la “caducidad de la naturaleza”, entendida radicalmente como muerte. La vida es el lugar del conflicto, la miseria, la injusticia, el fracaso. Cfr. Reyes Mate Zamora, 2006, pp. 27-64.

Además, está en consonancia con las Tesis en las que se menciona que se debe tomar en cuenta el sufrimiento y la desgracia no solo de las generaciones presentes frente a las futuras, sino de las generaciones pasadas con las que debe haber una solidaridad inescrutable: “Si hay una generación que debe saberlo, esa es la nuestra: lo que podemos esperar de los que vendrán no es que nos agradezcan por nuestras grandes acciones, sino que se acuerden de nosotros, que fuimos abatidos. La revolución rusa sabía de esto.

La consigna “¡Ninguna gloria para el vencedor, ninguna compasión para el vencido!” es radical porque expresa una solidaridad que es mayor con los hermanos muertos que con los herederos.” “Tesis XII, Nota 6”. En Benjamin, 2005, p. 26.

[6] “A la restitutio in integrum del orden espiritual, que introduce a la inmortalidad, corresponde otra de orden mundano que lleva a la eternidad de una decadencia, y el ritmo de esa mundaneidad que es eternamente fugaz, que es fugaz en su totalidad, que lo es en su totalidad tanto espacial como temporal, el ritmo de la naturaleza mesiánica, es la felicidad”. Benjamin, 1989, 194.

[7] El instante desaparece y se renueva todo el tiempo. Esto hace pensar en la influencia de Rosenzweig en la concepción benjaminiana del tiempo. El Jetztzeit puede ser leído como una condensación en el instante de los tiempos pasado, presente y futuro. La idea de fugacidad refiere también a algo que pasa, que desaparece; sin embargo, no se renueva, queda en el pasado. El Jetztzeit justamente tiene la posibilidad mesiánica de que lo fugaz no sea algo irremediablemente pasado, sino un instante con posibilidad de reparación.

[8] Más adelante se hablará otra vez de la felicidad con relación a la memoria.

Bibliografía

Benjamin, W. (1989) “Fragmento teológico-político”. En Discursos interrumpidos I. Filosofía del arte y de la historia. Buenos Aires: Taurus.

Benjamin, Walter, (1991) “Theologisch-politisches Fragment”. En Gesammelte Schriften (G.S.), band II, 1 (geschichtsphilosophische Studien). Frankfurt, Suhrkamp Verlag.

Benjamin, W. (2007) “Fragmento teológico-político”. En Benjamin, W., Obras. Libro II/vol. 1. Madrid: Abada.

Benjamin, W. (2005) Tesis sobre el concepto de historia y otros fragmentos. México: Contrahistorias.

Reyes Mate Zamora, J.A. (2006) “Retrasar o acelerar el final. Occidente y sus teologías políticas”. En Reyes Mate Zamora, José A., Nuevas teologías políticas. Pablo de Tarso en la construcción de Occidente. México: Anthropos.

Imagen | Wikipedia

Cite este artículo (APA): Téllez, E. (2023, 02 de octubre). El lenguaje mesiánico de Walter Benjamin. Explorando el “Fragmento teológico-político”. Parte 3 de 4. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/10/fragmento-teologico-politico-walter-benjamin
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por Erika Tellez

Lic. en Filosofía (UCSJ) y egresada de la Maestría con especialidad en Estética (UNAM). Actualmente, docente en el Centro Universitario de Integración Humanística y en el Diplomado de Historia del Arte de la Universidad Anahuac. También, colabora en la Editorial Progreso como autora, revisora en el área de libros de texto de Bachillerato.

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