Este es un texto que he tenido que dividir en dos partes para que pueda ser digerible. Vamos a hablar de marcos, elefantes, Nenetsia, palabras, árboles, de batallas culturales, de memes y su relación la radicalización juvenil en torno a ideas reaccionarias. El objetivo real de estos artículos es hablar del concepto de “Guerra Cultural” y hacer una pequeña reflexión sobre como se está librando en algunas zonas de Internet.

Por favor,
no pienses en un elefante

Voy a repetir lo que aparece en el título de la sección: por favor, no pienses en un elefante. Es muy importante que no lo hagas. ¿Has conseguido no pensar en un elefante? Lo más probable es que no, y eso ocurre porque estoy evocando un marco. Pero no como los que sujetan las fotos de la comunión de tu primo en el pasillo de la casa de tu abuela. George Lakoff —de quien he sacado este pequeño juego— nos explica:

Los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo. Como consecuencia de ello, conforman las metas que nos proponemos, los planes que hacemos, nuestra manera de actuar y aquello que cuenta como el resultado bueno o malo de nuestras acciones.

Lakoff, G. (2007 [2004]). No pienses en un elefante: lenguaje y debate político (Primera ed.). Madrid: Editorial Complutense S.A.

En este caso, la palabra elefante nos hace pensar en un animal grande, con unas orejas que cuelgan y una trompa larga. Habrá alguno que se habrá imaginado un circo también, porque la palabra “elefante”, en ocasiones, está unida a la idea de “circo”1 —cortesía de películas como Dumbo—. Por otra parte, a otras personas les habrá venido a la mente la India, Sudán del Sur, la sabana botsuana o la travesía por los Alpes de Aníbal, por ejemplo. Digamos que la palabra “elefante” nos hace pensar en el animal en sí, pero también en cosas o elementos asociados a él.

Este ha sido un ejemplo “divertido”, pero los marcos comunicativos pueden tener aplicaciones más serias. ¿Qué te viene a la cabeza si comenzamos a hablar de “alivio fiscal”? Esta es una expresión que todo el mundo ha escuchado en alguna tertulia, debate electoral o mitin político.

Pensemos en el enmarcado de alivio. Para que se produzca un alivio, ha tenido que haberle ocurrido a alguien antes algo adverso, un tipo de desgracia, y ha tenido que haber también alguien capaz de aliviar esa desgracia, y que, por tanto, viene a ser un héroe. Pero si hay gentes que intentan parar al héroe, esas gentes se convierten en villanos porque tratan de impedir el alivio. Cuando a la palabra fiscal se le añade alivio, el resultado es una metáfora: los impuestos son una desgracia; la persona que los suprime es un héroe, y quienquiera que intente frenarlo es un mal tipo. Esto es un marco. Se construye con ideas como desgracia y héroe.

Lakoff, G. (2007 [2004]). No pienses en un elefante: lenguaje y debate político (Primera ed.). Madrid: Editorial Complutense S.A.

Díez García y Laraña aplican este concepto al estudio sobre movimientos sociales y acción colectiva. Ellos lo definen así:

Un marco de referencia es un “esquema interpretativo que simplifica y condensa el ‘mundo exterior’ al señalar y codificar selectivamente los objetos, situaciones, acontecimientos, acontecimientos, experiencias y acciones que se han producido en el entorno presente o pasado de cada individuo”. Los marcos de la acción colectiva no solo destacan ciertos aspectos de la realidad, sino también actúan como base para la atribución y articulación de significados.

Díez García, R., & Laraña, E. (2017). Democracia, dignidad y movimientos sociales. El surgimiento de la cultura cívica y la irrupción de los «indignados» en la vida pública. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, pág. 88.

Si lo anterior no ha quedado claro todavía, no pasa nada, porque no he terminado con este tema. Esta era una simple introducción. Vamos a dejar los marcos aparcados un ratito, y luego recuperamos el hilo.

La función representativa
del lenguaje

El ser humano debe procesarlo absolutamente todo. Somos un animal que nace con poquísimos instintos básicos, por lo que el significado del mundo debe ser adquirido social y culturalmente. En otras palabras: no venimos con una “configuración predeterminada de fábrica” —como el resto de animales— y, por eso, nos vemos obligados a ajustar nuestra forma de relacionarnos con el mundo “manualmente”. “El ser humano en proceso de desarrollo se interrelaciona no solo con un ambiente natural determinado, sino también con un orden cultural y social específico mediatizado para él por los otros significantes a cuyo cargo se halla”2. Procesamos nuestro entorno de forma sociocultural.

Esto implica que para que algo exista debe ser percibido primero. A priori parece absurdo: el ordenador en el que estoy escribiendo este artículo estará ahí aunque yo no lo vea, de la misma forma que Nenetsia existe aunque nunca haya puesto un pie allí. Hablando de Nenetsia. Lector, ¿tú sabías que existía? ¿Me sabrías decir dónde está? ¿Y Kandahar? ¿Y Butembo? Nenetsia es un distrito autónomo ruso, Kandahar es una ciudad en Afganistán y Butembo está en la República Democrática del Congo, al este del Lago Eduardo y al norte del Parque Nacional de Virunga. Son una región y dos ciudades que, “objetivamente” existen, pero no para ti —a no ser que las conocieses de antemano—. Si un árbol cae en un bosque, pero no hay nadie que escuche el ruido que hace la madera al quebrarse, no se ha caído. La realidad, para existir, debe ser percibida y conocida.

Por ese motivo, los fenómenos sociales, culturales o, incluso, naturales deben estar ligados a una palabra. Representan la realidad —actúan en su nombre— dentro de nuestra cabeza. No podríamos hablar de un elefante si no tuviésemos la palabra “elefante” disponible. Nuestra percepción es nuestra realidad, y no es ni objetiva ni omnipresente. Por ese motivo, todo lo que no hemos descubierto, simplemente, no existe. Nuestra realidad es subjetiva porque solo podemos verla desde nuestro punto de vista.

Palabras y conceptos3

Sigamos profundizando. Representar puede significar dos cosas:

Describir algo o dibujarlo: llamarlo a la mente mediante una descripción, un retrato, o imaginación4.

Simbolizar: es decir, sustituir.

En el primer caso, objetos, lugares, personas, eventos, conceptos abstractos —como muerte, guerra, paz o vida— y cosas imaginarias, que no hemos visto —como sirenas, ángeles o dragones—, se correlacionan con conceptos en nuestra cabeza. De nuevo, si no llevásemos a cabo este proceso mental, no podríamos interpretar nuestro entorno.

Hemos llamado a esto un ‘sistema de representación.’ Esto porque consiste no en conceptos individuales, sino en diferentes modos de organizar, agrupar, arreglar y clasificar conceptos, y de establecer relaciones complejas entre ellos. Por ejemplo, usamos los principios de semejanza y diferencia para establecer relaciones entre conceptos o para distinguirlos unos de otros. […] Este mezclar y aparear relaciones entre conceptos para formar ideas complejas y pensamientos es posible porque nuestros conceptos están organizados dentro de diferentes sistemas clasificatorios.

Hall, S. (1997). El Trabajo de la Representación. In Representation: Cultural Representations and Signifying Practices (E. Sevilla Casas, Trans.). Londres: Sage Publications. Págs. 4-5.

Nuestros mapas conceptuales —con los que manejamos las relaciones entre conceptos y nos permiten unir “elefante” a “Alpes” y a “Aníbal”— deben ser compartidos para permitir una comunicación exitosa.

El segundo caso, hablamos de signos. De las palabras que nos permiten tener un mapa conceptual compartido. El primer modelo de representación se realiza a través de este nivel. Es decir, podemos evocar el concepto de, por ejemplo, “elefante”. Sin embargo, para poder hablar de ello con otras personas debemos compartir el mismo lenguaje: si yo en este texto en vez de hablar de este animal utilizando las letras correspondientes al castellano en orden (“E” “L” “F” “A” “N” “T” “E”) y lo hiciese de forma desordenada (“F” “E” “N” “A” “L” “T” “E”), o en otro idioma (“ελέφαντας”), nadie entendería lo que estoy escribiendo.

En el corazón del proceso de sentido dentro de la cultura hay, por tanto, dos ‘sistemas relacionados de representación’. El primero nos permite dar sentido al mundo mediante la construcción de un conjunto de correspondencias o una cadena de equivalencias entre las cosas —gente, objetos, eventos, ideas abstractas, etc.— y nuestro sistema de conceptos, o mapas conceptuales. El segundo depende de la construcción de un conjunto de correspondencias entre nuestro mapa conceptual y un conjunto de signos, organizados o arreglados en varios lenguajes que están por, o representan esos conceptos. La relación entre las ‘cosas’, conceptos y signos está en el corazón de la producción de sentido dentro de un lenguaje. El proceso que vincula estos tres elementos y los convierte en un conjunto es lo que denominamos ‘representaciones.’

Hall, S. (1997). El Trabajo de la Representación. In Representation: Cultural Representations and Signifying Practices (E. Sevilla Casas, Trans.). Londres: Sage Publications. Pág. 6.

Los marcos
y la representación

Bien, ¿y cómo afectan los marcos a este fenómeno? Vamos a recuperar la cita de Lakoff sobre alivio fiscal que he incluido anteriormente:

Pensemos en el enmarcado de alivio. Para que se produzca un alivio, ha tenido que haberle ocurrido a alguien antes algo adverso, un tipo de desgracia, y ha tenido que haber también alguien capaz de aliviar esa desgracia, y que, por tanto, viene a ser un héroe. Pero si hay gentes que intentan parar al héroe, esas gentes se convierten en villanos porque tratan de impedir el alivio. Cuando a la palabra fiscal se le añade alivio, el resultado es una metáfora: los impuestos son una desgracia; la persona que los suprime es un héroe, y quienquiera que intente frenarlo es un mal tipo. Esto es un marco. Se construye con ideas como desgracia y héroe.

Lakoff, G. (2007 [2004]). No pienses en un elefante: lenguaje y debate político (Primera ed.). Madrid: Editorial Complutense S.A. Pág. 6.

Los marcos son las estructuras que nos permiten asociar significados culturales y/o sociales a palabras o conceptos determinadas. En nuestro ejemplo, el elefante es un paquidermo con orejas largas, trompa y colmillos de marfil; pero también es un animal de circo, una montura de guerra en algunas zonas del mundo, proviene de la sabana africana y de India, etc. Es decir, no solo es un animal, si no que también tiene ciertos valores culturales asociados a su nombre. Es por esto por lo que no nos resulta extraño que aparezcan elefantes en las batallas de “Alejandro Magno”, de Oliver Stone; pero sí que nos parecería raro que apareciesen en “Salvar al soldado Ryan”, de Steven Spielberg, o en “Cartas desde Iwo Jima”, de Clint Eastwood.

Todavía no hemos hablado de
memes o de extrema derecha

La alt-right utiliza herramientas como referencias de la cultura pop o memes para “normalizar” o “endulzar” ideas ultraconservadoras, anti-democráticas y reaccionarias. La analogía de la píldora roja, referencias al Señor de los Anillos, la utilización de determinadas canciones en Instagram y TikTok, la Rana Pepe, etc. La idea es apropiarse de ciertos elementos culturales y darles nuevos significados, nuevos usos. Es decir, darles un nuevo marco: cuando alguien dice hoy en día que hay que tomarse la píldora roja, sabemos que no está hablando de Matrix.

Por ejemplo, Curtis Yarvin —que se presentará adecuadamente en el siguiente artículo— habla constantemente de la batalla entre elfos (conservadores) y hobbits (progresistas) en la Guerra Cultural5:

Sabemos quiénes son los hobbits y quiénes son los elfos. Sabemos quién está arriba y quién está abajo. […] Sabemos qué quieren los elfos: vivir vidas preciosas. Sabemos qué quieren los hobbits: quieren trabajar la parrilla y criar hijos.

Queridos hobbits: solo podéis perder la guerra cultural. Incluso cuando los elfos utilizan su poder político para imponer su cultura sobre vosotros, vosotros no podéis usar poder político para imponer la cultura hobbit sobre los elfos.

Todas los procesos mentales que he descrito en los anteriores párrafos son muy utilizados en política en general. Grupos conservadores, socialdemócratas, liberales, ecologistas o feministas (entre otros), habían instrumentalizado el lenguaje y los marcos para convencer. Sin embargo, desde el comienzo de la última década, estamos siendo testigos de cómo grupos que no están ideológicamente alineados con los procesos democráticos ganan terreno y se asientan como nuevos jugadores en el tablero político mundial.

El asalto al Capitolio en EE. UU. y a la Plaza de los Tres Poderes en Brasil fueron, en parte, resultado de la manipulación de marcos realizada por estos grupos tan peligrosos a través de Internet.

Notas

[1] Lakoff, G. (2007 [2004]). No pienses en un elefante: lenguaje y debate político (Primera ed.). Madrid: Editorial Complutense S.A. Pág. 6.

[2] Berger, P. L., & Luckmann, T. (2003). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu Editores, pág. 67.

[3] Este apartado es una síntesis de Hall, S. (1997). El Trabajo de la Representación. In Representation: Cultural Representations and Signifying Practices (E. Sevilla Casas, Trans.). Londres: Sage Publications.

[4] Hall, S. (1997). El Trabajo de la Representación. In Representation: Cultural Representations and Signifying Practices (E. Sevilla Casas, Trans.). Londres: Sage Publications. Pág. 3.

[5] Yarvin, C. (2022). You can only lose the culture war. Recuperado el 1 de mayo de 2023, extraído de https://graymirror.substack.com/p/you-can-only-lose-the-culture-war

Bibliografía

Díez García, R., & Laraña, E. (2017). Democracia, dignidad y movimientos sociales. El surgimiento de la cultura cívica y la irrupción de los «indignados» en la vida pública. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.

Imagen | Hecha por el autor

Artículo de:

Olmo Infante (autor invitado):
Soy estudiante de cuarto de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid.

Cita este artículo (APA): Infante, O. (2023, 12 de noviembre). Lenguaje y guerra cultural (online). Parte 1 de 2. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/11/lenguaje-y-guerra-cultural
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por autores invitados

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