El presente artículo es una traducción de Erika Téllez del texto What is Insurrectionist Ethics? que ha sido traducido con autorización de The Philosopher como parte de la alianza de colaboración que tenemos con ellos. 

Cabe mencionar que el artículo es una entrevista con Lee A. McBride III, que habló con to Alicehank Winham (Oxford Public Philosohpy), sobre su libro y trabajo filosófico en general publicado en 2017: Ethics and Insurrection (Bloomsbury Publishing)

Datos generales: Lee A. McBride III es profesor de Filosofía en el College of Wooster. Se especializa en Filosofía Americana, Ética, Filosofía Política y Filosofía de la Racialización.

Para poner esta conversación en contexto, vale la pena aclarar algunos propósitos de los escritos del Profesor McBride alrededor sobre Ética y la Insurrección:

  • Inspirado en pensadores como Leonard Harris y la tradición de la “Ética insurreccional”, MacBride dedica su libro para aclarar términos que se usan habitualmente, tales como “racismo”, “descolonial” y “opresión”, y ponerlos a disposición de nuevos vocabularios y posibilidades de (re)imaginar y conformar futuros con menos sujeción y humillación;
  • McBride considera que su libro es un intento de articular una perspectiva ética que alinea [sus] compromisos con el naturalismo ético pragmático, el pragmatismo crítico y la “Ética Insurreccional”, construyendo un marco en torno a estos compromisos;
  • McBride argumenta en contra de aquellos filósofos profesionales de la moral y otros que excluyen las emociones “negativas“, como la ira, como respuestas justificadas a la opresión. Considera la necesidad de que los “grupos oprimidos” se hagan de un “ethos (o espíritu) insurreccional” como enfoque legítimo de la Ética en lugar de ver los “argumentos morales cuidadosamente articulados” como el único medio legítimo para la mejora social.

Alicehank Winham (ahw): Su trabajo filosófico está sorprendentemente escrito en fragmentos digeribles y en un lenguaje claro que aborda cuestiones puntuales. Estas piezas son accesibles y efectivas. ¿Cuál es el enfoque sobre la escritura filosófica que pretende compartir con los demás? ¿Qué objetivos y métodos pedagógicos tiene en mente y busca utilizar?

Lee A. McBride III (LAM): Muchas gracias por elogiar el estilo de mi escritura. No puedo decir que siempre abordo conscientemente la escritura con patrones o estilos particulares en mente. En general, lucho con ser conciso; a menudo me preocupo por no escribir suficientes palabras. Casi siempre tengo que expandir o desempacar mis pensamientos. Sin embargo, también me frustran los escritores que alargan páginas y páginas, pero no expresan nada sustancial. Por lo tanto, estoy encantado de escuchar que encuentras el estilo de mi escritura digerible y claro, accesible y efectivo.

Sin embargo, volviendo a tu pregunta, quisiera mencionar dos cosas. Primero, soy profesor. En el salón de clases, me gusta ser claro con los términos y definiciones. Normalmente, construyo concepto tras concepto tocante a una idea compleja o a hacia un conflicto tangible. Mi forma de escribir, a veces, refleja un conjunto de apuntes de conferencias. Segundo, teniendo de por medio el contrato para un libro en la mano y una editora que me apoyó muchísimo (Liza Thompson de Bloomsbury) me liberó de algunos protocolos académicos y me animó a escribir con un poco de estilo.

Ahw: ¿A qué público está dedicado “Ethics and Insurrection”?

LAM: Escribí el libro para darle voz a una perspectiva que no suele prosperar en la Filosofía profesional. Estaba escribiendo para los oprimidos -para aquellos que son colocados dentro de límites, que son restrigidos, moldeados, y confeccionados para ser subordinados al grupo dominante. Esto, por supuesto, puede manifestarse de varias maneras. En mi contexto inmediato, pienso en los Afrodescendientes negros, en los Indígenas Norteamericanos, en las mujeres, en los LGBTQ+, y aquellos considerados castas inferiores. Espero que mi trabajo hable a grupos más allá de esta lista, especialmente aquellos que no se ajustan sistemáticamente a las categorías del discurso dominante. Desde esta perspectiva, quería ofrecer a los pragmáticos una forma crítica de repensar su tradición. También quería esbozar una Filosofía nacida de la lucha, una Filosofía que comienza con las luchas de los seres corpóreos oprimidos y empobrecidos.

Ahw: ¿Su libro va más allá o se posiciona fuera de la Filosofía en las presuposiciones que hace para ayudar a cuestionar y dar forma a la misma, y qué papel debería desempeñar la Filosofía en la Ética?

LAM: Siguiendo a Leonard Harris, argumento que los valores surgen desde un lugar o perspectiva local. Aspiro a hacer Filosofía en el mundo, reconociendo la finitud humana y las limitaciones conceptuales, perceptuales y los prejuicios. Abogo por un naturalismo pragmático y crítico como desafío hacia aquellas posiciones que defienden la resignación ante agentes supernaturales, ya sea el destino, un Nous cósmico teleológico o un Redentor monoteísta. Sugiero que nosotros (como comunidades humanas, tradiciones o sociedades) debemos crear y recrear nuestros valores y normas. La transvaloración -la reevaluación de nuestros postulados, nuestros supuestos profundos e intrusos, nuestros valores estrechamente sostenidos- necesitarán suceder de forma intermitente. Pero, no debemos perder de vista la idea de que es este “nosotros” el que codifica y mantiene estas presuposiciones, valores y normas.  

Ahora, veo la utilidad de dar argumentos, intercambiar razones e intentar justificar una proposición, práctica o principio. Pero, como pluralista, como alguien que no asume un Absoluto o alguna verdad antecedente inmutable, no asumo que mi visión o la visión de mi tradición favorita se corresponderán con la Realidad. En lugar de eso, estoy sugiriendo que tendremos que construir tradiciones morales entre coaliciones y comunidades de confianza, que reflejen nuestros valores, normas e ideales. Espero que las personas con las que nos relacionamos (de manera civilizada) puedan llegar a un acuerdo sobre algunos valores y normas básicos. Con este fin, usaría la lógica deductiva formal, inferencias probatorias, alegorías inteligentes y/o narraciones para tratar de convencer a las personas, por ejemplo, de que ni el sexo percibido ni el fenotipo racial deberían impedir a los seres humanos obtener dignidades básicas, reciprocidad o acceso los recursos que hacen posible la salud corporal.

Ahw: Exploras y te involucras con varias tradiciones globales, incluyendo algunos trabajos de Abhidharma de la Filosofía Budista, y también haces referencia a influencias del naturalismo pragmático deweyano, el pragmatismo crítico lockeano y la Filosofía harrisiana originado de la lucha. Tu libro incluye ciertos términos y estructuras o argumentos que parecen fuertemente una reminiscencia de otras tradiciones. ¿Podrías compartir más sobre cómo diversas filosofías globales dieron forma consciente a algunos de los enfoques expresados en este texto y más allá de él?

LAM: Tienes razón en que me debo a varias tradiciones. Primero, tengo antecedentes sustanciales en la Filosofía Griega Antigua, y y paso una cantidad excesiva de tiempo luchando con ella, especialmente con Platón y Aristóteles. Pasé un par de años en la Claremont Graduate University (trabajando con Charles M. Young), traduciendo textos griegos y desentrañando los argumentos a medida que avanzábamos. Me cambié a un programa de doctorado en la Universidad Purdue pensando que escribiría mi tesis sobre Platón. Pero eso no iba a ser.

Segundo, estoy especializado en la tradición pragmática americana. Me siento bastante cómodo con las obras de William James, John Dewey, Jane Addams y Alain Locke (especialmente Dewey). Escribí mi tesis bajo la dirección de la feminista pragmática Charlene Haddock Seigfried. Seigfried me introdujo en el empirismo radical, me ayudó a ver las formas en que se podían utilizar enfoques filosóficos pragmáticos para contrarrestar la opresión basada en el sexo y la raza. (Nota: Erin McKenna y yo coeditamos Pragmatist Feminism and the Work of Charlene Haddock Seigfried, que se publicó en 2022).

Tercero, tengo una interés oculto en la Filosofía del Sur de Asia, especialmente de los discursos budistas tempranos y en el trabajo de Bhimrao Ramji Ambedkar. En2008, el College of Wooste nos envió a mí y a un grupo de colegas a la India como una oportunidad de desarrollo docente. Viajamos a Delhi, Haridwar, Devprayag, Agra, y Chennai.En pocas palabras, ahora imparto un curso que cubre algunas escrituras védicas, Upanishads, los primeros discursos budistas, Nyaya sutras, textos del Advaita Vedanta y finalizo con P.T. Raju, M. Gandhi y B.R. Ambedkar. Como puedes notar, me intrigan los debates en torno a la Escuela de budismo Sautrāntika, especialmente el rechazo a la jerarquía de castas, las preguntas sobre realidades (inferibles) externas a la mente y la tendencia hacia esfuerzos humanos eficaces para acabar con el sufrimiento/dukkha. Además, hay académicos, como David J. Kalupahana y John J. Holder, que han detallado las resonancias entre estas primeras perspectivas filosóficas budistas y pragmatistas.

Cuarto, tengo un profundo aprecio por Leonard Harris, Sylvia Wynter, and Kwasi Wiredu. Cada uno ha sido vital en ayudarme a comprender la complejidad de la Filosofía de los Afrodecendientes negros (o Africana). Harris, obviamente, ha sido la mayor influencia.

Quinto, definitivamente he sido influido por mujeres de color y feminismos transnacionales. María Lugones, Sylvia Wynter, Vandana Shiva, Chandra Mohanty, Leanne Betasamosake Simpson y Kristie Dotson ocupan un lugar destacado en mi pensamiento sobre la construcción de coaliciones y la filosofía decolonial.

Ahw: Hablas de tus dificultades para aceptar la Filosofía originada de la lucha de Leonard Harris (o philosophia nata ex conatu). Abrí tu libro asumiendo que inicialmente te alinearías con la propuesta harrisiana en términos generales, cuando no en detalles particulares. ¿Podrías compartir más sobre tu conflicto con la propuesta harrisiana y cómo tus compromisos y motivaciones cambiaron con el tiempo con sus ideas?

LAM: Leonard Harris fue uno de mis maestros en el programa de Doctorado en la Universidad de Purdue. Aprendí mucho de él. Sin embargo, en ese momento, pensé que la línea de pensamiento revolucionario/insurreccionista era “una locura”. Estaba, en ese momento, tratando de convencer a la gente, a través de argumentos filosóficos, de que nosotros en los Estados Unidos necesitábamos de una nueva concepción del liberalismo, de una nueva forma de concebir el individualismo. Quería que la gente se diera cuenta de que necesitamos libertades positivas; lo cual significa que la nación debería proporcionar instituciones mejores y más sólidas (económicas y educativas) para brindar a los individuos la oportunidad de convertirse en seres reflexivos y autónomos, ese tipo de seres que podrían participar en una democracia que se parezca a la democracia de Dewey como forma de vida. Pensé que esto nos encaminaría hacia una forma de liberalismo socialista. Solo podía pensar en la revolución y la insurrección como violencia, y la revolución violenta estaba fuera de los límites de la conducta aceptable. Me educaron para pensar que el discurso civil y racional dentro de parámetros democráticos era la única forma legítima de abordar la opresión y las injusticias innecesarias. Estaba atrapado dentro de un orden habitual de cosas, atrapado en suposiciones de fondo interpuestas. No pude ver los matices, la creatividad, la complejidad de la posición de Harris.

Mucho más tarde, en 2010, mientras estaba en mi primera licencia de investigación previa a la titularidad, se me concedió el tiempo y el espacio para leer y pensar. Pasé un semestre en Eugene, Oregon, leyendo y pensando sobre la Ética Insurreccional de Harris. Al principio, buscaba discernir y explicar en qué diferían mis puntos de vista de los de él. Pero cuanto más leía y escribía, más veía que la posición de Harris no era “una locura”. En resumen, su Filosofía me abrió nuevas perspectivas. En 2013, seleccioné y edité un Simposio especial sobre Ética Insurreccional, que incluía artículos de John Kaag, Jacoby Adeshei Carter, Kristie Dotson y Leonard Harris. Desde entonces, he trabajado estrechamente con Harris; le envío mis artículos y lo importuno para que me aconseje, y edité A Philosophy of Struggle: The Leonard Harris Reader, que se publicó en 2020. El tiempo que pasé trabajando con Harris para editar ese libro fue el tiempo más fructífero que jamás haya pasado haciendo Filosofía.

Ahw: Encontré intrigante la siguiente línea de su libro: “Hay que tener en cuenta que existe una suposición subyacente de que los métodos democráticos (así concebidos) han funcionado históricamente y proporcionan nuestro único camino viable a seguir”. ¿Qué métodos y formas democráticas, así como estructuras alternativas, le atraen para mitigar la opresión?

LAM: Todavía soy partidario de los ideales de la democracia. Si nuestras opciones son el gobierno de uno, el gobierno de unos pocos, el gobierno de muchos o la anarquía libre, yo optaría por el gobierno de muchos (o la democracia). Esto revela una fe en los seres humanos para pensar por sí mismos y moldear sus propias vidas hasta cierto punto, suponiendo que cada uno obtenga sólidas oportunidades educativas y económicas. Ahora bien, uno de los grandes problemas es que muchos ven a los Estados democráticos existentes como inherentemente neoliberales, codiciosos, pecuniarios y racistas. Para ser claro, no estoy defendiendo la supremacía blanca, los impulsos capitalistas, el afán adquisitivo de la democracia en Estados Unidos. Lo que pretendo es incitarnos a buscar alternativas a la hora de articular las naciones democráticas del futuro. Incitarnos a buscar formas de construir estructuras mucho más orientadas socialmente, estructuras que proporcionen libertades positivas a todos los seres humanos. Pero, por supuesto, es difícil pensar que los métodos democráticos sean liberadores mientras la imagen de la democracia se base en la supremacía blanca, el hetero patriarcado, la explotación laboral y la aceptación insensible de una gran disparidad económica.

Ahw: La Ética Insurreccionista busca “mejorar” el sufrimiento social. Se trata de un término bastante amplio que podría abarcar otras vías más estrechas y no necesariamente siempre coincidentes, como “reconciliación”, “resolución”, “recompensa” o “reparaciones”. ¿Cómo y por qué llegó a elegir el término “mejora”?

LAM: Me gusta el término “mejora“. Nos da una posición entre el optimismo y el pesimismo. El “optimismo” es la opinión de que las cosas se resolverán al final. El “pesimismo” es la opinión de que las cosas no se resolverán; las cosas terminarán mal. “Meliorismo” es la visión de que las cosas, potencialmente, podrían mejorar con un arduo esfuerzo humano, pero no hay garantías. De este modo, podemos trabajar para mejorar este o aquel contexto social. No doy por sentado que nuestros esfuerzos resolverán todos los sufrimientos o resolverán en última instancia el problema, pero deberíamos intentar mejorar las cosas, si podemos.

Ahw: Por favor, ¿podrías decir algo sobre los tipos de cualidades o rasgos de carácter que asocias con la Ética Insurreccional? ¿Cómo se compara tu interpretación (insurreccional) de la compasión y la empatía con las formas en que estos rasgos de carácter se interpretan en otras tradiciones (por ejemplo, el Budismo)?

LAM: Este es un aspecto que me atrajo de la Ética Insurreccional de Leonard Harris. Su posición ofrece rasgos de carácter como tenacidad, belicosidad, indignación y astucia como virtuosos. Estos son los tipos de rasgos de carácter necesarios para que las personas oprimidas rompan con las normas convencionales, desafíen la autoridad bajo coacción o exijan la liberación de un grupo sometido por la miseria institucionalizada y la degradación corporal. Primero, estos rasgos de carácter insurreccional parecen correr al contrario de lo que nosotros, en el canon occidental, llamamos normalmente virtudes cardinales (fe, esperanza y caritas). No intento desacreditar la capacidad de uno para demostrar prudencia, templanza, compasión y amor por la humanidad; más bien, estoy tratando de asegurarme de que las personas oprimidas aún puedan utilizar los rasgos de carácter insurreccional para luchar contra los límites y barreras que los confinan y limitan sus oportunidades. Excluir los rasgos de carácter insurreccional de los grupos oprimidos los encierra en su posición subordinada, como dóciles “espíritus de camello” que soportan peso.

Escribí un artículo sobre la ira para The Moral Psychology of Anger (editado by Myisha Cherry and Owen Flanagan). En ese ensayo, reacciono ante la posición neoestoica de Martha Nussbaum, que convierte la ira en un vestigio contraproducente de tiempos pasados. Y, en las primeras etapas de este proyecto, Owen Flanagan compartió conmigo su crítica a la ira de los demócratas ricos, industrializados, educados occidentales (WEIRD). La visión de Flanagan se basa en obras budistas como The Bodhisattva’s Way of Life de Santideva. Nussbaum y Flanagan parecen estar de acuerdo en que la ira es destructiva solamente. (Sugeriría leer el libro de Emily McRaen “Anger and the Oppressed: Indo-Tibetan Buddhist Perspectives” (en The Moral Psychology of Anger), lo que complica aún más las opiniones budistas sobre la ira a la luz de los grupos oprimidos). Pero realmente no luché en contra de la tradición budista en torno a la ira. En cambio, recurrí a Aristóteles, María Lugones y Leonard Harris; me centré en las poblaciones oprimidas y su necesidad de experimentar, marcar y responder a situaciones y condiciones opresivas a través de la ira. La ira, tal como la describo, es un rasgo de carácter insurreccional que debe desplegarse en relación con las personas adecuadas, en la cantidad adecuada, en el momento adecuado, con el objetivo correcto a la vista y de la manera correcta.

Aspiro a hacer Filosofía en el mundo, reconociendo la finitud humana y las limitaciones conceptuales y perceptuales y los prejuicios.

Notas

Conversación entre Lee A. McBride III y Andrea Pitts (en inglés) >>

Curso gratuito sobre Ética Insurreccional (en inglés) >>

Traducción:

Erika Téllez
Maestra en Filosofía con especialidad en Estética (UNAM) y Lic. en Filosofía (UCSJ). Docente en el Centro Universitario de Integración Humanística y en el Diplomado de Historia del Arte de la Universidad Anahuac. 

Imagen | Pexels

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por The Philosopher

The Philosopher es la revista de filosofía con más tiempo en circulación en el Reino Unido, publicada desde 1923. Su objetivo es publicar filosofía emocionalmente inteligente, formalmente innovadora y socialmente justa.

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