Ya lo dijo Camus en su obra magna El mito de Sísifo: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio“.

El suicidio ha sido siempre uno de los problemas filosóficos más importantes a lo largo de la historia de la filosofía. Los debates éticos sobre la permisibilidad del suicidio tienen su propia historia, desde la Antigua Grecia hasta nuestros días. Hasta el siglo XVIII, casi todos los filósofos europeos han debatido sobre el suicidio; aunque sus ideas variaban, todos ellos aceptaban el suicidio como un tema filosófico importante.

Hoy en día, la permisibilidad moral del suicidio se acepta como una importante cuestión ética aplicada. Generalmente, se centra en los problemas de la permisibilidad del suicidio y de la intervención en él. Casi en todas las épocas, los filósofos se plantearon la cuestión de si algunas condiciones de vida podían presentar una razón moralmente aceptable para decidir voluntariamente poner fin a la propia vida. Algunas respuestas al problema del suicidio son diversas, debido a los puntos de vista éticos de los filósofos.

Evolución histórica
del concepto del suicidio

El problema de la permisibilidad moral del suicidio tiene una larga historia de tradición filosófica. En algunas culturas, el suicidio se considera un acto honorable en algunas condiciones, en otras, se le achaca ser un acto impío contra la Providencia o un acto ilegal contra las leyes del Estado: por ejemplo, en algunos países orientales como China, Japón o la India, algunas formas de suicidio están socialmente aprobadas y se cometen en público con ceremonia. Las viudas hindúes o chinas que se suicidaron tras la muerte de su marido o el guerrero japonés que se hizo el hara-kiri han sido honrados públicamente por ello; por otro lado, la cultura occidental ha condenado el suicidio durante siglos. 

Así, algunos suicidios que se basan en razones específicas han recibido la aprobación del grupo donde se practican, esto nos hace ver que estamos, efectivamente, ante un problema ético-moral y no solo debe de estudiarse desde las ramas más “científicas” como la psicología o la medicina.

  1. ¿Puede el suicidio ser considerado una violación de nuestros deberes para-con Dios?

La prohibición teológica del suicidio ha sido siempre el argumento antisuicidio más fuerte a lo largo de la historia. Según todas las religiones que creen en un creador supremo, deshacerse de la propia vida es una rebelión contra nuestro creador y, por tanto, se acepta como un acto impío y como el peor de todos los pecados. Los suicidas no son enterrados con funerales religiosos y se cree que serán castigados después de la muerte por su crimen blasfemo.

Según muchos teólogos, solo Dios tiene derecho a poner fin a nuestras vidas porque somos de su propiedad, una visión cuando menos discutible.

Hume demostró que la moralidad del suicidio hay que buscarla en la naturaleza humana, no en la teología.

  1. ¿Puede el suicidio ser considerado una violación de nuestros deberes para-con la sociedad?

No solo los creyentes firmes, sino también las personas no religiosas o ateas, se oponen generalmente al suicidio. Por supuesto, sus razones para prohibir el suicidio son diferentes de las razones de las personas religiosas. Dado que estas últimas definen el suicidio como un acto impío a la providencia, las primeras lo ven como una huida de nuestras responsabilidades y deberes para con nuestra familia y nuestra sociedad. Por tanto, para justificar el suicidio, no basta con demostrar que no es un acto rebelde a la providencia o que va en contra de la voluntad de Dios. Además, tenemos que encontrar la respuesta a la pregunta de si el suicidio es una violación de nuestros deberes para con la sociedad.

Algunos filósofos argumentan contra el suicidio que es una ofensa a la sociedad. Este argumento es similar a la oposición de Aristóteles sobre el tema. En opinión de santo Tomás de Aquino, al suicidarse se causa un daño social y por eso se actúa contra la justicia.

Hume no está de acuerdo con la idea de que el suicidio es una violación a la sociedad.

Porque, cuando un hombre decide voluntariamente su muerte, y cuando se retira de la sociedad, él, ya no tiene un efecto en la sociedad. Por eso, no puede hacer ningún daño, ya que no puede hacer ningún favor. Por lo tanto, si le acusamos, no será por lo que hace. Se le acusa por lo que no hace, y nadie puede ser culpado o castigado por lo que no hace. Solo podemos condenar a alguien, en algunas situaciones, por no elegir hacer el bien, ya que tiene el poder.

Cuando muera, ya no obtendré ningún beneficio de la sociedad, por lo que dejaré de estar obligado a ella. Esto no significa que alguien que dependa de otros deba suicidarse, sino que en tal caso el suicidio está legalizado. Incluso, supongamos que no soy completamente dependiente de la sociedad, y además, ellos pueden sacar algún beneficio de mi existencia, aunque sea una verdadera carga para mí; entonces, ¿tengo que vivir?

Según Hume, puesto que nuestras obligaciones de hacer el bien son perpetuas, si tomo menos de lo que doy, no tengo por qué seguir dando.

Por ejemplo, soy un médico ordinario, la vida de nadie depende de mí, y odio mi trabajo, no obtengo ningún placer haciéndolo. ¿Estoy obligado a trabajar aunque lo que hago me haga absolutamente infeliz y depresivo? Si no tengo otra posibilidad, puede que sí. ¿Pero si hay algo más que pueda elegir? En tal caso, casi todo el mundo elegiría lo mejor para sí mismo.

Bibliografía

Camus, A. (1995). El mito de Sísifo. Alianza Editorial. (pp.15)

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): González, M. (2023, 24 de noviembre). ¿Y si...? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/11/suicidio-y-filosofia
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por Mercedes González García

Estudiante de la carrera de Filosofía y de Educación Primaria por la Universidad de León de Castilla y León, España. Apasionada de la Filosofía y de la búsqueda de respuestas de las grandes incógnitas que han planteado la raza humana por el simple hecho de existir.

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