El dogma de la Inmaculada Concepción: origen y significado

El ocho de diciembre –año con año– desde mil ochocientos cincuenta y cuatro se celebra dentro del catolicismo uno de los cuatro dogmas [verdades absolutas] de fe acerca de María, la madre de Jesús de Nazareth, aunque la festividad tiene un pasado mucho más antiguo.  

Aunque el papa Sixto IV -en 1476- instauró inicialmente la festividad a la Inmaculada Concepción de María, no fue, sino hasta unos siglos más tarde -1854- que el concepto tomó forma como parte de una doctrina de la Iglesia Católica.

Comencemos definiendo grosso modo la doctrina de la Purísima Concepción –un término que se usa como sinónimo– y la dimensión que este genera dentro de la teología católica.

El concepto es tomado de la Bula papal Inneffabilis Deus [del Dios Inefable] del papa Pío IX publicada el ocho de diciembre de 1854:

[…] la Virgen fue preservadam inmune de la mancha del pecado original, desde el primer momento de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios […] en atención a los méritos de Jesucristo […].

¿Y qué quiere decir lo anterior?

Para comprenderlo tenemos que conocer el concepto de pecado original, que es, en resumen, lo que la creencia católica define que María no tiene. Para lo anterior tomaremos la definición que brinda el Catecismo de la Iglesia Católica [CEC]: 

416: Por su pecado, Adán, -el de comer del fruto prohibido; la desobediencia a Dios- en cuanto primer hombre, perdió la santidad y la justicia originales que había recibido de dios no solamente para él, sino para todos los humanos.

417: Adán y Eva transmitieron -transmiten- a su descendencia la naturaleza humana herida por su primer pecado, privada, por tanto, de la santidad y la justicia originales. Esta privación es llamada pecado original.

Ahora, descifremos un poco mejor el dogma mariano. 

En este se dice que al momento de la creación de su alma [de María] y de la infusión de la misma en el cuerpo –animación– la creatura [la virgen María] fue preservada inmune de la herencia pecaminosa de Eva y Adán. 

Esta concepción no se refiere al acto generativo de sus padres –cuando se forma el cuerpo dentro del vientre materno– sino a la concepción pasiva –así lo define/explica la teología católica– que alude al hecho de cuando el alma es infundida –insertada– en el cuerpo humano –siguiendo este dentro del vientre-. 

Dicha pureza generó en María –continuando con la explicación de la doctrina– que el pecado no causara ningún efecto en ella, pero la ausencia de pecado original tiene un algo muy particular. 

Con el bautismo, al católico se le remueve el pecado original con el que él o ella nace. En el caso de María, la creencia dicta que el pecado heredado -tradicionalmente- por Adán no fue en ella insertado, sino que, por el contrario, le fue excluido totalmente de su naturaleza. 

Pero continuando con la definición del dogma publicado por Pío IX, la suerte que tuvo la madre del Mesías cristiano de haber nacido sin pecado alguno no la obtuvo por sí sola, sino por el singular privilegio de Dios en vista de los méritos de Cristo. 

Explico. 

La inmunidad –de pecado original– le fue dada gracias a la obra redentora de su hijo –salvador del género humano-, ya que por su naturaleza –de ella, humana– tendría que haber nacido sujeta del pecado, pero por ser la madre del nuevo Adán –una manera teológica de referirse a Jesús por ser quien redime a la humanidad– por designio divino y previo a ser co-redentora de los seres humanos fue apartada de tal tendencia [pecado].

Aunque para definir un dogma solo es necesario hacerlo bajo la potestad del papado, el pontífice, al momento de redactar la Bula, utilizó diecisiete de los diecinueve puntos de su contenido para justificar la doctrina que le había sido revelada por Dios, siendo, por tanto, que ser creída con fe firme por todos los fieles. 

En el documento expresa que existen referencias indirectas a la Inmaculada Concepción desde los principios del cristianismo, tanto en la Escritura –la Biblia– como por diferentes Padres de la Iglesia a lo largo de la historia. 

Tomemos las dos citas que de acuerdo a la Tradición hacen referencia a la doctrina mariana. La primera de ellas es conocida como el proto-evangelium [Génesis 3, 15] que dice: 

Pondré enemistad entre ti [refiriéndose a la serpiente] y la mujer, entre tu descendencia y la suya: ella te herirá en la cabeza, pero tú solo su talón.

Según la interpretación que se le da tradicionalmente al pasaje bíblico, para que exista dicha enemistad -el texto está en contexto del jardín del Edén luego de haber comido del fruto prohibido– la nueva Eva –como se interpreta a María- tendría que estar limpia de todo pecado. 

La segunda parte de la cita se refiere –según la exégesis cristiana– a Jesús [el descendiente de la mujer] quien finiquitará con la serpiente –demonio-. 

En el evangelio de Lucas, capítulo primero, versículo veintiocho, se encuentra la otra cita que justifica -no el sentido pleno, pero sí como referencia– la creencia en la concepción inmaculada de María: 

El ángel entró donde estaba María y le dijo: llena eres de gracia –en griego: chaire kecharitomene-, el Señor está contigo. 

La palabra en griego, explícitamente, es la importante de toda la cita. Hace referencia a una pureza –abundancia de– absoluta, una gratia plena sobrenatural que solo se alcanza cuando el alma está en totalidad limpia de –cualquier– mal. 

Son varios Padres de la Iglesia los que se refieren a un grado de santidad elevado por parte de la madre de Jesús. Entre los más destacados encontramos a Hipólito, Ambrosio, Irineo, Tertuliano, Cirilo, Orígenes y Justino, entre otros.

Todos ellos –y los no citados– aluden específicamente a dos características claves de la naturaleza de María: su absoluta pureza –necesaria– como progenitora del dios encarnado y su paralelismo como una segunda Eva. 

La referencia a Eva la hacen porque así como la primera pecadora fue, antes de cometer su falla, inmaculada [virgen] e incorrupta [inocente]; así era necesario que la co-partícipe de la redención tuviese las mismas características. 

Como conclusión, unos pocos datos curiosos. 

La festividad era conocida como la Concepción de María o la Concepción de santa Ana –nombre que le dan los evangelios apócrifos a la madre de María– y comenzó a celebrarse en el siglo VII dentro de los monasterios de Palestina.

Por otra parte, como mencioné al inicio, fue el papa Sixto IV quien comenzó a difundir 1476 la festividad de la Inmaculada Concepción, aunque no en la calidad de dogma. 

También Alejandro VII –papa– en la Constitución Sollicitudo omnium Ecclesiarum –Solicitud de todas las cosas de las Iglesias– se refería a la piedad antigua de los fieles que sentían que el alma de la virgen María había sido preservada de la mancha del pecado original; el documento data de 1661.

A su vez, de acuerdo al quinto punto de la Epístola Apostólica de Pío IX sobre la Inmaculada Concepción, el sucesor de Pedro refiere que sus antecesores Paulo V y Gregorio XV promulgaron documentos en donde prohibían toda doctrina contraria a la devoción iniciada por Sixto IV. 

Otra cosa más: la iglesia latina –con sede en Roma– celebra la fiesta el día ocho de diciembre, mientras que los católicos orientales –nacidos bajo la órbita cultural bizantina y griega, aunque reconocen la autoridad del pontífice romano– un día después. 

Bibliografía

Ineffabilis Deus – Espístola Apostólica de S.S. Pío IX, 8 de diciembre del 1854 – Sobre la Inmaculada Concepción. (n.d.). https://www.corazones.org/doc/ineffabilis_deus.htm

Historia del dogma de la Inmaculada Concepción. (n.d.). https://www.franciscanos.org/virgen/rambla.html

Prensa, A. (n.d.). Carta encíclica Fulgens Corona. ACI Prensa. https://www.aciprensa.com/Maria/Inmaculada/pioxii.htm

Inmaculada Concepción – Enciclopedia católica. (n.d.). https://ec.aciprensa.com/wiki/Inmaculada_Concepci%C3%B3n

Catecismo de la Iglesia Católica, Primera parte, Segunda Sección, capítulo primero, artículo primero, párrafo séptimo, 385-421. (n.d.). https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p7_sp.html#III%20El%20pecado%20original

Imagen | Tomada por el autor en el Museo Nacional del Prado.

Publicado originalmente el 08 de diciembre de 2012 en el bLog de miguE. 
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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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