Este año, 46 millones de personas han muerto de hambre1, 12 personas mueren cada día ahogados en pateras2, más de 60.000 han muerto solo en Europa por el calor extremo3 y 5200 especies se encuentran en peligro de extinción4. Es aparente, sin importar desde qué perspectiva se mire esto, que algo va mal. Ante este amargo prospecto, solo cabe culparnos a los humanos, y más concretamente, a la política.

La política, nacida para organizar al hombre y solucionar los problemas que empiezan a surgir por su coexistencia, está ahora fallándonos: es incapaz de resolver nuestros problemas. Pero, si en algún momento la política ha funcionado, ¿por qué ahora no?

La cantidad de respuestas a esta pregunta es inconcebible, pues en cada país varían las razones de su fracaso, pero es posible extrapolar una serie de causas, tanto económicas como sociales, que engloban gran parte de estos problemas.

Las causas económicas

En la Grecia arcaica, en el siglo VIII a. C., se produce un proceso que transformará para siempre la historia de la humanidad: el paso de Themis a Diké. En esta etapa, las primeras poleis se han asentado, y se consigue salir de la época oscura con la introducción de la escritura fenicia, que se usará para escribir los primeros dialectos como el jonio. Con esto, empieza a nacer un nuevo tipo de justicia, alejado de la Themis, la justicia de los dioses, arbitraria y procedente de tiempos remotos; la Diké, la justicia humana, la justicia creada por los hombres para los hombres, que busca proteger a las personas, con ejemplos como las leyes dracónicas o su reforma y ampliación por parte de Solón.  Así, conseguimos abandonar la concepción de las leyes infundadas, o eso pensábamos. Si avanzamos un par de siglos en el tiempo, hasta el siglo XVIII d. C., encontraremos el liberalismo, aún no establecido con éxito hasta las revoluciones liberales; y entre sus pensadores a Adam Smith, quien defenderá que existen ciertas leyes, no creadas por el hombre sino preexistentes, que rigen el sistema económico –ideado por el hombre– capitalista, que debe, a su vez, determinar el marco de la política. Estas leyes recibirán el nombre metafórico de la “mano invisible”5. Así, la especie humana se retracta, rechazando la Diké y apostando la estabilidad a la arbitrariedad del mercado, nuestra nueva Themis.

Sin embargo, esta mano invisible regirá aparentemente el mercado, de tal modo que los conflictos de clases amenazarán con estallar a principios del siglo XX, a lo que las democracias liberales respondieron manteniendo estas formas económicas, con consecuencias tales como la Primera Guerra Mundial, la crisis del 29, el ascenso del totalitarismo, la Segunda Guerra Mundial y el colapso definitivo que cambia el orden mundial. A raíz de esto, se hace evidente que el mercado es incapaz de autorregularse, y que hace falta un nuevo sistema para poder avanzar. Así, el movimiento obrero luchará por el cambio, pero en vez de un cambio de sistema llegará al acuerdo de implantar los derechos de segunda generación o Estado del Bienestar. Con ellos, se pretende que, a través de la intervención estatal, se protejan los derechos sociales de todos los ciudadanos, pero esta solución es frágil. Esta fragilidad se debe a que, con la muerte del movimiento obrero en los años 70, el Estado de Bienestar y la intervención estatal a favor de la igualdad social y material han decaído, llevando a lo que hoy en día se puede apreciar en un nuevo auge de la ultraderecha y las políticas liberales a nivel mundial, obviando una vez más la incompatibilidad de un mercado basado en la diferencia para traer la igualdad.

Esto nos lleva al segundo punto: la relación entre el Estado y las grandes empresas. En su régimen político ideal, kallipolis6, Platón propondrá una división de los ciudadanos en tres grupos: guardianes, los prudentes; auxiliares, los valientes; y productores, los ambiciosos. Esta distinción servirá dos propósitos: en primer lugar, la posibilidad de todos los ciudadanos de alcanzar la excelencia, cumpliendo cada uno su función conforme a su naturaleza; y en segundo lugar, la exclusión de la economía de la política. La segunda se debe a que, para los guardianes y auxiliares, se prohibirá la propiedad privada y la familia para evitar las distracciones personales y la corrupción, entregándose por completo en servicio al pueblo, mientras que los productores podrán tener familia y propiedad libremente. Con esto, Platón busca que el gobierno persiga realmente el bien común del pueblo, su felicidad, subsistencia e igualdad económica dentro de una renta mínima y máxima; relegando a un segundo plano el crecimiento económico de la polis a favor del bienestar de sus ciudadanos.

Aunque la manera de la que se implementa este sistema sea reconocida como idealista e inaplicable, incluso por el propio Platón más adelante7, su motivación, la erradicación de la corrupción y sesgo personal en la toma de decisiones es la base de toda buena política, y se puede apreciar de cierto modo en la política sueca y el Folkhemmet8. Sin embargo, en un mundo de superpotencias y países en constante competición de crecimiento económico para mantenerse relevantes en el paradigma mundial, muchas veces los intereses económicos y empresariales superan con creces la preocupación por el bienestar y la igualdad de toda la población, viendo por ejemplo que en España, un tercio de la población infantil está en riesgo de pobreza infantil9, mientras que el PIB del país sigue en aumento.

Las causas sociales

En la introducción de este texto, se mencionan millones de muertes: los ha matado el hambre, el frío, la precariedad, la destrucción de su hogar. ¿Ha sido realmente esto lo que los ha matado? No, los hemos matado tú y yo, y todos nosotros. Nuestra indiferencia, nuestra pasividad, nuestra inacción ante su muerte, nuestro egoísmo personal y antropocéntrico ha sido el causante de estas barbaries, y si no hacemos algo para cambiar, lo acabará matando todo.

Discordia, odio y contiendas. Para los sofistas: “es el hombre la medida de todas las cosas“(Protágoras)10; todo es cuestión dicotómica: desde la polis rica y pobre a la ley positiva y natural. Usando esta visión heredada de los pitagóricos, afirmarán que la justicia no existe, y que obrar injustamente nos traería, si no fuera por el castigo impuesto, tanto bien como obrar de forma justa, sino más. Con esto, justifican el gobierno como una convención que proteja los intereses de la clase (cabe destacar que incluso en las primeras sociedades griegas se distinguía entre clases sociales) dominante. Frente a esto, Sócrates propondrá11 que la justicia es un bien en sí mismo, y que la injusticia no produce mayor bien, sino beneficios inútiles en una sociedad inhóspita, plagada por la discordia, el odio y las contiendas.

Nos encontramos en una situación parecida: en las éticas más comunes hoy en día, el objetivo principal y muchas veces único es el éxito personal, y cualquier otro objetivo, incluso la justicia, queda relegado a un segundo plano. Esta mentalidad individualista, emparejada con los efectos que prevalecen en la sociedad aun tras la refutación del darwinismo socialidea que aplica el concepto darwinista de supervivencia del más fuerte a la vida en sociedad, invalidada debido a que las condiciones naturales y sociales no son iguales– nos llevan a tomar decisiones que favorecen a unos pocos, idealmente a uno mismo, sin importar las consecuencias que estas tengan para otros, con una ideología de separación y deshumanización: todos aquellos que no pertenecen a mi grupo (ya sea este un país, un grupo étnico o incluso una empresa) tendrán menos valor a la hora de tomar decisiones.

Con esta visión de lo ético en un segundo plano frente a lo provechoso, sea o no injusto, nuestra sociedad se hace cada vez más inhóspita, cada vez más fragmentada y cruel, y queda claro que debemos hacer algo: debemos reimplantar la justicia en nuestro día a día.

Sin embargo, implantar esta moral no es una tarea fácil: se necesitan clases, se necesitan profesores; y se necesita un cambio más radical: reconsiderar la finalidad real del sistema educativo. La educación ha estado sesgada durante siglos: primero bajo el control y monopolio de la Iglesia, y tras las revoluciones liberales por las nuevas Naciones-Estado, quienes la emplean para difundir y asentar los nuevos valores liberales que se deseaban implantar en el pueblo recién liberado del control de la Iglesia. Ahora, la educación busca mantenerse lejos de la política, lejos de lo social y lejos de lo cotidiano: se plantea como el sistema perfecto para divulgar los conocimientos básicos necesarios más adelante para poder elegir libremente la especialización o el trabajo que uno quiera. Sin embargo, quizá esto no sea suficiente.

Zoon Politikon

Los humanos somos, innegablemente, seres políticos, en tanto que toda nuestra vida se compone de interacciones sociales. Si esto es así, y la educación no nos prepara para nuestro futuro como seres participativos en esta sociedad, en esta política, quizá habría que alterar el sistema. El argumento general que vociferan las muchedumbres encolerizadas cada vez que se propone cualquier medida de este estilo es el siguiente: “¡no adoctrinarán a mis hijos!“. Una frase noble, protectora, pero quizá mal encaminada. Si bien es cierto que la educación no tiene el derecho de interferir en las ideologías políticas personales, se olvida que para la coexistencia son necesarias bases universales: una base ética y moral, que nos ayude a guiarnos en nuestras decisiones hacia la justicia, y una base política, que nos ayude a luchar contra el populismo y la degeneración hacia la demagogia, enseñándonos no a qué política atender, sino a hacer política, a ser capaces de participar activamente en la sociedad, a defender los intereses e ideales de cada persona desde un marco del saber, del respeto y la conciencia, a ser verdaderamente humanos, a ser excelentes, a ser humanos.

La solución

Con esto, queda claro por qué la política nos está fallando, y queda claro cómo arreglarlo: cómo promover una política hecha por todos para el bien de todos, no hecha por algunos para el bien de otros. La regulación del mercado para asegurar realmente la igualdad material de condiciones, con suficiente flexibilidad para garantizar una vida plena, la priorización del bienestar del pueblo ante el crecimiento económico constante en el mundo, ralentizando la economía hasta que esté al servicio del colectivo humano, no las minorías, pues ya se sabe desde hace decenas de siglos: “los ricos ganan más por no atender a la moral, y mantienen más por no gastar en buenos fines“; priorizar la justicia a las ganancias personales, creando una sociedad más pacífica, más feliz; y educar a las personas en todo aquello que les sea necesario no solo para un buen trabajo, sino también para una buena vida, asegurando la igualdad de condiciones y saber político de todas.

Con estos cambios existe la posibilidad de asegurar un buen presente y un buen futuro: un horizonte prometedor para el ser humano, luchando contra los problemas que arrastramos y nos asolan. Esta es la lucha, y la filosofía, la línea del frente.

Notas

[1] Informe de las Naciones Unidas: las cifras del hambre en el mundo aumentaron hasta alcanzar los 828 millones de personas en 2021. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Consultado el 16 de diciembre de 2023 https://www.fao.org/newsroom/detail/un-report-global-hunger-SOFI-2022-FAO/es

[2] Redacción. Las muertes en pateras hacia España se duplican en el 2021 hasta las 4.404. (3 de enero de 2022). La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/politica/20220103/7965868/muertes-pateras-espana-duplican-2021-4-404-personas.html

[3] Planelles, M., (10 de julio de 2023). Víctimas de la crisis climática: 61.672 muertes por calor en Europa en el tórrido verano de 2022. El País. https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2023-07-10/victimas-de-la-crisis-climatica-61672-muertes-por-calor-en-europa-en-el-torrido-verano-de-2022.html

[4] Rodríguez, H., (28 de agosto de 2023). Animales en peligro de extinción. National Geographic España. https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/grandes-reportajes/animales-peligro-extincion_12536

[5] Smith, A. (1759) La teoría de los sentimientos morales.

[6] Platón. (2020) Diálogos IV. República. Gredos

[7] Platón. (2020) Diálogos VII. Leyes. Gredos

[8] Barajas, J. (a 26 de noviembre de 2023) El Funcionario que Surgió
del Frío
. Sociología Divertida. https://sociologiadivertida.blogspot.com/2019/02/elfuncionario-que-surgio-del-frio.html

[9] Tasas de riesgo de pobreza moderada, alta y severa en España (2019), por grupos de edad (24 de julio de 2023). Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil, Gobierno de España. https://www.comisionadopobrezainfantil.gob.es/es/tasas-de-riesgo-de-pobreza-moderada-alta-y-severa-en-espana-2019-por-grupos-de-edad

[10] Melero, A. (2003) Sofistas. Testimonios y fragmentos. Gredos

[11] Jenofonte. (1993). Recuerdos De Sócrates. Económico. Banquete. Apología de Sócrates. Gredos

Bibliografía

Carrasco-Conde, A. (2021). Decir el mal. Comprender no es justificar. Galaxia Gutenberg

Navarro, V. (2015). El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias. Anagrama

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Casas, N. (2023, 27 de diciembre). La lucha. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/12/la-lucha-politica

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