¿Cuándo fue la última vez que lloraron escuchando música? ¿Cuándo fue la última vez que, escuchando música, se les erizó la piel o sintieron algo así como un hormigueo por la cabeza? Si hay algo de lo que podemos estar seguros es que la música puede conmovernos emocionalmente.

Si la música puede conmover los afectos, ¿será acaso por lo que dicen las palabras? Sabemos que no. Obras como las de Malher1 o Rachmaninoff2, en representación de la música romántica, o Brian Eno3 y Burial4, en representación de la música electrónica, prescinden de la palabra. Y sin palabra logran, de todos modos, conmovernos.

¿Se deberá a las melodías o progresiones armónicas de sus composiciones? Quizá esto aplique para Malher y Rachmaninoff, pero la música ambient de Brian Eno o el dubstep de Burial casi no trabajan con estos parámetros. ¿Por qué la música nos conmueve como nos conmueve? A continuación, en esta suerte de ensayo esbozaré algunas posibles respuestas.

¿Qué es el afecto?

Desde hace algunas décadas, en las ciencias sociales y humanidades ha surgido cierto interés por la afectividad humana. Este interés no se reduce a lo individual, sino que es, sobre todo, un interés por la emocionalización de la vida pública4. A este ya no tan nuevo cambio de perspectiva se le denominó giro afectivo.

En contexto, el giro afectivo es una reacción al giro lingüístico, al que los teóricos de los afectos acusaron de logocentrista. Así pues, de la distinción entre el discurso, del lado de lo representativo, y el afecto, del lado de lo sensorial, privilegiaron este último.

Para definir el afecto, los teóricos siguieron las lecturas deleuzianas de la filosofía de Baruch Spinoza. De este modo, en un primer momento asociaron este concepto a pulsiones o intensidades sensoriales preconscientes, no significantes y presubjetivas. Estas intensidades, es decir, los afectos, devendrían en emociones cuando son atravesadas por la subjetividad.

Pensemos en uno de los ejemplos que se encuentran al principio: un erizarse de nuestra piel. Podemos hacernos algunas preguntas: ¿Realmente no significa nada por sí mismo? ¿Acaso es una reacción enteramente presubjetiva? La verdad es que aquel modo de concebir el afecto ha quedado bastante obsoleto. Actualmente, nos encontramos en una etapa distinta del giro afectivo en la que el afecto, si bien es preconsciente, en definitiva no es presubjetivo y puede contener significado o sentido (o él mismo hacer sentido). Tanto para Hofman como para Díaz y Montes, el afecto no es una entidad enteramente autónoma, sino que hay pensamientos imbuidos de afecto y afectos de pensamiento4. Y esto es demostrable, justamente, a través de la música.

Música y afectos

Un comentario cotidiano al respecto del arte y en especial, creo yo, de la música es que pueden expresar sentimientos. No solo eso, sino que muchas veces dicho comentario es complementado con otro: el arte y la música no solo expresan sentimientos, sino que además los evocan.

El hecho de que la música puede conmovernos afectivamente ha sido señalado desde hace muchísimo tiempo: ya en el “Libro III” de La república, Platón nos advierte del poder que la música —o de lo que se consideraba música en la Antigua Grecia— tiene sobre nuestro temperamento, al punto de que incluso prohíbe ciertas escalas e instrumentos que podrían, a su juicio, alejar al buen ciudadano de la templanza. Durante el barroco musical, por otra parte, existió aquello que se conoce como Affektenlehre, traducido al español como “la teoría barroca de los afectos”. Esta consistía en pautas que establecían cómo un afecto sería evocado y representado musicalmente.

El punto es que música y afectos siempre han sido vinculados, aunque se han abordado de maneras distintas. Ahora bien, para esta ocasión quiero enfocarme en cómo la música evoca o conmueve los afectos. ¿Será a través de lo que significa, valiéndose de palabras? ¿O será más bien a partir de su estructura, de la sonoridad, de los timbres, de lo que tradicionalmente se ha llamado “parámetros secundarios”? ¿Y si “música” es algo más que solo el material sonoro?

Música, lenguaje y palabra

La discusión sobre si es posible comprender la música prescindiendo de la palabra no es nueva. Arnold Schoenberg, reconocido compositor y teórico de la música, pensaba que para llegar al sentido inmanente de un lied o canción habría que atender, sobre todo, a la dimensión sonora del mismo:

Quedó entonces de manifiesto, para mi asombro, que nunca yo podía hacer mayor justicia al poeta que cuando, guiado por mi primer contacto con el sonido del principio, adivinaba todo lo que era obvio que tenía que seguir inevitablemente de acuerdo con aquel tono.

Schoenberg, A. (1963). “La afinidad con el texto”. En El estilo y la idea. Taurus, p. 29.

En un artículo previo ya establecí que no existe cosa tal como un sentido o significado inmanente a una canción. Ahora bien, justamente por este motivo es que, aunque no creo —como Shoenberg— que exista un único sentido que parta principalmente de la dimensión sonora, sí existe un sentido posible si atendemos únicamente a esta. Del mismo modo, podría afirmar que habría otros sentidos posibles si atendemos, por ejemplo, únicamente al texto o a la relación entre el texto y lo sonoro.

No obstante, no está de más señalar que si es posible que nos conmovamos con determinadas obras musicales prescindiendo de las palabras, es porque entendemos su lógica interna. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que hay ciertos lenguajes musicales que hacen traducibles a nuestras subjetividades lo representado sonoramente.

Tal vez hace falta un ejemplo, así que acudo a Malher7 o Rachmaninoff8, excelentísimos compositores románticos. Ninguno emplea la palabra en sus sinfonías, no obstante, si nos sentimos conmovidos por sus obras, se debe a que entendemos el lenguaje musical sobre el cual componen, a saber, el de la tonalidad.

Como ocurre con el lenguaje articulado, en el que la palabra “mesa” guarda una relación arbitraria con el “objeto” mesa, pero que en tanto consenso hace posible la comunicación; existen estos consensos en cada manifestación cultural. Los románticos y tardorrománticos como Malher o Rachmaninoff, incluso el primer Schoenberg9, se desvían de ciertas convenciones de la tonalidad para dar mayor expresividad a sus obras. Si nos sentimos afectos es porque entendemos esas marcas expresivas, y si entendemos esas marcas expresivas es porque previamente dominamos la convención sobre la que dan forma a sus obras.

Otros lenguajes musicales

Ahora bien, pese a que la convención tonal sea una de las más extendidas en este lado del mundo, no quiere decir que sea el único lenguaje posible. Brian Eno publicó en 1978 el álbum Ambient 1: Music for Airports10, con el que buscó componer música de ambiente que acompañara las salas de espera de los aeropuertos.

Este álbum abrió paso a un nuevo género musical: la música ambient o ambiental. Esta se caracteriza por sus largos acordes de ataques suaves con el fin de presentar texturas sonoras que evoquen la calma. No hay funciones armónicas, no se compone sobre el ritmo, no hay motivos melódicos: el lenguaje es otro y, aun así, logra interpelarnos emocionalmente.

En el caso de Burial, productor de UK garage y dubstep, aunque tampoco se enfoca sobre lo melódico, sino lo acórdico, el ritmo y los bajos son importantes parámetros para la estructuración sus temas. En “Archangel”11, por ejemplo, la base rítmica golpea fuera de tiempo. Este desfase, que da una sensación de grooves, opera como un recurso estético más.

Tanto con Burial como con Brian Eno nos sentimos afectados no por una historia que se cuenta o por una melodía de la que esperamos un desarrollo específico según la convención tonal, sino porque es como si escucháramos una atmósfera de sonidos que remite a una atmósfera de sentimientos.

La música se siente:
más allá de lo sonoro

La música no siempre puede expresarse en palabras. No hay cosa tal como un “significado cerrado”, sino más bien un sentido, una orientación. El sentido que una composición tenga para nosotros a veces se expresa no en palabras, sino en ese hormigueo por la cabeza, en ese lagrimear sin saber por qué, en ese erizarse de nuestra piel. Como mencioné, a veces el sentido de una canción reside no en una imagen mental, sino en una simple reacción afectiva. Pero esas reacciones afectivas siempre están atravesadas por la subjetividad y, por lo tanto, por lo social12. Del sonido musical, afirmaba Levi-Strauss, la cultura posee el monopolio13.

Aunque en este artículo nos hayamos centrado sobre la afectividad humana, vale señalar que si nos sentimos afectos a ciertas músicas se debe a nuestra concepción de lo musical, al “lenguaje musical” en el que estamos inmersos. Por este motivo, Julio Mendívil decide escribir en contra de la Música y en favor de las músicas: porque para los kaluli de Papúa Nueva Guinea, la música hecha por humanos no es más que una copia imperfecta de la verdadera música, aquella que producen los pájaros en las copas de los árboles; porque para los indígenas quechua de los Andes centrales, la música yace sobre el rumor de los ríos y en otros “ruidos” de la naturaleza14; porque para quien escribe estas líneas, la música se encuentra en esos acordes texturalmente densos que, sobre el vientre, producen cierta comezón.

Notas

[1] Gustav Malher en Spotify: https://open.spotify.com/playlist/4V9UFTtYFcnYeMcb6rEZOd?si=165379a08d2a4df9

[2] Sergei Rachmaninoff en Spotify: https://open.spotify.com/intl-es/artist/0Kekt6CKSo0m5mivKcoH51?si=lPM_UnGgQJ6wHdxzO1bVBw

[3] Brian Eno en Spotify: https://open.spotify.com/intl-es/artist/7MSUfLeTdDEoZiJPDSBXgi?si=hIG_6z88QgS4Sym6FZf9wA

[4] Burial en Spotify: https://open.spotify.com/intl-es/artist/0uCCBpmg6MrPb1KY2msceF?si=t9ahGKybSHq8QO57OyxJbQ

[5] Lara, A. y Enciso Domínguez, G. (2013). “El Giro Afectivo”. Athenea Digital, 13 (3), p. 102.

[6] Díaz, C. F. y Montes, M. de los Ángeles. (2020). “Músicas populares, cognición, afectos e interpelación. Un abordaje socio-semiótico”. El oído pensante, 8 (2), p. 42.

[7] A modo de ejemplo, escuchar el cuarto movimiento de la sinfonía nro. 9: https://youtu.be/SY301g42vO8?si=OfcLRr3T1Bgoet5g

[8] A modo de ejemplo, escuchar el tercer movimiento de la sinfonía nro. 2 en mi menor, op. 27: https://youtu.be/2VPTuflr3jU?si=PF3C5JRfCbDOw6bG

[9] A modo de ejemplo, escuchar la sinfonía de cámara nro. 1, op. 9: https://youtu.be/KrNL8eVNNhM?si=0ZU4rfaayde-mDQz

[10] Escuchar Ambient 1: Music for Airpots (Brian Eno, 1978) en: https://open.spotify.com/intl-es/album/063f8Ej8rLVTz9KkjQKEMa?si=7yDpO87zRnCcx3ucvnya7w

[11] Escuchar “Archangel”, de Burial, en: https://youtu.be/afyABj8oFVI?si=elqDFNHK9erjVlUM

[12] Díaz, C. F. y Montes, M. de los Ángeles. (2020). “Músicas populares, cognición, afectos e interpelación. Un abordaje socio-semiótico”. El oído pensante, 8 (2), p. 41.

[13] Lévi-Strauss, C. (1996). “Obertura II”. En Mitológicas. Lo crudo y lo cocido. Fondo de Cultura Económica, p. 31.

[14] Mendívil, J. (2020). “En contra de la música”. En En contra de la música. Herramientas para pensar, comprender y vivir las músicas. Gourmet Musical, pp. 24-25.

Bibliografía

Díaz, C. F. y Montes, M. de los Ángeles. (2020). “Músicas populares, cognición, afectos e interpelación. Un abordaje socio-semiótico”. El oído pensante, 8 (2), pp. 38-64. https://doi.org/10.34096/oidopensante.v8n2.8058

Hofman, A. (2015). “The affective turn in ethnomusicology”. Muzikologija, 18, pp. 35-55. https://doi.org/10.2298/MUZ1518035H

Lara, A. y Enciso Domínguez, G. (2013). “El Giro Afectivo”. Athenea Digital, 13 (3), pp. 101-119. http://dx.doi.org/10.5565/rev/athenead/v13n3.1060

Lévi-Strauss, C. (1996). “Obertura II”. En Mitológicas. Lo crudo y lo cocido. Fondo de Cultura Económica, pp. 23-40.

Mendívil, J. (2020). “En contra de la música”. En En contra de la música. Herramientas para pensar, comprender y vivir las músicas. Gourmet Musical, pp. 24-27.

Platón. (1994). “Libro III”. En La república [trad. Pabón, J. M. y Fernández-Galiano, M.]. Alianza, pp. 152-206.

Schoenberg, A. (1963). “La afinidad con el texto”. En El estilo y la idea. Taurus, pp. 25-31.

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Cita este artículo (APA): Yzaguirre, A. (2023, 17 de diciembre). La música se siente: sobre música y afectividad. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/12/la-musica-se-siente
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