La idea del cogito es una idea verdaderamente revolucionaria a favor del conocimiento humano y, por ende, de la humanidad misma. El filósofo francés, René Descartes, lanzó al mundo una frase que cambió el rumbo de la historia de la humanidad: “Pienso, luego existo”. Seguramente, muchos de nosotros la hemos escuchado en muchos momentos de nuestra vida: en el instituto, en redes sociales, a algunos de nuestros familiares… pero, no éramos conscientes de la gran fuerza revolucionaria que presenta, y eso es, precisamente, lo que vamos a poder desentrañar en este ensayo.

El cogito es el punto de partida para la conformación de la filosofía cartesiana, a través de él, toda la filosofía de Descartes se sostiene. Es el punto de arranque de todo un sistema. El propósito de Descartes era encontrar una verdad inamovible, sentar las bases de la filosofía a través de una certeza absoluta, para poder combatir a los escépticos, que no creían en ninguna verdad absoluta, sino únicamente en la duda. Por lo tanto, René Descartes se propuso combatir la duda escéptica buscando una verdad de la que sea imposible dudar, y para ello empleó el Método. A mediados del siglo XVI comenzó a sentirse la necesidad de un orden en la filosofía y teología, donde, ambas sean disciplinas y posean métodos de estudio, por ello mismo; Descartes hizo uso del Método en su filosofía.

El método cartesiano es un método estrictamente racional, en el cual, el principal propósito es la búsqueda de una idea que se vislumbre al entendimiento como clara y distinta. La filosofía cartesiana es una filosofía puramente racional, y este es un punto muy importante para comprender todo el sistema cartesiano. Para la búsqueda de una idea clara y distinta, Descartes solo quiere hacer uso de su entendimiento, precisamente porque es el que se encuentra libre de error, muy al contrario de lo que surge con nuestros sentidos y con el exterior. Nuestros sentidos pueden engañarnos, el mundo exterior puede llevarnos al error, también nuestra imaginación puede jugarnos una mala pasada, porque lo que vivimos bajo el dominio de los sentidos lo hemos adquirido mediante prejuicios y es necesario deshacerse de esos prejuicios para poder hacernos cargo de una idea clara y distinta.

Descartes no parte de la experiencia sensible. Para preservarse del error y llegar a la verdad solamente confía en el uso puro de su razón recluida dentro de sí misma, funcionando a puertas cerradas, desconectada de todo contacto con el mundo de la experiencia sensible, a fin de que pueda hacer rigurosamente sus deducciones partiendo de las ideas claras y distintas1

La duda es el instrumento principal para la búsqueda de una idea clara y distinta, ella misma no funciona como un fin, sino como un medio para llegar a la verdad, y a través de ella, el filósofo desecha todo lo que le lleva al error, por ello mismo, el método se vuelve puramente racional.

 “Pienso, luego existo”, en francés “Cogito ergo sum”, es el resultado de la duda. Este enunciado resiste ante cualquier duda escéptica. Esta primera verdad nos muestra que podemos dudar de todo, absolutamente de todo, menos de nuestra existencia, por el hecho de la actividad de mi pensamiento.

Es posible que sean falsas las cosas que pienso, e incluso que no existan. Pero es absolutamente cierto y verdadero el hecho de que yo las pienso y los diversos actos con que las pienso2.

Toda actividad lleva consigo el acto de pensar, por lo tanto, el cogito se muestra como la primera verdad que se encuentra por encima de toda duda, la conciencia individual es resistente ante cualquier duda escéptica. A partir de aquí, el cogito será tomado como el punto de partida para deducir toda la filosofía cartesiana. Descartes toma al cogito como la base de toda su filosofía, y de este mismo llega a la existencia de Dios, y después, a la del mundo, por ello, su filosofía es un acto totalmente interior, todo el mecanismo surge interiormente en su conciencia, de alguna manera la realidad queda en un segundo plano, ya que parte de la idea para llegar a la realidad, por lo tanto, la actividad de la búsqueda es una actividad puramente introspectiva.

Una vez afirmada su existencia, debe afirmar la existencia de Dios. ¿Cómo deduce la existencia de Dios desde la existencia de su cogito? A través de una idea clara y distinta, encuentra en su propio entendimiento una serie de ideas, que se le presentan de manera clara, tales son las ideas de lo infinito, perfecto, inmutable e independiente. Todos estos atributos que vislumbran en su entendimiento no pueden corresponder a él, precisamente por la naturaleza de las ideas que se le presentan. La idea de lo perfecto y de lo infinito, es claro que no puede pertenecer a él, ya que, es finito e imperfecto, por lo tanto, si el cogito vislumbra estas ideas como claras y distintas, necesariamente, alguien ha tenido que implantar esas ideas, pero no cualquiera, sino alguien de una naturaleza mucho más perfecta que la naturaleza humana, y ese alguien es Dios. No hay nada en el mundo exterior que pueda contener estos mismos atributos y si tampoco el propio autor puede identificarlos como suyos propios, es claro que debemos de afirmar la existencia de Dios.

Otra razón para afirmar su existencia es asumir que lo más perfecto no puede ser creado por lo imperfecto, debe ser al contario, lo más imperfecto debe provenir, necesariamente, de lo perfecto:

Debe de haber por lo menos tanta realidad en la causa eficiente y total como en su efecto: ¿De dónde puede sacar el efecto su realidad, si no es de la causa? ¿Y cómo podría comunicársela, si no la tuviera ella misma?3

Aunque tengamos conocimiento de ideas tan elevadas en el cogito, no podemos comprender las ideas de lo infinito y perfecto, porque sería imposible pensar que una “cosa” finita e imperfecta puede llegar a comprender lo perfecto y lo infinito, y precisamente, esta relación entre saber/comprender es clave en la filosofía cartesiana. Los atributos de Dios no podemos comprenderlos, por ende, no podemos comprender a Dios mismo, sino solo tener un conocimiento:

Aunque yo no comprenda lo infinito, o, aunque haya en Dios, innumerables cosas que no pueda yo entender, y ni siquiera alcanzar con mi pensamiento: pues es propio de la naturaleza de lo infinito que yo, siendo finito, no pueda comprenderlo4.

Tal y como dije al principio, Descartes comienza toda su filosofía a partir del cogito, para afirmar su existencia, y posteriormente, afirmar la existencia de Dios. Este acto es el verdaderamente revolucionario, y el cual, marca un antes y un después, no solo en la filosofía, sino en el curso de la historia. La metafísica tradicional se regía por un orden específico, el cual, era usado por la escolástica. Por un lado, la metaphysica generalis que comenzaba por Dios, ya que, él es el creador supremo de todo, y es el ente más perfecto de todos los demás. Una vez mostrada la naturaleza de Dios, la Metaphysica specialis era la que trataba del hombre y del mundo, de tal manera que, Dios siempre era el primer principio, y el hombre y el mundo se subordinaban a Dios, pero lo que Descartes hace es justamente lo contrario: no comienza su metafísica a partir de Dios, sino a partir del hombre, más concretamente, del cogito.

El conocimiento es el primer principio de Descartes, por lo tanto, la metafísica, pasa a ser llamada Teoría del Conocimiento, porque la metaphysica generalis ya no conforma a Dios, sino al conocimiento, y Dios ocupa un lugar en la metaphysica generalis junto con el mundo.

El primer principio entre los <principios de la metafísica>-no será la idea de Dios, sino cierta verdad que se mostrará como inexpugnable5.

Debemos de ser conscientes de la gran revolución cartesiana que da lugar a la propiamente dicha “Edad Moderna”. Surge una ruptura con su pasado inmediato. Dios queda en un puesto subordinado, para recolocar al conocimiento como primer principio. De alguna manera, la revolución cartesiana, se basa, tal y como explica Hegel6, en pensar el pensamiento; el conocimiento ya no queda subordinado a Dios, sino que vuelve a ser independiente como principio, y así, no todo es subordinado a Dios, como sucede en la Edad Medieval, no todo depende de Dios, sino que, el conocimiento se libera de él mismo, se convierte en primer principio.

Por lo tanto, la revolución cartesiana es el impulso en el cual el sujeto se posiciona como primer principio, de tal manera que ya no se posiciona debajo de algo o apartado de, sino que es hora de implantar la autoridad máxima en el sujeto, y así, Dios queda en un segundo plano, queda relegado de su puesto privilegiado y principal, para dejar paso a eso que lleva dormido casi diez siglos, a saber, el pensamiento; y así, Descartes, nombrando al pensamiento como el primer principio indudable e irrefutable, muestra que, el primer principio, no reside en Dios, sino en el propio pensamiento.

Notas

[1] Fraile, G. (2011). Historia de la Filosofía III, Del Humanismo a la Ilustración. Biblioteca de Autores Cristianos.

[2] Ibídem.

[3] Descartes, R. (1977). Meditaciones Metafísicas. Ediciones Alfaguara.

[4] Ibídem.

[5] Lomba, P. (2012). Deus deceptor. En torno a los conceptos de potencia, trascendencia y racionalidad en la metafísica de Descartes. Logos. Anales Del Seminario de Metafísica (Universidad Complutense de Madrid, España) 45, 65-93.  httpp://dx.doi.org/10.5209/rev_ASEM.2012.v45.40407

[6] Hegel, G. (1993) (1993), Vorlesungen über die Geschichte der Philosophie: Einleitung. Orientalische Philosophie, Pág. 146. Hamburgo: Felix Meiner.

Imagen | Bing Image Creator

Cita este artículo (APA): Palero, A. (2023, 10 de diciembre). La revolución cartesiana como el comienzo de la Modernidad. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/12/que-fue-la-revolucion-cartesiana
#Edad Moderna, #filosofía, #reflexión, #René Descartes, #Teoría del conocimiento
error: Content is protected !!