El presente texto es una reflexión crítica sobre el tema de las identidades digitales, que según la postura de diferentes autores, estas se caracterizan por ser cada vez más narcisistas. Se estará tomando como punto de partida ideas propuestas por el filósofo surcoreano Byung Chul Han y dos de sus libros “No Cosas” y “La Agonía del Eros”, de igual manera se hace mención a otros autores reconocidos como Taylor, Levinas, Hegel y Kant, ya que sus teorías se consideran pertinentes en el tema. A partir de la recuperación de estas teorías se espera construir una reflexión acerca de las nuevas identidades contemporáneas.

La discusión en torno
al narcisismo digital

Cuando se analiza sobre lo que define a las identidades digitales, es posible responder con una respuesta bastante simple, aunque a modo de propuesta: narcisismo. El narcisismo es, probablemente, la característica fundamental que se encuentra dentro de la nueva identidad social digital. Byung Chul Han en su libro “La Agonía del Eros” realiza una crítica considerable a este:

Vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista […] El sujeto narcisista no puede fijar claramente sus límites. El mundo se le presenta solo como proyecciones de sí mismo. No es capaz de conocer al otro en su alteridad y de reconocerlo en esta alteridad […] Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo1.

Esta crítica al narcisismo que realiza Han cobra mayor relevancia cuando se le compara al sentido de comunidad que defienden otros autores como Charles Taylor en “La Ética de la Autenticidad” por ejemplo. Pues para Han, la identidad basada solamente en la individualidad, construida desde el narcisismo, es autodestructiva, es excesivamente individual. Resulta que para Han estas nuevas identidades son un “culto al yo”, que en este caso podrían interpretarse como un “culto al narcisismo”.  Es decir, si antes lo importante era lo colectivo, lo comunitario, hoy la autopercepción narcisista construida en el mundo digital desde lo individual lo es más. Por el contrario, para Han y para Taylor el colectivo es necesario para definirse.

Precisamente la identidad individual se ha glorificado al grado de alcanzar este culto al yo, el concepto de “alteridad” que proponen autores como Levinas se ha perdido en el mundo digital. La autopercepción es lo más importante, los sujetos ya no son capaces de reconocer valor en el otro si este no representa un beneficio para el ego propio, estas formas narcisistas de autorrealización son criticadas arduamente por Taylor en “La Ética de la autenticidad” quien sugiere que podemos alcanzar horizontes que van más allá del yo y que tengan un beneficio en la comunidad, este último punto es mucho más cercano a un sentido de comunidad tradicional, más en el mundo digital no es así.

Actualmente, en la contemporaneidad, el mundo digital es el entorno fundamental que caracteriza el desarrollo de la identidad de los sujetos. Si en el sentido tradicional la identidad era construida en el mundo material, las nuevas identidades ahora se construyen en lo digital. En el entorno digital, es uno mismo el que elige “dejarse ver”. Esta idea la proporciona Han en “No Cosas”.

Hoy la identidad la determina principalmente la información. Nos producimos a nosotros mismos en los medios digitales. Nos escenificamos a nosotros mismos. Representamos nuestra identidad2.

Retomando el punto anterior, lo crucial está en que en el presente la identidad no es materia. La identidad es información. La identidad son datos. La identidad es una simple acumulación de datos que se comparten y se mueven en la red. La analogía que propone Han es interesante, porque propone que la red es un escenario en el que nosotros elegimos “dejamos ver”. En “Infocracia” el mismo autor lo sugiere como “nosotros mismos elegimos ser vigilados”. Nos sometemos en la vigilancia, una vigilancia que ya no es panóptica, sacrificamos la libertad para mostrarnos en el entorno de los datos en donde somos medios para un fin. La identidad se construye en esta vigilancia, primero a partir del ojo propio en una percepción hiperindividualista y después a partir de la observación de los demás como fuente de reconocimiento.

Parafraseando al gran Immanuel Kant, quien en su filosofía moral propuso a lo que él llamó el imperativo del fin en sí mismo:

Obra de tal manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de tu prójimo, siempre como un fin en sí mismo y nunca como un medio para tus fines3.

Este imperativo no existe más en este sentido, en el entorno digital los sujetos no son fines en sí mismos, sino un simple medio que se utiliza para obtener validación, ego, reconocimiento. La dignidad humana no existe, cada uno es digno en la medida en la que puede promocionarse en el entorno de los datos y obtener la nueva moneda dignificamente que son los likes y los seguidores. La dignidad no tiene una existencia a priori, la dignidad se gana mostrándose, promocionándose, siendo reconocido.

Esta misma idea planteada en el párrafo anterior es también presentada por Han en “No Cosas”, quien afirma que incluso los lazos afectivos se han mercantilizado.

La vida misma adquiere forma de mercancía. Se comercializan muchas relaciones humanas. Los afectos humanos son sustituidos por likes4.

Esta idea, esta “racionalidad de mercado” está muy presente en las identidades sociales de la actualidad. Las relaciones humanas ya no son lazos profundos y significativos, son relaciones meramente mercantiles y de conveniencia. La racionalidad de mercado está profundamente impulsada por la difusión de supuestas identidades y estilos de vida que se identifican como valiosos en las redes sociales.

Las relaciones humanas no son relevantes, son una dialéctica permanente de amo y esclavo. Todos queremos ser amos, todos queremos reconocimiento del otro, estamos sumergidos en el bucle del ego y en ese bucle no somos libres, porque nos esclavizamos en la búsqueda del reconocimiento de los otros. La dialéctica propuesta por Hegel en “La Fenomenología del Espíritu” se replica ya no solo en la acción de comprar en el mercado, en los empleos o en los espacios de vigilancia panóptica. Las identidades se convierten en moneda de cambio, las relaciones humanas se convierten en un duelo a muerte por reconocimiento.

Una breve conclusión

Existen rasgos fundamentales en la identidad que según autores como Levinas, Taylor y Han son importantes (la alteridad, el otro, la comunidad) y que, sin embargo, cada vez más brillan por su ausencia. Lo que distingue a las identidades digitales, es el solipsismo, es el exceso de individualismo, y todo esto se traduce en narcisismo. Si antes la identidad la brindaba el colectivo, hoy pareciera que la identidad está otorgada por el individualismo. La construcción de la identidad se ha convertido en una cuestión meramente narcisista. Las relaciones humanas se han vuelto mercantiles, la identidad construida en el entorno es premiada por likes. La identidad está construida a partir de la autopromoción en el entorno digital, no hay sentido más allá del yo, las formas narcisistas de autorrealización que critica Taylor están presentes más que nunca.

Notas

[1] Han, Byung Chul. (2014). “La Agonía del Eros” (1.ª edición) Herder Editorial, S.L., Barcelona.

[2] Han, Byung Chul. (2021). “No cosas” Herder Editorial, S.L., Barcelona.

[3] Kant, I. (1785) “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”.

[4] Han, Byung Chul. (2021). “No cosas” Herder Editorial, S.L., Barcelona.

Bibliografía

Han, Byung Chul. (2022) “Infocracia” Herder Editorial, S.L., Barcelona.

Hegel, G. (1994). “Fenomenología del Espíritu” (1a. ed.). México: Fondo de Cultura Económica.

Taylor, Charles. (1997) “Ética de la Autenticidad” Ediciones Paidós.

Fernández, O. (2015) “Levinas y la alteridad: cinco planos” Universidad de La Rioja.

Imagen | Dall-E

Cite este artículo: Faz, E. (2024, 27 de enero). Identidad digital y narcisismo. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/01/identidad-digital-y-narcisismo

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