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Sin duda alguna la propuesta estética de Arthur Schopenhauer es una que destaca sobre las demás por su peculiar aproximación a la musicalidad. Sin embargo, para que podamos explorar su pensamiento es necesario que antes comprendamos los puntos vitales en los cuales se apoya para poder realizar su exposición. Veremos entonces que tendremos como punto de central de la filosofía de Schopenhauer la distinción kantiana entre los fenómenos y el noúmeno. El primero lo identificaría con una apariencia o ilusión, mientras que el siguiente es la realidad que se oculta detrás. Es así que el mundo que nos rodea es una apariencia, pues lo percibimos de forma individual, y además está sujeto al tiempo, espacio y causalidad. Para Kant no podemos escapar nuestra mente, es por ello que una “realidad objetiva” es imposible, no hay un objeto sin un sujeto. Entonces es quizás necesario preguntarse sobre qué ocurre con la metafísica, y si su muerte ha sido realmente anunciada.

Schopenhauer nos diría que no. Al contrario de Kant, él pensará que sí somos capaces de acceder al noúmeno. Aunque está de acuerdo con que no puede haber un objeto sin un sujeto, en su propuesta nos dirá que contamos con dos elementos vitales, la Voluntad y la representación. La primera es la cosa en sí, es Una, el impulso vital que mueve el universo. Mientras que la segunda es donde hay multiplicidad, debido a que es la objetivación de la voluntad, es un modo de ser de la vida misma. En esta objetivación la representación tiene grados diversos, que son tomados como una idea en sentido platónico: una forma o modelo eterno, que luego se individualiza y multiplica en el mundo de la representación, por obra del tiempo, del espacio y de la causalidad. Comienza en el grado más bajo, siento este las fuerzas de la naturaleza, la materia inerte, subiendo a las plantas y los animales, hasta llegar al humano. Tomemos por ejemplo nuestro propio cuerpo, tendremos dos formas de percibirlo: como un objeto entre objetos, donde podemos ver nuestras extremidades como una cosa del mundo material, como cuerpo está dentro de este mundo y sometido a su acción causal, esto será la representación. Sin embargo, también lo sentimos, pues vivimos dentro de él, sentimos su dolor, su hambre, lo podemos controlar para que se mueva a nuestro gusto, es así que el cuerpo es único, nos encontramos como sujeto cognoscente, fuera del mundo de la representación y de su causalidad, esto será la Voluntad.

Este concepto es central en su filosofía, se trata de algo más poderoso que la lógica, la razón, o el sentido moral. La voluntad de vivir (Wille zum Leben) es una fuerza constante que nos innunda, nos hace aferrarnos a la vida, y de igual forma se encuentra en la naturaleza. En ella no hay multiplicidad, y no puede medirse por espacio, tiempo o causalidad, pues solo son formas de conocer, no pertenecen a la cosa en sí que es la voluntad misma. Nosotros somos capaces de liberarnos de dichos impulsos que nos esclavizan solo a través del arte, la compasión y el ascetismo.

Aquí también entrará en juego su pesimismo filosófico, nos dirá que estamos en el peor de los mundos posibles. Existir es sufrimiento, pues todo lo que existe quiere vivir. Esta voluntad de vivir se encuentra en todos los seres, y nos causará sufrimiento en nuestro vano intento de prolongar nuestra existencia. A su vez, colocará el amor como un impulso de esta voluntad de vivir que se disfraza de algo bello para llevarnos a tener hijos, es decir, perpetuar el sufrimiento. Schopenhauer llega a compararnos incluso con los topos, criaturas que raramente ven la luz, que se la pasan en túneles oscuros, pero que, aun así, luchan con todo su ser para sobrevivir y perpetuar su especie. Hay tanto dolor debido a que hay multiplicidad, por las representaciones del mundo. Si llegamos a la consciencia de la verdad fundamental de que solo existe un Uno, no puede haber un conflicto, una vez que pasamos la ilusión nos daremos cuenta de que todos somos Uno y lo mismo.

Schopenhauer terminará su obra con la siguiente frase, que a su vez hace alusión a la negación de la voluntad:

Para aquellos en los que la voluntad se ha convertido y negado todo este mundo nuestro tan real, con todos sus soles y galaxias, es nada.

Schopenhauer, 2009, p. 475

Incluso la traductora, Pilar López de Santa María, en su nota al pie de página, nos dirá que este es el Prajna-Paramita de los budistas, el “más allá de todo conocimiento”, el punto en que no hay sujeto y objeto. Se diluye lo que percibimos como “el otro” hasta ser el “yo”. Es aquí que hemos encontrado aquí la verdad fundamental que se ha de perseguir en este sistema filosófico.

Las Artes,
del Corazón a lo Universal

Entonces, ¿cómo es que todas estas nociones son ligadas al arte en el pensamiento de Schopenhauer? Esto ocurrirá a través de su concepto de “idea”. Veremos que ella es universal, pero no es la cosa en sí, sino que se trata de la primera objetivación de la voluntad, dada de forma inmediata y adecuada, que además solo es el objeto del arte, la obra del genio, es por ello que también es una forma de conocimiento. El arte es la representación de la idea, y a través de él se llega a lo universal. Los sujetos individuales, bajo el principio de razón, pasan a ser sujetos puros del conocimiento, liberados del principio de razón que priva en el conocimiento de los fenómenos, a la manera en que ya Kant había propuesto. Cabe mencionar que en todas las artes el propósito es comunicar la idea percibida. Debido a esto, el arte cuenta con un lugar superior a la naturaleza e incluso a la realidad fenoménica, aunque cabe mencionar que las dos primeras son las referencias de la experiencia estética. 

El genio es quien se encarga se transmitir las ideas percibidas a los demás, reproduce en su obra una idea pura alejada del mundo físico, es capaz de omitir las contingencias. En este proceso deja de ser un individuo para convertirse en un sujeto puro del conocer. El artista tiene un don innato que consiste en tener ojos que captan lo esencial de las cosas, mientras que su capacidad de hacernos mirar el mundo con dichos ojos es adquirida, es identificada con la parte técnica del arte en cuestión. Es por ello que la contemplación estética es algo sumamente fuerte, un estado de elevación donde es invadido por lo sublime, pues la cadena de las necesidades de la voluntad se interrumpe porque el individuo mismo es, en cierto modo, anulado; la contemplación estética es un momento cercano al del ascético. En lo sublime el individuo se da cuenta violentamente de que él es el mundo, y que el mundo es él.

Pero para que esto ocurra en la naturaleza se necesita de una representación cuya inmensidad reduce al individuo a la nada. Y es así que la magnitud del mundo, que antes nos llenaba de ansiedad, ahora descansa en nosotros. Mientras que en las artes vamos a encontrarnos que existen divisiones que dependen en qué grado son capaces de objetivar la Voluntad:

Los Bellos Jardines. Aunque sea naturaleza, es el más limitado por su material, porque precisamente muestra una belleza que le corresponde más a lo natural o vegetal. 

La Arquitectura. La esencia de la voluntad se manifiesta en la lucha entre la gravedad y la rigidez, resalta dicho conflicto de manera compleja y clara.

La Pintura y Escultura de Animales. Son ligeramente menores a las demás pinturas o esculturas debido a que los animales cuentan solo con un carácter de especie y no uno individual.

La Pintura Histórica y la Escultura. Representan de forma directa e intuitiva la idea en la que la Voluntad alcanza el grado más alto de su objetividad plástica. El artista en su pintura o escultura intenta representar a la mano perfecta que solo existe en las ideas platónicas. Se acentúa un aspecto particular de la idea de humanidad.   

La Poesía. Tiene el propósito de revelar las ideas, los distintos grados de objetivación, y además quiere comunicarlos con el espíritu poético con el que las percibió. Aunque su instrumento es la palabra, se va a comunicar solo con conceptos abstractos.

La Tragedia. Nos permite ver en el grado más elevado de la objetivación de la Voluntad en el seno de la misma, con una claridad y unas dimensiones terribles.

Ahora hablaremos de un arte que, incluso en su exposición en la obra “El Mundo Como Voluntad y Representación” se encuentra separada de los demás, siendo declarada como el arte mayor, mientras que las otras hablan de las sombras, es ella quien nos grita la esencia.

El Mundo Ahora es
Encarnado Voluntad  

La música cuenta con un lugar central para Schopenhauer, uno imposible de negar. Ella es separada de las demás artes porque no reconocemos ninguna copia, no, es un arte tan elevado y magnífico, con un poder tan grande en el hombre, que no queda más que reconocerla como una reproducción inmediata de la Voluntad misma. Por esto mismo se encarga de expresar lo metafísico que hay en el mundo físico, la cosa en sí de todo fenómeno. Es capaz de actuar con una fuerza abrumadora en la interioridad del ser humano, este lo entiende de una manera tan compleja y profunda que realmente constituye un lenguaje universal cuya claridad supera hasta la del mundo intuitivo. Se expresa en sonidos, pero, si es que se intentara repetir los conceptos que ella nos brinda y esto se lograra exitosamente, entonces se trataría de la verdadera filosofía. Es importante recalcar que la música NO puede ser descriptiva o programática;1 es decir, no puede ser forjada con base en conceptos, ya que estaría creando una imitación de algo imperfecto.

En los tonos de la música también veremos grados de objetivación, y Schopenhauer incluso encontrará en ellos paralelismos con nuestro mundo físico. El más bajo son los más graves, que en nuestra armonía es la naturaleza inorgánica, y que además deben de ir acompañados de un tono agudo, estos pueden ser paralelos al mundo de las plantas y los animales. Y termina con el más elevado de todos: la melodía. Se trata de la voz principal que conduce a los demás, avanza libre y sin interrupciones con un único pensamiento durante toda su duración. Corresponde a la vida humana, tiene dentro de sí la vida reflexiva y la mayor aspiración de ella. En esto, por ejemplo, retomaría un poco el pensamiento anterior a él con una nueva significación, la música, si es el lenguaje del sentimiento y de la pasión. Un pequeño giro al planteamiento de Batteux, quien, al final de la etapa barroca, anunciaba a los corazones como el reino de la música, que le hablaba haciendo uso de un lenguaje universal.

Es así que el compositor revela la esencia más íntima del Universo, expresando la sabiduría más profunda en un lenguaje que su razón no comprende. Una vez más podemos analogar la variedad inagotable de las melodías posibles2 con la inagotable variedad de individuos existentes en la naturaleza. A su vez, el suprimir una tonalidad para dar paso a otra se puede ver como la muerte en nuestros términos, pues el individuo desaparece, pero la Voluntad que se encontraba dentro de este ahora se encuentra en otros, pues recordemos, hay un todo del que formamos parte.

Reivindicación: Una Melodía
ahora Encarnada Voluntad

La filosofía de Schopenhauer es una que, curiosamente, me inspira a creer en algo más grande para la vida misma. Me parece que los filósofos, a lo largo de los siglos, han colocado en un pedestal al hombre, olvidándose de sus peores defectos y de la fea realidad que existe entre los humanos. Realizan una exposición que, a mi parecer, es difícil de creer, pues pecan de ingenuidad en varias ocasiones. La vida es agonía, y ser reconocida como tal no es algo por naturaleza malo, parece incluso ser el primer paso para poder encontrar bondad.

Schopenhauer y su filosofía de la música cambian radicalmente la experiencia musical del individuo, la dimensión metafísica que le adjudica es una que me es imposible negar, pues me parece esta late con una fuerza abrumadora en las piezas instrumentales. Al pasar por esta experiencia estética de la música me encontré incapaz de ponerla en palabras, no hasta que, por azares del destino (o quizás de la voluntad), me topé con este pensador.

No puedo, sino pregonar su invitación con todas las fuerzas, permitan que la música se revele ante ustedes. El mismo filósofo nos dice que para poder aceptar dicha propuesta, si es que no sentimos con fuerza la música, debemos de escucharla constantemente, reflexionando lo expuesto anteriormente, y teniendo en nuestra mente las ideas propuestas en su obra. A mi parecer, Philip Glass y su pieza “Violin Concerto No.1” tanto como el segundo como el tercer movimiento, representan el mejor ejemplo para padecer esta experiencia “Schopenhaueriana”. Y es esta propuesta, no solo orientada a los filósofos, sino al ser humano en todas sus posibilidades, nos quiere dar una nueva visión con respecto al sentir de algo tan sublime como solo la música puede ser. No puedo, sino maravillarme ante tal acción; después de todo, ¿cómo es que nosotros, hijos del siglo XXI, a pesar de que nos hemos encontrado con este sistema dos siglos más tarde, podemos ser capaces de deshacernos en esta experiencia estética? Y me atrevo a decirlo, esta propuesta es una que cambió la forma en que experimento no solo las artes, sino la vida. Al final, como lo he dicho anteriormente, mi alma, mi individualidad, no pudo, sino deshacerse ante tal arte. El sentir de Fubini cuando se expresa de esta bellísima manera es uno que comparto sin duda alguna:

Schopenhauer representa, tal vez, la más acabada sistematización filosófica de la música conforme a los ideales románticos […] hasta hacer de ella un símbolo de las aspiraciones más sublimes del ser humano.

Fubini, 2005, p. 286

Porque sí, la vida es siempre sufrimiento. Pero esa pequeña posibilidad de la compasión, de la música y la contemplación estética, me hace creer verdaderamente que podemos ser capaces de la trascendencia. Puede que actuemos como miserables topos; aun así, ¡aun así! También somos esos horribles seres capaces de crear algo tan sublime como lo es el arte y la música. De cierta forma, así como se encargó de exponer la miseria, también trajo a la luz una innegable belleza que se encuentra en la verdad humana al ser parte de un Todo. La individualidad que valoramos tanto hoy en día parece ser algo totalmente inútil, en esta idea de ser únicos nos hemos olvidado de la existencia del otro. Vemos como algo ajeno a nosotros, a los demás seres, incluso al Universo mismo, y aunque esto nos haga terriblemente pequeños, en esa pequeñez siempre se esconderá la misma grandeza del Todo que no nos supera, sino que nos refleja la tremenda colectividad singular que somos. De esta forma, como miramos a la inmensidad del Universo, él mismo nos devolverá la mirada, inevitablemente encontrándonos, reconociéndonos. Crucificar nuestro ego, nuestra voluntad, el rendirnos a las artes y la compasión no es perdernos, sino encontrarnos.

Imagen | Unsplash

Cita esta artículo (APA): Ortiz, M. (2022). La Creación escondida entre las notas. Revista Filosofía en la Red, (3), 84–90. Recuperado a partir de https://revista.filosofiaenlared.com/index.php/espanol/article/view/11

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por Mayra Ortiz Franco

Estudiante de sexto semestre en la licenciatura de Filosofía en la Universidad de Guanajuato. Entusiasta de la estética, la música y la filosofía medieval. Integrante de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas (ReMMuF).

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