La Renta Básica Universal, una cuestión política

Vivimos en una época de cambios constantes. El capital financiero y la ideología neoliberal siguen sin cambios al frente de la crisis. El neoliberalismo no solo es una receta económica, se ha convertido en una forma de vida y sentido común para el público en general. Ha ido saturando la conciencia, rebanando los derechos, al tiempo que utiliza la competencia como nuevo principio universal, como mecanismo moderador de las relaciones sociales. Atrás quedaron las categorías de ricos o pobres, siendo ahora reemplazadas por ganadores o perdedores.

Tenemos la obligación de construir ideas que permitan una transición a otro modelo social. Ante el cambio climático, la dictadura financiera y el desempleo estructural, se deberían estar tomando medidas para abordar las causas reales de los problemas (como la reducción drástica de la jornada laboral, las políticas de decrecimiento o la renta básica universal). O logramos abrir un camino de solidaridad, o estamos destinados a que avance el salvajismo, las guerras entre los pobres y las nuevas formas de fascismo.

Como era de esperar, en un marco social de inseguridad económica, se seguirá culpando a las personas que están en situación de precariedad y a los inmigrantes, esto es, a los otros para seguir distanciándolos del nosotros. Tenemos un gran número de personas precarias e incluso se puede observar el efecto de educar a los niños de clase alta para que obedezcan al sistema con el pretexto de: “niño, si no sacas buenas notas, ya sabes lo que te espera“.

Hasta hace poco, las tres objeciones fundamentales a la Renta Básica Universal (en adelante, RBU) eran de dónde sale el dinero, si gente como Ana Botín1 piensa que es injusto y si no es una utopía.

El debate de hoy es otro. Al reflexionar sobre la viabilidad económica de la Renta Básica Universal (RBU), no podemos pasar por alto los enormes gastos en rescates bancarios, el coste de los delitos de corrupción y el impacto del fraude fiscal masivo. Estos ejemplos no solo resaltan los desafíos económicos actuales, sino que también subrayan la capacidad de movilizar recursos significativos cuando se considera necesario.

Sin embargo, el desafío de la RBU no radica únicamente en su viabilidad económica, que parece factible dada la evidencia de recursos disponibles en situaciones críticas. El verdadero reto está en el ámbito político. La implementación de la RBU requiere reformas fiscales incrementales y una reestructuración de las prioridades políticas. A pesar de que económicamente es posible financiar la RBU, carecemos del poder social y político para imponerla. Esto nos lleva a reflexionar sobre cómo las estructuras de poder actuales influyen en la toma de decisiones económicas y en la distribución de la riqueza.

Deuda o renta, banco o pueblo, austeridad o liberación, el dilema ya no es si habrá RBU, sino cuál es su posicionamiento. O se impondrán ellos, y con ello se frenarán los subsidios, una continuación de la fiesta de los ricos, o supondrá nuestra victoria, una herramienta que combina urgencia e ideales, una respuesta a la inseguridad y la pobreza, una opción encaminada a construir una sociedad más justa. Que la balanza se incline hacia un lado dependerá de la fuerza de los competidores y de sus capacidades hegemónicas.

Las rentas mínimas de inserción constituyen la principal vía de asistencialismo. En los últimos años, a la vez que la RBU ha ganado popularidad y ha ganado legitimidad social, ha habido un aumento de las rentas mínimas de inserción. En su mayor parte, son expulsados del poder como medio para contener el conflicto, y constituyen precisamente la antítesis de la RBU. Son rentas que buscan controlar y estigmatizar a los pobres.

Una renta básica tendría un efecto calmante sobre las relaciones sociales y la violencia en las grandes ciudades. Pero también plantea preguntas importantes: ¿Será visto como vergonzosamente “caritativo” o como un derecho fundamental de los ciudadanos?

Dada la cultura del trabajo heredada de la tradición calvinista, incluso muchas personas precarias parecen tener dificultades para aceptar “algo por nada“. El viejo y mal definido concepto de “dignidad” no nos permite aceptar el dinero gratis.

¿Es realmente mejor una renta básica que un ascensor social? ¿O estamos asumiendo que el viejo ascensor social no tiene reparación?

Notas

[1] Casas, T. (2023, 16 de septiembre). La Renta Básica Universal beneficia a todos excepto a Ana Botín. https://infocomun.com/opinion/la-renta-basica-universal-beneficia-a-todos-excepto-a-ana-botin

Imagen | Pexels

Cita este artículo (APA): González, N. (2024, 04 de enero). La Renta Básica Universal, una cuestión política. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/01/reflexion-renta-basica-universal

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