Para Peter Kreeft1, santo Tomás de Aquino es uno de los más grandes filósofos de la historia, entre varias razones más, porque en sus ideas coexisten entre el medievalismo y la modernidad. Aunque escrita entre 1266 y 1273, la Suma Teológica sigue resultando de gran relevancia y nos permite pensar en cuestiones de actualidad.

En el presente artículo se discute la noción de alma humana de santo Tomás. Su principal característica es la necesidad de unirse a un cuerpo para poder conocer lo divino. Esta particularidad imposibilita que la pura razón natural sea capaz de acceder a lo que él denomina la ciencia de Dios. En paralelo, existe otro modo en que el humano puede llegar a conocer lo divino: la Revelación. Esto plantea serios límites a la razón humana, lo cual, en el contexto actual, puede llevarnos a reflexionar en torno a la idea ilustrada de razón.

La naturaleza del alma humana
en Santo Tomás

Para comprender la naturaleza del alma humana que se plantea, considero que es esencial exponer la distinción entre alma y ángel que hace santo Tomás en la Suma Teológica. Esto lo hace a partir de cuestionar si ambas —alma y ángel— son o no de la misma especie. Al menos en este caso, la distinción entre especies se puede comprender tomando en cuenta que seres con operaciones naturales diferentes, son de diferentes especies

Entonces, para mostrar que alma y ángel tienen distintas operaciones naturales, santo Tomás apela a Dionisio, para quien las mentes angélicas tienen entendimientos simples y bienaventurados, de modo que no necesitan lo visible para conocer lo divino. Pero, por su parte, el alma necesita de lo sensible para conocer lo divino. En pocas palabras, podemos decir que el entendimiento del alma humana se produce por los sentidos, pero los ángeles son puramente intuitivos. Dado que el entendimiento del alma se da por los sentidos, esta se encuentra incompleta si no se une a un cuerpo2.

Siguiendo esto, en el orden de la naturaleza, para santo Tomás, el alma humana ocupa el lugar más bajo entre las sustancias intelectuales, por no serle connatural el conocimiento innato de la verdad, como ocurre con los ángeles. Al alma humana le resulta necesario desgranar la verdad a través de los sentidos y a ellos solo se accede mediante el órgano corporal. Es por ello que se precisa que el alma se una a un cuerpo, de modo que el alma no solo tiene la capacidad de entender, sino también la capacidad de sentir, a través del cuerpo.3

La ciencia de Dios
y la ciencia humana

Para santo Tomás, la ciencia humana está limitada a comprender lo sensible y lo experimentable a través de la observación y la razón, sin embargo, lo que él llama la ciencia de Dios es la causa de las cosas e incluye, no solamente, las verdades que podemos entender a través de los sentidos, sino también lo que denomina las verdades reveladas por Dios. En este aspecto, tomando en cuenta la forma en que el humano llega al conocimiento, las cosas naturales son el punto medio entre la ciencia de Dios y la ciencia humana, pues adquirimos la ciencia a partir de ellas y su causa es Dios por su ciencia.4

Cuando santo Tomás se cuestiona acerca de la inmutabilidad de la verdad, considera que esto debe analizarse con respecto al entendimiento, o sea, si existiera un entendimiento en el que no pueda darse un cambio de opinión, o al que no se le escape nada, en él la verdad es inmutable. Un entendimiento así es el divino, y en consecuencia, la verdad del entendimiento divino si es inmutable. 5

De lo anterior se sigue que, la ciencia humana, a la que se llega por medio de la razón natural, no puede llegar a una verdad inmutable, pues solamente tiene acceso a una parte de la verdad mediante lo sensible. La ciencia de Dios es accesible para la razón solo en parte, pues a lo demás solo se puede acceder mediante la revelación.

La revelación divina:
los límites de la razón natural

Siguiendo lo anterior, recordemos que, el conocimiento humano empieza por los sentidos, entonces solo puede llegar hasta donde lo lleva lo sensible, y lo sensible no puede llevar a nuestro entendimiento a ver la esencia divina, pues solamente somos —nosotros y el mundo sensible—, efectos de Dios, quien es la causa de todo. 6

Por tanto, nuestro entendimiento solamente puede adherirse a Dios a través de la gracia; por gracia santo Tomás entiende un conocimiento de Dios más perfecto que el que puede lograrse por la razón natural. Recordando que el conocimiento que tenemos a partir de la razón natural requiere dos elementos: las imágenes tomadas de lo sensible, y la “luz natural” inteligible con la cual abstraemos de lo sensible los conceptos (esto podemos relacionarlo con la idea de sustancia intelectual que se mencionó anteriormente). Ambos elementos del conocimiento humano se pueden ver ayudados por la revelación de la gracia: en tanto, la “luz natural” inteligible se fortalece con la luz de la gracia, las imágenes que se forman en la imaginación del hombre expresan mejor las cosas divinas que las imágenes que se obtienen por los sentidos, ejemplos de esto son las visiones proféticas o las voces que expresan algo divino.7

A modo de conclusión

En el pensamiento de santo Tomás, el conocimiento al que puede llegar la razón está determinado por lo sensible. Esto se ve expresado en el modo que distingue a los ángeles de las almas; en tanto, los ángeles no requieren de lo sensible para conocer la ciencia de Dios, el alma humana necesita de lo sensible y se hace necesario unirse a un cuerpo que pueda experimentarlo. Lo que santo Tomás llama la “ciencia de Dios“, incluye no solamente lo que puede entenderse a través de la razón natural, sino también el conocimiento al que se accede mediante la revelación divina. Estas dos formas de conocer, en conjunto, podrían llevar al humano a intentar acceder a la verdad divina.

En un contexto marcado por la Ilustración, donde la relación entre fe y razón fue sometida a una separación radical, que alimentó la noción de que la razón podría alcanzar todo conocimiento sin depender de algo más, la perspectiva de santo Tomás de Aquino nos ofrece una mirada más equilibrada. Reconociendo los límites de la razón humana, Tomás destaca que, aunque la razón puede alcanzar ciertas verdades, existen dimensiones de la realidad, especialmente las relacionadas con lo divino, que están más allá de su alcance. La filosofía tomista nos recuerda que la razón humana, si bien es una herramienta importante, tiene fronteras que no puede traspasar por sí sola.

Notas

[1] De Aquino, S. T. (2014). Suma teológica mínima: Los Pasajes Filosóficos Esenciales De La Summa Teológica De Santo Tomás De Aquino. Tecnos Editorial S A.

[2] Tomás de Aquino, S. (1964). Suma Teológica, Cuestión 75, Artículo 7. MADRID: Biblioteca de Autores Cristianos,

[3] Ibídem, Cuestión 76, artículo 5

[4] Ibídem, Cuestión 16, artículo 8

[5] Ibídem, Cuestión 14, artículo 8

[6] Ibídem, Cuestión 12, artículo 12

[7] Ibídem, Cuestión 12, artículo 13

Imagen | Dall-E

Cite este artículo: Nava, A. (2024, 18 de enero). Los límites de la "razón natural" en santo Tomás de Aquino. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/01/limites-razon-en-tomas-de-aquino

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por Alejandra Nava Hernández

Tesista de sociología en la UNAM. Interesada en los estudios CTS, sociología de la ciencia y de la religión.

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