Conocerse a sí mismo, ¿es posible desde la ontología?

Sócrates con la frase “conócete a ti mismo” nos plantea la posibilidad de ir más allá de nuestros sentidos, de ir en busca de lo que realmente somos. Suena a un poco de autoayuda, pero si lo analizamos o filosofamos, nos damos cuenta, de que con el simple hecho de preguntar ¿quién soy?, ¿cómo soy?, o en su caso, ¿cómo me ven los demás?, entramos en un juego, donde nosotros, como individuos, que pensamos y razonamos, tenemos la capacidad de formular dichas preguntas, pero con la diferencia de que cuando nos toca responderlas, nuestros sentidos se tornan turbios, es decir, nuestra subjetividad y objetividad se traslapan, haciendo que nuestro razonamiento sea complejo, el cual, dicho sea de paso, ya lo es. Pero con este tipo de situaciones se hace aún más, por lo cual, hace que nuestra percepción de nosotros mismos sea cambiante dependiendo las circunstancias.

Dentro de todo el corpus que compone a la filosofía hay ramas que se interesan por este tipo de preguntas ligadas a la percepción del individuo. Filosóficamente, estamos frente a lo que se conoce como “el ser”, esta pequeña palabra contiene un sinfín de connotaciones y significados, los cuales varían dependiendo la postura filosófica que le estudie. Una de estas ramas es la ontología: dicha rama se encarga de estudiar “al ser” y todo lo que este conlleva, en palabras de Manuel García Morente1:

El concepto de “ser” no es un concepto que sea definible. A la pregunta: ¿Qué es el ser?, no podemos dar ninguna contestación. En realidad, el ser no puede definirse; lo único que puede hacerse en él es señalarlo, que no es lo mismo que definirlo. Definirlo es hacerlo entrar en otro concepto más amplio; señalarlo es simplemente invitar al interlocutor a que dirija su intuición hacia un determinado sitio, en donde está el concepto del ser.

Es aquí donde la ontología define su campo de estudio. Como vemos en la cita anterior, podemos hacer un análisis ontológico, es decir, en una primera instancia, si definimos al ser como tal, no se podría, ya que carecemos de un concepto que nos diga en sí la su función o en dado caso, cuál es su significado en concreto, pero lo que sí podemos hacer es darle nosotros ese significado que nos ayude a tratar de comprender que es “el ser”. Para fines más prácticos hay que hacer una variación, donde pasemos del “que es el ser” si no: ¿quién es el ser? Esta variación “quien” en vez de “que” nos hace ver que esta segunda pregunta tiende no a definir, sino a señalar al ser, para poderlo intuir directamente y sin definición ninguna2“.

Con esta nueva propuesta de cómo entender y abordar “al ser” o “el ser”, sea cual sea nuestra manera de verlo, podemos nosotros, desde nuestra perspectiva, darle un significado, es decir: si partimos de lo antes dicho, infiero que yo como un individuo, soy ese “ser” el cual está inmerso en una realidad. Aquí “al ser” ya le estoy asignando una categoría, incluso hasta un significado, el cual es el de un humano; dicho de otro modo, yo humano soy la significación del “ser”, esto puede ser muy aventurado o incluso muy pretencioso, dado que en la filosofía el estudio del “ser” va más allá de pretensiones y verdades absolutas.

Pero realicemos este ejercicio: por un momento, asumamos el papel de ese “ser” al que se refiere la filosofía y que tanto persigue. Si consideramos al otro como un “ser” que se puede comprender y estudiar, ¿qué implicaciones o ventajas tendría para mí relacionarme con ese “ser” que se materializa y con el cual puedo entablar un diálogo y viceversa? Además, ¿qué implicaciones o ventajas tendría para la otra parte en su relación conmigo? Esto puede parecer un tanto complejo y abstracto.

El propósito de este ejercicio es reconsiderar, desde la perspectiva ontológica, si uno como individuo puede llegar a conocerse a sí mismo. En este contexto, la ontología, que se enfoca en el estudio del “ser“, me sitúa a mí como ese “ser“. Bajo esta premisa, con una comprensión adecuada de la ontología, debería ser capaz de conocerme y comprenderme a mí mismo sin dificultades. Sin embargo, esto conduce a otro problema, centrado en la interpretación de los conceptos de “conocer” y “comprender“. Estos varían según mi percepción de la realidad y mi entorno. Por tanto, es crucial entender el significado de estos conceptos para relacionarlos correctamente con la idea de que “el ser” se conoce a sí mismo.

Indudablemente, estos temas avivan los debates en favor de la filosofía. Se requiere de este tipo de preguntas y ejercicios filosóficos para mantener activa la mente humana, lo cual se traduce en una nueva vía hacia la comprensión de nuestra realidad y la manera en que interactuamos en ella. Es esencial que reconsideremos, desde una perspectiva filosófica, todos los conceptos relacionados con el ser humano. La reflexión humana debe atravesar una fase de filosofar, lo cual facilitaría una mejor comprensión de la realidad, aun siendo conscientes de que este proceso podría sumergirnos en las complejidades y desafíos de la filosofía.

Notas

[1] García, M. (1965). Lecciones preliminares de filosofía (10a. ed.). Pág. 49. Buenos Aires: Losada.

[2] Ibídem.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Mascorro, J. (2024, 14 de enero). Conocerse a sí mismo, ¿es posible desde la ontología? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/01/ontologia-conocerse-a-si-mismo

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