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Placer y dolor de una ciudad en llamas

Para la filosofía cirenaica, la vida consiste en la suma de placeres, pero ¿acaso valen todos los placeres por igual? ¿Qué queda cuando debemos salir precipitadamente de una ciudad en llamas?

La escuela Cirenaica es fundada por Aristipo, quien tuvo como maestra filosófica a su madre. Aristipo con la primera posición filosófica hedonista1, le pone a su hija por nombre areté2. La virtud no es otra cosa que reconocer e identificar aquello que produce una tendencia positiva para perseguirlo, así como reconocer e identificar aquello que produce una tendencia negativa para evitarlo. Sin embargo, el criterio de decisión sobre aquello que nos produce placer o dolor, es individual y depende de cada uno de nosotros. El objetivo de la vida, según la escuela Cirenaica, es perseguir el mayor tiempo posible aquello que nos gusta.

Aristipo distingue tres estados: placer, dolor y neutralidad. En cuanto al placer, debemos de centrarnos en aquellos que están vinculados al presente. Durarán lo que dure el presente, pues si nos centramos en aquellos placeres a largo plazo, no hará otra cosa que generarnos malestar. El placer está vinculado al cuerpo y al momento. Hay que optar por el mayor placer: no el más duradero, sino el más intenso. En cuanto al dolor, debemos atravesarlo con la mayor indiferencia posible, manteniendo la vista firme en el placer. Y por último, la neutralidad es el estado de indiferencia en el que no se da ni el placer ni el dolor.

Según los primeros cirenaicos, la felicidad es el fin último de la vida. Felicidad entendida como aquella vida en la que se ha pasado más tiempo en estado de placer que en estado de dolor o neutralidad. En este punto, la felicidad se subordina al placer, pues la felicidad depende directamente del placer para que pueda darse. Aquellos que aprendan la mecánica individual-subjetiva de la consecución de placeres y evitación de dolores, es quien puede llamarse sabio. Sabio es quien sabe de sí mismo, de su dinámica de placeres y dolores. El sabio reconoce que el dolor inevitable y se debe de transitar, así que ni en el mejor de los casos, el sabio más sabio puede pasar su existencia en estado placentero.

Hay percepciones que se nos dan como agradables y afecciones que se nos dan como desagradables: eso es lo único a lo que podemos llamar bien y mal. Entendemos aquí placer, como algo meramente corporal. Entonces la felicidad es la suma de placeres presentes. Es decir, se es feliz aumentando los placeres y reduciendo los dolores: hay que buscar el placer en todo momento puntual. Aunque debemos saber que, para pasar por el placer, antes necesitamos también transitar por el dolor, pues este es inevitable.

Aristipo entiende que estamos encerrados en un horizonte subjetivo de nuestro conocimiento en el que solo conocemos lo que nos afecta directamente. No podemos hacer otra cosa que estar recluidos en un espacio limitado, en el que depende el cómo se nos den las cosas. No podemos acceder a las cosas tal cual se nos presentan, puesto que hay una dificultad de conocimiento dotado de certeza. Que no haya un conocimiento certero del mundo, lleva a Aristipo a considerar que las certezas reales serán las sensoriales. Es decir, las cosas no son como se nos presentan, sino solo la forma en la que las percibimos sensorialmente. Solo podemos conocer cómo se vinculan las cosas desde el propio sujeto.

Utilizan el «conócete a ti mismo» socrático para conocer la distinción entre el placer y el bien. «Domínate a ti mismo» entendido como domina y ejercita tu placer, para que seas tú quien posee al placer. Se tiene una concepción del placer como algo vinculado al cuerpo, conocemos con el cuerpo. Sentir placer, por lo tanto, es aprender; aprender a controlar y a conocer ese terreno heterogéneo de las cosas que producen placer, pues el placer es individual y lo que permite alcanzarlo en unos determinados individuos de un determinado modo, no se consigue en otros.

Hay un tipo de placer que debe evitarse: aquel placer en el cual no es el sujeto quien posee el placer, sino el propio placer el que posee al sujeto. Es decir, si no puedes sustituir un placer por otro, es porque se ha generado un vínculo de dependencia. Esto mismo pasa con las personas cuando se crean vínculos afectivos, y es que esa dependencia que viste de placer, a la larga, no genera más que dolor. Debemos de desvincularnos de placeres que generan dependencia para poder ser libres. Y ser libres para intentar mantener la autonomía, la capacidad autárquica3.

Entonces, ¿con respecto de qué podemos crear un vínculo de dependencia? Aristipo nos dice respecto de lo que uno sea capaz de llevarse consigo mismo en la salida precipitada de una ciudad en llamas. Es decir, no aferrarnos a todo aquello de lo que no podamos llevar cargando con uno mismo. Esto nos evoca a la figura de Eneas, el único héroe troyano que sobrevive a la guerra. Este huye precipitadamente de la ciudad en llamas, llevando consigo lo único de lo que depende: su anciano padre.

Todos llevamos, como Eneas, a nuestro padre sobre los hombros.
Débiles aún, su peso nos impide la marcha,
pero luego se vuelve cada vez más liviano,
hasta que un día deja de sentirse
y advertimos que ha muerto.
Entonces lo abandonamos para siempre
en un recodo del camino
y trepamos a los hombros de nuestro hijo.

Castillo, H.

Notas

[1] Uno de los máximos representantes del hedonismo.

[2] Excelencia o perfección de las personas o las cosas.

[3] Nadie te gobierna desde fuera, tú tampoco gobiernas nada que no seas tú.

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Cite este artículo: Montero, G. (2024, 13 de enero). Placer y dolor de una ciudad en llamas. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/01/placer-y-dolor-de-una-ciudad-en-llamas

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por Gema Montero

Estudiante de primero de filosofía en la universidad. Su pasión por la filosofía comenzó en 2018 y desde entonces no puede parar.

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