La creatividad es un concepto que está a la orden del día. En los discursos motivacionales, cuando damos consejos, cuando intentamos definir algo intangible como el amor, la filosofía o la libertad; tratamos de ser creativos o nos exigen demostrar creatividad. El concepto de creatividad, sin embargo, es poco estable y rígido, esto nos limita a la hora de significarlo y, por tanto, entenderlo.

Responder a la pregunta ¿qué es la creatividad?, sería un buen modo de comenzar. Cotidianamente, lo asociamos con la originalidad y el descubrimiento. La raíz de la palabra viene del verbo crear, que no necesariamente implica originalidad ni innovación. Algo puede ser nuevo pero no novedoso. Aunque parezca un trabalenguas, es en esta diferenciación donde se encuentra la respuesta a la pregunta inicial. Quitarle importancia a la diferencia es el error más común y hallarla es la salvación de la esperanza en el siglo XXI.

En muchos campos de investigación y en concreto el que nos atañe ahora, la filosofía, parece que ya está todo expuesto. Las grandes ideas ya se han debatido y conceptualizado más o menos. La masividad de publicaciones provoca que ni siquiera la divergencia sea original. En este contexto, ser creativo parece difícil e incluso imposible. Esto, si tomamos el significado de creatividad de la forma más literal posible, con suerte no es así.

El verbo crear, según la RAE, significa “producir algo de la nada1“. Tomemos esto como punto de partida. La solución ante un problema, dar a luz a un niño, sintetizar nanopartículas para poder ver un compuesto en un cosmético, redactar un artículo acerca de la obra de Heidegger o escribir un poema sobre el desamor son ejemplos muy diferentes de creaciones. La coincidencia que comparten es que algo antes inexistente ha sido producido. La creatividad filosófica en concreto se valora menos que antaño porque en los textos ya no se exponen por primera vez grandes vías de pensamiento. Las descripciones y análisis que se ocupan de las preocupaciones vitales ya no conciernen a los abismos de la vida como podría ser la muerte. Hablamos de las redes sociales, la ansiedad y política como si la vida fuese demasiado tangible, práctica o duradera. Con el fin de la romantización se ha perdido la importancia del existencialismo.

La recepción por parte de los lectores, o lo que ahora denominaríamos consumidores —cambio que también dice mucho acerca del modo en el que leemos sin casi enriquecimiento, sin amor al arte— se aleja exponencialmente del lenguaje enrevesado, de la extensión de los textos o de la complejidad de sus ideas. Como consecuencia, el tiempo, dedicación y conocimiento de los autores no es valorado a partir de su composición sino a partir de que un público sea capaz de recibirlo sin un desgaste mayor. La pérdida de la capacidad de asombro nos ha llevado a la pérdida de agradecimiento del carácter personal y creativo de los autores. Tras el amplísimo recorrido en la innovación de tantos campos de conocimiento, se asume que nada va a ser creativo y que nosotros mismos somos incapaces de crear.

La reproducción es una tarea más sencilla y eficaz asumiendo este contexto. Lo que provoca la hipervalorización de la reproducción es la pérdida de importancia en todo lo que hacemos. Se escribe, dibuja, customiza, de modo frenético y constante, con el fin de acumular obras firmadas. Muchas veces, se acaban firmando meras copias. ¿Qué diferencia una creación de la reproducción? La creación no es un calco de nada. Siempre y cuando el autor de algo haya utilizado únicamente su background hermenéutico (todo aquello que ha formado nuestro conocimiento), hay que valorarlo como una creación. A pesar de que no lo consideremos algo novedoso y, de hecho, no lo sea.

Delimitar la distinción entre creatividad y novedad es complicado cuando la masividad del contenido y de accesibilidad conecta a producciones demasiado similares. Cabe destacar que la conectividad en la que se encuentran los países desarrollados acorta la distancia entre el background de las diferentes personas. Es probable que dos individuos que viven en la misma ciudad lleguen a formar ideas más similares que dos personas que vivan en distintos continentes. Ahora las distancias son ínfimas y no se miden mayormente a través del espacio. Las diferencias culturales cada vez son menores, seguirán existiendo siempre pero cambiando su vía de desarrollo.

Si bien es cierto que la innovación parece estar fuera o demasiado lejos de nuestro alcance, no sucede así con la creatividad. Cada individuo tiene unas expectativas, una serie de conocimientos académicos y experienciales que le han permitido encontrarse en un marco conceptual y hermenéutico único, que le va a llevar, a su vez, a ser capaz de crear sin necesidad de únicamente reproducir. El éxito de cada creación dependerá, aunque no únicamente, de la amabilidad con la que el público lo acoja y con la identificación por parte del resto. Aun asumiendo que no todas las creaciones son igual de armoniosas, algo completamente disruptivo no llegará a comprenderse por parte de la mayoría o de al menos de un grupo considerable.

La meritocracia es uno de los temas que resuenan de fondo en el debate acerca de qué valor debe otorgarse a la creatividad. Si bien parece un objetivo para muchos, no beneficiaría a dicha cualidad. La creatividad ha pasado a un segundo plano con el auge de la producción en serie. Estará más cerca del altavoz quien estudie muchos discursos creativos —como quien estudia el mercado— y no dedique demasiado tiempo en reflexiones. Un motivo, más que evidente, de que los reels o tiktoks que exponen ideas en segundos estén más reconocidos que muchos buenos textos y obras que recogen ideas dedicadas y, sobre todo, delicadas. Y tú, lector, ¿cómo identificarías la creatividad?

Notas

[1] Real Academia Española (2023). Diccionario de la lengua española (edición del tricentenario). Sitio web: https://dle.rae.es/creatividad

Imagen | Fotografía de la autora

Cite este artículo (APA): Francisco, C. (2024, 06 de febrero). Creatividad o reproducción. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/02/diferencias-entre-creatividad-y-reproduccion

¡Apóyanos a seguir llevando la filosofía a la red!

La manera más fácil e importante: seguirnos en redes sociales, pero sobre todo: leer y compartir nuestro contenido. Recuerda: filosofiaenlared.com publica artículos inéditos todos los días.

También puedes unirte a nuestro canal de WhatsApp o de Telegram para no perderte ninguna de nuestras novedades. 

Pero además, puedes hacerlo mediante…

Στοά: el newsletter de Filosofía en la Red. Aunque es de distribución gratuita, contamos con una pequeña sección de suscriptores de pago que tienen acceso anticipado a algunos de nuestros contenidos, entre otras cosas. Tu aporte nos fortalece enormemente.

También puedes hacerte miembro de Filosofía en la Red desde Patreon, en donde podrás ver el mismo tipo de contenido que en Στοά.

Así mismo, puedes adquirir nuestras publicaciones en físico en Amazon (Revistas y Anuarios, con distribución internacional) o, si vives en Norteamérica, tenemos playeras de Filosofía en la Red.

O si lo prefieres, puedes hacer una donación por la cantidad que prefieras.

¡Gracias por estar y formar parte de la comunidad Filosofía en la Red!

#creatividad, #Meritocracia, #novedad, #reflexión, #reproducción

por Cristina Francisco López

Graduada en Filosofía, maestra en Crítica y Argumentación Filosófica. Actual doctoranda en Filosofía y Ciencias del Lenguaje en Madrid. Joven apasionada por la lectura y escritura.

error: Content is protected !!