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Para avanzar necesitamos progreso, eso es evidente. La historia misma nos enseña cómo hemos dejado cosas atrás, como el pasar de ser nómadas a sedentarios, en busca de mejorar como humanidad. Progresar es parte de nuestra impronta, es algo que nos llama. Nunca estamos cómodos con lo que tenemos, siempre aspiramos a más: más rápido, más pequeño, más eficiente… y está bien, porque eso nos ha permitido tener revoluciones científicas y tecnológicas que nadie hubiese imaginado unos años atrás.

Aunque eso tiene consecuencias: la obsolescencia.

Así como damos paso a lo nuevo, dejamos lo viejo, y muchas veces sin siquiera guardar un luto. Nos obsesiona estar a la última, y descuidamos y no procuramos atención por aquello que algún día nos fue útil. Esto tiene grandes consecuencias.

Aunque podría parecer que mi interés se centra en hablar sobre gadgets o elementos similares, ese no es el caso. La introducción previa fue pensada para reflexionar sobre cómo manejamos diversos aspectos en la actualidad, incluyendo, entre estos, el importante tema de la energía renovable.

Primero que nada, aclaro: es innegable que debemos apostar como humanidad por fuentes de energía limpia. El mundo nos lo exige y debemos responder, pero dentro de esta exigencia hay matices que no sé qué tanto se está no queriendo ver.

Te comentaba ese gusto por lo nuevo, por lo último. Hoy en día eso último son los paneles solares, los coches eléctricos, etc. Y si bien esto nos beneficia, te pregunto: ¿dónde quedan aquellos trabajadores del petróleo, del carbón, de esos productos «contaminantes»?, ¿dónde quedan las familias que dependen de eso para vivir, los pequeños empresarios que tienen su patrimonio invertido en ello?

Estamos, porque lo necesitamos, en una vorágine de impulsar las tecnologías limpias y los productos eco-friendly, tachando lo anterior como malo y obsoleto, pero no nos detenemos a pensar en las personas que hay detrás. Simplemente, catalogamos a los combustibles fósiles como malos, apostamos porque todos los coches se hagan todos eléctricos en breve, pero… ¿de verdad no habrá consecuencias?

Como he dicho, el progreso y el cambio son necesarios. Son elementos claves y fundamentales para que sigamos desarrollándonos como especie. Siendo concretos con la energía limpia: es algo indispensable, el mundo se nos cae y necesitamos actuar, pero estas acciones, si bien urgentes, deberían ir más mesuradas, pensando en todos los flancos. No solo en las grandes potencias, que ya se están preparando1 para no tener el petróleo, por ejemplo, como su fuente de ingresos principal, sino en las personas de a pie, es decir, en los trabajadores de las compañías, en los pequeños y medianos empresarios, en aquellos que toda su vida se dedicaron a algo que ahora es tachado de malo y contaminante.

Ellas y ellos ven cómo su fuente de ingresos se tambalea, y el mundo no se preocupa. Simplemente, queremos pasar de página a lo siguiente, a lo «amistoso con el medioambiente», dejando de lado —y sin voltear atrás— a cientos de personas que ante este declive no tendrán de dónde obtener ingresos, o se intentarán reinventar, pero sin una garantía de éxito.

¿Por qué no pensamos en ellos y ellas? ¿Por qué nos es tan fácil seducirnos por lo nuevo, y tan fácil olvidar «lo viejo»? ¿Por qué, argumentando un bien mayor, dejamos de lado el mal menor?

Sin duda queda mucho por hacer.

Como he dicho, debemos aspirar a un planeta más limpio en donde nuestra huella sea lo menos marcada posible. Pero en este cambio generacional, por llamarlo de algún modo, deberíamos mirar panorámicamente, contemplando a todas y todos los involucrados, y buscando maneras de apoyar y acompañar «a lo viejo» que, más temprano que tarde, se quedará obsoleto.

Notas

[1] BBC Mundo. (2016, 25 de abril). Arabia Saudita anuncia un plan para reducir su dependencia del petróleo. BBC News. https://bbc.com/mundo/noticias/2016/04/160425_arabia_saudita_reformas_economia_dependencia_petroleo_ab

Imagen | Unsplash


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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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