Los retos de formar competencias investigativas en estudiantes universitarios

Hablar de educación universitaria del siglo XX, caracterizada por la globalización de los mercados, problemas de financiamiento, de inclusión y permanencia, uso de las TIC, transformaciones educativas y pandemias, es hacer referencia a que las instituciones de educación superior bien sean públicas o privadas, han tenido que asumir retos para convertirse realmente en las principales promotoras del cambio y de la búsqueda de estrategias que propicien una cultura hacia la calidad.

Que, según Sánchez (2005), es un tema de importancia preponderante para el desarrollo institucional, porque les corresponde elevar competitividad, ser eficientes y eficaces en el uso de los recursos. Es por ello, que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) (1994), lanza su proyecto titulado “Administración de la calidad, evaluación de la calidad y proceso de toma de decisiones“, cuyos objetivos se enmarcaron en aclarar los propósitos, métodos y resultados propuestos de diferentes sistemas nacionales de evaluación de la educación e investigar su impacto sobre la administración institucional y la toma de decisiones.

También dependerá de la integración de todos los actores de la organización, cuerpos académicos, personal directivo, apoyo administrativo, estudiantes y docentes articulados a través de los académicos y la relación con el entorno sociocultural, pero los últimos juegan un papel fundamental en la búsqueda de la calidad universitaria, ya que les compete el rol de ser profesores-investigadores; de integrar la docencia y la investigación; de formar estudiantes competentes para atender a las demandas de la sociedad; con conocimientos, experiencias, habilidades, actitudes y valores que integran los perfiles de egreso que presupone el currículo.

Por las razones mencionadas es que algunas organizaciones, como la OCDE y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), proclaman iniciativas para la inversión en América Latina en materia de investigación, desarrollo, educación y talento humano, lo cual permitirá una ampliación de las universidades y reforzamiento del desarrollo de competencias investigativas. En este sentido, Reiban (2018), aclara que la investigación simboliza una función específica de la labor profesional que prepara al egresado para afrontar con éxito los requerimientos de la sociedad actual. Para ello se requiere la reestructuración o rediseño de un modelo educativo basado en competencias, que se ajuste al perfil de egreso y perfil profesional del estudiante.

Sobre todo, porque investigaciones realizadas por Morales, Rincón y Tona (2005), reportan evidencias de que los estudiantes de pregrado no llevan a cabo actividades investigativas debido a la carencia de motivación y de capacidad investigativa a nivel individual y grupal; hay falta de hábito en la práctica investigativa; un débil acompañamiento de tutores o asesores experimentados; problemas al momento de producir los tipos de textos académicos que les exigen en la universidad y no logran en su ingreso a la universidad fortalecer en los niveles básico y medio diversificado las competencias para comprender y producir textos.

La problemática se agudiza porque en los programas de estudio de la mayoría de las carreras de pregrado y los programas de postgrado, los estudiantes universitarios deben efectuar distintas actividades de investigación (diseños de proyectos, investigaciones documentales y de campo, propuestas de intervención, diseño y realización de talleres, charlas y exposiciones, ponencias, conferencias), que implican producción de monografías, informes de investigación, tesis, ensayos y artículos de textos; donde en algunos casos, el trabajo de grado se convierte en un obstáculo para la culminación de los estudios de pregrado y postgrado.

Algunas causas de esto es que son pocas las experiencias en las que los docentes les enseñan cómo hacerlo, pues traen una idea preconcebida de que los estudiantes universitarios “ya deben saber qué implica investigar e intervenir en grupos sociales, cómo hacerlo y cómo producir los textos que estas prácticas suponen” (p.218); se limitan a evaluar los productos finales y no contemplan el acompañamiento, la asesoría, la tutoría, la colaboración, la cooperación, la consulta ni la confrontación, vistas desde el punto de vista constructivo.

La realidad mostrada exige por parte de las universidades y más de sus docentes respuestas oportunas, claras y eficientes que permitan minimizar las falencias detectadas en torno a la enseñanza de la investigación; lo cual parte de la reconceptuación y la reorientación de la práctica de la enseñanza investigativa, que pasa porque desarrollen la enseñanza de la investigación de manera concreta, ejerciendo esta tarea para explicar fenómenos y dar respuestas a problemas epistemológicos, educativos y sociales.

De allí parte el interés de las investigadoras por plantear la importancia de enseñar las competencias investigativas de una manera correcta cuando se desarrollan asignaturas vinculadas con el eje temático, planteamiento que, según Balbo (2020), implica grandes retos para los docentes universitarios, quienes deben dominar no solo conocimientos en el área disciplinar, sino también deben poseer capacidades para gestionar el conocimiento y para investigar desde y acerca de su quehacer, ya que de ello dependerá el ejercicio profesional y su contribución a la calidad de la educación universitaria.

En ese sentido, se necesita de una práctica docente universitaria reflexiva, entendida como la imbricación entre la investigación y la praxis (articulación consciente, organizada y sistemática de la práctica basada en la investigación); para que, desde posiciones científicas, busquen soluciones a problemas educativos del contexto en que se desempeñan, reflexionando acerca del papel de la investigación educativa en su labor. Por lo que se describe a continuación lo que significan las competencias para luego ahondar sobre las investigativas y como enseñarlas a los estudiantes universitarios, para destacar las bondades durante la carrera y luego como profesionales.

El primer término (competencias), se asume, según Sánchez del Toro (2010), como una cualidad humana que expresa la integración funcional del saber (conocimientos diversos), saber hacer (habilidades, hábitos, destrezas y capacidades) y saber ser (valores y actitudes) que son movilizados en un desempeño idóneo a partir de los recursos personológicos del sujeto, que le permiten saber estar en un ambiente socioprofesional y humano acorde con las características y exigencias complejas del entorno.

En segundo término (las investigativas), se tratan, según Castro (2020) y Hernández et al. (2019), del cúmulo de conocimientos, destrezas y actitudes indispensables para alcanzar un desempeño positivo en la práctica investigativa; implican, por lo tanto, el desarrollo de un saber hacer que incorpore el pensamiento crítico, habilidades reflexivas y de comunicación y a su vez, fortalezca el aprender a aprender. Comprenden distintos saberes: saber (conocimientos de carácter multidisciplinar adquiridos durante el proceso de formación); saber hacer (destrezas, a las habilidades que le son necesarias para desarrollar la actividad profesional en el contexto de actuación profesional); saber estar (expresión del componente conductual, el cual integra aquellos procesos psicológicos que estimulan, sostienen y orientan el desempeño investigativo del profesional) y saber ser (valores relacionados con la actividad de investigación) (Sánchez del Toro (2010).

Las mismas les permiten a los estudiantes desarrollar con mayor facilidad trabajos académicos o científicos, divulgar los resultados de sus investigaciones a través de congresos, simposios, jornadas científicas, revistas arbitradas, con lo cual se consolida la investigación en la universidad. Para el logro de esta aspiración, los docentes deben enseñarles a buscar literatura, formular problemas científicos, aclararles sobre las rutas metodológicas acordes con el objeto de estudio, mostrarles cómo analizar la información, como redactar el documento investigativo y como socializar su producto. Pero para ello, deben poseer habilidades científica-investigativas, saber comunicar, problematizar, teorizar y contrastar y capacitarse de manera continua.

Proceso de formación investigativa necesario, según Sánchez del Toro (2010), que permite favorecer el desempeño investigativo del estudiante universitario, pero al mismo tiempo fomenta su desempeño futuro, porque le dota de los principios que caracterizan este tipo de formación, la transferibilidad, la multirreferencialidad y la alternancia; lo que induce a que respondan de manera idónea a los diferentes problemas, se adapte a los retos y desafíos futuros en contexto socioprofesional donde labore. Es decir, a través de la formación en competencias investigativas se propende a la integración superior de lo laboral, con lo académico e investigativo; relacionando a la universidad con el mundo laboral.

Como manera de cierre en este ensayo sobre las competencias investigativas en estudiantes universitarios como ruta necesaria para la educación de calidad, las investigadoras proponen algunas consideraciones para que los docentes fortalezcan su enseñanza, con las cuales los estudiantes de cualquier carrera de pregrado o programa de postgrado podrán abordar la investigación e iniciar, desarrollar y culminar cualquier actividad investigativa. Con una orientación constructivista, porque se cree que el aprendizaje, como lo afirma Ortiz (2015), involucra desarrollo de habilidades cognitivas y afectivas, para el logro de la asimilación y acomodación con respecto a la información que percibe.

Para convertirla en significativa y pueda ser aprendida, los estudiantes deben ser considerados como entes activos de su propio aprendizaje, que construyen conocimiento a través de su acción sobre los objetos y de la interacción con otros y los docentes deben ser facilitadores que problematicen, generen desequilibrios, reflexionen y creen espacios para la reflexión.

Organizar sus actividades de tal forma que se promocione el aprendizaje para todos los involucrados en el proceso; y cumplan su tarea que es educar.

Pág.99.

Las consideraciones se basan en:

Investigar y ser modelos para sus estudiantes, pregonar lo que hacen: para ello, deben enseñar con el ejemplo, con su práctica, compartir sus experiencias investigativas; tener experiencia teórica y práctica; formación y/o experiencia en el área relativa a la gestión de proyectos, con el fin de desempeñar adecuadamente funciones academias y de investigación y poseer un amplio conocimiento multidisciplinario adecuado al nivel de formación académica y de investigación (Flores, Loaiza y Rojas (2020).

Esto implica: reflexionar permanentemente; asumir una actitud crítica sobre lo aprendido en su formación; notificar saberes con sus pares y estudiantes; fomentar el espíritu de la curiosidad y el descubrimiento; orientar proyectos de investigación a través del uso de metodologías adecuadas; propiciar el debate e intercambio de ideas; ofrecer apoyo a los estudiantes en cuanto a materiales, insumos, equipos, herramientas, laboratorios, bases de datos, redes de investigación; realizar exposiciones conceptuales sobre el proceso de investigación; acompañar a los estudiantes en el proceso de investigación; enseñar a investigar investigando; publicar sus productos y mantener una relación asertiva tutor-tesista.

Acompañar a los estudiantes desde el inicio hasta el final de la investigación: para lo cual deben explicar claramente cada uno de los aspectos que componen una indagación científica e ir acompañando lo teórico con lo práctico. Equivale a que, si se está enseñando los aspectos constitutivos del planteamiento del problema, los docentes deben pedirles a los estudiantes que lo vayan construyendo y estar dispuestos a ir revisando siempre con intención de mejora.

Usar en el aula estrategias didácticas novedosas que potencien el interés de los estudiantes por la investigación: lo que lleva a que los docentes actúen de manera creativa para diseñar e implantar nuevas estrategias de aprendizaje, una de ellas puede ser el Aprendizaje Basado en Problemas (ABP), que para Vidal (2020), potencia el aprendizaje significativo de la investigación, a través de la premisa investigar investigando. Además, contempla el aprendizaje colaborativo e incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), sobre todo en esta época donde suman más los nativos digitales.

Contribuir con la creación de una cultura investigativa en la universidad: para lo cual los docentes deben alejarse de la concepción de que solo existe un modelo y método para investigar; estar en constante formación investigativa y didáctica, para enseñar a investigar; incentivar la creación de líneas de investigación y semilleros, donde los estudiantes tengan la oportunidad de ofrecer aportaciones.

Enseñar a investigar con intenciones claras: para promover la capacidad creativa en los estudiantes: aceptar variadas alternativas para la resolución de los problemas; profundizar sobre cada etapa investigativa; identificar falencias investigativas y trabajar para minimizarlas; establecer vínculos entre lo teórico y lo práctico; para con estas intenciones, favorecer la movilización   de    saberes   conceptuales, procedimentales y actitudinales.

Enseñar a investigar, investigando: lo cual puede ocurrir si se trabaja tipo taller, con una tarea que debe ser construir un proyecto de investigando o por lo menos alguna de las fases que lo componen y hacerle seguimiento a las tareas parciales que vayan entregando los estudiantes, incluso se puede incentivar a que socialicen sus productos con otros pares. De esta forma, los docentes muestran dominio de esa función y adquieren credibilidad frente a sus estudiantes.

Bibliografía

Balbo, J. (2020).  Retos del docente universitario: la investigación pedagógica. Revista Acción Pedagógica, nº 28, 174-183. Universidad Nacional Experimental del Táchira, Venezuela.

Castro, Y. (2020). Desarrollo de competencias investigativas en estudiantes de las Ciencias de la Salud. Sistematización de experiencias. Revista Duazary, 17(4), 65-80. https://doi.org/10.21676/2389783X.3602.

Las competencias investigativas en la Educación Superior. Yachana Revista Científica, 8(3), 1-12. http://revistas.ulvr.edu.ec/index.php/yachana/article/view/610.

Flores, E.; Loaiza, A y Rojas, J. (2020).  Rol del docente investigador desde su práctica social.  Revista Scientific, vol. 5, núm. 15, 106-128. Instituto Internacional de Investigación y Desarrollo Tecnológico Educativo. DOI: https://doi.org/10.29394/Scientific.issn.2542-2987.2020.5.15.5.

Hernández, M.; Panunzio, A.; Daher, J y Royero, M. (2019). Las competencias investigativas

Morales, O.; Rincón A y Tona, J. (2005). Cómo enseñar a investigar en la universidad. Revista Educere, vol 9 (029), 217-224. Universidad de los Andes, Venezuela.  

Ortiz, D. (2015). El constructivismo como teoría y método de enseñanza. Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, núm. 19, 2015, 93-110. Universidad Politécnica Salesiana Cuenca, Ecuador. https://www.redalyc.org/pdf/4418/441846096005.pdf.

Reiban, R. (2018). Las competencias investigativas del docente universitario. Revista Universidad y Sociedad, 10(4), 75-84. https://n9.cl/4dd3d.

Sánchez del Toro, P. (2010). El proceso de formación investigativa del profesional ingeniero y la(s) competencia(s) investigativa(s). Pedagogía Universitaria. Vol. 15, No. 4. Ciudad de La Habana (Cuba), Cuba: Editorial Universitaria. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/unisan/22604?page=7.

Sánchez, J. (2005). Estrategias para fomentar una cultura de la calidad en las instituciones de educación superior: caso del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas de la Universidad de Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara.

Vidal, M. (2020). Enseñar a investigar: desafío de la universidad del siglo XXI. Revista   Educación en Contexto, Vol. VI, N.º Especial, 148-181. Ponencia presentada en el I Congreso Internacional en Educación. Universidad Mayor de San Simón Cochabamba, Bolivia. https://educacionencontexto.net/journal/index.php/una/article/view/140/260.

Imagen | Unsplash

Artículo de:

Josefina Balbo (autora invitada):
Lic. en Educación Matemática (Universidad de los Andes), Ingeniera de Sistemas de la UNA, y MSc. en Matemáticas de la UNET. Doctora en Innovaciones Educativas por la UNEFA.

Cita este artículo (APA): Balbo, J. (2024, 03 de febrero). Competencias investigativas en estudiantes universitarios. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/02/competencias-investigativas-en-estudiantes-universitarios-retos
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por Universidad Santander

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