Artículo publicado originalmente el 28 de octubre de 2015 en la versión anterior de Filosofía en la Red. Texto re-editado de su edición original.

Para muchos liberales y secularistas, Hans Küng (1928-2021) es un gran héroe. He aquí al católico progresista, que se enfrenta a los mastodontes de Roma. Opinaba que el Papa no es infalible1. Aprobó moralmente la eutanasia2. Denunció el antisemitismo de Pío XII3. Contribuyó a la tolerancia promoviendo el diálogo entre religiones. Estuvo abierto a la ciencia. Favorecía el Estado laico. Creyó que la Iglesia debía asumir mayor compromiso con los pobres. Y, como cabría esperar, el Vaticano lo asechó: fue suspendida su licencia para enseñar teología católica4. Fue el mártir de los dinosaurios del Vaticano, y por ello, merece nuestra simpatía.

Yo no soy tan entusiasta. Me agrada que Küng no sea haya sido como Benedicto XVI. Pero, sigue siendo tradicionalista. Con él ocurre algo similar a lo que sucede cuando un cristiano demuestra que Zeus, Isis o Quetzalcóatl no existen. Está muy bien su labor, pero no ha ido lo suficientemente lejos, pues ese cristiano debe caer en cuenta que, probablemente, el dios al cual él adora, tampoco existe. Küng se opone a algunas creencias católicas; pero no cae en cuenta que debe oponerse a muchas más.

Hans Küng hizo fama al retar5 el dogma de la infalibilidad papal, promulgado por Pío IX en 1870. Esto le valió la censura y suspensión. Sin embargo, los argumentos de Küng para oponerse a ese dogma son tan pobres como los que usó Pío IX para imponerlo. Pío IX básicamente alegaba6 que ese dogma tenía base en las escrituras y en la tradición —aunque, infamemente, dijo que él mismo era la tradición—. Küng trató de rebatir esto diciendo que no: no hay nada en las escrituras que haga presumir que el Papa es infalible, y la tradición católica en torno a ese dogma es muy escueta.

El error del teólogo suizo está en suponer, como hace toda la teología cristiana, que lo que digan, o dejen de decir, unos textos escritos hace dos mil años, es relevante a la hora de decidir si un ser humano es o no infalible en sus enseñanzas. Supongamos que los evangelios y la tradición sí hubieran dicho que el Papa es infalible. ¿Y? ¿Es acaso eso prueba de algo? El problema de Hans Küng, como el de toda la teología, es que sus alegatos terminan por reposar sobre la autoridad. Küng cree X, no porque haya pruebas empíricas que así lo sustenten, sino sencillamente, porque una autoridad así lo dicta. Es, burdamente, la falacia ad verecundiam7, aquella que apela a la autoridad.

La única forma de saber si el Papa es o no infalible en lo que enseña, es contrastando sus enseñanzas con lo que dictan los datos. Sabemos que la teoría de Darwin es casi infalible —contiene algunos errores, con todo—, porque podemos contrastar sus alegatos con la evidencia fósil, biogeográfica, genética, etc. No podemos saber si lo que los Papas enseñan es falible o no, porque no hay forma de demostrar si María realmente fue sin pecado concebida, o si ascendió al cielo en cuerpo y alma.

De hecho, Hans Küng no es tan librepensador como se cree. Ciertamente, se opuso a la infalibilidad papal, pero defendió aquello que él llamó la “indefectibilidad8” de la Iglesia: es decir, que a pesar de algunos errorcillos, la Iglesia siempre mantendrá el Espíritu de la verdad. ¿En qué se basa el teólogo para hacer semejante alegato? En la pura autoridad. Y, así como Küng fue un rebelde en contra del dogma de la infalibilidad papal, fue bastante obediente frente a otros dogmas cristianos que, a una mentalidad racional, resultan igualmente absurdos: un Dios bueno y omnipotente que tolera el mal, que se encarnó en un fallido predicador apocalíptico del siglo I, etc.

Asimismo, Küng se mostró muy escéptico frente a las experiencias cercanas a la muerte, y duda de que sean contactos con el más allá. Bien por él. Pero, en un libro muy influyente9, afirma la existencia de la vida eterna —aunque, vale agregar, de un modo muy confuso—, más allá del tiempo y el espacio. ¿Qué diablos significa que algo esté más allá del tiempo y el espacio?, sin plantearse la enorme cantidad de dificultades conceptuales que el concepto de la inmortalidad trae consigo: ¿cómo nos aseguramos de que se mantiene la identidad personal tras la descomposición del cuerpo?, como la principal dificultad.

También Hans Küng critica a los fundamentalistas creacionistas que critican la teoría de la evolución. Pero, en tanto, es teísta, pues afirmaba la coexistencia de la evolución con Dios, y más o menos a la manera de Teilhard de Chardin10, postula un modelo de evolución teísta, a través del cual, Dios guía los procesos evolutivos para crear a la humanidad. Este modelo es bastante problemático, ya que enfrenta una dificultad básica: la evolución teísta atribuye un propósito predeterminado a la selección natural, pero no hay ninguna evidencia de eso; antes bien, la evidencia respalda la tesis de que la evolución no tiene propósito, y si hubiese habido siquiera una mínima variación en la historia natural de la vida, la aparición de la especie humana no estaría garantizada.

La intención de Küng de acercar a distintas religiones y construir un marco de tolerancia es muy loable, aunque en ocasiones, llega a extremos relativistas, al punto de sugerir que todas las religiones son igualmente valorables11, y que todas tienen un mismo sustrato ético. Eso es falso. La religión cristiana, debo reconocer, tiene una ética más elevada que la religión tradicional azteca o el vudú. Y el intento por conciliar las religiones muchas veces implica hacerse la vista gorda del principio lógico de no contradicción, pues si las religiones tienen alegatos mutuamente incompatibles —por ejemplo, para los cristianos y musulmanes, Jesús es una persona relevante, con diferentes grados de importancia; pero para los judíos, no lo es—, entonces no podemos decir que todas son igualmente valorables.

En fin, quizás Hans Küng fue el Caballo de Troya del laicismo para penetrar el catolicismo y hacerlo estallar desde dentro. Pero, más bien, creo que él solo se opuso a algunos dogmas, aunque genuinamente aceptó otros, y por ende, su labor fue insuficiente. Al final, con Küng, no se siente ni frío ni calor.

Notas

[1] Martínez, C. (2016, 16 de marzo). La Jornada: Hans Küng y la infalibilidad del Papa. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/2016/03/16/opinion/020a1pol

[2] Küng, H. (2016) Una muerte feliz. Ed. Trotta: Madrid. Traducción de Jorge Seca.

[3] Portales, F. (2023, 20 de febrero). Vaticano, autoritarismo y antisemitismo (XVII). Pressenza. https://www.pressenza.com/es/2023/02/vaticano-autoritarismo-y-antisemitismo-xvii/

[4] Martínez, C. (2016, 16 de marzo). La Jornada: Hans Küng y la infalibilidad del Papa. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/2016/03/16/opinion/020a1pol

[5] Ibídem.

[6] Redacción. (2023, 19 de agosto). Se cumplen 150 años de la proclamación del dogma de la infalibilidad papal. ACI Prensa. https://www.aciprensa.com/noticias/82645/se-cumplen-150-anos-de-la-proclamacion-del-dogma-de-la-infalibilidad-papal

[7] Un argumentum ad verecundiam, argumento de autoridad o magister dixit es una forma de falacia. Consiste en defender algo como verdadero porque quien es citado en el argumento tiene autoridad en la materia.

[8] Rodríguez, P. Indefectibilidad de la Iglesia. Texto de la ponencia presentada por el autor en la “VII semana de Estudios y Coloquios sobre problemas teológicos actuales“, organizada por la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, para estudiar la Declaración Mysterium Ecclesiae de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (León, 28 de agosto de 1974). Disponible: https://revistas.unav.edu/index.php/scripta-theologica/article/download/21845/17735/

[9] Küng, H. (2000). ¿Vida eterna? Editorial Trotta: Madrid.

[10] Jardí, C. B. (2021, 16 de febrero). Teilhard de Chardin: la evolución sigue después del ser humano – Revista Esfinge. Revista Esfinge. https://www.revistaesfinge.com/2017/04/teilhard-de-chardin-la-evolucion-sigue-despues-del-ser-humano/

[11] Sánchez-Mellado, (1992, 6 de febrero). El ecumenismo religioso es el antídoto contra la guerra, según Hans Küng. El País. https://elpais.com/diario/1992/02/07/sociedad/697417208_850215.html

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Gabriel Andrade (colaboración):
Venezolano. Sociólogo. Autor del libro “El Darwinismo y la religión” (Universidad de Cantabria, 2009).

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Artículos publicados en la versión anterior de Filosofía en la Red (previo al 11 de septiembre del 2020). Se publican como parte del proceso de rescate de textos.

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