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El ultimátum del alma a sí misma, un acercamiento a la filosofía de Emil Cioran

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La representación de Emil Cioran (1911-1995) nos evoca gran emoción al leerlo en estos tiempos convulsos, no solo porque han sido muchas las personas con las que se han sentido identificadas con él, sino también por ser reconocido como uno de los filósofos más influyentes dentro del movimiento nihilista. Hoy día, podemos disfrutar de su obra, que destaca por su tamaño y ferocidad textual, gracias a su editor Antoine Gallimard. Fruto de las exclusivas entrevistas que realizaba, tenemos muchos datos disponibles hoy en día. Publicó varios de sus libros tras su muerte, lo que sorprende a muchos, porque el propio Cioran a veces resultaba ser todo lo contrario. Atrevámonos a conocer su obra, porque en su elección prefiere mostrarnos todo lo que podemos aprender de él.

En una “tertulia” con Fernando Savater, Conversaciones, le confesó que sus raíces eran de campesino, que su padre era un sacerdote ortodoxo en el campo. Que la montaña de los Cárpatos vio nacer a esta icónica —aunque no muy reconocida— figura de la filosofía contemporánea. Este filósofo tuvo una infancia feliz, pero con el paso de los años no encontró nada comparable a esta felicidad. Era muy feliz en el medio rural donde creció, tanto que, jamás pensó que iba a abandonar aquel pueblo, por ello, nunca perdonaría a sus padres el haberle sacado de ese entorno para llevarlo a la ciudad. Este es el final de su felicidad.

Después de haber viajado a diferentes países y coleccionar en sus espaldas grandes obras, llegó a la conclusión de que el “campesino rumano” estaba en lo cierto desde su juventud. Este granjero escéptico, que cree que el hombre está perdido y no tiene nada que hacer, se siente abrumado por la historia. Esta cosmovisión es el concepto actual de Cioran y su filosofía de la historia. Afirmó que casi toda su formación intelectual no le había sido de gran utilidad. Desde el comienzo de sus estudios universitarios, ya iba acompañado de su mejor y más fiel compañero con las que teñía cada oración de sus obras, su nihilismo.

En una carta que le dedica a Savater, explica que él nunca se había considerado un filósofo, aunque en su juventud, como estudiante, no hacía más que leer filosofía. Después de toda su experiencia, de su inquietante y perturbador viaje por este mundo, luchó contra estos sistemas, contra el dogmatismo que tanto lo desesperaba.

Entre sus textos más destacados encontramos: su obra magna Del inconveniente de haber nacido, una compilación de “pequeñas oraciones” escritos en su etapa de madurez en la que se condensa todo su pensamiento. Entre sus obras “menores” destacamos: Breviario de podredumbre; En las cimas de la desesperación, o la Tentación de existir.

Una apuesta por el derrotismo

Tal y como nos dice el autor de Cioran y la España del desengaño:

Hay autores sobre los que se puede escribir, incluso cuando su obra es prácticamente ilegible, son la mayoría, y otros, en cambio, una minoría, a los que se les puede leer, pero no se puede escribir nada seguro de ellos. Cioran es uno de esos autores. No se trata solo de que hayan dicho la última palabra sobre su obra, es que su obra niega, refuta, fulmina cualquier comentario que se haga sobre ella, uno escribe, por ejemplo: el pensamiento de Cioran es la más radical refutación del racionalismo consolador de la filosofía. Y un buen día releyéndolo se topa un “Yo lo que soy en el fondo es un racionalista”. Y lo más turbador de todo es que te das cuenta de que él no se contradice, mientras que tú sí. Que no es que haya ejercido ese derecho inalienable, al parecer, a la contradicción, sino que en su caso lo ha considerado un deber.

Ese último párrafo simplemente confirma lo que muchos otros lectores de Cioran han dicho sobre su trabajo. Esto es ajeno al concepto de pensamiento sistémico, ya que se aleja del conocimiento circular que gusta de las discusiones aprendidas de significantes, pero termina en un pensamiento autoritario. Para este peculiar filósofo, el ready-made system representa las complicaciones y contradicciones de la vida en una lógica abstracta y poco realista. La obra de Cioran no puede entenderse sin ese humor negro, con un toque de elegancia, el poder diluyente de sus palabras es indescriptible, como él mismo decía:

La filosofía es un antídoto contra la tristeza. Todavía hay quien cree en la filosofía de profundidad.

Las reflexiones de Cioran no tienen nada que ver con ninguna escuela o doxa académica; su nivel de abstracción y reflexividad es cercano a la vida real de los sobrevivientes; el trabajo de este autor tiene un profundo impacto en el alma del lector. Su visión incide en la fragilidad de la existencia que rodea la vida como momentos fugaces de aleatoriedad en el universo. Cada palabra escrita por Cioran es profundamente íntima. Aquellos que lo conocieron en su vida estaban convencidos de que era un gran lector, pero claramente prefería a algunos escritores sobre otros (por ejemplo, Marco Aurelio, Platón, Nietzsche).

Como hemos dicho, las filosofías complicadas no le interesaban, porque estaban muy alejadas de los hechos conmovedores de la vida. Curiosamente, en su obra encontramos un gran escepticismo, pues este autor carece de una visión humanista —de la misma forma que se observa en la literatura de Stefan Zweig— que pinta un futuro convincentemente optimista, lleno de existencia y lleno de confianza en sí mismo. Cioran no fue el típico santo que nos enseñó el sentido de la vida, la verdad sobre la vida o cómo vivir, sino, en sus palabras, un inequívoco desprecio por la cultura y todas las ideas que explican el verdadero sentido de la vida. acontecimientos sociales y humanos. En cambio, Cioran describe el malestar como esa condición que surge de un alma rota al nacer y nos confronta hasta la muerte. Un destino inevitable y vergonzoso. El pensador rumano escribió: 

El único mérito de los filósofos es haberse ruborizado, de vez en cuando, por ser hombres. Platón y Nietzsche son una excepción: su vergüenza no cesó jamás. El primero intentó arrancarnos del mundo, el segundo hacernos salir de nosotros mismos. Ambos podrían dar una lección a los santos. El honor de la filosofía queda así salvado.

Emil Cioran es un escritor que se enorgullece de estar al margen de la academia y del reconocimiento formal, como lo demuestra su ironía y su propia vida antiacadémica. Dice en algún momento de su obra que si hay algún compromiso con la filosofía, hay que buscarlo fuera de todo dogma, porque aquello que se realiza desde un pensamiento sistemático, acaba resultando un intento fallido para explicar un mundo en el que a diario se observan miles de enfermedades, la locura, el dolor, la muerte… postula Cioran:

Nuestros interrogantes, en lugar de saltar en ritmos, se arrastran en las bajezas del concepto o se desfiguran bajo la risotada sarcástica de nuestros sistemas.

Cioran escribe por partes. El poder de sus palabras proviene de una economía de lenguaje que detiene la mente del lector y lo hace transgredir el papel. La magia de sus palabras se revela en la transferencia de ese don propio del poder espiritual que puede sacudir el inconsciente inmortal, el alma que no permite mirar directamente al abismo y se siente decadente y mareada. Sus palabras son un talismán, un tesoro invaluable que dejaría una inevitable huella fatal. Es por ello por lo que sus obras contradicen la filosofía del utilitarismo, en cambio, no quiere entender la angustia, la infelicidad, la desolación, el vacío, la locura, el tiempo y la muerte. Las palabras de Cioran presentan la impermanencia, la fragilidad y el quebrantamiento de la vida y el mundo.

¿Qué ocurre con la locura?

Es innegable la “fascinación” que el filósofo rumano tiene por la locura, y es que en ella él encuentra la lucidez, es el lugar en el que él es capaz de encontrar la verdad y tener la suficiente valentía para escribir desde ese lugar. Este espacio hipotético mental supone la única vía para alcanzar esa verdad última, teleológica, que la gran parte de los humanos no llegan a comprender y vivir. Es decir, la consecuencia directa de vivir una vida superficial —aquella que no procede del sufrimiento— es la incapacidad humana para hacer frente a la existencia verdadera. Como nos deja entrever Cioran en sus líneas, los peores momentos de la existencia, aquellos que traen consigo sentimientos y vivencias negativas, son los que más enriquecen la filosofía, y no aquellas teorías positivistas-integristas que nos transmiten una idea del mundo falsa e incompleta, y por ello, irreal. Y lo cierto es, que estas teorías solo perjudican al ser humano, negándole aquello que nos une con otros, el dolor que compartimos.

Cuando Cioran hablaba de locura no lo hacía desde un cuerpo externo, sino que él padeció insomnio durante la mayoría de sus días, y esto era algo que no le permitía desvincularse del mundo, en sus propias palabras: “El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en un lugar de tortura”. Cierto es que, a lo largo de la historia, la locura se ha intentado eliminar con fármacos, y, con ello, se eliminó toda posibilidad de (aunque fuese) escuchar la lucidez que se obtiene de la locura. Cioran siempre luchó por desenmascarar la condición humana, y propia de esta, es la locura. Sus textos de esta temática no dejan indiferentes, en más de una ocasión ha sido tachado de “loco”, pues su lenguaje rompe con el orden social, pero desde un análisis hermenéutico, Cioran nos quiere hacer ver la fragilidad humana.

Cioran y su relación con el dolor

Este filósofo rumano explica que no hay cabida para la lucidez de espíritu sin que el cuerpo material pase por algún sufrimiento; y es que solo la enfermedad nos ancla en el presente, la intensidad del “aquí y ahora“. El dolor que separa el sentimiento de la razón. El dolor físico se convierte en contención existencial. Solo a través de la enfermedad podemos entendernos a nosotros mismos. ¿Qué refleja un espejo en otro cuando lo que hay en el medio es nada? El dolor es lo único que nos personaliza, como nos decía Norbert Elías. El dolor se manifiesta en ausencia de:

[…] subterfugios temporales como el mañana de la imaginación o el ayer de la memoria.

Fernando Savater mencionó que Cioran una vez le dijo que una de sus sirvientas le confesó que solo se acordaba de Dios cuando padecía dolor de muelas. Una experiencia dolorosa es insustituible porque sigue siendo un acontecimiento subjetivo irrevocable. La enfermedad hace prisionero al sujeto; únicamente la enfermedad, el dolor o la vejez pueden hacernos sentir el interior de la nada. Solamente el malestar, la fragilidad del cuerpo, puede despertar esta conciencia metafísica, una reflexión tan aguda sobre la naturaleza trágica de la vida. El dolor rasga el velo de toda vida, es una gran mentira basada en la superioridad moral de las personas. Para Cioran, quien no se vea en la capacidad de concebirse como un cuerpo físico, tampoco podrá disponer y gozar de poseer un pensamiento vivo. Es por ello, que Cioran lo categoriza como “un desierto sin esperanzas”.

Cioran presenta una realidad impactante, una realidad que nos hace darnos cuenta de lo inevitable; que destroza cualquier esperanza de trascendencia. Al leer a Cioran, uno experimenta esa impetuosidad del destino implacable, queda atrapado. Solo quien vive en el vértigo de la Nada puede comprender la verdad del desarraigo y del ser, un ser que inevitablemente muere:

La desesperación entre la infinitud del mundo y la finitud del ser humano es un motivo grave de desesperación; sin embargo, se la considera con una perspectiva onírica —como en los estados melancólicos— deja de ser torturadora, pues el mundo adquiere una belleza extraña y enfermiza.

Los aforismos de este filósofo son estéticamente irrevocables. La pesadez de sus palabras genera una gran desilusión, siempre acompañada de un profundo sarcasmo y humor negro. Los escritos de Cioran interrumpen el curso natural de la vida y cambian nuestra percepción del mundo para siempre. Sus obras no imitan la realidad, no se extravían, construyendo tal o cual escena, para el consuelo y la serenidad de la filosofía humanista o la doxa académica, pero sus palabras nos atacan y privan al mundo de imagen y forma; el cuerpo y el alma quedan expuestas, Cioran, alegando que únicamente aquellas personas que son capaces de no pensar más de lo estrictamente necesario para vivir son las únicas que van a recibir el “don” de vivir una vida feliz, pero: ¿A qué precio? Según observamos en sus escritos, aquellos que no piensen más de lo necesario también van a estar privados de lo que él denomina como “el pensamiento verdadero”, que además de ser categorizado como una maldición, también nos aporta lucidez, la lucidez necesaria para no vivir en una gran mentira.

Leer a Cioran va más allá del placer estético. Cuando lo leemos, experimentamos una amplia sensación de libertad, pero también esta va acompañada de una sensación de vértigo. La gente tiene la impresión de que, a pesar de que nosotros pensamos que controlamos nuestra vida, más bien, la vida juega con nosotros y tarde o temprano acabará por abrumarnos. En su filosofía encontramos un aura muy especial que rompe cualquier atisbo de velo fantasmal. Cioran no es un narrador de historias o mitos. Él se encuentra del lado de la ilusión y la ensoñación. Cioran no es un mentiroso imaginario, al igual que tampoco lo son Dostoievski o Nietzsche, que escribieron desde el sufrimiento físico. La escritura de Cioran comprende realmente los sentimientos profundamente arraigados que gobiernan la existencia. La palabra combate la razón e insiste en abandonar toda armonía para iluminar la miseria. Cioran así nos dice:

Quien no ha experimentado el miedo a todo, el terror del mundo, la ansiedad universal, la inquietud suprema, el suplicio de cada instante, no sabrán nunca lo que significan la tensión física, la demencia de la carne, y la locura de la muerte.

Conclusiones

Cioran es uno de esos autores en los que puedes encontrar verdades reconfortantes, combinándola con su visión pesimista que tanto lo caracteriza. Son autores que escapan de cualquier intento de optimismo, por muy breve que sea. En sus textos podemos observar la brutalidad de la realidad, sobre todo, de aquellos afligidos y desolados, que nos permite no olvidarnos de ellos.

Sus citas nunca van a pasar desapercibidos, pues son de esas palabras que, tras leerlas, haces una breve pausa y te obligan a petrificarte ante la nada, como si no existiese el tiempo.

Imagen | Wikipedia

Cita este artículo (APA): González, M. (2022). El ultimátum del alma a sí misma, un acercamiento a la filosofía de Emil Cioran. Revista Filosofía En La Red, (3), 91–97. Recuperado a partir de https://revista.filosofiaenlared.com/index.php/espanol/article/view/12

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por Mercedes González García

Estudiante de la carrera de Filosofía y de Educación Primaria por la Universidad de León de Castilla y León, España. Apasionada de la Filosofía y de la búsqueda de respuestas de las grandes incógnitas que han planteado la raza humana por el simple hecho de existir.

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