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Schopenhauer concibió la vida como una balanza entre el dolor y el aburrimiento. La vida, esa ilusión que acaba en desilusión, esa admiración que acaba en decepción, esa risa que termina en silencio. Para Schopenhauer, las experiencias placenteras no dejan huella y enseguida llevan a la ansiedad para conseguir otra, mientras que el dolor, el fracaso, sí marcan nuestra vida. Es decir, el dolor es el auténtico motor de la vida, el dolor que produce el deseo de algo. La única manera de sobreponerse al dolor que acarrea nuestra existencia, es renunciar al deseo, a la intención, a la voluntad1.

Cuando, al final de la vida, la mayoría de los hombres miren hacia atrás, descubrirán que han vivido “ad interim2“. Se sorprenderán al ver que aquello que han dejado escurrirse sin apreciarlo, ni disfrutarlo, fue precisamente su vida.

“Un año con Schopenhauer”, Irvin D. Yalom.

En el mito de Sísifo de Albert Camus, el protagonista Sísifo traiciona a Zeus, quien le condena a arrastrar una roca enorme desde el suelo hasta la cima de la montaña. Cuando está a punto de llegar a la cima, la piedra resbala y cae volviendo al punto inicial, obligando a Sísifo a repetir el proceso. La interpretación que realiza Camus es que Sísifo es feliz. Así quiere imaginarlo él, pues lejos de sentirse desesperado por la repetición del proceso, es quien acepta y vive acorde al castigo impuesto, aceptando su destino. Pensando desde este planteamiento, la mayoría de las experiencias que vivimos diariamente son absurdas y rutinarias. Sin embargo, el paso del tiempo hace que estas adquieran el valor y el sentido que les damos cuando las sentimos propias.

Yo grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y tengo que creer por lo menos en mi protesta.

“El mito de Sísifo”, Albert Camus.

Ortega y Gasset, por otro lado, concibió la vida como realidad radical a la que hay que referir todo cuanto hay. Es siempre individual, y la gran responsabilidad que cada ser humano tiene en la vida es vivir auténticamente. Ser responsable es dar cuenta de nuestras propias acciones, hacer que nuestros actos coincidan con las normas que conducen nuestra conducta. De esta manera, el sujeto se responde de la propia vida. Se trata de hacer que nuestra vida sea auténtica, que lleguemos a ser quien de verdad somos.

Él pensaba que la unión del yo y la circunstancia era inseparable, no es posible comprender el uno sin el otro. Así, el resultado de nuestras decisiones está condicionado por nosotros y nuestras decisiones, pero también por el momento y el lugar. Por esta razón, cuando Ortega afirmaba “yo soy yo y mi circunstancia; si no la salvo a ella, no me salvo yo” hacía referencia a la unión que existe entre quién somos y lo que nos rodea. Es decir, cada uno de nosotros estamos, queramos o no, condicionados por las limitaciones y libertades que nos acompañan.

Basándonos en esto, nuestras experiencias se van configurando y nuestras acciones giran hacia los intereses, deseos y sueños que tenemos. En ese momento, la circunstancia y las decisiones nos definen y nos sitúan ante el mundo y respecto a los demás. Dice Ortega, “la vida nos es dada, pero no nos es dada hecha”. En este sentido, la tarea ética no solamente consiste en el hecho de tener que decidir, sino también en evaluar las propias decisiones que tomamos. Tiene que ver con la coherencia de esas decisiones y los ideales que apoyan.

Todo esto parece que marca la situación moral: somos éticos porque tenemos que tomar decisiones. Tener que decidir, elegir y preferir en el marco de nuestras posibilidades. Al tomar estas decisiones lo que estamos haciendo es construir nuestra vida; cada ser humano no nace con la vida hecha, sino con la vida por hacer. Nos enfrentamos a las cosas desde el marco de las posibilidades, en la toma de decisiones; todos los seres humanos somos seres morales. La moral es una dimensión de humanos, según la cual nos construimos a la vez que vamos viviendo nuestra vida; de hecho, vivir es construir. En este sentido, Epicteto hablaba de proáiresis, traducido como “carácter moral”, “voluntad”, “elección”, “intención”.

En esta construcción en la que formamos nuestra vida con base en decisiones y responsabilidades, nos encontramos con unos deberes. Deberes que tenemos con el otro, con lo vivo, y con uno mismo. Deberes que no son solo presentes, sino que, en ocasiones, deben anticiparse, deben mirar hacia el futuro. Porque estamos vinculados con lo vivo, nace precisamente la obligación de cuidar lo vivo y protegerlo. La obligación nace del poder del vínculo. Necesitamos del otro en todo momento para seguir adelante, pues como decía Aristóteles, somos “zoon politikón3“. Los vínculos en el fondo son la fuente de la obligación. La obligación se traduce en el deber, en los deberes. Es una espiral mediante la que damos respuestas poco a poco.

Los estoicos en general creen que para entender el sentido de la vida debemos antes entender primero nuestra naturaleza. Para los estoicos nuestra naturaleza radica, por un lado, en que somos seres racionales y, por lo tanto, tenemos una facultad de ejercer nuestro pensamiento; por otro lado, somos seres sociales que necesitamos de los lazos sociales para vivir.

Se trata, más bien, del descubrimiento de una forma más de libertad que se encuentra vinculada con la toma de decisión voluntaria que se lleva a cabo en cada elección que incluye un juicio. Nuestras elecciones nos definen, nuestra proáiresis, nuestras decisiones. La identidad individual de cada uno de nosotros se encuentra en las elecciones que realizamos.

Introducción “El arte de vivir en tiempos difíciles”, Ignacio Pajón.

En definitiva, se trata de vivir de forma tranquila, pero de saber cómo vivir y con quién compartir la vida. Dice Carl Jung: “la vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir”.

Darle sentido a la vida nos permite hacer la diferencia entre sobrevivir y vivir. En este sentido, Viktor Frankl nos enseña en “El hombre en busca de sentido” que cada hombre, aunque se encuentre en unas condiciones trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser. Y es precisamente esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a nuestra existencia una intención y un sentido.

Georges Bataille es un filósofo francés que entiende el vivir la vida como un proyecto. Él nos explica qué parte de las cosas que nos hacen tan infelices, nos llevan a la idea de que como nuestra vida tiene un futuro por delante. Debemos, entonces, proyectar hacia delante los deseos de esa vida. Esto quiere decir que yo toda mi vida la vivo como proyecto, por lo que en ningún momento me siento satisfecho con la realización de ese proyecto, que está trazándose continuamente. Por ejemplo, entro en la carrera de filosofía para ser filósofa. Al acabarla no me siento como tal. Al acabar el máster, las oposiciones, no me siento como tal. Tras lograr un puesto de profesora, no me siento como tal. Y estaré siempre condenada a no sentirme como tal. Esto es triste, pero refleja la realidad, pues casi nunca podemos gozar de la satisfacción de la realización nuestro proyecto, porque continuamente estamos reelaborándolo y aventándolo más hacia el futuro, distendiéndolo más en el tiempo: lo alejamos de nosotros constantemente.

El sentido que decidamos darle a nuestra vida dependerá solamente de nosotros y de nuestro momento vital. Cambiar forma parte de nuestra naturaleza, es inherente a nosotros, por lo que el sentido que le demos a nuestra vida hoy no tendrá que ser el de mañana. No entenderemos nunca el significado de felicidad si no es viviendo una vida en la que sentimos en todo momento que estamos haciendo con ella lo que queremos.

Notas

[1] Trata de deshacerse del aburrimiento a toda costa, pues amenaza nuestra existencia.

[2] En un “mientras tanto“.

[3] «Animal político» o «animal cívico»

Bibliografía

Camus, A. (2021). El mito de Sísifo. RANDOM HOUSE.

Epicteto. (2023). El arte de vivir (en tiempos difíciles). Alianza Editorial.

Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.

Gasset, J. O. Y. (2004). Meditaciones del quijote.

Yalom, I. D. (2011). Un año con Schopenhauer. Grupo Planeta Spain.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Montero, G. (2024, 11 de marzo). La esencia de nuestra existencia. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/03/la-esencia-de-nuestra-existencia

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por Gema Montero

Estudiante de primero de filosofía en la universidad. Su pasión por la filosofía comenzó en 2018 y desde entonces no puede parar.

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