María Zambrano fue una filósofa española cuya obra filosófica posee un carácter abierto, y una envoltura literaria que conlleva una difícil comprensión1.  Aunque recordemos que Platón mismo reconocía que la belleza es de por sí difícil2. La apertura de una obra nos señala la potencia de un pensamiento; la cercanía que esta llega a tener con las cosas mismas. Belleza, potencia de pensamiento, y rigor —dentro de los límites que permiten los fenómenos descritos por la filósofa— son tres cualidades que posee la filosofía de Zambrano.

Málaga y Madrid

María Zambrano nació en Málaga en 1904. Antes de mudarse a Madrid, fue alumna libre en Segovia. En Madrid terminó sus estudios como alumna oficial en la Universidad Central. Tiempo después preparó, junto con Ortega y Gasset, su tesis doctoral: La salvación del individuo en Spinoza. En 1930 publica su primer libro: Horizonte del Liberalismo. Un año después, es nombrada profesora auxiliar de la cátedra de Metafísica en la Universidad Central. Dos años después publicó su primer ensayo titulado: Por qué se escribe

Durante su estancia en Madrid, tuvo un interés constante en ética y política. Sus análisis versaban en el decaimiento de España. La luz que iluminó sus reflexiones fueron tanto Unamuno como su maestro Ortega y Gasset. Durante esta etapa de su vida, se nutrió de filósofos como Séneca, san Agustín, Zubirí, Bergson, Jung, Marcel, Heidegger; de místicos como san Juan de la Cruz, y de otros literatos como Machado, Pío Paroja, García Lorca3.

De 1936 a 1948, Zambrano vivió la crisis europea junto con crisis personales. Debido a la guerra civil española, tuvo que desplazarse a diversos países, hasta 1939, cuando fue nombrada profesora de filosofía en la Universidad de San Nicolás de Hidalgo, en Michoacán (México). En 1949, ocupa la cátedra de Metafísica, anteriormente ocupada por García Bacca. Durante este período, Zambrano gesta una filosofía de la historia esperanzadora y, además, comienza a gestar su método de la razón poética4 —el cual presentaremos brevemente, más adelante—.

El reconocimiento
de la obra de Zambrano

En 1955 publica El hombre y lo divino, obra que es resto de un proyecto no concretado titulado Filosofía y cristianismo. En 1961, presenta Delirio y Destino, aunque aparece impresa hasta 1989. Con esta obra, consigue mención de honor del Européen Universitaire de la Culture5.  Desde 1966 la obra de Zambrano ha gozado de bastante renombre. Entre los numerosos reconocimientos que Zambrano recibió a lo largo de su vida, destacan dos: por un lado, en 1981 se le otorga el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades; y en 1988 se le concede el Premio Cervantes de Literatura, entregado el 25 de abril de 1989 por el rey de España. Su última obra, hasta su fallecimiento en 1991, es principalmente poética, con tintes místicos. Entre ellas se encuentra: La tumba de Antígona de 1967, Notas de un método de 1989, entre otros6.

Filosofía y poesía

Filosofía y poesía están en constante diálogo en la obra de la filósofa. Una razón relevante es que ella considera que poseen el mismo origen: el asombro, el pasmo que causa tener ante uno el latir primigenio de la realidad. Ahora bien, la reacción ante este pasmo, diferencia ambas actividades humanas. Por un lado, el poeta, lleva a la palabra esta primigenia dación de las cosas. Pero no las mienta como objetos constituidos para una conciencia, o como meras ideas. Más bien, trata de captar la particularidad con la que se presentan: sus notas afectivas, las tonalidades del color de la cosa, su duración en el tiempo, la plasticidad del espacio. No solo trae a la palabra a las cosas que son, sino también a aquellas que no son.

Esa última, aparente paradoja, es una diferencia importante con la filosofía: la filosofía intenta captar la verdad, el ser de las cosas, no su falsedad o no ser. La filosofía es, en este sentido, un desgarro de este asombro: se le presenta la cosa y, no fiándose de cómo se presenta, intenta ir más allá de la apariencia para captar la verdad de la cosa. La filosofía, en la multiplicidad de las apariciones del objeto, trata de captar su unidad. La poesía intenta captar la heterogeneidad de apariciones. Heterogeneidad y unidad, una aparente aporía entre filosofía y poesía7.

Y, sin embargo, un filósofo ha de ser poeta también. El filósofo, descrito en el párrafo anterior, es un ejemplo del racionalista, de aquel que busca tranquilidad a través de los conceptos8

[…] el filósofo es un espectador que desde un tren en marcha intenta describir y comprender el mundo que contempla, y, aunque sea dando vueltas a las mismas y radicales cuestiones, siempre desde una perspectiva histórica propia y desde las circunstancias que lo definen en el aquí y en el ahora9

Por poeta lo entenderemos en dos sentidos: el primero, como alguien inspirado por los dioses10, tal idea de la inspiración en María Zambrano se expresa a través de la mirada. Esta se constituye como mirar simple de las cosas, expresado bajo la pregunta ¿qué son las cosas? Es un afán original de conocimiento. Este mirar nace de un sentir originario; aun cuando no se ha constituido en pregunta por las cosas, siente la deficiencia y sobreabundancia de la aparición de aquello mirado: es demasiado aquello, y no es aquello que se busca.

Nada de lo mirado es lo que se busca. Ese afán de encontrar aquello que se busca, pero mediante el mirar, es el afán del conocimiento, que es la mirada11. En síntesis: esta manera de entender al filósofo como poeta es aquella predisposición a mirar las cosas desde la pregunta ¿qué son las cosas? 

El segundo sentido es aquel según el cual el poeta crea palabras. El filósofo es también arquitecto de la palabra, y mediante ella, construye el pensamiento12. El filósofo, pues, mira la realidad dinámica y, a través de la palabra, intenta expresar aquello que mira: lo vuelve pensamiento.

El humano mismo
como objeto de la filosofía

El objeto fundamental de la filosofía, según Zambrano, es el humano mismo. Puesto que todo saber es humano, es clave esta reflexión para determinar la consistencia de todos los saberes. El hombre, pues, tiene un ser, y la tarea que tiene la filosofía es manifestarlo a la conciencia13. El ser del hombre se expresa en lo que hemos mencionado como sentir originario. Este es un principio oscuro y confuso que es necesario clarificar dentro de los límites en que se pueda clarificar14.

Para llevar a cabo aquella tarea, Zambrano postula la necesidad de una razón poética, que es consciente de la relatividad que conlleva el constante devenir tanto de la realidad, como del vocabulario adecuado para describirla. Es consciente de este relativismo, pero no es negativo, sino positivo, ya que intenta asimilar el movimiento y el fluir mismo de la historia. Con ello, adquiere una estructura dinámica, en contraposición a la estructura estática15, propia del racionalismo.

Conclusión

La filosofía de Zambrano continúa latiendo en busca de acercarse cada vez más a las cosas mismas, en especial al objeto de estudio por excelencia: el ser humano. El reto para ella, y para cualquier filósofo o filósofa, es esclarecer esa mera pregunta sobre el qué somos cada uno de nosotros16. Y en el camino a profundizar en el misterio: la filósofa malagueña encuentra una luz que promete iluminar la tiniebla, la poesía.

Notas

[1] Ortega, J. (1994). Introducción al pensamiento de María Zambrano. México: Fondo de Cultura Económica.  7.

2 Platón, Hipias Mayor, 304e. Utilizo la siguiente traducción: Platón. (1985). Hipias Mayor (C. Garcia , E. Iñigo, , & J. Ruiz trad.). En Diálogos I, pp. 397-443.  Madrid: Gredos.

[3] Ortega, 1994, 14-19.

[4] Ibídem, 19-20.

[5] Ibídem, 21.

[6] Ibídem, 20-23.

[7] Zambrano, M. (2006). Filosofía y poesía. México: Fondo de Cultura Económica.  7-21

[8] Ortega, 1994, 8.

[9] Ibídem.

[10] Platón, Ión, 534b-5-536a. Utilizo la siguiente traducción: Platón. (1985). Ión (C. Garcia, E. Iñigo, , & J. Ruiz, trad.). En Diálogos I, pp. 249-269.  Madrid: Gredos.

[11] Zambrano, M. (1989). Notas sobre un método. Madrid: Montadori. 125- 126.

[12] Ortega, 1994, 10-11.

[13] Ibídem, 12-13

[14] Zambrano, M. (1989). Delirio y destino.  Madrid: Mondadori.  93.

[15] Zambrano, M. (1977). Los intelectuales en el drama de España. Madrid: Hispamerca. 125.

[16] Conf. X, 33: 50. Utilizo la siguiente edición: De Hipona, A. (1974). Confesiones, Libro X (Trad. A. Custodio).  En A. Custodio (Ed.) Las Obras de San Agustín II, las Confesiones. (pp. 390-464). Madrid: La Editorial Católica.

Imagen| Wikipedia

Cita este artículo (APA): Lugo, A. (2024, 08 de marzo). María Zambrano: una filosofía poética. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/03/quien-fue-maria-zambrano

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