El siguiente texto fue publicado bajo el título "El Marxismo vs. la Economía moderna" en tres partes en la edición anterior de Filosofía en la Red (los días 09, 16 y 23 de octubre de 2016). La versión presentada en este artículo suma las partes en una sola, editándolas para adecuarse al estilo actual de la Plataforma. 

Hay mucha gente todavía afecta al Marxismo por razones de lo más diversas. Sin pretender ser exhaustivo, a mi alrededor veo algunos que piensan que es una teoría económica válida, pero marginada por el pensamiento único; otros parecen pensar que tiene las claves para una sociedad mejor, otros que maneja conceptos que explican mejor que otras teorías la economía capitalista y otros que se identifican con sus fines de crear una sociedad igualitaria, próspera y sin explotación. Ninguna de esas cosas es cierta. No es que esté marginada, simplemente no está en la Economía moderna, como no lo está el flogisto1 en la química ni la teoría de los humores2 en la medicina. En cuanto al atractivo de sus conceptos, mostraré cómo la Economía moderna puede perfectamente hablar de las cosas que preocupan a los marxistas y de muchas más, y con un análisis económico más adecuado a la realidad. Finalmente, el deseo de una sociedad mejor no es exclusivo del Marxismo, y si el Marxismo no ofrece los mecanismos ni para diagnosticar de manera adecuada los males presentes ni para ofrecer alternativas, mejor si se queda en los libros de historia como una de tantas teorías fallidas (esto es reconocido por investigadores provenientes del Marxismo o inspirados por él, como los pertenecientes a la corriente del marxismo analítico3).

Vamos allá con algunos conceptos que suelen aparecer cuando se habla de marxismo y qué podemos decir sobre ellos.

Valor de un bien

Todas las teorías económicas distinguen entre valor de uso y valor de cambio y buscan una relación entre ambos. El Marxismo busca una relación intrínseca, que tiene que ver con el número de horas de trabajo que encierra el bien. La economía moderna deja que el valor de uso sea subjetivo y reconoce que el valor de cambio tampoco es intrínseco, puesto que depende del precio a que se intercambie. Ese precio no es intrínseco, sino que depende de la oferta y la demanda. Esa sí dependerá de los valores de uso. El Marxismo busca una entelequia y desarrolla un modelo incoherente (un bien puede tener metidas muchas horas improductivas en su manufactura o ser un bien que nadie quiere), mientras que la economía moderna conjuga sin contradicciones ambos conceptos en un modelo coherente.

Reparto del excedente

Para el Marxismo todo el excedente (beneficio) debe ir al trabajo, ya que todo el valor se mide en horas de trabajo. Este es un gran error deducido del error anterior. Sin considerar la actividad empresarial como un factor de trabajo, cualquier régimen económico basado en esta premisa carecerá de ese input y verá cómo su actividad se estanca. La teoría económica moderna encuentra que en una economía moderna se remuneran todos los factores de producción (tierra, trabajo, capital, actividad empresarial) y que en una situación de mercados perfectamente competitivos la remuneración será proporcional a la productividad marginal, cosa que tiene muy buenas propiedades en términos de generar asignaciones eficientes y de señalar de manera correcta dónde hay escaseces y dónde merece la pena retirar o dedicar recursos. Nada de esto ocurre en la teoría marxista.

Explotación

La plusvalía, es decir, la parte del excedente que se queda el empresario, es vista en el Marxismo como una medida de la explotación. Para la Economía moderna existe un abuso de poder de mercado cuando el excedente de alguno de los factores es superior al que marca su productividad. Ocurre cuando, por ejemplo, una empresa es monopolista, cuando existe un oligopolio, un cártel o una mafia o cuando el gobierno reparte prebendas y privilegios. Seguramente el mayor exponente en el uso de la economía moderna para hablar de explotación sea John Roemer4, que la define a través de las relaciones de mercado y no como propiedad intrínseca.

Pobreza

El marxismo llega a la conclusión de que los trabajadores cada vez serán más pobres. Esto es un error doble: (i) no se deduce lógicamente de las premisas de la teoría marxista, (ii) empíricamente no ha ocurrido ni se espera que ocurra. La Economía moderna muestra que la complementariedad entre trabajo y tecnología permite a los trabajadores ser remunerados por una productividad cada vez mayor. Aquí los seguidores de Marx empezaron a decir cosas como que la razón de no observar la depauperización5 del proletariado es porque las empresas occidentales se expandían por el Tercer Mundo, donde sí había esa depauperización. La Economía moderna muestra que tanto con esta expansión como con el desarrollo de empresas propias en el Tercer Mundo, lo que se produce es la posibilidad de que los países pobres puedan salir de su pobreza (si toman las políticas económicas correctas y están libres de calamidades como guerras y sátrapas). Esto último es lo observado históricamente.

Lucha contra la desigualdad

El marxismo propone “a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus posibilidades“. Maravillosa teoría, pero para la especie equivocada, como dijera E. O. Wilson. ¿Quién decide cuánto puedo trabajar o qué tan bien o mal sé tomar decisiones de dónde hacer nuevas inversiones de recursos? ¿Quién decide mis necesidades? Han sido las maneras absurdas de responder a estas preguntas las que han llevado a los regímenes comunistas que en el mundo han sido al fracaso, y no tanto enfrentamiento, guerras frías o bloqueos. Todo eso puede haber contribuido, pero en todos esos países, cada vez que introducían alguna apertura económica en el sentido que marca la Economía moderna, lograban avances y cada vez que volvían a la ortodoxia volvían también al estancamiento. Ha ocurrido en la URSS, en Cuba, en China y en todos los demás países.

La Economía moderna dota de mejores herramientas para luchar contra la desigualdad a un gobierno que quiera hacerlo. Primero, la competencia es una gran disciplina contra las desigualdades. Una empresa que gane excesivamente verá cómo le nacen competidores como setas. Un trabajador especializado que cobre grandes salarios verá cómo otros intentan ser como él. Segundo, el Estado puede corregir desigualdades sociales mediante políticas de igualdad de oportunidades (mediante programas de salud y educación universales) y mediante políticas que palien la desigualdad de resultados (transferencias de rentas, p. ej.). La Economía moderna dice, por ejemplo, cómo las políticas de renta son, en este sentido, mucho mejores que las políticas de precios o de cuotas. Los países que han aprovechado estas ventajas son los que han conseguido las sociedades más igualitarias que ha conocido la Historia (tal vez no la Prehistoria).

Lucha de clases

El marxismo distingue básicamente entre los que tienen la propiedad de los medios de producción y los que no. Como los primeros viven de parasitar sobre los segundos (según la teoría de la plusvalía) su primer interés es que las cosas sigan así, mientras que los segundos deben hacer desaparecer a esa clase parásita. Pero la realidad tiene la costumbre de ser más complicada, por ejemplo, qué diremos de los pequeños empresarios, los autónomos, dueños de medios de producción, pero no especialmente ricos, o qué de los asalariados que cobran grandes cantidades. Ante esto, los marxistas han añadido complicaciones ad hoc como “lo que define es a quién se sirve“, “lo que importa es la conciencia de clase“, etc. que acaban de hacer de su idea de clase una hipótesis no falsable. Al final la definición queda al arbitrio de quien la hace, pero lo importante es qué análisis se hace con este concepto (en la definición que sea) y ya hemos visto que parte de un concepto equivocado.

Las explicaciones de procesos históricos con el concepto de lucha de clases marxista caen, además, en el problema del funcionalismo. El que al grupo X le convenga la medida A no quiere decir que los individuos del grupo X hagan nada al respecto; hay, por una parte, un problema de acción colectiva, y, por otra, el de lograr convencer a las autoridades para conseguir esa política. Historiadores marxistas más sofisticados hace mucho tiempo que abandonaron ese funcionalismo infantil.

La Economía moderna permite hablar de ricos y pobres y de estratos intermedios y permite integrar conceptos como “grupo de presión“, mucho más versátil que el de clase y, desde luego, dispone de herramientas para no caer en el funcionalismo señalado. No todos los propietarios de grandes empresas tienen los mismos intereses, ni todos los trabajadores. Pero en la medida que algún subgrupo de ellos tengan intereses comunes, podrán ser un grupo de presión. La teoría económica, al tener una medida de la retribución por productividad, es capaz de dirimir si un grupo de presión es, efectivamente, más poderoso que otro y puede complementar a análisis sociológicos y políticos para analizar influencias, connivencias y corrupciones.

El cambio de sistema

El marxismo quiere cambiar el sistema capitalista explotador e injusto por uno comunista. Sin embargo, no tiene ni idea de cómo hacerlo. Ya hemos dicho que la teoría en que se basa es incoherente. Tiene un horizonte al que llegar: una sociedad sin clases donde los medios de producción no sean de propiedad privada y en donde reinen la igualdad y la prosperidad. Pero eso no responde a la pregunta de cómo llegar a ello y tampoco resuelve la cuestión de si tal cosa es posible (sin iniciativa empresarial, ¿cómo se toman las decisiones? Si la igualdad está garantizada, ¿por qué esforzarse?).

De hecho, la Economía moderna no se mete en valorar si expropiar toda la riqueza actual del mundo y repartirla equitativamente está bien o mal. Si acaso dirá que, una vez hecha esa expropiación y repartido el total, dejar a los individuos libertad para usar su parte como mejor gusten, es mejor que impedirles usar esa propiedad. Podemos pensar en el ejemplo de los ejidatarios6 en México tras la revolución: campesinos a los que se dio tierra, pero sin dejársela tener en propiedad y sin poder venderla o arrendarla, y a quienes se condenó a ser campesinos de por vida, a ellos y a sus descendientes.

La Economía moderna no dicta si cambiar o no de sistema. Analiza las consecuencias de una política u otra, de un mecanismo económico y otro, de un sistema u otro. Ofrece, además, herramientas para llevar a cabo muchos cambios, como se ha dicho en el punto 4 (pobreza). Ante esto se critica que vale, que sirve para poner un parche, pero no para cambiar realmente el sistema para tener mi utopía particular. Esto es cierto, la Economía moderna no ofrece una manera de construir un sistema como el paraíso comunista (pero es que ni el marxismo ni nadie lo ofrece tampoco), pero sí explica muy bien el porqué de los fracasos habidos y el porqué de los fracasos si se siguen según qué tipo de políticas y por qué no hay que tirarse a la piscina hasta saber que sea muy probable que haya agua en ella.

A menudo me recuerdan estas discusiones a las que se tienen con algunos partidarios de medicinas alternativas. Hablan también despectivamente sobre eso de curar una enfermedad o aliviar un síntoma, lo que hace falta es un cambio total, una actuación sobre toda la persona, un tratamiento holístico. Los hay que quieren una Economía holística.

Notas

[1] La teoría del flogisto, sustancia hipotética que representa la inflamabilidad, es una teoría científica obsoleta según la cual toda sustancia susceptible de sufrir combustión contiene flogisto, y el proceso de combustión consiste básicamente en la pérdida de dicha sustancia.

[2] La teoría de los cuatro humores, también llamada humorismo, humoralismo o teoría humoral, es un sistema de medicina arcaico adoptado por los antiguos médicos y filósofos griegos y romanos que detallaba la supuesta composición y funcionamiento del cuerpo humano basándose en la interacción entre los supuestos 4 humores básicos: flema, sangre, bilis negra y bilis amarilla.

[3] El marxismo analítico es una corriente de pensamiento marxista que surge entre los filósofos y científicos sociales de habla inglesa durante la década de 1980. El marxismo analítico está fundamentalmente asociado a los académicos del llamado “grupo de septiembre“, así llamados dado que se reunían para discutir asuntos comunes cada dos años en el mes de septiembre.

[4] Economista y politólogo estadounidense.

[5] La depauperización es un fenómeno que se produce cuando las circunstancias socioeconómicas hacen que determinados sectores de la población permanezcan en situación de pobreza.

[6] Un ejidatario es un propietario o usufructuario de un ejido. También se puede definir como un campesino copropietario de un ejido (pedazo de tierra).

Imagen | Dall-E

Cita este artículo (APA): Ferreira, J. (2024, 14 de marzo). Economía de Marx contra el Paradigma moderno: una revisión crítica. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/03/que-es-marxismo

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Artículos publicados en la versión anterior de Filosofía en la Red (previo al 11 de septiembre del 2020). Se publican como parte del proceso de rescate de textos.

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