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Los argumentos a favor de la existencia de Dios han sido un lugar común en diversas tradiciones religiosas, especialmente en el cristianismo, el Islam y el judaísmo. También, es notable que en tradiciones no-monoteístas se hayan realizado argumentos de este tipo, por ejemplo, entre los antiguos filósofos griegos y especialmente Platón y Aristóteles.
Entre los argumentos más prominentes se encuentran los que, desde Kant, se denominan argumentos cosmológicos. En este artículo, pretenderemos dar una brevísima introducción a los mismos, tal como se abordan en la filosofía de la religión.

La esencia de los
argumentos cosmológicos

Los argumentos cosmológicos, en líneas muy generales, son aquellos que parten de la existencia del mundo a la existencia de Dios. Los argumentos cosmológicos inician con un hecho empírico o una característica del mundo, utilizando un principio explicativo para concluir que debe existir una primera causa, la cual se asocia con Dios. Estos argumentos constan de dos fases: la primera concluye que, debido a la naturaleza del mundo, hay una primera causa que explica este hecho; en la segunda fase, esta causa se identifica como Dios, atribuyéndole características divinas1.

Siguiendo a Robert Koons2, podemos estructurar de forma general así los argumentos cosmológicos (o argumentos desde la primera causa):

Hay cosas de un cierto tipo F tales que todo lo que sea de ese tipo tiene una causa o explicación causal.

Debe haber una causa o explicación última de cada una de estas cosas.

Tal causa última debe ser Dios.

Por lo tanto, Dios existe.

En estos argumentos hay varias cosas a tomar en cuenta. Intentaremos ser breves, pero dando a relucir estas cuestiones.

Clasificación y características

Como dijimos anteriormente, se parte de algún hecho o característica del mundo, presentándolo como requerido de explicación. Entonces, estos argumentos fungen como explicaciones del mundo, en tanto que, además de presentar la explananda, se demuestra el explanans, aquello que los explica.

Como parten del mundo, se catalogan a los argumentos cosmológicos como a posteriori debido a que se basan en hechos que son posteriores a la experiencia. Sin embargo, según Michael Almeida3, no es necesario caracterizar estos hechos o características, como la contingencia, causalidad y el cambio, exclusivamente como a posteriori.

O sea, los argumentos cosmológicos no deben definirse únicamente bajo la premisa de ser puramente a posteriori, ya que también puede haber casos en los que las premisas del argumento, o algunas de ellas, sean a priori. Sea como sea, la explananda4 se refiere a algún estado de cosas o característica del mundo, ya sea conocido de forma a priori o a posteriori.

¿Qué clase de cosas se han tomado como inicio? Podemos dividir en tres grupos dichos argumentos: los argumentos kalām, los tomistas5 y los leibnizianos o racionalistas6. Los primeros parten de que el universo tuvo un inicio temporal. Los segundos varían un poco: la primera vía parte del hecho de que hay cosas que cambian o se mueven; la segunda, de la causalidad; la tercera, de lo posible y de lo necesario. Los terceros, usualmente, parten de la contingencia del mundo.

Siguiendo a William L. Craig7, los argumentos cosmológicos pueden clasificarse de dos maneras: (1) según el papel de la regresión al infinito en el argumento y (2) según el principio explicativo en uso. De la primera forma, en los argumentos kalām, la regresión infinita se refiere a un pasado infinito y se argumenta la imposibilidad de una regresión temporal infinita. En los tomistas, la imposibilidad se relaciona con una serie causal jerárquica o esencialmente ordenada. En los racionalistas no hay una regresión infinita, ya que lo único requerido es que el fenómeno en cuestión tenga alguna razón suficiente de su existencia; aun habiendo una serie infinita, esta requeriría de alguna razón suficiente.

De la segunda forma, los argumentos kalām corresponderían al «principio de determinación», es decir, apelan a que la existencia del universo. La determinación a que exista, es debido a una causa o razón, dado que fue igualmente posible su inexistencia como su existencia. Los tomistas en el principio de causalidad, y los racionalistas en el principio de razón suficiente. Son estos principios lo que posibilitan llegar a la conclusión deseada. Lo que estos argumentos tienen de común es que terminan en una primera causa, la cual se le llama Dios.

Ambos criterios son foco de atención por los actuales filósofos de la religión. Porque justamente las críticas a estos argumentos radican, de forma muy general, en sí es realmente imposible una regresión infinita (del tipo que sea), o si el principio explicativo es coherente o su aplicación es correcta. Como vemos, estos inciden directamente en la metafísica, de ahí que la discusión de estos argumentos lleve a esta área.

Tres problemas con
los argumentos cosmológicos

De acuerdo con Koons, una defensa de un argumento cosmológico requeriría superar tres problemas y cada uno respondiendo a algunas de las premisas del argumento anteriormente dado: (1) el problema de la justificación, o, ¿qué justifica la apelación al principio causal o explicativo? (2) el problema de la regresión, o, ¿por qué la cadena de explicaciones debe tener un fin? (3) el problema de la brecha, o, ¿qué justifica que la primera causa se identifique con Dios?

Sobre el primer problema, se requiere justificar por qué es necesario que la explananda tenga o requiera de alguna explicación causal. Un movimiento común a favor de esto es apelar al «sentido común», o sea, a la obviedad de que la causalidad es algo real del mundo, a la facilidad con la que nos encontramos con causas y efectos8. Pero, se ha de notar que en estos argumentos lo que se busca es una explicación completa del fenómeno del que se parte, o sea, que la postulación de una primera causa explica adecuadamente la explananda, y muestra, a su vez, que otras hipótesis fallan en ello. Es la única hipótesis plausible.

Según Almeida, estos argumentos no solo requieren, para ser cosmológicos, una explicación completa, también absoluta. Esta clase de explicaciones son totalmente incompatibles con los hechos brutos, porque, además de ser completas, lo explican todo, sin ninguna excepción (aunque esto es controversial9).

Sobre el segundo problema, se tiene que justificar por qué las series causales tienen, en última instancia, un término. Koons menciona que hay dos approaches a este problema: demostrar que las series causales infinitas son imposibles o simplemente son irrelevantes, incluso si fueran posibles.

Se han dado argumentos para pensar que son imposibles, como los argumentos de santo Tomás desde las series causales per se, o, de forma más reciente, los de William L. Craig en contra de una regresión temporal infinita10. Básicamente, si es imposible una serie así, se sigue que hay un primer miembro de la serie.

Hay otros argumentos que dan a pensar que aun siendo posible una serie así, es irrelevante para que haya una adecuada explicación última. Por ejemplo, el filósofo musulmán Al-Farabi argumentó que, tomando en un solo conjunto todas las entidades contingentes y aplicándole el principio de causalidad a ello, resultará que hay una entidad necesaria que sea la causa de dicho conjunto. De manera semejante, Gottfried W. Leibniz argumentó que el agregado de todos los estados contingentes de cosas requiere, para que exista, de un ente necesario11. Esta clase de agregados o conjuntos de cosas, sin embargo, requieren de justificación.

Por último, el tercer problema consiste simplemente en la observación de que hay una brecha entre decir que una primera causa existe y que Dios existe; que una cosa no se sigue de la otra. Esta es una tarea que aparte de justificar el primer paso, o sea, aun habiéndose demostrado exitosamente que hay una primera causa, queda el problema de identificarla con Dios.

Una forma de argumentar a favor de esto es apelando a que la primera causa responde a los atributos divinos usuales. Uno de los ejemplos más conocidos de un caso argumentativo de este estilo son los argumentos que santo Tomás presenta a lo largo de su Suma teológica. Después de dar por demostrada la existencia de Dios, dedica las siguientes cuestiones a dilucidar si Dios es: omnipotente, simple, misericordioso, bondadoso, etc. Se ha de notar que su argumentación descansa en la conclusión de sus cinco vías, por tanto, aquellos atributos divinos serían consecuencia de esos argumentos. Vemos así la conexión entre sus argumentos cosmológicos y la identificación de la primera causa con Dios.

Otro ejemplo es el caso de Craig (2008), quien, basándose en un análisis conceptual, sostiene que, la primera causa a la que llega el kalām, debe ser transcendente al universo, de naturaleza personal, atemporal, inmutable e inmaterial. Solo agrega que, como el universo existe, dicha causa entró en el tiempo, por lo que es mutable y temporal, capaz de entrar en relaciones con su creación. Como sea, la causa de la existencia del universo es un Creador personal e «inimaginablemente poderoso», o sea, Dios (p. 154).

Aunque se puede argumentar por qué esta primera causa es Dios, estas argumentaciones no agotan todo lo que los defensores de estos argumentos tienen qué decir sobre los atributos divinos o sobre lo que Dios es. En otras palabras, llegan a demostrar que existe algo que es semejante a Dios por algunas características que comparten, pero no concluyen una semejanza absoluta entre ambos. Por ejemplo, sería en vano contraargumentar que no se demuestra al Dios cristiano, ya que ese no es el objetivo en primer lugar, sino, tan solo, demostrar que Dios existe. En resumen, que existe la deidad y no una deidad en particular.

Conclusión

Tras este breve repaso de los argumentos cosmológicos, vemos que los filósofos teístas han presentado razones a favor de su creencia en la existencia de Dios. La motivación principal para todo esto es el problema de la razonabilidad del teísmo, es decir, en argumentar que es razonable (y racional) creer en la existencia de Dios.

Actualmente, en filosofía de la religión se discute acaloradamente estos argumentos (como otros) y el debate se inscribiría en dicho problema recién mencionado, en determinar qué tan razonable (y racional) son las grandes tradiciones religiosas que sostienen la existencia de Dios. Aun cuando estos argumentos no pretendan decirnos de forma exhaustiva todo sobre Dios, se presentan, no obstante, como explicaciones sobre el mundo y sus contenidos.

Estas palabras de Brian Davies me parecen pertinentes a este respecto12:

… Los argumentos cosmológicos no deben interpretarse como la última palabra de sus defensores sobre Dios. En cierto sentido, se deben considerar más bien como intentos de dar inicio a este asunto, como esfuerzos diseñados para demostrar que las personas que creen en Dios tienen, de alguna manera, razón.

Davies (2021, p. 72)
Cita este artículo (APA): Arce, E. (2024, 06 de marzo). ¿Qué son los argumentos cosmológicos? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/03/que-son-los-argumentos-cosmologicos

Notas

[1] Véase Rowe (2010).

[2] Véase Koons (2014).

[3] Véase Almeida (2018).

[4] Es decir, los fenómenos que requieren de explicación.

[5] Específicamente, las tres vías de santo Tomás de Aquino.

[6] Esto es una clasificación muy simple de los argumentos más conocidos en la historia de la filosofía, pero no los únicos. Actualmente, se han trabajado en varios argumentos diversos de todo estos, y que, quizás, no cumplan con todas estas condiciones.

[7] Véase Craig (1980).

[8] También se han dado otros argumentos a favor de este punto. Véase Koons (2014, pp. 251-258).

[9] Para este punto, véase Almeida (2018, capítulo 2).

[10] Véase Craig (2008, pp. 116-124).

[11] Si se quiere conocer mejor estos argumentos, véase Koons (2014).

[12] La traducción de la cita es mía.

Bibliografía

Almeida, M. (2018). Cosmological Arguments. Cambridge University Press.

Craig, W. L. (1980). The Cosmological Argument from Plato to Leibniz. The MacMillan Press.

Craig, W. L. (2008). Reasonable Faith (3era ed.). Crossway Books.

Davies, B. (2021). An Introduction to the Philosophy of Religion (4ta ed.). Oxford University Press.

Koons, R. (2014). God’s Existence. En D. Novotný & L. Novák (Eds.), Neo-Aristotelian Perspectives in Metaphysics (pp. 247-268). Routledge.

Rowe, W. L. (2010). Cosmological Arguments. En P. L. Quinn, C. Taliaferro, & P. Draper (Eds.), A Companion to Philosophy of Religion (2da ed., pp. 368-374). Wiley-Blackwell.

Imagen | Pixabay

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